domingo, 15 de julio de 2018

¿Por quién hinchamos?


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Una amiga, en Facebook, arengaba un par de días atrás: “Le voy al México de López Obrador y no al Brasil de Temer”. Amparada en su grupo de afinidad, cosechó rápidas adhesiones disparadas por la clara antinomia ideológica. Como para molestar un poco, retruqué: “¿el sábado hinchaste por la Argentina de Macri o por la Francia de Macron?” 
La pregunta era subsidiaria de otras que, acaso por ser menos provocativas, no habilitarían el debate en una red social, pero aquí sí: ¿por qué hinchamos por un equipo y no por otro? ¿Hasta qué punto la política se filtra en la pasión futbolera?
En primer lugar debería aclarar que no tengo esas respuestas. Apenas estoy en condiciones de expresar estados de ánimo provisorios, lealtades evaporadas por una derrota, contradicciones que se exponen cuando una pelota de fútbol recorre el mapa de la geopolítica. 
Dejemos de lado el “caso argentino” porque aplica para un análisis clínico y no periodístico: conozco gente que, en un mismo partido, quería que perdiera Argentina y después gritó como loca el gol de Rojo, para más tarde arrepentirse del festejo. 
Variaciones anímicas que respondían a situaciones ajenas al fútbol en sí mismo, desde la bronca por el colapso del país presuntamente tapado por el Mundial, hasta la solidaridad con los jugadores frente a las operaciones de TyC Sports, pasando por la tentación de declararse “no argentino” ante el patetismo patriotero del Pollo Vignolo.

Vayamos entonces, por ejemplo, a Uruguay. Tengo amigos uruguayos que me piden por favor que no los alentemos más. Que, bien o mal, se las arreglan solos sin ese paternalismo argentino que interpretan más como una subestimación condescendiente que como una sincera fraternidad regional.  El supuesto afecto de los argentinos por los uruguayos debe ser uno de los amores menos correspondidos en la historia de la humanidad. 

Hay quienes atribuyen ese fervor por Uruguay, por Perú, por Colombia (nunca se animan a incluir a Chile, que por otra parte no juega este Mundial) a una identificación sentimental con la Patria Grande. Pero otros les responden, inmediatamente, que a mayor cercanía geográfica y cultural, mayor rivalidad futbolera. El que no entiende eso, dicen, no sabe lo que es un clásico de barrio. Esta dicotomía encuentra su ejemplo paradigmático en Brasil. ¿Qué hacemos con Brasil? 
Admiramos su juego pero no podemos soportar que sean mejores que nosotros. Es el mejor de los “nuestros” (es decir, de los latinoamericanos), atributo incuestionable que puede disparar los favores argentinos para cualquier lado: o bien nos colgamos de su jogo bonito frente a los fríos y lejanos europeos, o bien apostamos a que ganen los fríos y lejanos europeos para que los brasileños no nos festejen en la cara.

 La eventual postal de celebración Neymar/Temer en el palacio Planalto es una pesadilla previa que puede definir la intención de voto del hincha argentino.  
Hay otra dimensión de lo ideológico que no responde a estos dilemas. Viven en ella los que determinan sus simpatías a partir del estilo de juego de tal o cual equipo. No los condiciona el color de la camiseta ni la admiración por un futbolista ni la historia política ni la nostalgia por un bisabuelo que llegó desde Croacia un siglo atrás. La batalla se dirime entre “líricos” y “tacticistas” (hay matices e internas en ambos grupos, como corresponde, e inclusive los motes elegidos ya están un poco gastados). Un partido entre España e Italia, por nombrar un imposible en este Mundial, despertaría entre ellos mayores fervores y broncas que una final Argentina-Brasil (otro imposible, lástima). Pero el olvidado duelo de colectividades se disputaría ahora en el terreno de lo teórico-conceptual. Quién lo diría.     

Existe otro parámetro, al que suelo someterme desde los ocho años, cuando mi padre me llevó a ver en la Bombonera Boca-Puerto Comercial de Bahía Blanca y después del séptimo gol local empecé a pedir –sin hacerlo público, claro– que al menos un gol de los bahienses atenuara semejante humillación. Se trata de una inclinación intuitiva, “de izquierda” (aunque la discusión sobre qué es de izquierda y qué es de derecha en el fútbol amerita una nota aparte) por los más débiles. Años más tarde advertí que tampoco hay razones infalibles para definirse en este punto. Las fortalezas y debilidades son, casi siempre, relativas. Un par de mundiales atrás recuerdo haber hinchado en algunos partidos por Estados Unidos, rompiendo así –frente a la mirada ajena– mi pretendida credencial antiimperialista. Es que lo debo haber visto futbolísticamente “débil” frente a otro equipo más “poderoso”,  aunque pobre y relegado en el ranking de las Naciones Unidas. Las categorías y los criterios para establecer, tajantemente, “quiero que gane éste” se mezclan, se superponen y se anulan.

En mi casa, en mi bautismo mundialista en 1974, todos hinchábamos por Polonia. Yo, ignorante de la Guerra Fría, estaba encandilado con su poderío ofensivo, con los goles de Lato y las gambetas de Deyna; mis padres se manifestaban solidarios con el pobre pueblo polaco que sufría la tiranía comunista. Yo sigo alentando a Polonia, pero ahora porque juega horriblemente mal, y en solidaridad con el pobre pueblo polaco que sufre la opresión neoliberal. Para el final, y sin poder escapar de la ex cortina de hierro, diré que me han llegado a recriminar que alentara a Rusia contra España, sin reparar yo en la represión sistemática del gobierno de Putin contra las minorías étnicas y sexuales... Como mi rusofilia es inexplicable (e incompatible, por ejemplo, con mi amor por Polonia) elaboré como defensa un intrincado e infumable argumento geopolítico, sobre el eje Este-Oeste, Norte-Sur, los Brics y no sé cuántas pavadas más. 

Será que, en el fondo, todas las explicaciones futboleras son parciales e insuficientes. Simplemente, sugiero, dejémonos llevar en cada partido, en lo posible sin convertirnos en unos pelotudos.


lunes, 18 de junio de 2018

La psicología del militante virtual


LAS REDES SOCIALES COMO NUEVO ESPACIO DE DISCUSION

18/06/2018

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El principal rasgo del militante 2.0 es la fiaca, y de ella se desprende la condición de dramático entusiasmado, policía del lenguaje y oportunista desenfrenado.
Con el devenir de las nuevas tecnologías, la proliferación de las redes sociales, ha surgido de la contemporaneidad un nuevo sujeto social: el Militante Virtual. Para este nuevo espécimen, la web se volvió el espacio público de discusión, el ágora de la antigua Grecia o la plaza San Martín de Santa Rosa.

La característica que más lo define es la fiaca. El militante virtual es, en el fondo, un “ser fiacún”, o un “ser-para-la-fiaca”. Es muy importante la fiaca porque de ella se desprenden todos los rasgos que componen su psicología. La condición de dramático entusiasmado, la de policía del lenguaje, o de oportunista desenfrenado, son elementos que sabe utilizar con total eficacia para poder justificar, en definitiva, su estado ideal: la pereza.

¿Qué significa esto? que el militante virtual es, además, un ser culpógeno. No puede acostarse sin sentir culpa, por ejemplo, sobre el pasto de la laguna Don Tomás, un martes a las cuatro de la tarde, mientras fuma un cigarro y disfruta de un exquisito baño de sol.
Esto lo puede hacer si antes ha compartido en su Facebook unas cuantas publicaciones repudiando tal o cual declaración de determinada persona. Ahí sí que se puede beber toda la botella de la modorra. El militante virtual es culpógeno, como la clase media, porque en general, es de clase media.

En las marchas.

El más comprometido suele ir a las marchas, pero tampoco que se queda hasta el final: con una selfies alcanza. Naturalmente, está más pendiente de la mirada del otro que de la causa en sí misma. Por eso siempre es el primero que exclama al viento: “¡Sale una selfie!”. Apenas se deja constancia de su presencia, el militante virtual se toma el buque.
Algunos le solicitan a otro compañero que le saque la foto, de tal manera que, si tiene una bandera, la levanta hasta que le agarra tendinitis en los hombros, y pone cara de constipado o de “me enojo solo”, para que el cuadro parezca un poco más épico. La épica es muy importante. Luego, esta foto se colocará irremediablemente en su imagen de perfil, o de portada de Facebook.
Si la marcha comienza a las 19 horas, el militante virtual no te va a ir a las siete de la tarde. A no ser que en la previa hayan sanguchitos o alguna otra colación para mantener la panza contenta. Si la marcha empieza a las 19 y finaliza a las 21, el militante virtual te va a ir a las 20. Las ocho de la noche, en este caso, es el momento de mayor auge de la marcha, y allí estará el militante virtual para disparar con su celular. Como dijimos, la épica y la imagen son muy importantes. (Hay algunos, los más radicalizados, que directamente laburan de ir a marchas ajenas, cobran un sueldo).

