lunes, 23 de enero de 2012

CULTURA LIBRE - CAPÍTULO TRES: Catálogos





En el otoño del 2002, Jesse Jordan de Oceanside, Nueva York, se matriculo como

estudiante de primer año en el Instituto Politécnico de Rensselaer (RPI en

inglés), en Troy, Nueva York. Su especialización en RPI era tecnología de la

información. Aunque no es programador, en octubre Jesse decidió empezar a

jugar con la tecnología de búsquedas que estaba disponible en la red del RPI.

El RPI es una de las principales instituciones de investigación tecnológica

de los EE.UU. Ofrece titulaciones en campos que van desde la arquitectura y la

ingeniería hasta las ciencias de la informacióne. Más de un 65% de sus cinco mil

estudiantes subgraduados acabaron entre el 10% con mejores notas de sus

promociones en la escuela secundaria. Esta escuela politécnica es por tanto una

e En el sentido de informática, no de periodismo.

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mezcla perfecta de talento y experiencia para imaginar y luego construir una

generación para la era de las redes.

La red de computadoras del RPI conecta entre sí a estudiantes, profesores

y administrativos. También conecta al RPI con Internet. No todo lo que está

disponible en la red del RPI está disponible en Internet. Pero la red está

diseñada para permitir que los estudiantes accedan a Internet, igual que para

acceder de un modo más privado a otros miembros de la comunidad del RPI.

Los buscadores son una medida de la intimidad de una red. Google nos

acercó Internet mucho más a todos nosotros al mejorar de una forma fantástica

la calidad de las búsquedas en la Red. Buscadores especializados lo pueden

hacer aún mejor. La idea de buscadores de "intranets", buscadores que buscan

dentro de la red de una determinada institución, es proporcionar a los usuarios

de esa institución un mejor acceso a materiales de esa institución. Las empresas

lo hacen todo el tiempo, permitiendo que sus empleados tengan acceso a

materiales que la gente fuera de la empresa no puede conseguir. Las

universidades también lo hacen.

La propia tecnología de estas redes permite estos motores de búsqueda.

Microsoft, por ejemplo, tiene un sistema de red para sus archivos que hace que

sea muy fácil el que los buscadores sintonizados con esa red examinen el

sistema en busca de los contenidos disponibles públicamente (dentro de esa

red). Jesse construyó su buscador para aprovechar esta tecnología. Usó el

sistema de red de archivos para construir un índice de todos los archivos

disponibles en la red del RPI.

El de Jesse no era el primer motor de búsqueda para la red del RPI. De

hecho, su buscador era una simple modificación de buscadores que otros habían

producido anteriormente. Su mejora en particular más importante con respecto a

los otros era arreglar un error en el sistema de intercambio de ficheros de

Microsoft que podía hacer que el ordenador de un usuario se colgara. Con los

buscadores que había antes, si tratabas de acceder a un fichero a través de un

buscador de Windows que estuviera en un ordenador desconectado, tu

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computadora se podía colgar. Jesse modificó el sistema un poco para arreglar

este problema, al añadirle un botón que el usuario podía pulsar con el ratón para

ver si la máquina que contenía el fichero estaba todavía conectada.

Jesse colgó su buscador en la red a finales de octubre. Durante los seis

meses siguientes continuó retocándolo para mejorar sus funciones. Para marzo,

el sistema funcionaba bastante bien. Jesse tenía más de un millón de archivos en

su directorio, incluyendo cualquier tipo de contenido que pudiera estar en los

archivos de los usuarios.

De esta manera, el índice generado por su buscador incluía imágenes, que

los estudiantes habían puesto en sus propias páginas; copias de apuntes o de

notas de investigación; copias de folletos informativos; cortos de cine creados

por los estudiantes; folletos de la universidad--básicamente cualquier cosa que

los usuarios ponían a disposición de la comunidad al ponerlos en una carpeta

pública en su ordenador.

Pero el índice también incluía archivos musicales. De hecho, un cuarto de

los archivos en el listado del buscador de Jesse era archivos musicales. Pero eso

significa, por supuesto, que tres cuartos no lo eran, y que--para dejar este punto

perfectamente claro--Jesse no hacía nada para inducir a que la gente los pusiera

en su carpeta pública. Era sólo un chaval jugando con una tecnología similar a la

de Google en una universidad en la que estaba estudiando informática y en la

que, por tanto, la meta era jugar con la tecnología. A diferencia de Google, o de

Microsoft por lo que a esto respecta, no ganaba dinero alguno gracias a esto; no

estaba conectado con ninguna empresa que pudiera ganar dinero con este

experimento. Era un chaval jugando con la tecnología en un ambiente en el que

precisamente se suponía que esto es lo que tenía que hacer.

El tres de abril del 2003, el decano de estudiantes del RPI se puso en

contacto con Jesse. El decano informó a Jesse que la Asociación de la Industria

Discográfica de los EE.UU. (RIAA en inglés) iba a presentar una demanda contra

él y otros tres estudiantes a los que él ni siquiera conocía, dos de ellos de otra

universidad. Unas horas más tarde, a Jesse le llegaron los papeles de la

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demanda. Mientras leía esos papeles y veía los reportajes en la prensa sobre

ellos, se fue quedando cada vez más asombrado.

