martes, 19 de septiembre de 2017

'El Bebe', ideólogo de 'la Tendencia'

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De inclinación socialista, John William Cooke creía que el peronismo debía transformarse en un movimiento revolucionario, una reconversión ideológica que conduciría Juan Domingo Perón. Al respecto, 2 problemas centrales: intentar convencer/autoconvencerse que Perón no era antimarxista; e intentar crear una síntesis entre peronismo y guevarismo. Convencido de que él fue el principal ideólogo de la llamada 'izquierda peronista', el también ya fallecido Eduardo Luis Duhalde reunió casi todos sus papeles conocidos y publicó sus Obras Completas. De todos modos, nunca consiguió un reconocimiento peronista para Cooke. Muchos creen que el proyecto de La Cámpora/Nuevo Encuentro tiene un referente en Cooke.
Ernesto Guevara y John William Cooke.

"(...) El peronismo revolucionario es una vanguardia que busca reconciliar la política del Movimiento con el verdadero papel que éste tiene en el enfrentamiento de las fuerzas sociales. Puesto que las masas no absorben el conocimiento como una pura teorética sino mezclado con la acción, la nuestra no es una obra de mera predicación sino de militancia combativa y de difusión de las verdades esenciales que eleven el nivel de conciencia de los sectores que tienen la misión de construir la nueva sociedad en un país liberado. La política revolucionaria es acción esclarecida por el pensamiento crítico; una permanente indagación sobre una realidad fluida que no se somete a ninguna sabiduría inmóvil centelleando verdades definitivas.
Final del formulario
Mientras el peronismo no se estructure como "partido revolucionario" —es decir, con una política revolucionaria entendida como unidad de teoría, acción y méítodos organizativos, seguirá librado al espontaneismo, a la yuxtaposición de tácticas que no se integran como estrategia, a los callejones sin salida en que sucesivamente lo meten los dirigentes burocráticos que no conciben otra salida que los frentismos electorales o los falsos atajos del golpismo. (...)".
John William Cooke


¿John William Cooke hubiese sido kirchnerista? ¿O el kirchnerismo es una experiencia fallida de lo que imaginaba Cooke? Preguntas para el debate.
Cooke nació el 14/11/1919 en la ciudad de La Plata. Con ese nombre 'gringo', podría pensarse en un científico inglés, o un aristócrata pero, en verdad, él fue el ideólogo del ala izquierda del peronismo.
Su padre, el abogado Isaac Cooke, había militado siempre en la Unión Cívica Radical, y fue subsecretario de Gobierno de la provincia de Buenos Aires, diputado nacional, ministro de Relaciones Exteriores y Culto; y uno de los fundadores de de la Unión Cívica Radical Junta Renovadora, que apoyó la candidatura presidencial de Juan Domingo Perón.
Cooke estudió Derecho en la Universidad Nacional de La Plata, egresó en 1943, y en el interín integró la Unión Universitaria Intransigente y la Fuerza de Orientación Radical de la Joven Argentina (agrupación política fundada por Luis Dellepiane, Raúl Scalabrini Ortíz, Arturo Martín Jauretche, y otros).
2 años después de graduarse fue uno de los muchos que pidieron por la liberación del por entonces coronel Perón, el 17/10/1945.




En junio de 1946, Perón fue Presidente de la Nación y Cooke, con 26 años, fue diputado nacional, motivo por el fue conocido como "el Bebe", aunque otros preferían llamarlo "el Gordo".
Defensor del nacionalismo económico, antiimperialista, crítico del colonialismo cultural y apoyó la reforma constitucional de 1949.
En 1952 decidió no renovar su mandato de legislador aunque 3 años más tardes, en vísperas del bombardeo de Plaza de Mayo, Perón recurrió a Cooke para dinamizar el Partido Peronista en la Ciudad de Buenos Aires pero ya era muy tarde para cambiar el final de la historia.
Cuando triunfó la Revolución Libertadora, y con Perón en el exilio, Cooke pasó a la clandestinidad. El general lo había nombrado su representante o delegado o sucesor, en caso de fallecimiento.
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Eva Duarte y Juan Perón en un agasajo a legisladores mendocinos. El 2do. desde la derecha es John William Cooke.
Cooke tenía un latiguillo que repetía hasta el hartazgo: "No soy comunista, pero cuando una revolución es una dictadura, se justifica".
La dictadura de Pedro Eugenio Aramburu lo llevó en varias ocasiones detrás de las rejas: desde la cárcel de Caseros a la de Ushuaia. Logró escapar y se exilió en Chile, donde se casó con su fiel compañera, Alicia Euregen. Cooke apoyó el pacto Perón-Frondizi para las elecciones de febrero de 1958.
Luego, sus deseos de revolución lo llevaron a viajar junto a su mujer a Cuba, donde fue recibido por Ernesto Guevara.



"Me cago en Perón"

José Pablo Feinmann en "Peronismo. Filosofía política de una obstinación argentina":
"Cooke y René Salamanca están en la calle 27 de Abril, en la casa de los mecánicos (en algún momento de 1959), y ahí tienen un diálogo trascendente. Salamanca dice a Cooke:
–Mirá, Gordo, el problema es éste: los obreros son peronistas, pero el peronismo no es obrero. Cooke responde:
–Si el peronismo fuera obrero como los obreros son peronistas, la revolución la haríamos mañana mismo.
–Y sí, claro –dice Salamanca–. Tenemos que conducir a la clase obrera al encuentro con su propia ideología. Que no es el peronismo.
–Estás equivocado –dice Cooke–. Eso es ponerse afuera de los obreros. Eso es hacer vanguardismo ideológico, Salamanca. Recordá el brillante consejo de Lenin: hay que partir del estado de conciencia de las masas. ¿Está claro, no? La identidad política de los obreros argentinos es el peronismo. No estar ahí, es estar afuera, es quedarse afuera.
Salamanca, muy firme, dice: –Bueno, compañero. Entonces nosotros estamos afuera. Afuera del peronismo y sobre todo afuera de la conducción de Perón.
Cooke, irónico, sonríe. Tiene algo sorpresivo para decirle a Salamanca. Antes, lo agrede un poco. Siempre con estima, con respeto, pero no deja de decirle lo que duele de los tipos como Salamanca, de la izquierda obrera argentina. A los cordobeses combativos.
–No hay caso entre ustedes y Perón, ¿eh? Cómo les jode, ché. “Bonapartista.” “Nacionalista burgués.” A veces, “fascista”. Pero todo lo que le dicen, también “populista” y algo más que seguramente olvido, son distintas formas de decir lo mismo, Salamanca. Que Perón no representa los verdaderos intereses de la clase obrera. Que la clase obrera argentina tiene un líder y una ideología burgueses. Bueno, mirá, escúchame bien. (Y aquí dijo su frase sorpresiva. La frase más inesperada de la noche. Ahí, en la calle 27 de Abril, la calle de los mecánicos).
Dijo Cooke: -Yo me cago en Perón.
Salamanca responde: –Nosotros también nos cagamos en Perón. Parece que estamos más de acuerdo de lo que creíamos.
–No –dice Cooke–, no estamos de acuerdo. Porque ustedes se cagan en Perón de una manera y yo y los peronistas como yo de otra. Porque, para ustedes, compañero, cagarse en Perón es quedarse afuera. Afuera de Perón y de la identidad política del proletariado. Mientras que para nosotros, cagarnos en Perón es rechazar la obsecuencia y la adulonería de los burócratas del peronismo. (...)".
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John William Cooke en la Cuba revolucionaria.
Una entrevista
En 1959 se instaló en Cuba, donde permaneció hasta octubre de 1963. Allí él entabló amistad con otro argentino, Ernesto Guevara, e inició su ideal de acercamiento entre el peronismo y el castrismo, que incluyó el reclutamiento de jóvenes argentinos para su entrenamiento en Cuba.
A la vez, Cooke mantuvo una intensa correspondencia con Perón, que sólo interrumpió en 1966, e intentó convencerlo de que declarara su apoyo a Cuba y se instalara en La Habana. También se propuso impulsar a los peronistas a seguir el camino iniciado por Fidel Castro Ruz.
En esas circunstancias fue entrevistado por la revista Ché, semanario que apareció en octubre de 1960 dirigido por el luego montonero y más tarde alfonsinista Pablo Giussani. La Redacción era un conjunto de argentinos simpatizantes de la Revolución Cubana, muchos de los cuales militaban en el Partido Socialista Argentino.
El reportaje fue ilustrado con 2 fotos de Cooke. Ché fue clausurada el 17/11/1961. 
"(...) -¿Existe algún pronunciamiento de Perón con respecto a la Revolución Cubana?
-¿Cómo cree usted que Perón podía desentenderse de un problema fundamental? Cuando dijo que la Revolución Cubana “tiene nuestro mismo signo”, enunció una fórmula exacta que indica la común raíz antiimperialista y de justicia social. Si Cuba ha elegido formas más radicales, ese es un derecho que ningún antiimperialista le puede negar; por otra parte, los procedimientos de 1945 tampoco sirven ahora para nosotros, y nuestro programa, según lo ha dicho repetidamente el propio Perón es de “revolución social”, que salvo para los que viven en el limbo sólo se puede cumplir socializando grandes porciones de la economía y buscando las formas de transformación profunda y total que correspondan a nuestra realidad nacional.
En cuanto al apoyo de la Unión Soviética a Cuba, sólo quienes se plieguen al bando de la oligarquía pueden hablar de “entrega” y demás tonterías semejantes. Porque los cubanos no han delegado ningún atributo de su soberanía ni han entregado ningún resorte de su economía. ¿Que eso sirve a la URSS para hacerse propaganda? ¿Y a los cubanos qué les importa? Los quisieron matar de hambre, dejarlos sin petróleo, dejarlos sin vender el azúcar, que es su única fuente de divisas, atemorizarlos, agredirlos, quemarles los cañaverales, etc.: el cipayaje estaba feliz porque serían castigados los “desplantes”, la insolencia frente al coloso. El mundo socialista les permitió salir de esa ruina a que estaban condenados, y he aquí que ciertos “antiimperialistas” resuelven que Cuba debió dejarse morir de hambre, o llamar a los embajadores norteamericanos para que la vuelvan a gobernar, para que no sufra la “democracia” y puedan seguir tranquilos Somoza, Ydígoras, Frondizi, Prado y demás paladines de la cruzada anticomunista. Todos regímenes democráticos que no podrán hacer lo que hace Fidel Castro: darle un fusil o una ametralladora a cada obrero, a cada campesino, a cada pobre.
En un documento del año pasado el general Perón indicó que el Movimiento debía apoyar a todos los movimientos de liberación regional, como Egipto, Argelia, Cuba, etc. Eso se ha respetado siempre, aunque ciertos sordos no han cumplido estas instrucciones ni las han transmitido a la masa. Y en una carta dice: “Yo sé bien lo que son las sanciones económicas. En 1948 nos las aplicaron intensamente impidiendo la provisión de todo material petrolífero y dejando sin efecto la compra comprometida para nuestra producción de lino que, en ese momento, representaba más del sesenta por ciento de la producción mundial. Como en el caso de Cuba, fue la Unión Soviética la que nos sacó del apuro comprando el lino y ofreciéndonos material petrolífero”. Tal vez deberíamos haber dejado que se pudriera el lino.
-¿Y no cree que también influyó la Iglesia?
-La creencia religiosa es una cuestión del fuero espiritual y como tal respetable. Pero cuando algunos sacerdotes opinan de política entonces no puede invocarse para ellos el privilegio de que se les respete como cuando desempeñan sus funciones espirituales: deben ser enjuiciados de acuerdo a sus actos y posiciones políticas. Si se les hiciese caso en materia política, América no se hubiese independizado de España; o, tomando otra etapa posterior, en México reinarían los descendientes del emperador Maximiliano, Cuba sería colonia española, etc. Si se les otorgase imperio en materia política, nosotros nos debíamos haber puesto en 1955 contra Perón, como ellos querían; entonces conspiraron con los enemigos del pueblo, como ahora lo hacen en Cuba.
Durante seis años nuestros compañeros han ido a la cárcel, han sufrido torturas, han sido echados del trabajo, han sido fusilados, sin que los altos dignatarios de la Iglesia hiciesen más que algunos inocuos llamamientos a la paz general, uniendo a verdugos y victimados como si las culpas fuesen comunes; cuando discriminaron, fue para atacar al “régimen depuesto” y para condenar la rebeldía de nuestra masa. No he leído la pastoral que condene a los asesinos del heroico general Valle, que era un católico sincero. No he leído la pastoral que condene a los asesinos de la “0peración Masacre”. No he sabido de ninguna epístola incandescente denunciando a los sicarios uniformados que aplicaban suplicios a la gente trabajadora. Pero basta que el señor Frondizi justifique la represión como defensa de “los altos valores del espíritu”, para que entonces sí se conmuevan esos duros corazones episcopales.
En cambio están muy preocupados y tristes porque en Cuba hay un gobierno revolucionario. ¿Por qué no dijeron nada cuando murieron 20.000 luchando contra el gobierno que mantenían los yanquis, cuando Nixon abrazaba a Batista y lo colmaba de elogios? ¿Por qué no se preocupan de Angola, donde las fuerzas “occidentales” mantienen la esclavitud aplicando la tortura? ¿O de Argelia, que ha movido la indignación de muchos católicos franceses por el sadismo de las tropas coloniales, cuyas técnicas aprenden nuestros jefes militares? ¿Les parece que hay poco dolor en el mundo y en América, como para que se dediquen al único país donde el pueblo se siente libre?
-¿Usted rechaza, por lo tanto, la tesis de que el peronismo es un freno contra el avance del comunismo?
-Una cosa es que nosotros tengamos una visión de las cosas argentinas que difiere de la del Partido Comunista y tratemos de mantener la adhesión de las masas trabajadoras; otra muy diversa es unirnos al fanatismo regimentado que ve a los comunistas como criminales y a los países socialistas como enemigos del género humano. Esto es renunciar a la facultad de raciocinio y aceptar que el bando imperialista piense por nosotros. No necesito ser comunista para considerar que el principal responsable de la guerra fría es el imperialismo occidental, ni para comprender que el enemigo más grande que hoy tiene el género humano es la brutal plutocracia norteamericana.
En el orden nacional, la manera de mantener nuestro prestigio en la masa no es actuando como ayudantes de los pastores para que el rebaño no se ponga arisco, sino ofreciendo soluciones revolucionarias a los problemas reales. Los que están en la jugada de presentarnos como defensores del orden contra el comunismo desnaturalizan la esencia del peronismo. Y, además, cometen una estupidez. Salvo para los energúmenos que ven conspiraciones bolcheviques en cada lucha popular, el comunismo avanza porque hay razones económico-sociales que así lo determinan. Esas razones no desaparecerán y se trata de ver quiénes darán las soluciones. Los que piensan en “conciliaciones” entre las clases o en paternalismos equilibristas están al margen del tiempo, como los que hablan de corregir los “abusos” del capitalismo. Pero los que quieran dar soluciones, los que como nosotros aspiran a mantener su vigencia como movimiento de masas, tienen que ir al fondo de los problemas.
No es posible enunciar aquí todas las cosas que debemos hacer, pero para terminar con el drama argentino hay algunas que son ineludibles, como ejemplo: dejar sin efecto convenios petrolíferos, eléctricos. etc.; denunciar tratados militares y compromisos belicistas; expropiar las instalaciones petrolíferas y demás bienes de los monopolios; expropiar a la oligarquía latifundista y a los grandes empresarios industriales; expropiar los bancos, puertos, servicios públicos; socializar grandes ramas de producción, hacer una reforma agraria que respete las características de nuestro agro pero que elimine muchas de las formas empresarias de explotación; planificar la economía en escala nacional; nacionalizar la gran industria pesada; controlar los sectores de la economía que deban mantenerse bajo el régimen de la propiedad privada, etc., etc.
Eso significa terminar con la democracia capitalista y sustituirla por nuevas estructuras que reflejen el predominio de las fuerzas de progreso, dirigidas por el proletariado. Es decir, que estaremos vulnerando el "derecho" de la libre empresa, de la propiedad y otros valores igualmente sacros: en otras palabras, seremos "comunistas". Los factores de poder y la oligarquía en su conjunto nos consideran, desde ya, comunistas, porque nuestro triunfo implica el advenimiento de las masas que exigirán soluciones y las impondrán. Como dijo Perón: “las masas avanzarán con sus dirigentes a la cabeza o con la cabeza de sus dirigentes”. (...)".