Vigilante del lenguaje.

El militante virtual es, también, un policía del lenguaje. Es una regla que tiene tatuada en la frente con fuego valyrio. Dedica largas horas de su día a patrullar por redes sociales, en busca de comentarios “inapropiados”, palabras “incorrectas” o frases “provocadoras”.
Cuando el militante virtual encuentra alguna frase subida de tono, se indigna. Luego se indigna por Whatsapp en un grupo de indignados. Cuando cuenta lo que leyó, los integrantes del grupo dicen “Oh no, qué barbaridad, ¿en serio dijo eso?”.

A continuación deciden contestarle con insultos en los comentarios; y por último, si están muy organizados, redactan un comunicado, que empieza diciendo: “Repudiamos enérgicamente las desafortunadas declaraciones de…”. Ya escrachada la persona, pueden tirarse panza arriba para hacer lo que más les gusta: fiaca.

Oportunismo desenfrenado.

Cuando ve venir una ola, sin dudar, el militante virtual se recuesta con obscenidad. A veces, barrena tanto la ola que se termina estrellando contra las rocas de la orilla.
Es humano, y por lo tanto es contradictorio. Es decir, por la acumulación de olas en las que se ha acostado, hay momentos en que por la simple dinámica del oportunismo desenfrenado, incurre en contradicciones.

Esto le sucede por su postura radicalizada frente a todos los temas. Pero ojo, no es culpa suya, sino de la maldita “burbuja virtual”. La burbuja, o su perfil de Facebook, es aquella “casa amigable” en la que interactúan en Internet, donde no hay posiciones contrapuestas. Todos son del palo. Lo que genera es eclipsar nuevas ideas, de tal manera que las vigentes se vuelven cada vez más extremas.
¿Por qué? porque la comunicación en redes sociales es emocional. Lo que rige el lenguaje en ese mundo es la instantaneidad, que coincide con la emotividad, desentendiéndose de lo lento y reflexivo. Podemos decir, entonces, que el militante virtual es incontinente y emocional.
Cuando alguien desentona en esta burbuja de Facebook o “casa amigable”, lo que ocurre es un disciplinamiento feroz y espontáneo por parte de toda la comunidad, una “tormenta de mierda”, diría un teórico, que le cae a este individuo. Si no se corrige, es decir, si no se acalla, será expulsado de la comunidad. Y nadie quiere ser expulsado, mejor negocio es ser amado.

Otras características.

Como buen producto de la época, es un consumidor voraz. Está al tanto del abanico de causas “populares” de su entorno, y esto le ayuda a recopilar frases emotivas para anular todo argumento reflexivo.
El militante virtual suele decir “las redes sociales son la nueva herramienta de lucha”.
Siempre pone en su foto de perfil un lema que esté de moda, aunque la frase desentone drásticamente con la imagen. Por ejemplo, el militante virtual, en Santa Rosa, escribe sobre su imagen la leyenda de: “Aparición con vida de los 43 estudiantes mexicanos”, mientras en su foto de perfil aparece sonriente tomando tequila en Cancún. Como Internet, el militante virtual no tiene fronteras.
Tiene una especie de regodeo con el show, con la celebrity. Se sospecha que quiera ser un héroe, hay un sentimiento de grandeza que lo envuelve. Quiere manejar algo, quiere ser la cabecilla de algo. Pero desde su escritorio.

El militante virtual apoya y comparte todas las luchas habidas y por haber, es un feroz compartidor de publicaciones, por más que no tenga nada que ver con su vida. Por ejemplo, puede ser decididamente un depredador de todo tipo de carnes, y al mismo tiempo apropiarse de la lucha de “por una alimentación sana”.

Haciendo una alegoría a la foto de los pies metidos en la fuente, el militante virtual mete las manos en una palangana luego de una virulenta publicación.
El militante virtual es un ser humano, y por lo tanto, lo que quiere es cariño. Cuando se siente solo por las noches, escribe en su cuenta un parrafito indignándose por cualquier motivo, y finaliza diciendo “¡pero esto no me va a detener, voy a seguir en la lucha, todes juntes!”. Cuando se acuesta y vuelve a agarrar su celular, lee las respuestas de su publicación, y su mente va ingresando plácidamente al mundo de los sueños, mientras se duerme sonriendo por los “me gusta” y apoyos que recibe; y deja de sentirse tan solo. (NYC)


domingo, 10 de junio de 2018

¿TE HAN LAVADO EL CEREBRO?


A los 94 años, el extraordinario periodista Ury Avnery sigue luchando por la verdad, en el atroz pantano de la democracia israelí

POR URY AVNERY JUN 10, 2018

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Es asombroso. Los psicólogos sin principios, al servicio de un régimen maligno, utilizan técnicas sofisticadas para controlar la mente de una persona desde lejos.
El término “lavado de cerebro” nació en 1950. Es una palabra china (“xinao”, literalmente lava el cerebro). Originalmente sirvió para describir una técnica utilizada, según se afirmaba, por los gobernantes chinos para manipular las mentes de los prisioneros estadounidenses en la Guerra de Corea. Cambiaron sus procesos mentales inconscientes y los convirtieron en agentes de fuerzas siniestras.
Muchos libros y películas pretendían mostrar cómo funciona esto. Por ejemplo, la película clásica El embajador del miedo muestra cómo los comunistas toman a un oficial estadounidense, prisionero de guerra en Corea, manipulan su mente y le ordenan matar al candidato presidencial de los Estados Unidos. El oficial estadounidense no sabe que ha sido convertido inconscientemente en un agente comunista. No recuerda la orden dada bajo hipnosis y no sabe que actúa en consecuencia.
Esta trama es ridícula, como la mayoría de las descripciones pseudocientíficas. En la práctica, es mucho más fácil manipular las mentes de personas, individuos y colectivos.
Por ejemplo, la “propaganda” nazi, inventada por el propio Adolf Hitler. En su libro, Mi lucha, describe cómo fue testigo de la propaganda británica extremadamente exitosa, como soldado en el frente occidental en la Primera Guerra Mundial. Los británicos arrojaron panfletos sobre las trincheras alemanas y destrozaron la confianza de los soldados en su liderazgo.

Cuando Hitler llegó al poder en Alemania, confió a uno de sus fieles secuaces, Joseph Goebbels, la creación de un Ministerio de Propaganda. Goebbels convirtió la propaganda en una forma de arte. Entre otros medios, hizo de todos los medios alemanes, los periódicos y la radio, agencias gubernamentales. En alemán se llamaba “Gleichschaltung”: conectaba todos los componentes a una sola línea eléctrica. Gracias a esto, la Alemania nazi continuó luchando mucho después de que quedó claro que había perdido la Segunda Guerra Mundial.
Uno de los medios fue la desconexión del público alemán de cualquier otra fuente de información. La propaganda oficial llegaba por todos los medios. Escuchar una transmisión del extranjero era un delito grave, castigado severamente.
De ese modo, los alemanes todavía creían en su victoria final, el Endsieg, incluso después de que los soviéticos en el este y los anglosajones en el oeste ya habían cruzado las fronteras de Alemania.
¿Se necesita un régimen dictatorial —nazi o comunista— para convertir los medios en una máquina de lavado de cerebro? El sentido común dice que esto es imposible en una democracia. El sentido común es incorrecto

Se recordará que Hitler alcanzó el poder por medios democráticos. Incluso ahora, los nacionalistas fanáticos están ganando elecciones democráticas en muchos países. Todos sus líderes están ocupados destruyendo los tribunales, llenando los parlamentos con idiotas útiles y, especialmente, convirtiendo los medios en instrumentos de lavado de cerebro. En nuestro país, también.
¿Cómo se hace esto? Es bastante simple: uno tiene que suprimir todas las otras voces, asegurarse de que el ciudadano escuche solo una voz, que repita algunos mensajes una y otra vez, interminablemente. De esta manera, la mentira se convierte en verdad.
En tal situación, el ciudadano común se convence de que la línea oficial es su opinión personal. Este es un proceso inconsciente. Cuando uno le dice a un ciudadano que le lavan el cerebro, se siente profundamente insultado.