"Era absurdo", me contó, "No creo que hiciera nada malo [...] No creo que

haya nada malo en el buscador que administraba o [...] con lo que le había

hecho. Quiero decir, no lo había modificado de ninguna manera que promoviera

o facilitara el trabajo de los piratas. Sólo lo modifiqué de una manera que hacía

más fácil usarlo"—repito, un buscador, que el mismo Jesse no había construido,

usando el sistema de intercambio de archivos de Windows, que el mismo Jesse

no había construido, para permitir que los miembros de la comunidad del RPI

accedieran a contenidos, que el mismo Jesse no había ni creado ni publicado, y

que en su inmensa mayoría no tenían nada que ver con la música.

Pero la RIAA lo estigmatizó llamándolo pirata. Afirmaron que operaba una

red y que por tanto había violado "voluntariamente" las leyes del copyright.

Exigieron que les pagara los daños causados por sus malas acciones. Para casos

de "violaciones voluntarias" la Ley de Copyright especifica algo que los abogados

llaman "daños estatutarios". Estos daños permiten que el dueño de un copyright

reclame 150.000 dólares por cada violación. Como la RIAA alegó más de cien

violaciones específicas de copyright, exigieron que Jesse les pagara al menos

quince millones de dólares.

Demandas semejantes fueron presentadas contra otros tres estudiantes:

otro estudiante del RPI, uno de la Universidad Técnica de Michigan y uno de

Princeton. La situación de cada uno era similar a la de Jesse. Aunque cada caso

era diferente en los detalles, en el fondo todos eran exactamente lo mismo:

enormes demandas por "daños" a los que la RIAA afirmaba tener derecho. Si las

sumábamos, estas cuatro demandas les estaban pidiendo a los tribunales de los

EE.UU. que les concedieran a los demandantes algo así como 100.000 millones

de dólares--seis veces el beneficio total de la industria del cine en 20011.

Jesse llamó a sus padres. Lo apoyaron pero estaban un tanto asustados.

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Su tío era abogado. Empezó a negociar con la RIAA. Exigieron saber cuánto

dinero tenía Jesse. Jesse había ahorrado doce mil dólares gracias a trabajos

veraniegos y otros empleos. Exigieron doce mil dólares para olvidarse del caso.

La RIAA quería que Jesse admitiera que había hecho algo malo. Se negó.

Querían que estuviera de acuerdo con un mandato judicial que básicamente

haría imposible que trabajara en muchos campos tecnológicos durante el resto

de su vida. Se negó. Le hicieron comprender que el proceso de ser demandado

no iba a ser agradable. (Como me contó el padre de Jesse, el abogado a cargo

del caso, Matt Oppenheimer le dijo a Jesse: "No quieres hacerle otra visita a un

dentista como yo"). Y en todo momento la RIAA insistió en que no llegaría a un

acuerdo en el caso hasta que no se quedará con el último centavo que Jesse

había ahorrado.

La familia de Jesse estaba indignada ante estas demandas. Quería pelear.

Pero el tío de Jesse se esforzó en educar a la familia sobre la naturaleza del

sistema legal estadounidense. Jesse podía luchar contra la RIAA. Quizás hasta

podría ganar. Pero el coste de luchar contra una demanda como ésta, le dijeron

a Jesse, podía ser al menos 250.000 dólares. Si ganara, no recobraría ese dinero.

Si ganara, tendría un trozo de papel diciendo que había ganado, y un trozo de

papel diciendo que él y su familia estaban en bancarrota.

Así que Jesse tenía una elección mafiosa: 250.000 dólares y la

oportunidad de ganar, o doce mil dólares y un acuerdo.

La industria musical insistía en que era una cuestión legal y moral.

Dejemos las leyes a un lado y centrémonos en la moral. ¿Dónde está la moral en

una demanda así? ¿Cuál es la virtud de escoger chivos expiatorios? La RIAA es

un lobby extraordinariamente poderoso. Se dice que el presidente de la RIAA

gana más de un millón de dólares al año. Los artistas, por otra parte, no están

bien pagados. El artista medio que graba gana 45.900 dólares2. Hay muchas

formas en las que la RIAA puede afectar y dirigir la política. ¿Así que dónde está

la moral en tomar dinero de un estudiante por operar un buscador?3

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El 23 de junio Jesse le envió un giro postal con todo su dinero a un

abogado que trabajaba para la RIAA. El caso contra él fue desestimado. Y con

esto, este chaval que había jugado con una computadora hasta meterse en una

demanda por quince millones de dólares se convirtió en un activista:

Decididamente no era un activista [antes]. En realidad nunca pretendí ser

un activista [...] [Pero] me han empujado a esto. No preví en modo

alguno nada así, pero creo que es completamente absurdo lo que ha

hecho la RIAA.

Los padres de Jesse revelan un cierto orgullo por su activista reticente.

Como me contó su padre, Jesse "se considera a sí mismo muy conservador, igual

que yo [...] No es un idealista comeflores. [...] Creo que es muy extraño que

fueran a por él. Pero quiere hacer que la gente sepa que le están transmitiendo

el mensaje equivocado. Y quiere corregir la historia".

(Cont.)