El regreso
A fines de 1963, Cooke volvió a la Argentina y organizó Acción Peronista Revolucionaria, un grupo de discusión del que participaron los luego montoneros Fernando Abal Medina y Norma Arrostito.
Los médicos le diagnosticaron cáncer. Él concurrió a varios congresos en Cuba y, tal como era de esperarse, fue abandonando el movimiento peronista.
Cooke coqueteaba con las formas de acción directa: tuvo que ver con la creación de los Uturuncos y Fuerzas Armadas Peronistas (FAP).
Cooke seguía con su interés en fusionar el peronismo y el guevarismo.
Según Wikipedia, Eduardo Gurucharri mencionó una de las últimas participaciones públicas de Cooke: el Plenario del Peronismo Revolucionario de 1968. En palabras de Gurucharri:
(…) “la apreciación de Cooke databa de 1964. Ahora era el momento y la gente del Bebe, Acción Revolucionaria Peronista, también estaba de acuerdo”. (…) La idea, un tanto confusa aún, era crear una especie de partido de la izquierda peronista, aunque esas palabras no se usaran. Una plataforma donde hubiera lugar para representantes de las incipientes formaciones guerrilleras que estaban organizándose, aunque todavía no actuaran públicamente, para los sindicalistas de la CGTA y para las diversas agrupaciones políticas y del ámbito de la juventud y el estudiantado, apoyada en una red de organizaciones de base barriales y comandos fabriles” (…) “Roberto Sinigaglia, Jorge Gil Solá, Raimundo Villaflor y Bruno Cambareri representaban ARP. El domingo por la tarde, 19/08/1968, llegó Alicia Eguren acompañando al Bebe. Gil Soria fue el primero en reaccionar. Se paró y empezó a aplaudir. Los 30 o 40 reunidos lo siguieron. Un aplauso largo y un tanto asordinado por las circunstancias de la reunión, saludó la que sería la última aparición pública (...). Estaba gravemente enfermo y todos lo sabían”.

Sin embargo, murió el 19/09/1968 sin lograr convencer a Perón de su idea que, además, no contempló los graves problemas del choque interno venidero entre los diversos sectores del peronismo.
En 1971 sus escritos comenzaron a lograr más difusión por el surgimiento de la nueva izquierda peronista (la 'Tendencia').
Su mujer Alicia difundió, a través del semanario Nuevo Hombre, publicación dirigida por Enrique Walker y en la que escribían Eduardo Luis Duhalde, Rodolfo Ortega Peña, Vicente Zito Lema y varios militantes presos en la cárcel de Villa Devoto, diversos trabajos de Cooke.
La publicación se identificó en 1973 con el Frente Antimperialista por el Socialismo (FAS), impulsado por el Partido Revolucionario de los Trabajadores-Ejército Revolucionario del Pueblo (PRT-ERP).
Sin embargo, Alicia creía, afirman quienes la conocieron, que una revolución se forjaba en la lucha de masas y no en la lucha armada.








sábado, 16 de septiembre de 2017

El oficio del troll: cómo se organiza la manipulación de las redes sociales


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Un estudio de la Universidad de Oxford identificó en 28 países las tareas más habituales de los agentes oficiales u oficiosos que moldean a la opinión pública: candidatos, partidos políticos y gobiernos, de Argentina a Corea del Norte, de los Estados Unidos a China, de Venezuela a Rusia
La discriminación, la provocación, el acoso, las campañas políticas, las noticias falsas y la propaganda comercial son ya parte del paisaje en las redes sociales. Según un estudio de la Universidad de Oxford no las realizan sólo los individuos: también se trata de “un fenómeno organizado, con grandes gobiernos y partidos políticos que dedican recursos importantes al uso de las redes sociales para la manipulación de la opinión pública”.

En “Troops, Trolls and Troublemakers: A Global Inventory of Organized Social Media Manipulation” (“Ejércitos, provocadores y alborotadores: un inventario global de la manipulación organizada de las redes sociales”) Samantha Bradshaw y Philip N. Howard estudiaron 28 países (entre ellos Argentina, Brasil, México, Venezuela, Ecuador, Estados Unidos, Reino Unido, Alemania, Israel, China, India, Rusia y Corea del Norte) y concluyeron que:

1. “Los ciberejércitos son un fenómeno generalizado y global”.
2. “Todos los regímenes autoritarios hacen campañas en redes sociales que apuntan a su propia población, mientras que sólo unos pocos apuntan a públicos extranjeros”.
3. “Casi todas las democracias tienen campañas en redes sociales que apuntan a públicos extranjeros, mientras que las campañas de los partidos políticos apuntan a los votantes locales”.
El anonimato en internet —tanto la posibilidad de no identificarse como la de asumir una identidad falsa— y la importancia de las redes sociales en la vida pública se combinan de esta manera indeseada. En primer lugar, los jóvenes del mundo desarrollan sus identidades políticas y se informan en las redes; en segundo lugar, algunas plataformas como Facebook y Twitter “también se han convertido en herramientas de control social”, según Bradshaw y Howard.

Los investigadores aplicaron en un mapa el modo en que los trolls oficiales u oficiosos —los hay empleados directos de los gobiernos, los hay contratistas independientes— trabajan en internet para “ejercer influencia sobre las corrientes de información y los canales de comunicación para moldear a la opinión pública”.
Del rojo (la mayor actividad) al amarillo (la menor actividad) mostraron los países que, entre los 28 estudiados, registran manipulación en las redes sociales. Desde luego, algunos —como los Estados Unidos— también concentran el mayor número de usuarios de redes sociales.
“En esta Figura 1 los países con muchas clases de organizaciones (gobiernos, partidos políticos, grupos de la sociedad civil, ciudadanos organizados o contratistas independientes) aparecen en el matiz más oscuro del rojo”, escribieron los autores del estudio sobre la manipulación organizada de las redes sociales. Si bien los fondos suelen ser públicos en los regímenes autoritarios y partidarios en las democracias, “en muchos países los ciberejércitos tienen una multiplicidad de afiliaciones, financistas o clientes”.