Esto ha estado sucediendo en Israel en los últimos años. Los ciudadanos no son conscientes de lo que está sucediendo, absorben diversos periódicos, programas de televisión y emisiones de radio, y ven que todos estos medios están discutiendo libremente entre ellos e incluso peléandose entre ellos. Los ciudadanos no son conscientes de que en el único tema crítico de nuestra vida, la guerra y la paz, todos esos medios están “conectados” a una línea única de lavado de cerebro.
Durante las últimas semanas hemos estado viendo un ejemplo perfecto de este mecanismo. Los eventos en la frontera de la Franja de Gaza han activado un mecanismo de lavado de cerebro que los regímenes dictatoriales en el mundo solo pueden envidiar.
Hagamos un autoexamen: ¿qué hemos escuchado por la radio? ¿Qué hemos visto en la televisión? ¿Qué leímos en los periódicos?
En pocas semanas, más de cien seres humanos murieron por disparos y muchos miles resultaron heridos por fuego vivo. ¿Por qué?
“Nos vimos obligados a dispararles porque estaban asaltando la valla fronteriza”. Y, de hecho, ¿los propios habitantes de Gaza no proclamaron su voluntad de “regresar a casa”, es decir, de regresar al territorio israelí?

Pero el”Lunes Negro” 14 de mayo, 63 manifestantes desarmados fueron muertos a tiros y más de 1.500 heridos por fuego vivo. Todo israelí sabe que esto fue necesario porque los manifestantes irrumpieron en la valla y estaban a punto de invadir Israel. Nadie prestó atención al simple hecho de que no había una sola foto que mostrara tal cosa. Ni siquiera una. A pesar del hecho de que en ambos lados de la cerca había cientos de fotógrafos, incluyendo los fotógrafos del ejército israelí, que filmaron todos los detalles. ¿Decenas de miles de personas irrumpieron, y no hay ni una sola foto? Uno debe notar el uso de la palabra “terror”. Se ha convertido en un adjetivo adjunto a todo. No solo hay túneles, todos son siempre “túneles del terror”. Hay “terroristas”. Existe “el régimen de terror de Hamas” y hay “bases terroristas”. Ahora hay “barriletes terroristas”. No sólo “barriletes incendiarios” o “barriletes de destrucción”, sino “barriletes terroristas”. Lo mismo todos los días en todos los medios. Alguien ha tomado la decisión de usar esa terminología. Por supuesto, todos los que llevan junto a su nombre la palabra “terror” son “hijos de la muerte”, como se dice en el hebreo bíblico. Otro término orgulloso del lavado de cerebro. Los habitantes de la Franja de Gaza son “terroristas”. (En hebreo, se ha inventado un término especial: “Mekhablim”). ¿Todos ellos? Por supuesto, no hay duda. Especialmente los miembros de Hamas. Pero Hamas es un partido político que ha ganado elecciones democráticas en toda Palestina. Un partido civil que tiene un ala militar. Pero en nuestros medios, todos los miembros del partido y sus seguidores son “terroristas”, hijos de la muerte. Por supuesto. El uso de estos términos, cientos de veces al día, constituye claramente un lavado de cerebro, sin que los ciudadanos lo noten. Se están acostumbrando al hecho de que todos los habitantes de Gaza son terroristas, mekhablim. Este es un proceso de deshumanización, la creación de Untermenschen en el léxico nazi. Su asesinato está permitido, incluso es deseable. En tal atmósfera, incluso las frases abominables pasan desapercibidas. Por ejemplo, esta semana escuché en uno de los noticieros de televisión a un corresponsal militar hablando de la próxima manifestación en Gaza: “Irán quiere manifestantes muertos, y parece que los obtendrá”. Hay que leer esta oración dos veces para darse cuenta de lo que dice: que los francotiradores israelíes sirven a los intereses iraníes. O una oración que se repite una y otra vez, incluso por respetados comentaristas: “Irán quiere destruir el Estado de Israel”. No sé qué quieren 80 millones de iraníes, ni lo sabe el escritor. Pero la oración en sí es ridícula. Israel es una potencia nuclear. ¿Cómo se aniquila a una potencia nuclear (con submarinos que pueden lanzar armas nucleares en caso de necesidad)? ¿Están listos los iraníes para convertir su país, una de las cunas de la civilización humana, en un cementerio y un desierto?
O un vaticinio: “El viernes tendrá lugar otra manifestación violenta “. “Violenta”? “Otra”? Ni se discute que todas las manifestaciones a lo largo de la valla de Gaza fueron completamente no violentas. Los manifestantes no dispararon ni un solo tiro, cuando miles de ellos resultaron heridos por fuego vivo y más de un centenar de ellos, muertos. Sin embargo, la mentira pasa sin comentarios. Ni uno solo de los cientos de presentadores de programas de noticias televisivas corrige las declaraciones de los corresponsales. Porque a los directores, presentadores, comentaristas y corresponsales también les han lavado el cerebro por completo. El portavoz del Ejército sabe la verdad, por supuesto, pero él es un engranaje central en la máquina de lavado de cerebro.
Los acontecimientos alcanzaron un clímax con el asesinato de Razan Ashraf al-Najjar, la paramédica de 21 años que intentaba salvar la vida de un manifestante herido. El francotirador que le disparó en el pecho vio que ella era una médica que trataba a una persona herida. Fue un claro crimen de guerra. ¿Hubo una protesta pública? ¿Exigieron los medios una investigación? ¿Le dieron su título principal de tapa? ¿Observó el Parlamento un minuto de silencio? Nada de eso. Una noticia menor en algunos periódicos (de ninguna manera en todos). Un excelente artículo de la admirable Amira Hass en Haaretz. Y eso es todo. Pasaron unos días y en el exterior hubo protestas. El equipo de fútbol argentino, con el admirado Messi, canceló un partido amistoso contra el equipo israelí en Jerusalén. Los lavadores de cerebro se dieron cuenta de que era imposible no reaccionar. Entonces, el portavoz del Ejército publicó una declaración diciendo que se había llevado a cabo una investigación. ¿Qué descubrió? Ah bueno. Nadie había disparado contra Razan. La alcanzó el rebote de una bala que había golpeado el suelo lejos de ella. Esa es una mentira descarada de la que incluso el mentiroso del Ejército debería avergonzarse. Fue aceptado por el público con el cerebro lavado. Una de las características del lavado de cerebro es la ausencia total de una segunda opinión. Cuando un comentarista emite la línea oficial de un evento, ¿alguien expresa una versión alternativa? ¿Hay un debate entre el portavoz oficial y un comentarista contrario? En los medios democráticos, eso sería un lugar común. Aquí es muy, muy raro.

¿Qué se puede hacer para contrarrestar este lavado de cerebro? No mucho. Primero que nada: hay una necesidad vital de una segunda voz. El lavado de cerebro puede ser eficiente solo cuando la voz oficial disfruta de un monopolio completo. Ese fue uno de los objetivos de Haolam Hazeh, el semanario que edité durante 40 años. A cada versión falsa del gobierno opuso una versión contraria. Aunque nuestra voz era débil, en comparación con la poderosa máquina del gobierno (incluso en aquellos días), el solo hecho de que haya dos voces, aunque desiguales, impide un lavado de cerebro total. El ciudadano escucha dos versiones y se pregunta “¿quién tiene razón?”
Si todos los grupos por la paz y los derechos humanos en Israel establecen un centro conjunto de información, que se escuchará, tal vez se pueda romper el monopolio de la propaganda oficial. Quizás.

Hay en el país un pequeño grupo de comentaristas que no temen decir la verdad, incluso cuando esto se considera traición. Gideon Levy, Amira Hass y algunos otros. Debemos asegurarnos de que se escuche su voz. Deben ser animados.
Todos los medios deben ser presionados para presentar una diversidad de puntos de vista sobre los asuntos de la guerra y la paz, para permitir que el “enemigo interno” sea escuchado, de modo que el ciudadano pueda formarse una opinión propia.

Los medios de comunicación extranjeros deben tener libre acceso a las fuentes de información, incluso cuando son críticos, “hostiles” y “antisemitas”. Los amigos de la paz israelo-palestina en el extranjero deben ser alentados a presionar a los medios en sus países de origen para que publiquen la verdad sobre lo que está sucediendo aquí.

No me gusta la palabra “deber”. Pero en este contexto, ninguna otra servirá.
El poder de la verdad contra una máquina de lavado de cerebro siempre es limitado. Pero al final, incluso si lleva tiempo, la verdad prevalecerá. Se necesita valor.
La película El embajador del miedo tiene un final sorpresivo: en el último minuto, en lugar de matar al candidato presidencial, el hombre con el cerebro lavado le dispara al agente comunista que se suponía que tomaría su lugar.



miércoles, 30 de mayo de 2018

La inteligencia fracasada



Publicado el 16/12/2004 José Antonio Marina lleva más de una década empeñado en analizar las distintas facetas de la naturaleza humana en lo que puede considerarse un único ensayo por entregas. 

