lunes, 30 de enero de 2012

Después de Cosquin; algo más de Tosco



Manuel Justo Gaggero (especial para ARGENPRESS.info)

Este es el título de una película del director italiano Mario Monicelli, que se estrenara en nuestro país en 1963. La misma nos traslada a la ciudad italiana de Turín, a fines del Siglo XIX, donde se produce una huelga de los trabajadores textiles contra la jornada de 14 horas.

A ese lugar llega un intelectual y militante anarquista -el protagonista del film-excepcionalmente interpretado por Marcelo Mastroiani que revela los valores, la ética y la consecuencia de estos activistas y su rechazo a todos los intentos de corromperlo, desarrollados por los dueños de la fábrica.

Un 22 de mayo, hace 81 años, nacía en la localidad de Coronel Moldes -en la provincia de Córdoba- Agustín Tosco, unos de los dirigentes e intelectual orgánico mas lúcido y consecuente de las décadas del 50; 60 y 70, que como el personaje de la película, vivió austeramente, percibiendo durante los períodos de licencia gremial el salario de trabajador de la empresa provincial de energía donde prestara servicios desde comienzos de la década del 50.

Agustín -el “Gringo”- como lo bautizaran sus compañeros de escuela, dejó la chacra propiedad de su familia cuándo cumplió 14 años para trasladarse a la capital de la Provincia a fin de iniciar sus estudios secundarios.

“Los orígenes rústicos del larguirucho y apocado chacarero saltaban a la vista en su castellano rural, un castellano entrelazado con el dialecto italiano hablado en su hogar”. *

Sus padres eran inmigrantes que provenían del Piamonte, que apoyaban su decisión de migrar a la capital que, además, coincidía con el período de las grandes migraciones rurales desde el campo a los centros urbanos, en especial a Buenos Aires, pero también a ciudades más pequeñas como Córdoba. Lo mismo que a Tosco, a muchos migrantes los sedujo la posibilidad de encontrar trabajo en las industrias que crecían en la capital mediterránea, como consecuencia del proceso de industrialización, sustitutiva de importaciones que se desarrollara durante la Segunda Guerra Mundial y que se incentivara con el impulso industrialista del “primer peronismo 1946 a 1955”.

En el secundario ya empezó a perfilar su liderazgo ocupando la secretaria general del centro de estudiantes y negándose a recibir el diploma de bachiller, por considerar que la orientación de la educación no era la correcta.

Con sólo 19 años ingresó a la Empresa Provincial de Energía -EPEC- y a los 20 fue elegido subdelegado del Sindicato de Luz y Fuerza, ocupando la Secretaría General en1954 y la Secretaría Gremial de la Federación nacional, un año más tarde.

El golpe del 16 de setiembre de 1955 lo desplazó de la conducción sindical, volviendo a su puesto de trabajo en la empresa desde donde participó activamente en la resistencia al gobierno militar. Si bien se reivindicaba como marxista, reconocía las conquistas logradas por los trabajadores durante el gobierno de Perón y respetaba a los que adherían a este movimiento, diferenciando sus posiciones en la lucha gremial de su postura ideológica.

En 1958, al levantarse la intervención al gremio, volvió a la Secretaría General. Enfrentado al Vandorismo y a los dirigentes de la Federación, censura el golpe militar que derrocó al gobierno democrático de Arturo Illia a quién había apoyado en su intento de limitar el poder de las multinacionales de medicamentos y en la decisión de terminar con la proscripción del peronismo.

Participa activamente en la conformación de la C.G.T. de los Argentinos, en 1968 junto a Raymundo Ongaro, Jorge Di Pasquale y Alfredo Ferrarese, entre otros.