Los especialistas del Oxford Internet Institute definieron los ciberejércitos como “equipos gubernamentales, militares o partidarios que se dedican a manipular la opinión pública en las redes sociales”. Muchos países no tienen las propias, “pero participan en pactos mutilaterales de defensa mutua con programas para ello”.

Algunas de las palabras claves en este campo son “operaciones psicológicas”, “astroturfing” (campañas de propaganda electoral o comercial que fingen espontaneidad), “guerra de datos”, “sockpuppet” (cuenta falsa en redes) y, por supuesto, “troll”.

Entre las estrategias a las que recurre la manipulación organizada de las redes sociales se destaca el comentario a una publicación. “Algunos ciberejércitos se concentran en mensajes positivos que refuerzan o apoyan la posición o la ideología oficial”, según Bradshaw y Howard. “Las interacciones negativas implican abuso verbal, acoso o provocación de individuos con posiciones críticas del gobierno”, agregaron, y dieron como ejemplo la persecución en redes de periodistas en México.
En general se recurre a una combinación, a la que se suman otras formas de comentar que no son positivas ni negativas. “Arabia Saudita, por ejemplo, practica la intoxicación de hashtags, por la cual los ciberejércitos envían trending hashtags a modo de spam, que interrumpen la crítica u otras conversaciones indeseadas mediante una inundación de tuits que nada tienen que ver”.
Elegir blancos individuales es otra estrategia. Los ciberejércitos atacan de manera sistemática y prolongada a un individuo o un grupo influyente en las redes sociales. “En Polonia, por ejemplo, se elige cuidadosamente como blanco a los líderes de opinión como los Blogers importantes, los periodistas y los activistas, para convencerlos de que sus seguidores tienen determinadas creencias o valores”.
La forma más conocida de esta variante es el acoso, que “por lo general implica abuso verbal, discriminación y/o trolling contra los valores, las creencias o la identidad de un usuario o un grupo”. Se trata de “un aspecto persistente del ecosistema de internet” que se usa para silenciar el disentimiento en línea”, explicaron los investigadores. “También es una de las formas más peligrosas de actividad de los ciberejércitos, ya que con frecuencia los individuos reciben amenazas sobre su vida real y sufren el daño de su reputación”.
Las cuentas falsas complementan a las cuentas de los gobiernos: muchos ciberejércitos ocultan su identidad y sus intereses. El fenómeno, llamado astroturfing, muchas veces se compone con bots (bits de código escrito para imitar a los usuarios humanos). “Según denuncias de los medios, los actores gubernamentales de Argentina, Azerbaiyán, Irán, México, las Filipinas, Rusia, Arabia Saudita, Corea del Sur, Siria, Turquía y Venezuela han utilizado bots” con el fin de “inundar las redes sociales con spam y noticias falsas”.

La creación de contenidos (entradas de blogs, videos de YouTube, noticias falsas, fotos o memes) es una de las formas más comunes de operación psicológica. Y no siempre es visiblemente partidaria: en Rusia existe un blog sobre adivinación que brinda predicciones sobre relaciones, consejos para bajar de peso, Feng Shui “y de vez en cuando, geopolítica, con el fin de entretejer propaganda, sin que se note, en lo que parecen ser las cavilaciones cotidianas de una persona común”.

A veces los ciberejércitos son equipos que integran las organizaciones oficiales, como el Departamento de Educación y Propaganda de Vietnam, el Ministerio de Comunicaciones de Venezuela o la Brigada 77 de los militares británicos. “Y en China, la administración pública detrás de sus actividades es increíblemente vasta”, con estructuras regionales. “En Argentina y en Ecuador han sido vinculadas con la oficina presidencial”, agregaron los autores.

Otras veces los ciberejércitos son parte de la estrategia de campaña de un candidato, o de los partidos políticos: “Las cuentas falsas se usan para inflar artificialmente el número de seguidores, ‘me gusta’, compartir o retuitear, lo cual crea una impresión falsa de popularidad”, ilustraron Bradshaw y Howard. Estas fuerzas, por lo general contratadas, suelen continuar su trabajo cuando el candidato gana: “En Rusia, la Agencia de Investigaciones en Internet, una empresa privada, coordina parte de las campañas de redes sociales del Kremlin”.


lunes, 11 de septiembre de 2017

Carta abierta a todos los ciudadanos y las ciudadanas que votaron listas opositoras en la Provincia de Buenos Aires


El pasado 13 de agosto, la mayoría de los electores le dieron un mensaje muy claro al Gobierno de Macri, Vidal y Bullrich: dos de cada tres bonaerenses dijeron, con su voto, que hay que frenar el ajuste.

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Carta abierta a todos los ciudadanos y las ciudadanas que votaron listas opositoras en la Provincia de Buenos Aires.
El pasado 13 de agosto, la mayoría de los electores le dieron un mensaje muy claro al Gobierno de Macri, Vidal y Bullrich: dos de cada tres bonaerenses dijeron, con su voto, que hay que frenar el ajuste.
Hay esperanza. Entre todos y todas, obtuvimos un resultado importante que el Gobierno no debería ignorar. Pero, como ya sabemos, lo va a hacer. De hecho, ya prepara el GRAN ajuste para después de las elecciones de octubre. Flexibilización laboral que afectará el sector registrado del trabajo, despidos en el sector público, recorte de jubilaciones y pensiones, ajuste a las Provincias y más aumento en las tarifas de los servicios de luz, gas y agua, agregándose el transporte, entre otros, constituyen la segunda fase del ajuste.
Este Gobierno no escucha. Este Gobierno no rectifica.
Estamos en un momento histórico en Argentina. Además del durísimo ajuste que conocemos y padecemos, y que ha desordenado la vida de la gente, estamos viendo como en las últimas semanas se está produciendo un peligroso deterioro del Estado de Derecho, cuya expresión más dramática es la desaparición forzada de Santiago Maldonado, y el descarado uso partidista de las instituciones de la República.
Para imponer este GRAN ajuste después de las elecciones de octubre, el Gobierno quiere y sobre todo necesita una sociedad débil, organizaciones sociales divididas y una oposición fragmentada. Para imponer este GRAN ajuste el Gobierno utilizará toda su capacidad para manipular la realidad y engañar a los argentinos como lo ha hecho en el resultado electoral de las PASO, por ejemplo. Las mentiras se mezclan con engaños para imponer su relato. La concentración de poder y la complicidad de importantes sectores económicos y mediáticos configuran una poderosa maquinaria de propaganda. Pero los argentinos y argentinas conocen, en carne y hueso, la verdad y la auténtica realidad, incluso muchos de aquellos que decidieron igualmente votar al Gobierno.
La realidad del ajuste y del que tienen preparado para octubre si no los frenamos antes; la realidad de la desocupación y de un trabajo cada vez más precario en el que la plata no alcanza; la realidad del tarifazo y su plan para aplazar sus aumentos y dividir el pago de las facturas de invierno del gas para después de las elecciones; la realidad de una deuda brutal que está hipotecando el futuro y el de nuestros hijos e hijas; la realidad de la degradación de la justicia al servicio de la política partidaria; la realidad de los aumentos en medicamentos, el encarecimiento de la canasta básica o el empobrecimiento de cada vez más argentinos. De todo esto el Gobierno, y sus candidatos, no quieren hablar.
El Gobierno de Mauricio Macri elude sus responsabilidades y manipula la realidad para enfrentarnos y dividir a la mayoría. Quiere una sociedad debilitada y sin capacidad de fiscalizar su actividad. Sólo podremos frenar esta política económica y las amenazas a la vida y a los derechos y garantías ciudadanas con nuestro voto.
Los ciudadanos y ciudadanas que votamos a las listas opositoras somos mayoría y nosotros no podemos, como lo hace el Gobierno, eludir nuestras responsabilidades. Quienes conformamos la oposición, porque allí nos colocan nuestro pensamiento y el voto popular, sabemos del GRAN ajuste que vendrá después de las elecciones y de sus consecuencias económicas y sociales. También sabemos que el Estado de Derecho está severamente amenazado. Por eso tenemos la responsabilidad de evitar mayores sufrimientos a los argentinos y argentinas.
Estas elecciones no son la segunda vuelta del 2015. Tampoco son la primera vuelta del 2019. Son las elecciones para decidir si el Gobierno tiene un cheque en blanco para proseguir con el ajuste y el endurecimiento de sus políticas, o bien si podemos evitar más dolor y sufrimiento para nuestros compatriotas frenando el nuevo GRAN ajuste que planea el Gobierno de Mauricio Macri para después de octubre. ¿Vamos a esperar? ¿Vamos a permitir que cálculos políticos y legítimas ambiciones personales en el futuro dejen que AHORA el Gobierno imponga su GRAN ajuste?
Creo, sinceramente, que ahora es el momento de Unidad Ciudadana, el mejor instrumento que tenemos HOY para que la voz de la mayoría social y electoral sea también una mayoría política en las instituciones. Nadie debe renunciar a nada. Ni a sus ideas, ni a lo que dijo, ni a lo que hizo, menos aún, a sus aspiraciones futuras. Ganemos juntos ESTA elección y hablemos todos y todas, de TODO. Sin limitaciones y sin reservas.
Argentina espera que estemos a la altura de nuestra responsabilidad. Ahora el Gobierno debe tener un límite, y solo lo tendrá si ganamos las elecciones de octubre. Sabemos cómo hacerlo y con qué boleta. Solo hay una que nos lo permite. Y no es arrogancia ni soberbia: es la lectura objetiva del resultado electoral del 13 de agosto. Y mañana trabajemos, unidos y unidas, por la construcción de una mejor alternativa política para el futuro. Hago un llamado democrático a favor de una ciudadanía que se ha manifestado mayoritariamente contra el ajuste del Gobierno y para cambiar el rumbo económico.
Creo que la alternativa a las políticas de este Gobierno se forja desde la calle, desde las urnas y desde las instituciones. Trabajemos juntos en el Congreso con un Plan de Emergencia Nacional para frenar la dureza del ajuste en donde más fuerte ha golpeado: en el empleo, las tarifas, los alimentos y los medicamentos; y evitar el nuevo y GRAN ajuste que tienen previsto para después de octubre, como todos y todas sabemos. Es imprescindible que la mayoría social que hoy está clamando cambiar de rumbo económico y el respeto al Estado de Derecho, tenga una mayoría política y parlamentaria que pueda defenderla.
Desde Unidad Ciudadana, y yo misma, estamos dispuestos a iniciar un nuevo ciclo político basado en el trabajo conjunto de todas las sensibilidades opositoras. Creo imprescindible que esa mayoría social que se manifestó contra el ajuste, tenga una correlativa expresión electoral e institucional. El Gobierno NO puede tener un cheque en blanco para el GRAN ajuste. Y solo la boleta de UC nos lo permite. No les pedimos el voto para nosotros, sino que ofrecemos nuestra boleta para que pueda representar su voto opositor y trabajar en conjunto por un cambio de rumbo económico en el futuro y el respeto al Estado de Derecho en el presente.
Podemos hacerlo. Debemos hacerlo.