Como en ciertas novelas inglesas decimonónicas, en este ensayo se cumplen las reglas de oro del fraccionamiento: cada fracción debe encarnar una parte sustancial de lo que se quiere contar, sin dejar de darnos noticia sinóptica o periscópica de la totalidad, y debe dejarnos en espera impaciente de la siguiente entrega. Recuerdo que, un día de 1992, una página suelta de Elogio y refutación del ingenio, leída en un suplemento literario, me llevó al nombre de su autor. Desde entonces, en una docena de entregas, éste ha ido abordando distintos aspectos del tema central, tales como la inteligencia creadora, la ética, los sentimientos, la voluntad, el lenguaje, la sexualidad o la razón. El presente libro trata sobre la teoría y la práctica de la estupidez o, dicho en palabras más suaves, sobre la inteligencia fracasada.´ Para Marina, la inteligencia es “la capacidad de un sujeto para dirigir su comportamiento, utilizando la información captada, aprendida, elaborada y producida por él mismo.”
Con esta definición trata de superar una reducción del concepto al conjunto de las capacidades cognitivas básicas, que son susceptibles de ser medidas por los tests de inteligencia, y se alinea con los que proponen que la invención de fines es la característica más propia de la inteligencia humana. Además de la inteligencia estructural o computacional, habría que considerar el uso de la inteligencia, la inteligencia en acción o inteligencia ejecutiva, que hasta ahora no ha sido susceptible de ser medida. Con esta concepción más amplia de la inteligencia, se aumentan también las oportunidades para que ésta no cumpla sus fines. Ya no se trata sólo de las patologías mentales severas, las deficiencias y los traumas que afectan a la inteligencia estructural, que en la terminología de Marina pueden englobarse bajo la denominación de “inteligencias dañadas”, sino también de los elusivos desvíos de la inteligencia en acción, de las “inteligencias fracasadas”. Sobre estas últimas se reflexiona en la presente entrega, cuyo punto de partida es la paradoja de que personas en extremo inteligentes, según las pruebas al uso, puedan usar su inteligencia estúpidamente. Las oportunidades de fracasar son muy diversas, tanto como las de triunfar, y Marina se propone elaborar una taxonomía de la estupidez -dice haber salido a herborizar-, agrupando los fracasos según las funciones básicas: los cognitivos, los afectivos, los de lenguaje y los de la voluntad.
Entre los primeros se incluyen aquellos que aparecen cuando “alguien se empeña en negar una evidencia... cuando una creencia resulta invulnerable a la crítica o a los hechos que la contradicen, cuando no se aprende de la experiencia...”. Las principales patologías que considera el autor en este apartado son: el prejuicio, actitud que implica estar seguro de algo que en realidad se ignora; la superstición, como supervivencia de una creencia muerta; el dogmatismo, inmune a la crítica; o el fanatismo, que incluye todos los fracasos cognitivos, junto a una defensa de la verdad absoluta y una peligrosa llamada a la acción. La inteligencia que termina en conducta “es una mezcla de conocimiento y afecto”, conclusión que Marina hace entroncar con lo que sabemos sobre el cerebro: no hay una inteligencia cognitiva y otra emocional sino deseos intelectualizados o intelectos deseantes. Esto le permite distinguir entre sentimientos inteligentes y sentimientos estúpidos. Nacemos con una personalidad recibida, compuesta de inteligencia básica, temperamento y sexo, adquirimos unos hábitos, y añadimos planes y comportamientos que acaban constituyendo nuestra personalidad elegida. Sobre lo recibido, que nos hace propensos a la felicidad o a la desdicha, se superponen componentes de nuestra personalidad que la salvan de un determinismo irremediable y nos permiten participar en un juego en el que no gana el que tiene la mejor baza (genética) sino el que lo juega mejor. Es en este juego, viene a decir Marina, donde hay margen para el fracaso de la inteligencia afectiva. Frente a la bendición constructiva del lenguaje, la maldición destructiva de su fracaso al comunicarnos con nosotros mismos o con los demás. La ausencia de lenguaje como fracaso, la sumisión al automatismo del discurso, el malentendido o la sumisión a la mecánica del género son las principales patologías del lenguaje que nos despieza el autor en un capítulo lleno de ejemplos concretos, empezando por un famoso diálogo de la obra de Edward Albee ¿Quién teme a Virginia Wolf? Finalmente, el cuarto grupo taxonómico propuesto por Marina incluye los fracasos de la voluntad, fracasos que también ve como derrotas de la libertad. Lo que el autor considera como voluntad es el conjunto de cuatro habilidades aprendidas: inhibir el impulso, deliberar, decidir, mantener el esfuerzo. Desde esta óptica, el fracaso de la voluntad es la derrota de la libertad, y puede afectar a la inteligencia estructural o a la inteligencia ejecutiva, vertientes que se analizan en sendos capítulos. El análisis de la inteligencia y la estupidez en su dimensión colectiva, y un epílogo -“Elogio de la inteligencia triunfante”-, completan este libro en el que los seguidores del autor no tendrán dificultad en identificar los temas ya tratados en entregas anteriores, pero ahora vistos desde su vertiente patológica. Cada uno de los capítulos se relaciona, deriva o amplía temas tratados en otros libros. Marina es un pensador, un ensayista y un pedagogo que ejerce sus tres vocaciones de una forma integrada y a quien no importa correr ciertos riesgos. El compromiso de escribir en un vigoroso y depurado estilo literario, pero con la claridad como lema, no es el menor de ellos. Y no es desdeñable el que corre al declarar: “La finalidad de este libro es ayudar a reducir la vulnerabilidad humana.” Como pensador hay que agradecerle que no se arredre ante el recorrido casi imposible que lleva de la física y la ciencia de la computación a la biología y la filosofía. Descifrar el cerebro y sus gracias es uno de los grandes retos del siglo XXI. Francis Crick murió mientras ultimaba su teoría sobre el claustrum, una región del cerebro que parece jugar un papel crucial en nuestra consciencia, y Jeff Hawkins, un ingeniero de Silicon Valley, acaba de proponer una teoría revolucionaria sobre el funcionamiento del córtex. A Marina le seguirá quedando mucha tela que cortar. Dos cuestiones a José Antonio Marina -¿A qué se debe el fracaso de la inteligencia? -Para entender esos fracasos hay que distinguir entre la “inteligencia estructural”, es decir, la que miden los test de inteligencia, y el “uso” que se hace de esa inteligencia. La paradoja se da porque gente muy inteligente puede usar la inteligencia muy estúpidamente. A mi juicio, el uso es más importante que la estructura, y debemos llamar inteligente a quien actúa bien, no a quien saca unos rendimientos excepcionales en los test. No olvidemos que la finalidad de la inteligencia no es el conocimiento, sino la felicidad. Se fracasa porque se eligen mal las metas, por falta de crítica, por exceso de pasión, por egocentrismo. -¿Por qué debería elaborarse una teoría científica de la estupidez? -Los fracasos de la inteligencia siempre producen desdicha en el plano privado e injusticia -que es otro tipo de desdicha- en el plano público. Por eso es tan importante estudiar la estupidez.

*José Antonio Marina -Anagrama.- Barcelona, 2004  Francisco GARCÍA OLMEDO |


viernes, 25 de mayo de 2018

CFK escribe sobre la vuelta al FMI



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Su aporte para el análisis, a quince años de la asunción de Kirchner
 Lo que sigue es el texto completo del documento elaborado por la ex presidente:

  1. Introducción
El viernes 25 de mayo de 2018, se cumplen 15 años de la llegada de Néstor Kirchner a la presidencia de la Nación y de su histórico discurso ante la Asamblea Legislativa. El presente documento, de circulación interna para las distintas fuerzas políticas, sociales y sindicales que integran el colectivo de Unidad Ciudadana, tiene por objeto aportar elementos de análisis y reflexión sobre la situación actual del país y su contexto histórico. Tenemos la certeza de que es imposible desentrañar lo que está pasando sin entender porqué y como se llegó. A su vez, intentamos descifrar las claves y anticipar lo que sobrevendrá al país, en caso de acceder por trigésima vez al sistema Stand By del FMI.
En este marco, es esencial entender el verdadero rol del FMI como prestamista de última instancia que, cuando lo hace, impone programas económicos de ajuste bajo el eufemismo de condicionalidades, que impactan negativamente en el desarrollo económico y social de los países.
El primer programa aplicado en Argentina fue lo que se conoció como ‘Plan de estabilización y desarrollo económico’ anunciado el 29 de diciembre de 1958 por Arturo Frondizi. No se conoce un sólo país en el mundo que haya aplicado programas de este organismo y que haya mejorado su situación económica y social. Por el contrario, el resultado ha sido siempre marcadamente negativo.
2. La Asunción de Néstor Kirchner. Cómo estaban las instituciones, la economía, la política y la sociedad.