Este nucleamiento reivindicaba el Programa de la Falda (1956) y de Huerta Grande (1962) y planteaba que la práctica social argentina reconocía dos tradiciones obreras. La primera que se expresó en los movimientos anarquistas, comunistas y socialistas, y la segunda forjada en el movimiento de masas generado por el peronismo. Lo conocí a Agustín en esa época, y lo escuché en la clase magistral que dictó al inaugurar el Instituto de Capacitación Obrera que habían conformado Luis Cerruti Costa y Félix Granovsky.

En esa oportunidad sintetizó con estas palabras su pensamiento “… la clase obrera debe jugar un rol principal en la lucha por una nueva sociedad, construyendo un nuevo sindicalismo que no sólo supere el nefasto papel de una burocracia sindical subordinada a los de arriba o de aquellos sectores que concilian con el gobierno para obtener migajas en el reparto de la miseria. Un sindicalismo capaz de ejecutar un auténtico clasismo, es decir que la clase obrera sea gestora de la unidad y la organización del pueblo en la lucha por la liberación”.

Luego vino el Cordobazo, la cárcel y la libertad lograda por la movilización popular.

En abril de 1970 se organizó en Paraná, la ciudad en la que vivía y militaba, un Congreso de la central obrera.

El gobierno militar de la provincia a cargo de un brigadier de apellido Favre, intentó prohibir el encuentro.

Presentamos un amparo y el juez Ardoy, haciendo honor a una verdadera aplicación e interpretación de la justicia, autorizó el mismo.

En esa oportunidad tuvimos que enfrentar el intento de algunos sectores sindicales encabezados por el telefónico Guillan e integrados, entre otros, por una corriente estudiantil -el Frente de Emancipación Nacional- liderado por Roberto Grabois, de “peronizar” y/o hacer desaparecer la central contestataria, en consonancia con la política acuerdista que se impulsaba desde Puerta de Hierro.

Tosco con firmeza y contando con el respaldo del Bloque de Agrupaciones Peronistas que lideraba Jorge Di Pasquale, logró desactivar el intento rupturista.

Como cierre organizamos un acto en el que se escucharon tres marchas que expresaban la unidad. La Internacional, la Marcha Peronista y Bandera Rosa -la marcha anarquista-.

Nos vimos en muchas oportunidades con el “gringo”. Participó como columnista en el Diario “El Mundo”, y como orador central en los congresos del Frente Antimperialista y por el Socialismo.

Siempre su mensaje era de unidad en la diversidad, de reconocer y respetar lasdiferencias, de sintetizar, en un nuevo movimiento nacional, a marxistas, peronistas y cristianos.

En 1973, cuándo le planteamos la posibilidad de encabezar una fórmula presidencial para oponer a la Perón-Perón, demostró su grandeza, sosteniendo que luego de 18 años de lucha los trabajadores querían que Juan Domingo Perón ocupara en sillón de Rivadavia, y que él no podía ser un obstáculo para esa aspiración, mas allá que sabía que el General estaba en un laberinto junto a López Rega y Lorenzo Miguel, y que no auguraba nada bueno.

El 4 de noviembre de 1975, con sólo 45 años falleció en la clandestinidad por una enfermedad que en situaciones normales podría haber sido curada. Editábamos en ese momento la revista “Nuevo Hombre”, y lo enviamos a cubrir el sepelio a Héctor Demarchi.

El “Negro” -secuestrado y desaparecido en 1976- escribió una crónica espectacular de la despedida que le brindó el pueblo de Córdoba a quién, sin ninguna duda, es la antítesis del “sindicalismo de negocios” de los Pedraza y Barrionuevo.

Como escribió el poeta Luis García Montero “Yo sé donde acabaron nuestras revoluciones ¿pero donde empezaban nuestros sueños? Si empezaron por culpa del dolor. Hay motivos recientes para seguir soñando”.

Nosotros seguimos soñando inspirados en los “imprescindibles” como Agustín.

*Brennan, James “El Cordobazo”

Manuel Justo Gaggero es abogado. Ex director del Diario “El Mundo” y de las revistas

“Nuevo Hombre” y “Diciembre 20”.