sábado, 9 de septiembre de 2017

Bajo riesgo



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                                                                                Imagen: Pablo Piovano
Cualquiera hubiera pensado que serían más discretos. Que después del escándalo de cambiar una ley para beneficiar a los familiares de los funcionarios, por lo menos los suyos se iban a abstener. Es probable que haya sido discreto y hubiera pasado desapercibido, si Horacio Verbitsky no lo hubiera publicado en PáginaI12. En noviembre de 2016 se aprobó la ley de blanqueo de capitales, que en la lengua ambigua del PRO se denominó de “sinceramiento fiscal” y en ella se subrayaba que no estaban incluidos en ese beneficio los familiares directos de los funcionarios. Fue una condición impuesta por Elisa Carrió. La causa era obvia: un gobierno de millonarios se fabricaba una ley a su medida, había que incluir ese punto para darle credibilidad y transparencia y, sobre todo, sacarle el tufo a negociado. Mauricio Macri se molestó por ese agregado y, pocos días después, lo anuló por decreto. Los medios oficialistas acallaron las protestas, Elisa Carrió miró para otro lado y se olvidó del asunto. Al punto que ahora es candidata de los que denunció como corruptos, aquellos que rompieron las condiciones de transparencia que ella misma habían exigido. Todo silenciado hasta que Horacio Verbitsky publicó las cifras que habían blanqueado familiares directos de Macri y otros funcionarios.
Los tomó de sorpresa. El control sobre la prensa oficialista les daba seguridad sobre estos temas. Pero se les escapó la tortuga. Otra vez rabieta en la Casa Rosada, escandaletes internos, investigación para ubicar la fuga en la AFIP y así rodó la primera cabeza: Jorge Enrique Linskens, subdirector de Sistemas y Telecomunicaciones. La ofensiva contra PáginaI12 se profundizó y descargaron su furia contra el único medio que había detectado esos blanqueos, o por lo menos, el único que se atrevió a publicarlos, un medio que rompe la uniformidad de la información y se ubica por fuera del control del oficialismo. Imponer uniformidad en la información es atacar un rasgo primario de cualquier democracia. El gobierno ya lo venía haciendo con recortes drásticos a una pauta publicitaria que el diario recibió durante todos los gobiernos anteriores.
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Esta vez el ataque fue contra Víctor Santa María, como cabeza del Grupo Octubre, el cual integra ahora PáginaI12. Pero el ataque no es contra una persona porque es evidente que se produce como reacción a una publicación del diario, y a través de ese ataque busca silenciar a una de las pocas voces críticas de este gobierno. Se trata de completar un cuadro nefasto: este gobierno ya tiene  presos políticos como Milagro Sala y sus compañeros, una desaparición forzada en el marco de la represión a la protesta social, como la de Santiago Maldonado, y ahora se encamina hacia la censura de un diario crítico de sus políticas como es PáginaI12. No es casual que use como punta de lanza a otro diario. El insólito editorial de La Nación del 5 de septiembre forma parte de esa reacción del gobierno por la publicación de los blanqueos que realizaron los familiares, amigos cercanos y socios del presidente y de otros funcionarios. El editorial de La Nación no se publicó antes, ni mucho después, sino con pocos días de diferencia con la nota de Verbitsky. La intención de amedrentar es clara: son los famosos “carpetazos” del arsenal escabroso de este gobierno, la mayoría de las veces con información forzada o directamente inventada por los servicios de inteligencia y amplificada por los medios compinches, como La Nación.
Después de treinta años, la derecha franca, sin el disfraz de la UCR o el peronismo, llegó al gobierno por vía electoral. El nuevo orden simbólico del mercado llegó con ella, la ilusión para los ingenuos de la meritocracia, el cinismo de que cualquier medida de distribución de la riqueza esconde un acto de corrupción y argumentos estúpidos como “no van a robar porque son ricos” fueron laboriosamente construidos por las corporaciones mediáticas. Y ahora están allí, otorgan concesiones a sus socios, ocultan empresas y cuentas offshore, favorecen con grandes contratos a sus empresas, se compran a sí mismos y legislan blanqueos para aprovecharse con ellos. Lo primero que hicieron las corporaciones mediáticas fue desguazar por decreto la ley de medios que prohíbe a los monopolios de la información.
Y a medida que avanzó esta apropiación de la subjetividad de gran parte de la sociedad, el frágil escenario, enclenque y emparchado,  que a duras penas se había podido levantar en contraposición a tantos años de democracias tuteladas y dictaduras, empieza a cambiar otra vez en forma subrepticia. El trabajo de naturalizar esos cambios regresivos está en la tarea de zapa de los medios oficialistas que ocultan, disimulan, exculpan y maquillan esa realidad cada vez más inhóspita, más hostil, que empobrece de ciudadanía y embrutece a su base de respaldo. El que fue envuelto en la trama del discurso gran mediático, empezó por justificar la designación de jueces de la Corte por decreto, después aceptó el copamiento irregular de la Magistratura, se resignó al aumento desmedido de los servicios y terminó por respaldar la persecución y encarcelamiento de Milagro Sala, una opositora. Y después se dio cuenta que está obligado a digerir lo que aprendió a detestar: la desaparición forzada de Santiago Maldonado en el marco de la represión a la protesta social. Y ahora está a un paso de consentir el avasallamiento de un diario crítico, uno de los pocos medios que no son oficialistas y que en toda su trayectoria ha sido consecuente en las defensa de los derechos humanos.
El (la) hombre/mujer se embarcó en ese paquete queriendo defender el hecho democrático, la república, el respeto a las instituciones y puso en su voto esa falsa ilusión construida por los medios concentrados. Comenzó con pequeñas concesiones y al final de ese camino recorrido en tan poco tiempo, terminó en el extremo opuesto al que había deseado. El (la) que empezó como demócrata, se convirtió en enemigo de la democracia, de la república y de las instituciones, aceptó la corrupción de los ricos, el encarcelamiento y la desaparición de los opositores y el silenciamiento de las voces disidentes.
Ya es un lugar común. No es una dictadura. Ha sido elegido por el sufragio, funciona el Congreso, no hay 30 mil desaparecidos. Pero bajo ese efecto anestésico que produce el discurso hegemónico se va construyendo una maqueta de dictadura, un huevo minimalista –por lo de mini mal– donde por obra y gracia de los nuevos factores de poder y creadores de subjetividad, el sufragio coexiste con presos políticos, el Congreso coexiste con el hecho de un desaparecido en una protesta legítima de mapuches por sus tierras y ambos con la persecución y la censura a los opositores. Es un diseño parecido al de las viejas democracias tuteladas que terminan por no ser democracias, sin llegar a ser dictaduras.
También es un lugar común que todas las dictaduras derrocaron gobiernos democráticos “en defensa de la democracia”. Y que todas tuvieron un consenso civil que las acompañó durante bastante tiempo y que creyó en ese argumento ladino y mentiroso. La reiteración es un dato. Hay un sector de la sociedad que no es democrático y otro que es llevado fácilmente a posiciones no democráticas. Se los ve desaforados en las redes tratando de defender lo indefendible, furiosos de estar en el lugar que nunca hubieran deseado. Y hay otro sector que apuesta a la democracia porque es la mejor posibilidad que tiene de mejorar, su única fuerza es ser mayoría. Paradoja: el que respeta la democracia centra su discurso en lo social. En cambio, el más autoritario centra su discurso en la democracia. Y lo hace como reacción al discurso social del más democrático, al que acusa de “dictadura de las mayorías”.  
En el sistema de medios en Argentina, que se agrupa mayoritariamente del centro a la derecha, el espacio editorial que ocupa PáginaI12 nunca fue muy grande y es cada vez más reducido. Ha sido, sin embargo, un aporte indiscutible a la transición democrática. Y el ataque disparado a conciencia usando otro medio de comunicación, busca su desaparición definitiva o su reemplazo por alguna forma más dócil. Para cualquiera que tenga formación verdaderamente democrática no hace falta estar de acuerdo con PáginaI12. El dato suficiente es que los ataques del gobierno se producen como respuesta al artículo de Horacio Verbitsky sin que nadie los haya desmentido.   

La sociedad es más fluida y banal que sus tragedias



                                                        SÁBADO 09 DE SEPTIEMBRE DE 2017
En la sociedad mediatizada, cuando un tema dramático, como la desaparición de un ciudadano, alcanza las primeras planas, los consumidores de noticias, los usuarios de redes y las elites políticas e intelectuales suelen creer que todo el mundo comparte el hecho con la misma intensidad. Ellos están absortos por el acontecimiento y contribuyen a producirlo y reproducirlo a escala inconmensurable, en tiempo real. La noticia circula velozmente, se reconfigura y desnaturaliza, crece incontrolable e impacta en el poder. Los políticos encargan urgentes sondeos; evalúan, con ansiedad, cuánto puede favorecer o perjudicar sus proyectos; el Gobierno parece ir detrás de los hechos, los operadores de la Bolsa contienen la respiración y sopesan alternativas. Los probables inversores extranjeros demandan explicaciones. Leen noticias perturbadoras y observan en sus tablets disturbios callejeros, sobreactuados por imágenes machacantes, repetidas. Se preguntan si ese país donde piensan poner algo de dinero, apenas un punto perdido en el mapa mundial, no será inseguro para sus ávidos y mutantes intereses capitalistas.
El conjunto de la sociedad comparte la preocupación, pero la intensidad del interés es menor y se diversifica. A diferencia de lo que les sucede a las elites y al público politizado, no hay evidencia de que se juegue algo vital para el resto de los argentinos por el caso Maldonado. Lo que muestran las encuestas es, en primer lugar, que dos tercios de la población está preocupado, pero apenas uno cree que se trató de una desaparición forzada por las fuerzas de seguridad; en segundo lugar, prevalece una fatal desconfianza: muchos sostienen que algo se está ocultando, y la mayoría está convencida de que Maldonado nunca va a aparecer o aparecerá muerto. En realidad, las opiniones se explican antes por la adhesión o el rechazo al Gobierno que por la naturaleza del hecho. Quienes lo apoyan lo absuelven de responsabilidades; los que lo reprueban le cargan la muerte del artesano. Tampoco se vincula el caso con la inseguridad, cuya valoración como problema permanece igual que antes de la desaparición. Más allá de Maldonado, los argentinos siguen poniendo la economía al tope de sus preocupaciones, pero con un guiño de confianza hacia el Gobierno, adelantado en las PASO y probablemente ratificado en octubre.
La opacidad de la sociedad frente a la desaparición de un ciudadano, su tenue compromiso, su desconfianza alimentada por la experiencia de tantas otras desapariciones jamás esclarecidas, su absolución apresurada de los sospechosos generan lecturas distintas, donde se cruzan intereses, fanatismos y valores. La interpretación según intereses es pragmática y electoralista: si la gente no responsabiliza a la Gendarmería y le ratifica la confianza al Gobierno, Cambiemos puede mantener el optimismo, mientras no haya novedades funestas; si, en cambio, Maldonado apareciera muerto por obra de las fuerzas de seguridad, entonces la oposición mejoraría sus chances en octubre. Y Hebe de Bonafini y los suyos confirmarían los delirios que se derivan de su fanatismo: Macri es la dictadura. Estamos en campaña, cada uno atiende su juego: unos, esperando que no haya novedades hasta octubre, o que si las hay no los incriminen; los otros, especulando con un final trágico que impulse sus propósitos políticos o sus desvaríos ideológicos.
Una lectura desde los valores no puede aceptar la indiferencia social, el cálculo electoralista o la intolerancia política. Como escribió Zygmunt Bauman, la sociología descomprometida es una imposibilidad. Desapareció un ciudadano y eso constituye una calamidad inaceptable para la democracia. Aunque deba admitirse, porque es un dato de la realidad, que la sociedad es más fluida (y más banal) que sus tragedias. Fluidez y banalidad, no es novedoso, marchan juntas en la sociedad contemporánea. Precisamente, la metáfora de la liquidez de Bauman y otras imágenes de la posmodernidad apuntan en esa dirección: debilitamiento de vínculos y normas, retroceso del espacio público, consumo desbocado, liviandad de compromisos y deberes, elites que administran cosas, en lugar de orientar personas. En la Argentina el problema tal vez es más hondo: nos llegó la fluidez de las costumbres sin habernos educado en la solidez de las instituciones. Transgredimos la ley, sin noción de la ley.
Si sus intenciones son verdaderas, Cambiemos no puede ignorar esta falencia histórica. Frente a ella no alcanzará con el progreso económico, las soluciones instrumentales y la retórica del sueño y el equipo. Los ciudadanos desaparecen porque se incumple la ley y las instituciones son débiles, corruptas e ineficientes. Ahí se les va la vida. No es una responsabilidad exclusiva de esta administración, pero su proclamada intención reformadora la obliga a encarar el problema. La construcción de la polis es la primera obra pública. Algo que los ingenieros no deben olvidar cuando ejercen el gobierno.