 Las instituciones

El 25 de mayo del 2003, Néstor Kirchner recibió los atributos presidenciales de un senador de la Nación: banda y bastón le fueron entregados ante una Asamblea Legislativa que vio desfilar a 4 presidentes en dos semanas, luego de los trágicos sucesos del 19 y 20 de diciembre de 2001, en que la represión ordenada por el gobierno de la primera Alianza se cobró la vida de muchos argentinos en las calles.


Se produce de esta manera, como nota distintiva, la resolución de una crisis institucional en el marco de la Constitución Nacional, desplazando, por primera vez en la historia, al habitual dispositivo político de crisis aplicado en la Argentina desde 1930: las fuerzas armadas.
Sin embargo, a mediados del año 2002, quien ocupaba la presidencia de la Nación por mandato de la Asamblea Legislativa, a raíz de los sucesos de diciembre de 2001, debió adelantar las elecciones presidenciales luego de que las fuerzas de seguridad asesinaran a dos militantes políticos en una protesta social.
. La política
Néstor Kirchner accede a la Presidencia de la Nación con apenas el 22% de los votos. El balotaje previsto por la Constitución Nacional, que debía sumarle a la legalidad de la elección democrática del 27 de abril de 2003 la legitimidad del voto popular, nunca tuvo lugar, por la renuncia de quien había obtenido el 24% de los votos en primera vuelta.
De esta manera, Néstor Kirchner asume en las peores condiciones políticas. Es el presidente argentino electo con el menor porcentaje de votos de la historia. Menos aún que el radical Arturo Illia que, en 1963, merced a la proscripción del peronismo, llega a la presidencia de la Nación con apenas el 25% de los votos.



 La economía

Néstor Kirchner asumió en el 2003 con el mayor default de deuda soberana de la historia del mundo sobre su espalda. La industria era sólo un buen recuerdo del pasado. Desocupación y sub-ocupación superaban holgadamente los dos dígitos, la mitad de los trabajadores y trabajadoras argentinas no estaban registrados y millones que habían sido expulsados del aparato productivo, por destrucción del empleo o por las privatizaciones, no podían acceder a una jubilación. La miseria y la indigencia registraban los peores índices históricos, y los salarios y las jubilaciones de los que aún estaban dentro del sistema, habían sufrido un grave deterioro por la pérdida del poder adquisitivo a causa de la crisis.
La lista de calamidades en la economía resultaba interminable, pero tal vez el reflejo más brutal del grado de su deterioro era que, junto al peso argentino devaluado, coexistían 16 cuasi monedas. Una cuasi moneda nacional, el Lecop y 15 cuasi monedas provinciales: el Patacón (Buenos Aires), la Lecor (Córdoba), el Federal (Entre Ríos), el Cecacor (Corrientes), el Bocade (Tucumán), el Petrom (Mendoza), el Cemis (Misiones), el Huarpes (San Juan), el Quebracho (Chaco), el Bocanfor (Formosa), Bono Ley 4748 (Catamarca), las Letras (Tierra del Fuego), el Petrobono (Chubut), el Petrobono (Rio Negro) y el Bocade (La Rioja).



La sociedad.

En ese 2003 la sociedad miraba con desprecio y escepticismo a la política y a toda su clase dirigencial, cualquiera fuera su actividad.
Los argentinos y las argentinas que, finalizada la dictadura más sangrienta de nuestra historia, habían creído que “con la democracia se cura, se come y se educa”, se sumaron no sólo a los que creyeron en la “revolución productiva” y el “salariazo”, sino también, a los que creyeron que “con el dinero que se le saque a la corrupción política se solucionaban todos los problemas del país”.
Finalmente, la persistencia y el agravamiento de los problemas económicos, sumados a escándalos institucionales como los de “la Banelco” -para aprobar la reforma laboral-, terminaron uniendo a todos y todas, de izquierda a derecha, en la consigna “que se vayan todos”.


Más dramático aún. Las colas interminables de compatriotas ante las embajadas extranjeras en Buenos Aires daban cuenta de algo peor: miles de argentinos y argentinas habían decidido irse, ellos, del país.
En este marco de crisis institucional, política y económica, asume como presidente de los argentinos Néstor Carlos Kirchner, con sólo el 22% de los votos -menos votos que desocupados- y con la responsabilidad de gobernar un país y representar a una sociedad que no creía en nada ni en nadie.
Sin embargo, a los dos años y medio de gestión, Néstor Kirchner había reestructurado el 76% de la deuda externa defaulteada y pagado íntegramente la deuda de la Argentina con el FMI, permitiendo así al gobierno, comenzar a desarrollar una política económica con autonomía nacional en la toma de decisiones.
Cabe aclarar que el presente documento no tiene por objeto enumerar la gestión de gobierno que se inició en el 2003 y culminó en el 2015 y que significara un crecimiento inédito del producto bruto nacional y una movilidad social ascendente sólo comparable a la de los primeros dos gobiernos del General Perón.

3. La asunción de Mauricio Macri y la Alianza Cambiemos. Como estaban las instituciones, la economía, la política y la sociedad.
La contracara de aquella asunción del 25 de mayo de 2003, la constituye la asunción de Mauricio Macri y el gobierno de la Alianza Cambiemos el 10 de diciembre de 2015.
Mauricio Macri es el primer presidente del período democrático que va de 1983 a 2015, que asume sin crisis institucional, política, social, ni económica. Si hacemos un ejercicio para comparar la situación en relación a la asunción de Néstor Kirchner, tal vez lo más demostrativo se da en los mismos cuatro planos analizados previamente: lo institucional, lo político, lo económico y social.



Las instituciones.

A diferencia de aquel 2003, el gobierno que culmina en el 2015 lo hace después de completar 3 períodos presidenciales completos de gobierno, rompiendo, de esta manera, el maleficio de los gobiernos democráticos, nacionales y populares que hoy se identifican bajo el nombre de populismo.
En efecto, el gobierno de Irigoyen, derrocado por el primer golpe de Estado, no pudo siquiera completar su segundo mandato. Similar situación atravesó el ciclo peronista iniciado en 1946, cuando, durante el segundo gobierno del General Perón, se produce el golpe de Estado de 1955, autodenominado Revolución Libertadora.
El presidente Alfonsín debió entregar el poder antes de finalizar su único mandato. Su renuncia, que provoca el adelantamiento de la entrega del gobierno, se produce en medio de la hiperinflación.
Esto coloca al gobierno iniciado en 2003, y cuya gestión finalizara al cumplir completamente su tercer mandato, en un lugar único en la historia nacional conectándolo, además, con un hecho más singular aún en la política argentina: es el único gobierno argentino que al terminar su último mandato es despedido por cientos de miles de argentinos y argentinas en una Plaza de Mayo desbordada en sus calles laterales, avenidas y diagonales de acceso.
. La política.
En este plano, también la diferencia con aquel 2003 es más que notoria. A diferencia del débil 22% de los votos con los cuales Néstor Kirchner accede a la presidencia en un marco de legalidad, pero totalmente carente de legitimidad política, Mauricio Macri lo hace luego de un balotaje obteniendo poco más del 51% de los votos. Se combinaban virtuosamente legalidad y legitimidad, constituyendo sin dudas la mejor y más poderosa fórmula para gobernar el país.
Además, nunca se había producido en nuestro país la transferencia constitucional de un gobierno de orientación nacional, popular y democrática a otro de orientación opuesta, sobre todo en lo que hace a la concepción del rol del Estado y la economía.
En efecto, la trasferencia gubernamental democrática operada en 1999, tuvo la particularidad de que la primera Alianza, que había ganado las elecciones, confirmaba el programa económico del gobierno al que sucedía: convertibilidad y modelo de privatizaciones.

 La economía.

Sin embargo, es en la economía donde pueden distinguirse tres hitos que son estructurales y que diferencian una asunción de la otra:
I. El FMI había monitoreado y auditado la economía argentina desde la firma del primer préstamo Stand-By en el año 1958, durante la gestión de Arturo Frondizi.


Aquellos monitoreos y auditorías se prolongaron durante los sucesivos gobiernos argentinos, democráticos o de facto, y llegaron a su máxima expresión con la convertibilidad y las privatizaciones de los ’90, exhibidas al mundo por el FMI como modelo ejemplar, pero sufridas por nuestra Nación y nuestro pueblo.
En el año 2005, Néstor Kirchner decide pagar totalmente la deuda con el FMI para anunciar que las decisiones de política económica las tomaban quienes habían sido electos por los argentinos y las argentinas.

De esta manera, hasta la actualidad, los únicos dos ciclos de gobierno que nunca sometieron sus políticas al FMI fueron los gobiernos del General Perón y y los de Néstor y Cristina Kirchner.
II. A diferencia del default de deuda soberana más grande del mundo con que Néstor Kirchner asume como presidente de la Nación, la deuda externa argentina, al momento que asume Mauricio Macri y la Alianza Cambiemos, era la más baja de nuestra historia y una de las menores del mundo en su relación con el producto bruto interno.
A los dos años y medio de su gestión, Néstor Kirchner había reestructurado la deuda soberana en un 76% obteniendo, además, una quita de intereses inédita, no sólo en nuestra historia, sino a nivel mundial.
En septiembre del año 2008 el mundo se desplomó. La caída de Lehman Brothers y la crisis de las hipotecas sub-prime en Estados Unidos, producen el mayor colapso económico-financiero del que se tenga memoria, sólo comparable, en su magnitud y gravedad a escala global, con la gran depresión de 1930.
Pese a ello, el segundo gobierno iniciado en diciembre de 2007, continuó avanzando en el proceso de reestructuración de deuda soberana de Argentina, y en el año 2010 llevó la reestructuración y normalización de la deuda al 93%, incorporando a acreedores que no habían ingresado al primer canje. En el año 2014, reestructura el 100% de la deuda con el Club de París, cuyo origen se remontaba al año 1956 y comienza su pago.
III. Entre 2003 y 2015, también se había realizado una fuerte recuperación de capital argentino, enajenado con la política de privatizaciones de los ’90:
Se nacionalizó YPF con su valioso yacimiento de Vaca Muerta, a los efectos de recuperar la soberanía energética perdida en los ’90 con la comprensión de que la energía es un componente esencial en la ecuación del desarrollo nacional. También se reincorporaron al patrimonio nacional Aerolíneas Argentinas, AySA y el Correo Argentino.



Se recuperó la administración de los recursos de los trabajadores que había sido privatizada a través de las AFJP en los ’90. Esto significó, además, incorporar al patrimonio de la Nación la importante participación accionaria en las principales empresas argentinas que habían obtenido préstamos de aquellos recursos a través de las AFJP. Esta recuperación implicó, además, un importante ahorro equivalente a un tercio de los recursos de los trabajadores que las Administradoras privadas habían cobrado en concepto de comisiones.



Más allá de que este documento no tiene por objeto describir el desarrollo de la gestión y las obras realizadas entre 2003 y 2015, para reflejar la magnitud de lo hecho, basta mencionar que, al finalizar los tres períodos de gobierno, tres de las regiones más importantes del país, NEA, NOA y Patagonia, habían sido conectadas al sistema eléctrico nacional y anilladas para su seguridad. También se habían terminado obras estratégicas paralizadas desde décadas, se había producido una verdadera apertura al mundo con la firma de dos acuerdos estratégicos, en materia económica, con nuevas potencias mundiales y se habían lanzado, al espacio, dos satélites íntegramente diseñados y construidos en Argentina.
En el mismo sentido, y sobre las verdaderas condiciones de la economía argentina a diciembre de 2015, dan cuenta no sólo los prospectos que figuran en los títulos de deuda emitidos para el pago a los fondos buitre y para el bono de deuda a 100 años, sino también el informe para inversores extranjeros “Argentina: land of oportunities. Strong Country Fundamentals” (adjunto a pie de párrafo), difundido con motivo del Foro de Inversiones y Negocios conocido bajo el nombre de “Mini Davos”, que se celebrara en Buenos Aires entre el 12 y el 15 de septiembre de 2016 y en el que participaran alrededor 67 países y 970 empresas internacionales, entre otras: JP Morgan; Dow Chemical Company; Coca-Cola; Siemens; British Petroleum; Cisco Systems; IBM; Novartis; Lithium Americas Corp; Adecco LATAM; Goldman Sachs; Louis Dreyfus Company.

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Esto demuestra que el discurso de “la pesada herencia” fue una verdadera mentira sostenida por el blindaje mediático y propalada por la cadena nacional privada de la desinformación de los grupos hegemónicos de comunicación. Raya en lo ridículo y viola el más elemental sentido común, pretender que un país que estaba “fundido” logre obtener más de 100.000 millones de dólares de los mercados internacionales.
Los mercados internacionales, más allá de la información que pueda dar cualquier país, cuentan, como no puede ser de otro modo, con información propia acerca del estado de las finanzas de los países a los que les prestan. El hecho de que Argentina fuera, durante los años 2016 y 2017, el país que más deuda soberana emitiera en el mundo, dan cuenta de la solidez de la herencia recibida.
Que los mercados internacionales no prestan atención a los discursos, dan cuenta los hechos sucedidos en el último mes en la Argentina. Tras dos años y medio de gobierno de la Alianza Cambiemos y pese a los discursos “optimistas” de Mauricio Macri, sus funcionarios y los medios de comunicación; los mercados financieros, advirtiendo la inconsistencia, en el mediano plazo, del modelo económico de endeudamiento y especulación, decidieron retirarse de la Argentina provocando la corrida cambiaria que desembocó en la vuelta al FMI.
Resulta muy claro, ahora, que Mauricio Macri y la Alianza Cambiemos, pudieron mentirles a los argentinos gracias a un inédito blindaje mediático en la historia argentina. Sin embargo, no pudieron hacer lo mismo con la SEC (Securities and Exchange Commission) de los Estados Unidos al emitir títulos de deuda en ese país. Alguna dirigente de Cambiemos debería reconsiderar recientes expresiones en ese sentido, porque estaría poniendo al país en un lugar sin retorno y al presidente, y a los funcionarios intervinientes en la emisión de deuda soberana, en una grave situación penal ante la justicia norteamericana.
Patética y dramáticamente, la realidad siempre aflora. Argentina, como en el juego de la OCA, y a 15 años del 25 de mayo de 2003, retrocede y vuelve al FMI.

La sociedad.

A fines del 2015, la sociedad tampoco era la misma que había recibido a Néstor Kirchner como presidente en 2003.
Lejos de irse, numerosos argentinos y argentinas cuya profesión era la investigación científica, habían retornado al país.
Los jubilados ya no hacían marchas en el Parlamento reclamando el aumento de sus jubilaciones, ni tampoco hacían llorar, frente a las cámaras de TV, a un Ministro de Economía. Argentina no sólo había logrado la mayor cobertura previsional (97%) del continente, lo que convertía a la jubilación en un bien de acceso universal, sino que además tenían el mejor haber previsional.
Los trabajadores y trabajadoras en relación de dependencia tenían los mejores salarios en dólares de América Latina, y los niveles de desocupación y trabajo no registrado alcanzaron su mínimo histórico. Existía, además, una sólida red de contención social para los más necesitados.

IV 

A sólo dos años y medio del gobierno de Mauricio Macri y la Alianza Cambiemos, la Argentina vuelve al FMI.
El 8 de mayo de 2018, Mauricio Macri, en cadena nacional privada, luego de la primera corrida cambiaria que tuvo lugar durante su gobierno y que comenzó el 25 de abril de 2018, anuncia que, en su carácter de presidente de la Nación, ha “decidido iniciar conversaciones con el FMI para que nos otorgue una línea de apoyo financiero”.



¿Qué pasó en apenas dos años y medio de gobierno de la Alianza Cambiemos, para que a la Argentina la hagan volver al FMI?
La pregunta es inevitable, sobre todo cuando nuestro país contaba, a diciembre de 2015, con la deuda soberana más baja de su historia, y una de las menores del mundo en relación a su PBI. Por si esto no bastara, en los dos años y medio del gobierno de Mauricio Macri, ingresaron más de 100.000 millones de dólares en concepto de nuevo endeudamiento, y se batieron récords globales de toma de deuda. En efecto, en el año 2017, las principales agencias económicas internacionales dieron cuenta de que el gobierno de Mauricio Macri y la Alianza Cambiemos era el que más deuda externa había tomado en los últimos dos años, superando a China, Rusia, Arabia Saudita y Qatar, entre otros.
Sin embargo, y pese a ello, no pudieron frenar una corrida cambiaria y perdieron 10 mil millones de dólares en tan sólo 15 días. Un monto similar había ingresado al país en enero de este año por una nueva toma de deuda soberana. Y lo peor de todo: pese a esa inédita pérdida de reservas en tan corto plazo, la corrida provocó, además, una devaluación del 25% del peso argentino, que alcanzó, así, al 40% desde diciembre de 2017.