domingo, 27 de agosto de 2017

¿Por qué diablos la gente apoya a la derecha?

 Un médico noruego tiene la respuesta
 Alberto Buitre




TOLUCA, ESTADO DE MÉXICO. –No creo en el destino, pero hay ciertos momentos en la vida que casi me convencen de creer que nada es casualidad. Uno de esos momentos fue cuando conocí a Gernot Ernst.
En esto venía pensando desde tiempo atrás: ¿Por qué la gente sigue apoyando a la derecha, a pesar que, bajo sus gobiernos, ya saben que es cuando peor les va? En Estados Unidos, Donald Trump no pierde popularidad. En España, la población continúa votando al Partido Popular. Mauricio Macri hoy es presidente de Argentina gracias al voto masivo de la gente. Y en México, nos preparamos para lo que puede ser la vuelta a la presidencia del Partido Acción Nacional… ¡¿Por qué diablos?! Y de tal respuesta, quería escribir un artículo.
Pero no daba con una razón convincente. La teoría dice mucho, sí, pero no lograba empatarla con el siglo XXI. Entonces acudí este fin de semana a Toluca, Estado de México, a una conferencia sobre la crisis del capitalismo organizada por el Partido del Trabajo, y conocí al doctor Ernst.
Ernst es un intelectual en serio. Médico anestesiólogo del Vestre Viken Hospital Trust, en Korngbesrg, Noruega. Neurobiólogo y científico social, ha realizado investigaciones en Teoría de la Complejidad asociadas a la medicina y las ciencias sociales. Además, es consejero científico del Partido de la Izquierda Socialista de Noruega. O sea, el sujeto sabe de lo que habla.
En su ponencia, Ernst dijo que el pensamiento de derecha tiene una explicación neurocientífica. El contexto social actual es el caldo de cultivo para esto. Internet literalmente bombardea con mierda los cerebros de las personas. La llamada “shitstorm” –término urbano para describir una serie de cosas que van aparentemente bien, pero que, al realizarse, terminan horrendamente mal–, dejan cosas (selfies, memes, chats, fotos y videos cualesquiera) que desaparecen rápido y dejan frustración. Las redes sociales están plagadas de pseudoargumentación, generan egoísmo y con ellas es fácil burlarse de asuntos realmente serios, como una tragedia humana, un acto de corrupción política, y la lucha de un grupo de personas por sus derechos. Mierda, pues. Y lo más peligroso de todo: generan miedo. Y el miedo es la materia prima de la derecha.
Ernst explicó que la derecha sabe muy bien lo que hace, cuando le habla a las audiencias. Por ejemplo, crean enemigos abstractos: migrantes, homosexuales, mujeres, anarquistas; en ellos se funda la razón del miedo. Entonces un candidato o candidata de derecha aparece como una figura paternal, que es capaz de arreglar tus problemas. Provoca –dice el doctor–, patriarcado.
Y al padre todo se le cree; por ser padre, y por haberte puesto en una posición infantil de indefensión. De hecho, una vez entregándote a él, cada afirmación que haga la tomas como válida. No importa si sabes que es mentira; no importa si él mismo sabe que es mentira, explica Ernst. Se ha creado una imagen del “nosotros contra los otros”. No argumenta. No te pone a pensar, no lo necesita. Lo único que la derecha requiere es poner imágenes en tu mente mediante palabras y definiciones: “Los mexicanos son violadores y traen drogas”.
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Gernot Ernst, médico y consejero científico del Partido de la Izquierda Socialista de Noruega. FOTO: Alberto Buitre
¿Buscaba una respuesta? Ahí la tenía. Pero no era suficiente. Quería saber más, y entonces me lancé a conversar con él.
–Ernst, dime, ¿por qué tiene tanto éxito la derecha hoy en día?
–Los medios de información han cambiado, particularmente internet. Pero también la forma de educación, de movimiento, esto provoca que nuestra mente cambie, que tengamos dificultades de concentrarnos y de aceptar o entender argumentos. Esto es explotado por la derecha porque se especializa por utilizar el miedo. Saben lo que están haciendo. Están utilizando el miedo social.
–¿Pero por qué funciona tanto?
–El miedo, la confusión. Es un hecho que, cuando eres confundido, tu cerebro no logra argumentar. El cerebro es fácil de convencer con imágenes, con palabras simples. Por ejemplo, las grandes tiendas hacen grandes laberintos donde las personas no encuentren la salida. Es una estrategia. Porque cuando eres confundido no tienes fuerza mental para no comprar cosas. Es una técnica; es fácil confundir a la gente. Es la estrategia: aumentar el miedo, aumentar la confusión y así saben que la gente va a apuntar hacia la derecha. Es una estrategia clásica fascista.
–¿Qué opinas de Trump? ¿Por qué, a pesar de tantas críticas, todos los días, el tipo sigue vigente?
–Trump y sus partidarios saben exactamente qué están haciendo. Trump psicológicamente es un hombre viejo que teme a la muerte. Es una estructura típica de la derecha. Ellos temen a la muerte más que los de la izquierda. Y cuando temes a la muerte, cuando tienes miedo, tu método para sobrevivir es la agresividad. Y esos instintos son provocados. En los mitines de Trump, quienes están ahí, la mayoría son hombres son un poco más viejos y también son hombres o mujeres que tienen una alimentación que no es buena, y sus funciones en el cerebro no funcionan claramente. Esta es una estrategia que se ha construido y sus especialistas trabajan en eso.
¿Y qué diablos hacer? Según el doctor Gernot Ernst, la izquierda (yo más bien me considero un anarquista clásico, pero igual aplica) tiene en sus manos la más vieja de sus armas: la organización social; que, dadas las circunstancias, sigue siendo la más efectiva. “Porque la organización social disminuye el miedo”
En la izquierda –apunta– , no hay un camino tan fácil como en la derecha. “La izquierda argumenta. Pero hemos olvidado la organización. Y para la organización necesitamos más tiempo. Hemos perdido a los trabajadores donde no tenemos sindicatos, y ahí debe haber compañeros que sufran y luchen con ellos. Esa es nuestra fuerza. Cuando estamos ayudándoles en las cosas pequeñas, van a escuchar y van a recordar qué es los más importante y van a luchar también. “
Luego entonces, Ernst ofrece lo siguiente que, he titulado: “Consejos del doctor Gernot Ernst para evitar que la gente apoye a la derecha, y sí apoye a la izquierda:
  1. EJEMPLIFICA CON GENTE NORMAL. Explica los problemas y argumenta con base a experiencias de gente común, con la cual tu audiencia se sienta identificada.
  2. MENOS DISCURSOS, MÁS PREGUNTAS. Evita imponer tus ideas. Pregunta, para que la gente descubra la verdad por ella misma.
  3. UTILIZA EJEMPLOS HISTÓRICOS. La gente no tiene consciencia histórica. Recuérdales lo que ha pasado, para que no cometan los mismos errores, y recuerden los éxitos antiguos.
  4. LA DERECHA MANIPULA, LA IZQUIERDA ORGANIZA. Es válido si utilizas algunos métodos de la derecha, como usar imágenes y definiciones. Pero no te olvides de lo más importante: la organización social es la clave.
Ernst explica la propia experiencia del Partido de la Izquierda Socialista de Noruega y la razón de su éxito, al ocupar hasta el 10 por ciento de las preferencias electorales en el país. “En Noruega tenemos la misma lucha contra el neoliberalismo y la organización sindical es muy fuerte, todavía. En algunas áreas, el 90% de los trabajadores están organizados y esto es único en Europa. Pero también al otro lado tenemos un movimiento populista de derecha que es igualmente fuerte, casi el 20 por ciento. Es una lucha muy importante. Es particular para nosotros el SV (“Sosialistisk Venstreparti”, nombre en noruego del Partido) tenemos tres principios generales: el juicio social, el medio ambiente y el feminismo. Eso es muy importante para nuestra lucha. Porque cuando somos capaces de convencer a las mujeres, y las mujeres no son amigas de los populistas de derecha y trabajamos con ellas, juntos, es uno de los métodos con los cuales podemos ganar”.
Nos despedimos con un par de fotos y un buen saludo. Yo, con la esperanza de verlo de nuevo un día y aprender más. Gran sujeto. Y sobre todo, preguntarle de qué personaje era esa espectacular camiseta de jazz que portaba. Nos vemos pronto, camarada.




lunes, 21 de agosto de 2017

Segundas imágenes del sufragio


Lo que dejaron las PASO. Posibles proyecciones para octubre. Lecturas sobre el caudal electoral de Cambiemos. Algunos números para analizar. Distintos pesos del conjunto opositor. La primera ofensiva en la city y en el Poder Judicial.


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Hará tres semanas el sentido común predicaba que las Primarias Abiertas Simultáneas y Obligatorias (PASO) serían un perdedero de tiempo, con baja participación. Desde el domingo cunde una sensación inversa: fueron la votación definitiva, la de octubre será un trámite ratificatorio (la escribanía, que se mudó del Congreso al cuarto oscuro). 
Se incorporan al debate viejos vocablos, arrumbados por un relativo desuso: “hegemonía”, “reelección” las más resonantes. Los hay interesantes, tanto como para dejarlos para notas futuras. 
El contrato (de adhesión) para la lectura de esta columna estipula restringir las simplificaciones, dosificar las profecías en especial las de largo plazo. Y diferenciar la gravitación del (tentativo) 35,90 por ciento que consiguió Cambiemos según de qué se hable. 
El porcentual bastó y sobró para conseguir una victoria rotunda con impacto sobre el escenario político actual, la votación de octubre y los próximos dos años. Pero es incorrecta la metonimia que confunde a la parte con el todo, equipara a la primera minoría con la mayoría absoluta y hasta con la síntesis del conjunto social. Cuando menos, debe ser puesta en cuestión.
Se han usado ya los vocablos “según” y “pero”. El contrato de lectura agrega que se repetirán más de una vez, acaso tantas como “aunque”. Y una más, para matizar vaticinios apodícticos: “depende”.
Vamos por orden, empezando con lo corroborado.
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Un largo tercio poderoso: Se ignoran, tal vez hasta fines de la semana entrante, los guarismos exactos de las PASO. La manipulación del escrutinio provisorio en Buenos Aires deja vacante comprobar lo que parece clavado: la ex presidenta Cristina Fernández de Kirchner venció por estrecho margen en la elección de senadores. El Gobierno birla un dato relevante aunque de ningún modo define qué fuerza se quedará con las dos bancas de senadores para la primera minoría y cual con una. Sí da la impresión de estar resuelto que son dos y solo dos las que dirimen: Cambiemos y una de las vertientes del peronismo. Como sucedió en abrumadora mayoría de las provincias. 
El politólogo Andrés Malamud resaltó una de tantas evidencias dejadas de lado: ese bipartidismo rigió en casi todos los distritos. Cambiemos y la fragmentada oferta de peronismos salió primeros o segundos en 23 territorios. Las referencias numéricas generales las hacemos sobre las elecciones para diputados.
Solo en cinco provincias, terceras fuerzas superaron el quince por ciento: Chubut, Neuquén, Salta, Tierra del Fuego, Río Negro. Agreguemos que apenas en la última provincia hubo cuatro competidores por encima de esa valla, más bien baja. El quinteto podría llegar a sexteto si se redondeara a más el 14,78 por ciento que congregó 1País, el partido de Sergio Massa, en Buenos Aires.
 Se reprodujo un fenómeno, hijo de la crisis integral de 2001. La coalición que habita la Casa Rosada es la única con implantación nacional. Desde 2005 y hasta 2015 el Frente para la Victoria (FpV) contó con esa herramienta, que pasó a manos de Cambiemos dos años atrás. Bien escribe el politólogo Julio Burdman en Anfibia.com: “La Presidencia es la mejor herramienta de construcción partidaria nacional. El Ejecutivo, dicen algunos sin eufemismos, es el partido político nacional argentino”.
El que gobierna está en posibilidad de imantar adhesiones en toda la Argentina por fuerza gravitatoria. Los partidos provinciales, cuando les va bien, sólo son torazos en su rodeo, se esfuman allende las fronteras. Más allá de leyendas urbanas sobre Ligas de gobernadores, solo se confederan cuando los atrae o tracciona un liderazgo nacional.
Cambiemos se impuso en cuatro de las cinco provincias que gobierna. Goleó en tres, solo en Jujuy disminuyó sensiblemente su caudal. La quinta, Buenos Aires, está en veremos. Y avanzó sobre territorios ajenos, algunos de modo espectacular (Córdoba), otros en menor proporción (Santa Fe). Batió a gobernadores peronistas de todo pelaje (San Luis, La Pampa, Santa Cruz).
A su turno, el kirchnerismo quedó primero en provincias adversarias: Santa Fe, Tierra del Fuego, Chubut, Río Negro. Solo en ésta por un gap que asoma como indescontable dentro de dos meses.
La gravitación del número en una competencia se redondea con los de los adversarios. Cambiemos ganó también (subrayamos “también”) merced a la dispersión de sus adversarios prefijada en el armado de las listas que se potenció porque muchos perdieron “en fila india” a menudo en condición de locales.
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Sintonía (fina) inconclusa: En sentido amplio, el veredicto del 13 de agosto asoma como altamente predictivo del resultado de octubre. Nada está escrito en la piedra pero… De cualquier modo, recién dentro de dos meses se dirimirán las bancas en el Congreso nacional y en varias Legislaturas provinciales
Falta un dato clave del domingo, en Buenos Aires. El “apagón” informativo es una vergüenza que pesa en la mochila del Gobierno. 
El desempeño de la ex presidenta sigue siendo central en el nuevo contexto. El desenlace está abierto. La gravitación es cualitativa además de cuantitativa: hay en juego mucho más que la tercera banca. 
Las proyecciones efectuadas por analistas y medios, incluyendo a PáginaI12, son útiles y orientadoras. Pero los números estrictos y decisivos surgirán de otra compulsa.
Para Diputados el conteo es complejo , merced al sistema D’Hondt. Variaciones pequeñas pueden modificar el reparto en favor o detrimento de alguna de las dos coaliciones o de una tercera. La traslación a bancas debe estudiarse caso por caso: la punta no garantiza, de cajón, más escaños que el segundo. Depende de cuántos se renuevan y de las diferencias entre las listas
Algo semejante aplica al interrogante de “quién ganó” en número de votos en cada provincia.
El cuadro general y los 24 locales cambiarán. La composición del Congreso, la dendeveras, diferirá de la virtual que disponemos ahora. Imposible decir cuánto, anticipemos una hipótesis sensata: más que nada, menos que muuucho. En general… 
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El voto migrante: Los precedentes corroboran que hay migraciones de preferencias entre las PASO y las elecciones generales. El padrón se reconfigura, los votantes utilizan el recurso de “moverse” tácticamente. Massa 2013 y María Eugenia Vidal disfrutaron tales mudanzas en 2015, Daniel Scioli las sufrió en la segunda vuelta, ese año.
Las campañas trabajarán para conservar, re-polarizar, debilitar a quienes salieron terceros o más atrás. Tema para otras notas, que dejamos pendiente, de momento.
Aumentar la alta participación (que no fue homogénea en todos los distritos) del domingo no será sencillo, en general. Está muy cerca de los techos históricos.
Es aventurado suponer que quienes no participaron son un conjunto muy diverso al resto del padrón. De ordinario, se corrobora que acostumbran a repetir las tendencias de los demás ciudadanos.
Por imperio del umbral del 1,5 por ciento hay personas que están impedidas de repetir su voto: las boletas del partido que acompañaron no estarán en el cuarto oscuro. En el total general suman 705.969 ciudadanxs , un numerito tan tentador cuán difícil de identificar en las campañas para hacerles “cuerpo a cuerpo”. En Buenos Aires trepan al 4,5 por ciento de los votos emitidos: 359.300 agujas humanas en un pajar. Seducirlos es un desafío, para candidatos y militantes.
El resto es laburo político para todas y todos. Según el manual, los ganadores atraen, los perdedores son mancha venenosa. Quienes gestionan ejecutivos – gobernadores e intendentes– disponen de más recursos para mover voluntades. En ciertas provincias (Chubut, Neuquén, Tierra del Fuego en especial) el Ejecutivo local quedó segundo por diferencia escasa, conservan probabilidades de remontar. Hay ejemplos de comicios previos que les pueden insuflar esperanzas. Pero el manual reseña asimismo excepciones en el pasado y no garantiza nada.
Bajando más a tierra, los intendentes se valen de astucias o defecciones para preservar sus reductos cuando el referente provincial tiene pinta de perdedor. Lo abandonan, cortan boletas, reparten la propia con la de otros partidos, más taquilleros.
Consultamos a los conocedores de los Conurbanos cuanto mueven la aguja tales manejos. Las interpretaciones son sumamente variadas. Mucho, poquito… en cualquier caso más que nada.

La Matanza no es Perico: La diputada Elisa Carrió quedó a una uña de la mitad de los votos en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires y se impuso en todas sus comunas. Si se aguza la mirada se disciernen diferencias entre las zonas más opulentas y las más humildes pero la homogeneidad prevalece. La apoyó un espectro poli clasista. 
Salvando sensibles diferencias, algo por el estilo se trasunta en las goleadas con más del cincuenta por ciento en Formosa y en Tucumán, una de las provincias más pobladas.
Son, mayormente, excepciones. La traza de las preferencias denota un sesgo social: discierne entre las poblaciones con menores niveles de ingresos y mayores de informalidad versus el resto. 
Un componente de clase marca diferencias contundentes entre el Conurbano y el Interior bonaerense. El cómputo global es cabeza a cabeza, en Florencio Varela Cristina se impuso por 49 a 22,6 por ciento. En La Matanza fue 46,7 a 24,5. Son partidos superpoblados, no villorios. Comprenden barrios o ciudades “de clase media” que no alcanzan a compensar a la mayoría.
En el Interior las proporciones se invierten. Traducir si se trata de un voto por motivaciones económicas o por pertenencia de clase es un ejercicio imposible, al menos para este cronista. De todos modos, la estructura social incidió en las decisiones ciudadanas. La variable no es única, todo es multicausal y dialéctico en las viñas del Señor. 
Un mapa de la zona núcleo, sojera, revela una primacía mayor de Cambiemos. Los beneficiarios de la quita o supresión de retenciones retribuyen el beneficio. El clientelismo VIP también existe y “garpa”, claro que mencionarlo queda feo.
Distinciones de clase, de territorios se conjugan con las etarias, cuyo quantum, basado en encuestas, es menos preciso y fiable aunque innegable. Los jóvenes acompañan más a UC que los mayores de 60 años.
El monocausalismo “cultural” puesto súbitamente de moda simplifica al mango. No se expresó un vasto acompañamiento a la ideología, el credo o el imaginario (usted elija o combine) del macrismo. Los dos tercios que se inclinaron por otras opciones son, casi unánimemente, opositores cabales. Podrían quedar afuera expresiones díscolas del radicalismo como las que convoca el ex embajador Martín Lousteau en la CABA o Jorge Boasso en Santa Fe. El resto, casi la totalidad, se pronunció contra el Gobierno. 
Volvamos a diferenciar la aritmética electoral de la política: no son un colectivo político unido. 
Extrememos el punto: muchos también se oponen a CFK férreamente, hoy en día. Quizá voten en defensa propia pero se inclinan por otras banderías. Cambiemos sigue sacándole jugo a la táctica de mostrarse como “opositor a la oposición”, según la simpática frase del periodista Martín Rodríguez. 
Nadie es dueño de los dos tercios opositores, Cambiemos posee un capital más sólido y potente. 
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Ofensivas y defensas civiles: El triunfo de Cambiemos entusiasmó a la capciosa City porteña que celebró, volviendo a pedalear la bicicleta financiera.
Las ínfulas del ganador acicatearon una maniobra ilegal en el Consejo de la Magistratura para forzar el jury al juez Eduardo Freiler. La tramoya contó con la imprescindible complicidad de la Corte Suprema de Justicia. El oportunismo del presidente Ricardo Lorenzetti no es, ni por asomo, una novedad de esta semanita. Su jugada fue la enésima manifestación de la vocación pro cíclica en materia política del Poder Judicial.
El oficialismo se apresta a retomar ofensivas contra la Procuradora Alejandra Gils Carbó, contra jueces que sentencian con apego al Derecho del trabajo. Las Reformas laboral y jubilatoria, regresivas al mango, se sacan del cajón. 
La política económica acaso pase de su etapa autodenominada gradual al shock exigido por las grandes corporaciones empresarias.
La dinámica política desde diciembre de 2015 revela que las tropelías del oficialismo solo encuentran límites en las réplicas de la sociedad civil (mayormente) y, en ocasiones, del Congreso o la oposición política.
Con eficacia y asiduidad, movilizaciones retardaron o mitigaron iniciativas de derecha dura, a menudo ilícitas o inconstitucionales. Pensamos en los tarifazos sin audiencia previa, los amagues de cambios en la legislación laboral, el 2x1 para represores urdido en las sombras del cuarto piso de Tribunales. Hasta la perversa prisión domiciliaria concedida a Milagro Sala fue arrancada por la acción concertada de militancia social, organismos de derechos humanos y agencias internacionales. 
El voto es la expresión más acabada de la participación democrática, sin agotar el repertorio. Las movidas en el espacio público signan la etapa de Cambiemos.
Cambiemos avanzó hasta ser una primera minoría consolidada, tal como explicó el sociólogo y consultor Eduardo Fidanza en “La Nación”. Se alzó provisoriamente con, más o menos, los mismos votos que lo auparon a la presidencia en la primera vuelta. No los acrecentó significativamente, al menos en esta ronda electoral, ni se le escaparon. Hablar de un plebiscito ganado es impropio, la integración del Parlamento lo explicita: primera minoría en Diputados, segunda minoría en el Senado. Ambas crecerán en proporción no determinada todavía.
El Gobierno ya apunta a ahondar proyecto y programa. ¿Construirá las mayorías parlamentarias que le permitan concretarlo? ¿Vencerá las resistencias sociales que se le pondrán en la vereda de enfrente? Depende de correlaciones de fuerzas, capacidad de alianzas y cien factores más. Uno preponderante, hoy traspapelado: la capacidad de las vertientes opositoras para reagruparse, generar una alternativa que convoque y sume. 
Si el oficialismo avanza en sus objetivos declamados –bajar la informalidad, reducir la pobreza, combatir con éxito el narcotráfico– su porvenir será más promisorio. Si, como tantos pensamos, ahonda la desigualdad, la exclusión y el desmantelamiento del aparato productivo, la tendrá más difícil.
La magnitud del triunfo depende de las cifras reales de la votación de octubre. Al cierre de esta edición, se ignora parte del veredicto del domingo pasado.