Para dimensionar la catástrofe, téngase en cuenta que, en apenas 15 días, se perdió el equivalente a dos YPF (con dos 2 Vaca Muerta) o la deuda completa que reestructuramos con el Club de Paris.
La catástrofe financiera y cambiaria adquiere, además, ribetes de tragedia cuando, Mauricio Macri y la Alianza Cambiemos, le comunican a los argentinos y argentinas que han decido volver al FMI a pedir préstamos.

A partir de allí, el gobierno ensaya otra vez el remanido y ya insostenible argumento de la “pesada herencia”. Esta vez, sin resultado social y sólo sostenido por el discurso encubridor de los “gurúes” y “consultores” rentados de la City, devenidos en tragicómicos. A esta altura de los hechos, ya resulta inocultable que fue, precisamente la “pesada herencia” del desendeudamiento, la que le permitió a Mauricio Macri la toma de deuda soberana que figura como récord a nivel global.
Por si todo ello fuera poco, es patético el desempeño y ridículos los argumentos de los funcionarios que tuvieron que administrar la primera corrida cambiaria del gobierno de Mauricio Macri y la Alianza Cambiemos, cuando pretenden justificar lo que hicieron con el aumento de medio punto de la tasa de interés de la FED.
El gobierno que concluyó en diciembre de 2015, que no tenía acceso a los mercados de capitales por el default que provocó la primera Alianza en 2001 y que además sufría el hostigamiento permanente de los fondos buitre, soportó y superó cinco corridas cambiarias:

Número de corrida.
Contexto de cada corrida cambiaria.
Duración y monto
1ra corrida cambiaria.
. Comienzo de la crisis financiera internacional.
. Elecciones presidenciales de 2007.
De julio a octubre de 2007.

USD 7.100 millones.
2da corrida cambiaria.
. Lock-out patronal rural.
. Mayor crisis global desde 1930: quiebra de Lehman Brothers, rescate de AIG y crisis de las hipotecas sub-prime.

. Estatización de las AFJP.
De abril a octubre de 2008.

USD 18.500 millones.
3ra corrida cambiaria.
. Agravamiento de la crisis financiera internacional que impactaba en la región.
De febrero a julio de 2009.

USD 11.500 millones.
4ta corrida cambiaria.
. Decisión de pago de deuda soberana con reservas de libre disponibilidad.

. Atrincheramiento del presidente del BCRA.
De enero a abril de 2010.

USD 5.530 millones.
5ta corrida cambiaria.
. Elecciones presidenciales de 2011 (hecho absolutamente dominante).

. Nuevas facetas de la crisis financiera internacional que impactaba en las economías de la periferia de Europa.
De abril a octubre de 2011.

USD 17.500 millones.

Una rápida lectura de este cuadro, no sólo permite ver la magnitud de los acontecimientos nacionales e internacionales que tuvo que enfrentar el gobierno anterior sino, además, la extensa duración de cada uno de estos episodios.
El gobierno que finalizó su mandato en 2015, a pesar de no tener acceso al mercado de capitales por el hostigamiento de los fondos buitre, de enfrentar una crisis internacional sin precedentes, de padecer un inédito lock-out patronal y de lidiar con una brutal oposición política, mediática, judicial y parlamentaria, que llegó inclusive a impedir la sanción de la ley de presupuesto nacional en el año 2010, no sólo soportó 5 corridas cambiarias, sino que, además, cumplió rigurosamente con los pagos en dólares de la deuda soberana reestructurada, esta sí pesada herencia de los anteriores gobiernos desde 1976.
A esta altura, es más que evidente que el gobierno de Mauricio Macri y la Alianza Cambiemos, que pudo contar con acceso al mercado de capitales por más de 100 mil millones de dólares y tuvo la colaboración de un sector de la oposición para aprobar las principales leyes que envió al Congreso de la Nación (pago a los fondos buitre, “reparación histórica”, blanqueo y reforma previsional, entre otras), recurrió al Fondo Monetario Internacional por el fracaso estrepitoso de un modelo de saqueo y destrucción de la Nación gestionado por un grupo de empresarios devenidos en políticos.
Es que el gobierno de Mauricio Macri y la Alianza Cambiemos llega a la conducción del Estado nacional sólo con un plan para sus propios negocios y con un sinnúmero de prejuicios políticos y culturales que, sumados a la ignorancia de la historia y el contexto global, los llevó a creer que su sola llegada al gobierno y sus “buenos modales” provocarían, entre otras cosas, una “lluvia de inversiones”.
“Lluvia de inversiones” que nunca especificaron cuales serían, en qué sector de la economía se darían y que modelo de desarrollo promoverían. Y “buenos modales” que no son más que la aceptación, lisa y llana, de todas las demandas de los grupos de poder en Argentina.

 V El Verdadero Problema

Los negociados.
Del plan de negocios de los empresarios que hoy conforman el gobierno, dan cuenta el escándalo de los Panamá Papers, el blanqueo de la familia del presidente y de sus funcionarios, el escándalo del Correo Argentino, el negociado de las aerolíneas con Avianca, Flybondi y las low cost que perjudica a Aerolíneas Argentinas, Quintana y Farmacity, Aranguren y Shell, Caputo, las offshore y los bancos y fondos de inversión comprometidos en la emisión de deuda soberana de la Argentina, Dujovne, el ministro “coordinador” evasor primero y blanqueador después, hasta llegar al negociado de las energéticas de los parientes y amigos del presidente, que se garantizan ganancias multimillonarias con un tarifazo insoportable para los argentinos y argentinas y de marcado sesgo recesivo para PyMES, comercios y la actividad económica en general.

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Los prejuicios

El gobierno de Mauricio Macri y la Alianza Cambiemos parte de antiguos prejuicios sobre los gobiernos nacionales, populares y democráticos, a los que define como populistas. Como todo prejuicio, carece de racionalidad y sólo obedece al campo de lo cultural-emocional.
Bajo este banal marco de análisis, caracteriza al gobierno anterior como un gobierno “no amigable” con el mercado y de “malos modales” para con los empresarios, considerando que, si se hace todo lo que solicitan los distintos actores de la economía, se creará un clima virtuoso de negocios que favorecerá el crecimiento de la actividad económica.
A continuación, pasamos a identificar los principales reclamos que, durante 12 años y medio, los distintos sectores de la economía realizaron al gobierno anterior.

Sector agropecuario.
. Eliminación de las retenciones.

. Mejora del tipo de cambio. Léase: Devaluar.

. Libre exportación de carne y eliminación del sistema ROE.
Sector exportadoras.
. Eliminación del plazo para liquidar exportaciones.
Sector minero.
. Eliminación de las retenciones y del plazo para liquidar exportaciones.
Sector energético.
. Llevar el precio del petróleo, la energía y los combustibles al precio internacional de importación y dolarizado.

. “Desestatizar” YPF.

. Flexibilizar el empleo: bajar salarios y “simplificar” convenios laborales.
Servicios públicos: generación, transporte y distribución.
. Llevar las tarifas a precio internacional. Léase: dolarizarlas.
Sector financiero y bursátil.
. Pagar a los fondos buitre lo que pedían.

. Eliminar las restricciones para la libre entrada y salida de capitales y sacar a la Argentina de la condición de mercado de capitales fronterizo.

. Tasa de interés positiva y eliminación de las restricciones cambiarias. Léase: libertad para la compra ilimitada de dólares.

. Eliminar la afectación de un porcentaje de los depósitos al financiamiento productivo.

. Eliminar las regulaciones del mercado de capitales, en particular el poder de la Comisión Nacional de Valores de intervenir las empresas.

. Unificar todas las bolsas en una sola (ByMA), para facilitar más la operación desde el exterior.

. Reimplantar el sistema de ajuste por inflación en los balances.

. Internacionalizar el sector financiero.
Unión Industrial Argentina (UIA).
. Pagar a los buitres todo lo que pedían.

. Eliminar restricciones cambiarias, como así también los requisitos para la salida y entrada de capitales.

. Eliminar todas las medidas de administración del comercio exterior. Léase: eliminar las restricciones a las importaciones.

. Tener un tipo de cambio más competitivo. Léase: devaluar.

. Reimplantar el sistema de ajuste por inflación en los balances.

. “Flexibilización” laboral.

. Elevar el tope del plan de facilidades de pago de la AFIP.

. Mejorar el acceso al crédito (internacional).
Supermercados
. Poner fin al programa de precios cuidados y de todo tipo de administración de precios, en especial la llamada ley de abastecimiento que permitía controlar abusos.
Empresas Transnacionales.
. Liberar el ingreso y salida de capitales y posibilitar el giro de dividendos a sus casas matrices en forma ilimitada.

. Acuerdos de libre comercio con USA y EUROPA
Sector de la construcción.
. Participación público privada (privatización de la obra pública).
Sindicatos y CGT.
. Eliminar el impuesto a las ganancias sobre altos salarios.

De la simple lectura del listado anterior, surge claramente que el gobierno de Mauricio Macri y la Alianza Cambiemos accedió, prácticamente, a todos los reclamos de los distintos sectores de la economía.
El único pedido que no tuvo éxito, fue el reclamo de la CGT que, además de haber sido un slogan de campaña –“en mi gobierno ningún trabajador pagará impuesto a las ganancias”, Mauricio Macri dixit-, fue un factor determinante para que miles de trabajadores en relación de dependencia votaran a Cambiemos en las elecciones presidenciales de 2015.



En efecto, Mauricio Macri y la Alianza Cambiemos ganó esas elecciones por una diferencia de, apenas, un poco más de 600.000 votos. En ese momento el universo de trabajadores registrados que pagaban impuesto a las ganancias era, al 2015, de 1.051.704.
Hoy, casi dos millones de trabajadores pagan impuesto a las ganancias. Miles han perdido su trabajo y todos han visto precarizadas sus condiciones laborales y perdido el poder adquisitivo de sus salarios. El último informe en relación al ranking del salario mínimo vital y móvil en dólares de la región latinoamericana, señala que, en Argentina, dicho salario ha dejado de ser el más alto y ha descendido al cuarto lugar. Esto impacta en el nivel de actividad económica al afectar el consumo, que representa el 70% de la demanda agregada.

No fueron “malos modales”, ni actitudes “no amigables” con el mercado las que llevaron al gobierno anterior a mantener las políticas públicas que llevaba adelante.
Por el contrario, se debía garantizar que las lógicas pujas sectoriales por la distribución del ingreso, que se producen en todos los países del mundo, no arruinaran el mercado interno que funciona como motor de crecimiento y desarrollo, junto a las exportaciones, que en el año 2011 alcanzaron su récord histórico con 82.981 millones de dólares. Además, debía tenerse en cuenta la necesidad de que el Estado argentino no perdiera ingresos genuinos en moneda dura, en vistas a la siempre latente reaparición de la restricción externa que, junto a una economía bi-monetaria, fueron históricamente las responsables de los cuellos de botella a los que Argentina cíclicamente se ha encontrado sometida, en los procesos de acumulación de capital por desarrollo industrial y tecnológico.
Así las cosas, todas las medidas adoptadas por el gobierno de Mauricio Macri y la Alianza Cambiemos, provocaron desfinanciamiento del Estado al eliminar impuestos a la riqueza y retenciones que, además, éstas últimas, tienen un efecto dolarizador de los precios de los comodities necesarios para el mercado interno.
De esa manera, se dolarizaron los precios de los alimentos y de los insumos de distintas actividades industriales, que sumados a la desregulación del mercado de combustibles y al brutal aumento de las tarifas de los servicios públicos, impactaron negativamente en la actividad económica y agravaron exponencialmente la inflación.
En el mismo sentido, al prohibir la negociación libre de paritarias, los salarios quedaron muy por debajo de la inflación, haciendo retroceder a la Argentina al cuarto lugar en el ranking de salarios en dólares de la región, luego de haber ocupado el primer puesto durante la gestión del anterior gobierno.
Las altas tasas de interés y la eliminación de las restricciones al ingreso de capitales golondrina, provocaron la entrada de capitales especulativos en una fabulosa bicicleta financiera, ocarry trade, que rememora los tiempos de la convertibilidad. En este contexto, se producen tres fenómenos que se retroalimentan. Quienes necesitan capital para la inversión productiva, no pueden acceder al crédito por la alta tasa de interés. Quienes tienen capital para invertir, no lo hacen en el sistema productivo sino en la timba financiera, porque les da mayor rentabilidad. Finalmente, el tercer fenómeno lo presenciamos en cada vencimiento de las LEBACS convertidas en una gigantesca bola de nieve que amenaza con sepultarnos.
Por si fuera poco, eliminan toda regulación cambiaria para la compra de dólares, acentuándose, cada vez más, la característica de una economía bi-monetaria, que se reconoce en la pulsión del ahorrista argentino para atesorar dólares y en la brutal fuga de divisas de las elites argentinas, cuya pasión por la formación de activos en el exterior, ya es legendaria. De esa pasión pueden dar fé varios ministros del gobierno de la Alianza Cambiemos. Todo ello no hace más que agravar la demanda de dólares, en una economía que los necesita para pagar importaciones, turismo y servicios de deuda.
¿Alguien podía creer que todo esto junto podía funcionar?
En síntesis, la suma de las decisiones del gobierno de Mauricio Macri y la Alianza Cambiemos y sus efectos devastadores para la economía y la sociedad, no son, ni más ni menos que el resultado de haber hecho lugar a todas y cada una de las demandas que constituyeron, durante los doce años y medio del anterior gobierno, la agenda cotidiana de reclamos y los ejes del más formidable ataque mediático del que se tenga memoria.
Una vez más, la elite dirigencial económica y empresarial de la Argentina, como en la fábula de la gallina de los huevos de oro, creyeron que despanzurrándola iban a encontrar mayor riqueza.

 La ignorancia.

Los prejuicios son hijos dilectos y reconocidos de la ignorancia. La elite que hoy nos gobierna a través de la Alianza Cambiemos, tiene una profunda ignorancia de la historia argentina, de la geopolítica y del actual contexto internacional.
De la historia argentina, porque ¿ignoran? que las etapas de mayor crecimiento y acumulación de capital nacional se dieron en gobiernos que tenían autonomía nacional en la toma de decisiones y que desarrollaron un fuerte mercado interno como principal impulsor de la demanda agregada y como una primera etapa para el posterior desarrollo de exportaciones con mayor valor agregado.
¿Ignoran? también que la restricción externa, esto es la falta de dólares, se agrava por la economía bi-monetaria que se reconoce en el ahorro nacional en dólares y en la fuga para formar activos en el exterior.
De la geopolítica, ¿ignoran? la historia económica de acumulación de capital de las grandes potencias, desarrollada en base a los términos de intercambio comercial de valor agregado y desarrollo científico, en una desigual relación de fuerzas, que se maquilla con la libertad de comercio como retórica fronteras afuera y se divulga con la pátina de verdad absoluta a través de sus centros de estudios y think-thank de pensamiento.
Del actual contexto internacional, ¿ignoran? que el proteccionismo comercial de las grandes potencias ha recrudecido, con inusitada fuerza, después de la crisis global del 2008 y ya ni siquiera se preocupan en disimularlo.
Los signos de interrogación obedecen al beneficio de la duda, ya que de lo contrario no serían ignorantes, sino cínicos o, lo que es peor aún, traidores a la Patria.
 VI. Final abierto.
A dos años y medio de iniciado su gobierno, Mauricio Macri y la Alianza Cambiemos deberían darse cuenta que el blindaje mediático y la mentira permanente, junto a la persecución judicial como elemento para disciplinar, neutralizar o eliminar a la oposición política, están agotados como recursos para conducir el Estado. Deben entender que eso siempre ha sucedido en la historia argentina, toda vez que el deterioro económico se profundiza y comienza a alcanzar a amplios segmentos de la población.
La firma del trigésimo acuerdo stand by con el FMI, sólo deparará mayores males a la Nación argentina y mayores dolores a su pueblo. Sería aconsejable que el gobierno de Mauricio Macri y la Alianza Cambiemos advierta la gravedad de la situación.
Su actitud de represión y violencia frente al reclamo de los trabajadores por sus fuentes de trabajo o por paritarias libres, no parece augurar nada bueno.
Su indiferencia frente a la desesperación de crecientes franjas de la población que ya no pueden pagar las facturas de agua, luz y gas o, lo que es peor aún, que ya no les alcanza para comer; habla de una peligrosa insensibilidad frente a lo que le pasa a los demás.
A la irresponsabilidad de haber llevado a la Argentina a este desastre económico, no se le puede sumar la tragedia de la violencia. Es necesario recordar que nada bueno ocurrió, para nuestro país, cuando se quiso reemplazar a la razón por los palos o se impuso el silencio frente a los reclamos del pueblo.

 Buenos Aires, 24 de mayo de 2018.