domingo, 20 de agosto de 2017

“Cambiemos encarna una conquista del desierto cultural”



Los tres llegan por tandas, con alguna espera en el medio. Se ubican en una mesa en el fondo del café y librería Clásica y Moderna. Un panel de madera y vidrio los separa de los exhibidores llenos de libros, un entorno que en cierto modo los representa. El último en llegar es Jorge Alemán, psicoanalista radicado en España, ensayista y escritor. En la mesa menos visible del salón, casi cobijados en uno de los rincones, lo saludan el sociólogo Daniel Rosso, especialista en medios y política, y el decano de la Facultad de Ciencias Sociales de la UBA Glenn Postolski, graduado en comunicación. Sentados frente a frente en uno de los bares notables de la Ciudad de Buenos Aires, los tres se disponen a analizar el resultado de las elecciones primarias. Estudioso de Jacques Lacan y la teoría del sujeto, amigo del fallecido Ernesto Laclau, Alemán enuncia una "hipótesis teórica general" que establece un marco para el resto de la conversación. "Hay una ruptura entre el índice de malestar social y su conexión con un proyecto transformador de la política. Puede haber una situación que, en términos sociales y económicos sea verdaderamente muy amenazante para los sectores populares, y que eso no se traduzca en términos políticos", afirma.
De los primeros intercambios queda claro que los números de la elección del último domingo confirman, para los tres, la necesidad de plantearse preguntas. ¿Por qué Cambiemos pudo crecer a nivel nacional, si desde diciembre de 2015 viene aplicando una política de ajuste que hace subir el desempleo y la pobreza? ¿Por qué hizo una elección mejor de lo esperado en la provincia de Buenos Aires, más allá del escándalo del recuento provisorio y las irregularidades que se han constatado en el escrutinio definitivo? Alemán, Rosso y Postolski se animan a hacer un análisis complejo que en una primera escucha puede sonar pesimista, levemente sombrío, respecto del futuro. Cada uno con su bagaje conceptual y desde su campo de estudios, los tres intelectuales responden a un interrogante que circula desde el lunes a la madrugada: ¿el macrismo encarna ya un ciclo político largo para el país? ¿Cambiemos es una construcción hegemónica en lo cultural?

Con esas preguntas como disparador van encadenando una serie de reflexiones que incluyen planteos contra cierto sentido común progresista y, también, recomendaciones dirigidas a quienes pretenden reconstruir mayorías electorales para el espacio nacional, popular y –palabra clave– democrático.

–Cambiemos, un partido de centroderecha surgido en la CABA, logró implantarse en todo el país y ganó en algunas provincias gobernadas por el justicialismo histórico. ¿A qué se debe?

Alemán: – Primero quiero insistir con que hoy nos encontramos ante un problema de una enorme gravitación: el neoliberalismo logra desconectar el malestar económico-social de la emergencia de cualquier proyecto político transformador. Por esto, yo digo que estamos frente a lo que antes el marxismo consideraba una contradicción. Pero esas contradicciones ya no ofrecen los términos operativos que antes uno les concedía. Dentro de esta hipótesis teórica, también hay que entender otra mala noticia: en el neoliberalismo, como mutación del capitalismo, funcionan en el interior de la política coordenadas que no son clásicamente políticas. Yo no soy amigo de trasladar alegremente situaciones psicoanalíticas al ámbito de lo social, pero hay algunos momentos de pasajes que pueden ser considerados. Por ejemplo, hay muchísimas historias descriptas por Freud en las que un sujeto padece abusos de todo tipo –está en una relación de régimen sádico– y, sin embargo, con el tiempo se da cuenta que él mismo sostenía y estaba implicado en esa relación. No era exclusivamente víctima, sino que él era un activo partícipe de ese abuso. Y aquí entran a jugar fenómenos identificatorios, fantasmáticos. Estar metidos en el sueño de otro. Y sobre la mención a la palabra hegemonía, tan utilizada en estos días, yo no estoy de acuerdo con su uso para describir este momento de la Argentina, las formas de dominación neoliberal.

–¿Cambiemos está logrando imponer una cultura meritocrática, que hace eje en lo individual?

Alemán: –Lo de ellos representa las formas de la dominación neoliberal. Por ejemplo, lo que hicieron el otro día, con la interrupción del conteo electoral. La estructura de dominación del macrismo se encarna en un discurso neo-evangelista, de chantaje moral, extorsión afectiva, en la búsqueda de despolitizar y deshistorizar todo, en producir todo el tiempo referencias a la confianza en uno mismo, a la reciprocidad: matrices discursivas que están en los libros de autorrealización personal denominados de 'autoayuda'. Todo eso puede conformar dispositivos de dominación cultural que duren mucho. Y que se exprese en una fuerza política nacional, organizada territorialmente. Que sabe lo que quiere.

Postolski: –Desde la amplia trama de la discursividad social, Cambiemos se maneja con un tipo de lógica que hay que pensar. Siempre van hasta el punto del ensayo y error, para probar dónde va lo suyo. Y después no es que empiezan a recoger piola sino que ya avanzaron un estadío más. Para esto, ellos recogen un sustrato que está presente en la sociedad. Y al mismo tiempo han puesto a jugar una capacidad científico-técnica que los ha colocado a ellos en el lugar del discurso valedero. 

Alemán: –Es el régimen sádico. Te pruebo diez latigazos, te los reduzco a seis. Es el contrato sádico. Pero además, observado fenomenológicamente, es como si actuaran impunemente. Antes la ideología era encubrir. Ahora lo exhiben. El problema ahora no es desnudar lo que hacen. No. Te lo muestran. Cortaron el conteo de los votos, organizaron un show. La ideología que dice que hay que desenmascararlos es un problema, porque lo que ellos hacen es una exhibición clarísima. "Metemos un pibe preso todos los días", dice Bullrich. Es un poco el modelo Trump.

–La oposición se dedicó en los últimos 18 meses a relatar los efectos de ajuste. Pero quizá en términos comunicacionales y políticos no sea tan efectivo. 

Rosso: – Cambiemos terceriza su discurso en el sistema de medios hegemónicos, y ese sistema tiene el control de la visibilidad: qué se visibiliza y qué se oculta y cómo. En la campaña, por ejemplo, Cristina armó una estrategia de sustracción de la visibilidad. Los medios hegemónicos no la encontraban donde querían ubicarla: en el refuerzo del estereotipo, del estigma. Desde el gobierno, en la última etapa de la campaña, no sólo controlaron la visibilidad sino que pusieron a (María Eugenia) Vidal a jugar un rol específico, que es activar la creencia. Vidal es la que logra darle visibilidad a lo que no está visible: la recuperación económica. El discurso de ella es, en buena medida, un discurso religioso. Eso que todavía no estaba –el beneficio económico– ya va a llegar. Ante eso que se va posponiendo todo el tiempo, que no está, Vidal dice: "ya va estar". Es un contrato de creencia. De determinados sectores, que le creen.

Alemán: –Hace poco yo hablaba con Daniel Santoro, el pintor, y en relación a determinados cuadros de vírgenes acordamos que nos evocaban a Vidal. Porque ella está en estado virginal, siempre amenazada por figuras oscuras –el narco, por ejemplo–. Ella sufre por lo que todavía no ha ocurrido. Es la actitud de la santa que espera que llegue un futuro venturoso, la santa que se está entregando. Vidal expresa la introducción de lo religioso en el dispositivo político de Cambiemos.

Rosso: –Hay un sketch de (Diego) Capusotto que es muy interesante, en la que él es un tipo que se parece a León Gieco, que canta con su guitarrita que algo "está por llegar", que "algo está por venir", y viene un tren y se lo lleva por delante (risas). Pero además, el macrismo, en su estrategia comunicacional, pone en escena su intimidad. Sus sentimientos, alegrías, sufrimientos. Es una operación comunicacional, por supuesto. Y si uno ve la última parte de la campaña de Vidal, ella la hizo televisando sus sentimientos. Todo el tiempo. Las últimas escenas de Vidal en la campaña se organizaron con cientos de primeros planos de su rostro suplicante. Es la retórica del ruego.

Postolski: –Pero todo eso lo puede personificar Vidal porque ella es producto de esa clase media. No lo puede hacer Macri. Ella es portadora de esa palabra por esa condición social. El macrismo juega con la cancha inclinada a su favor. Pero también hay una cosa que funciona, y es la operatoria de simulacro. Y, además, Cambiemos solo puede tener esta potencia nacional en virtud de la subsunción que ha logrado del radicalismo. Hay una fascinación que los macristas han logrado construir en los radicales. Es la fascinación que ejerce el PRO sobre ellos; es que estos tipos, desde algo realmente antagónico con el peronismo, están demostrando que sí se puede ejercer el poder sin ser peronista. 

–En una reciente exposición en la Facultad de Ciencias Sociales, Alemán sostuvo que la palabra revolución se ha retirado del campo de la política: la democracia ocupa todo el espacio. Pero una democracia condicionada por el neoliberalismo. ¿Cómo se expresa eso en Argentina?

Rosso: –Con la revolución retirada de la gramática política, nos queda el significante democracia. Pero la idea de democracia, en la Argentina, ha sido cooptada por el macrismo. Es una cooptación comunicacional. 

Alemán: –En todas partes se ha cooptado la democracia. No solo en la Argentina. La historia del siglo XX de los partidos políticos es la historia de cómo fueron perdiendo toda relación con aquello que los constituyó. 

Rosso: –Comparto. En la Argentina, si repasamos desde 1983 para acá y analizamos el presente, comprobamos que el macrismo ha logrado trasladar la idea del autoritarismo desde el neoliberalismo hacia el movimiento nacional y popular. Cuando uno lee La Nación de los últimos días da la impresión que ellos ahora están en la segunda fase de esa operación de construcción de sentido. El macrismo está buscando homogeneizar culturalmente a la clase trabajadora. Extirpar, como si estuvieran en un quirófano, la 'cultura populista' de esos sectores, que hace más eje en las cuestiones colectivas, en la organización y en una identidad histórica, para meter en esas franjas sociales la cultura del mérito individual que caracteriza a una fracción de los trabajadores trasnacionalizados. Yo relaciono esto con un trabajo que realizó en los '80 nuestros el sociólogo Juan Villarreal. Año '84 o '85. Un texto de 45 páginas, en el que estudió la estructura de clases de la Argentina. Llegó a una conclusión muy sencilla: "la Argentina salió de la dictadura homogeneizada por arriba –o sea, con una homogeneización de las distintas fracciones del capital– y heterogeneizada por abajo". Dicho de otro modo: hoy hay muchos fragmentos por debajo de la clase trabajadora. Ha sido partida, ha sido desarticulada, fragmentada, mientras que arriba las distintas fracciones del capital han sido unificadas. Ante este escenario, Cambiemos apunta sobre la población de la clase trabajadora que todavía está tomada por la 'cultura populista'. Quiere reconvertir a toda la clase trabajadora argentina, que ya está muy fragmentada económicamente, en el universo aspiracional general. Ese intento de imponer una nueva cultura es una nueva conquista del desierto. 

-¿Qué opinan de las últimas iniciativas del kirchnerismo, como refundarse como Unidad Ciudadana y lanzar una campaña distinta, con Cristina en un perfil más bajo y la centralidad puesta en las víctimas del ajuste?

Rosso: –Sobre la lógica general de la campaña se ha dicho que se 'duranbarbizó'. Eso lo discuto. Más bien consistió en pasar la política del uso de la palabra a la escucha. Y además, la escucha por parte de Cristina no se produjo en el mismo lugar en el que Macri escucha. Macri coloca la política en el mundo privado de los bonaerenses: va, toca timbre, atraviesa esa frontera sonora y escucha. Cristina, en cambio, colocó la escucha en lo público: en los merenderos, donde faltan alimentos; en los hospitales sin recursos; en las universidades. Además, partió de una premisa de que hay una sociedad muy dolorida. La campaña fue como una gran intervención terapéutica sobre una sociedad dolorida.

Alemán: –El kirchnerismo ha querido dar lugar al desgarro, a mostrar cómo la vida se desorganizó, esa fue la fórmula. Pero hay un problema. Y lo que voy a decir no es meramente psicoanalítico. El problema está en la figura de la víctima. La víctima es pasiva. Es una figura de la pasividad que tiene en eso su propio límite. Denuncia la situación en la que está involucrada, pero no dice qué quiere. Todo lo catártico se agota inmediatamente en sí mismo. Lo catártico se caracteriza porque se reinicia una y otra vez sin modificar nada. Y el problema es que, para construir ese pueblo en el que se anude a la ciudadanía, tiene que aparecer de nuevo un tipo de deseo. No alcanza con sólo narrar. No es sólo narrar el infortunio. Es necesario expresar qué quiero, y que quiero otra cosa. Y en cuanto a lo de la construcción del pueblo como sujeto, eso no significa solamente que se unifiquen fuerzas políticas, o que haya una interna. Hay que partir del reconocimiento de que lo que había antes ya no está. Hay que ver si se lo puede crear nuevamente. Y, en el caso de lograrlo, nunca será igual a lo de antes.

-Hay algunos analistas que sostienen que Cambiemos está exhibiendo sus logros en la construcción de hegemonía cultural en la Argentina. 

Alemán: -Tú estás tocando allí uno de mis temas teóricos. Yo no les concedo a las formas de dominación neoliberal la definición de la palabra ‘hegemonía’. Aunque yo sé que esa es mi hipótesis más discutible de todas. La estructura de dominación del macrismo, con su discurso neo-evangelista, de despolitización, deshistorización, de autorrealización, ¿es eso una hegemonía? Yo creo que no. Pienso que es una cultura dominante, una estética dominante, una combinación además de estética y violencia, una combinación de sugestión y violencia, pero no considero hegemonía en el sentido estricto: porque allí no hay construcción de un pueblo. La hegemonía se construye cuando uno no está con el viento a favor. Y el macrismo gobierna con el viento global, neoliberal, de la época, a su favor. La hegemonía es, por el contrario, construir con lo que no hay. Eso es hegemonía desde mi punto de vista. Aunque sé que podría abrir una gran discusión. 

-Entonces la hegemonía es siempre contra hegemónica. En términos de Gramsci, se construiría solo desde posiciones subalternas. 

Alemán: -Exactamente. Sí, sí. Arranca desde posiciones subalternas, porque tenés que inventar un pueblo, tenés que inventar un nuevo sujeto con la hegemonía. Volviendo al macrismo, si lo analizáramos desde afuera, fenomenológicamente, parece como si actuaran impunemente. Lo que plantea Glenn (Postolski). Eso significa que cambia el estatuto de la ideología. Porque antes la ideología dominante era encubrir lo que se hacía. 

-Y ahora lo muestran en la vidriera. 

Alemán: -Ahora lo exhiben. No es un problema que haya que desnudar a través de mecanismos muy refinados lo que hacen. Esta semana comí con mi amigo Capusotto, que fue mencionado aquí. En un momento le dije: “la paralización del conteo podría haber sido un sketch tuyo”. Y lo de la chica esta, (María Eugenia) Vidal, vos lo pasás en España y para la propia derecha parece un sketch. Hubieran dicho “no está ocurriendo esto”. Evidentemente, aquí, en Argentina, estamos un escalón más arriba en la manipulación. 

-¿No es un poco eurocéntrico pensar que en Argentina estamos en un estadio inferior, por la manipulación política y mediática, que en Europa? 

Postolski: - O un estadio superior. ¿Por qué inferior? Yo creo que ellos (por Cambiemos) han refinado sus dispositivos y prácticas de manipulación, y creo que los han refinadocomo respuesta a la potencia de la política que hubo en los 12 años anteriores. 

Alemán: - Quiero hacer una aclaración. Nada más lejos de mí que el eurocentrismo. Pero Europa, después de la segunda guerra mundial, puso en práctica una serie de pactos que implican que hay determinadas cosas que no pueden suceder. Y hasta ahora se han cumplido. Y ellos mismos creen que no pueden suceder. Yo, por el contrario, estoy convencido de que puede suceder cualquier cosa en cualquier parte. Es más: lo que pasa hoy en Argentina, en 2017, es el futuro de ellos. Porque a medida que se les siga erosionando todo el Estado de Bienestar van a tener que apelar a esto. Y a cosas más terribles. No olvidemos que los europeos son los inventores de todas las formas de totalitarismo. Así que, cuando tengan que usar recursos como estos, los utilizarán. Hoy todavía mantienen un semblante de ciertos juegos institucionales: no harían algo como interrumpir el conteo de una elección cuando estaba virtualmente empatada en 30% y hablar como si lo hubieras ganado. Ese simulacro, hoy en día, un partido político (europeo) no lo puede hacer. Porque jugaría muy en contra de sí mismos. Pero todavía no lo puede hacer. Más adelante quizá sí. 

-Aquí se dijo que el neoliberalismo logró cooptar la idea de democracia a través de los medios. Y que completó esa operación de sentido trasladando la representación del autoritarismo al movimiento nacional y popular. Frente a esta disyuntiva, ¿qué se puede hacer entonces para la construcción de mayorías del campo progresista y popular? 

Alemán: -Para responder esto yo quiero salir un poco de la coyuntura argentina. Es cierto que hay una apropiación de la democracia por los dispositivos neoliberales. Pero la idea de democracia, como toda universalidad que se constituye, porque la democracia es significante universal, necesita de un exterior. Un exterior constitutivo (N de la R: aquí Alemán parte de la teoría política de Ernesto Laclau, para quien ninguna idea o modelo político, aunque se pretenda universal, puede captar la totalidad. En ese sentido es como el lenguaje). Y ese exterior constitutivo hoy es Venezuela y el populismo. Dos términos que en los últimos años se han vuelto absolutamente intercambiables y sinónimos. No es que se subestime ese imaginario cultural de las democracias: lo que sucede es que la izquierda no encuentra alternativas. Es muy difícil el panorama. Porque cada vez que alguien propone, no rechazar las nuevas formas de vida, ni reconvertir el mundo en algo retrógrado y antiguo, sino volver más justas e igualitarias las formas de vivir, es acusado de encarnar este exterior constitutivo. Un exterior que constituye una amenaza para los estilos de vida que ha construido el neoliberalismo, centrados en el individuo. 

-Si pensamos en una caja de herramientas como metáfora, ¿con qué recursos cuenta el espacio popular y progresista en la Argentina para intentar reconstruir una mayoría cultural y electoral, es decir, una nueva hegemonía? 

Alemán: - ¿Cuáles son los recursos simbólicos con los que hacer frente a todo este proceso? Mientras del otro lado están los dispositivos de colonización de la subjetividad, de nuestro lado están las palabras, los análisis, el arte, la militancia. Nosotros tenemos que apelar al orden simbólico que procede de su estrato más ontológico, porque somos seres del lenguaje, mientras que ellos -la derecha, el orden neoliberal- tienen estructuras que se mueven en un orden transversal a todo: flujos que van de un lado para otro. Nosotros siempre estamos tratando de orientar un sentido mientras que ellos logran entrar a todos lados con esos dispositivos. 

Jorge Alemán 
Sigue la tradición del psicoanálisis lacaniano. Amigo de Ernesto Laclau y Chantal Mouffe, también es un estudioso de la teoría del populismo, a la que le incorporó revisiones personales.
Glenn Postolski
Licenciado en Comunicación Social, es decano de la Facultad de Ciencias Sociales de la UBA. Especialista en Economía Política de los medios. Se presenta a la reelección por el mismo cargo, lo que se definirá en las próximas elecciones de claustros.
Daniel Rosso
Sociólogo, investigador sobre medios, admirador de Oscar Landi y Germán Abdala, coordina el programa de actualización en Comunicación Política y Nuevas Tecnologías de la UBA.