sábado, 28 de enero de 2012

CULTURA LIBRE CAPÍTULO DIEZ: "Propiedad" (PARTE 3)



Arquitectura y Ley: Fuerza

La desaparición de usos sin regular ya sería un cambio bastante grande, pero un

segundo e importante cambio causado por Internet magnifica su significación.

Este segundo cambio no afecta al alcance de la regulación del copyright; afecta a

la manera en que se hace cumplir esta regulación.

En el mundo anterior a la tecnología digital las leyes eran generalmente

las que controlaban si y cómo alguien estaba bajo la regulación de la ley del

copyright. Las leyes, es decir, un tribunal; es decir, un juez: al final, era un ser

humano, educado en la tradición del derecho y conocedor de los equilibrios que

esa tradición abraza, quien decía si y cómo las leyes debían restringir tu libertad.

Existe la famosa historia sobre una batalla entre los hermanos Marx y los

hermanos Warner. Los Marx pretendían hacer una parodia de Casablanca. Los

hermanos Warner (esto es, la Warner Bros.) escribieron una carta



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extremadamente desagradable a los Marx, avisándoles de que habría serias

consecuencias legales si seguían adelante con sus planes.

Esto llevó a que los hermanos Marx les pagaran con la misma moneda.

Avisaron a los hermanos Warner que los hermanos Marx "eran hermanos mucho

antes que ustedes"20. Los hermanos Marx por tanto eran dueños de la palabra

hermanos, y si la Warner Bros. (esto es, los "hermanos Warner") seguían

insistiendo en controlar Casablanca, entonces los hermanos Marx seguirían

insistiendo en controlar hermanos.

Una amenaza absurda y vacía, por supuesto, porque los hermanos

Warner, como los hermanos Marx, sabían que ningún tribunal haría cumplir una

reclamación tan tonta. Este extremismo era irrelevante para las libertades

reales de las que cualquiera (incluyendo a los hermanos Warner) disfrutaba.

En Internet, sin embargo, no hay trabas para reglas tontas, porque en

Internet, cada vez más, las reglas las hacen cumplir no seres humanos sino

máquinas: cada vez más las reglas de la ley del copyright, tal y como las

interpreta el dueño del copyright, acaban inscritas en la misma tecnología que

distribuye contenidos con copyright. Es el código, no la ley, quien manda. Y el

problema con las regulaciones implementadas con código es que, a diferencia de

la ley, el código no tiene vergüenza. El código no entendería el humor de los

hermanos Marx. Las consecuencias no son graciosas en absoluto.

Consideremos la vida de mi lector Adobe de libros digitales.

Un libro digital es un libro distribuido en forma electrónica. Un libro digital

de Adobe no es un libro que Adobe haya publicado; Adobe simplemente produce

el software que los editores usan para distribuir libros digitales. Proporciona la

tecnología, y el editor distribuye los contenidos usando la tecnología.

En la próxima página hay una imagen de una versión antigua de mi lector

Adobe.

Como puedes ver, tengo una pequeña colección de libros digitales dentro

de esta biblioteca digital. Algunos de estos libros reproducen contenidos que

están en el dominio público: Middlemarch, por ejemplo, está en el dominio



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público. Algunos de ellos reproducen contenidos que no están en el dominio

público: mi propio libro The Future of Ideas no está todavía en el dominio

público.

Consideremos primero Middlemarch. Si haces click en mi ejemplar digital

de Middlemarch, verás una portada vistosa, y luego un botón abajo del todo que

dice Permisos.





Si haces click en el botón de Permisos, verás una lista de los permisos que

el editor pretende conceder con este libro.





Según mi lector de libros digitales, tengo el permiso para copiar al

"portapapeles" del ordenador diez extractos cada diez días. (Hasta ahora, no he

copiado texto al portapapeles). También tengo permiso para imprimir diez

páginas cada diez días. Finalmente, tengo permiso para usar el botón de Lee en

Voz Alta para escuchar la lectura de Middlemarch.

Aquí está el ejemplar digital de otra obra en el dominio público

(incluyendo la traducción): la Política de Aristóteles.





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Según los permisos, no se permiten en absoluto ni la impresión ni la copia. Pero

afortunadamente puedes usar el botón de Leer en Voz Alta para escuchar el

libro.





Finalmente (y de un modo más vergonzoso), aquí están los permisos para

el ejemplar digital original de mi último libro, The Future of Ideas:





Ni copias, ni impresiones, ¡y que ni se te ocurra escuchar este libro!

Ahora, el Lector de Libros Digitales de Adobe llama a estos controles

"permisos"--como si el editor tuviera el poder de controlar cómo usas estas

obras. Para las obras bajo el copyright, el dueño del copyright ciertamente sí que

tiene este poder--dentro de los límites de la ley del copyright. Pero para las



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obras que no están bajo el régimen del copyright, no hay este poder de

copyright21. Cuando mi ejemplar digital de Middlemarch dice que tengo permiso

para copiar sólo diez extractos a la memoria del ordenador cada diez días, lo que

realmente significa es que el Lector le ha permitido al editor que controle cómo

uso el libro en mi propio ordenador, yendo mucho más allá de los controles que

las leyes harían posibles.

Este control, por contra, viene del código--de la tecnología dentro de la

cual "vive" el libro digital. Aunque el libro digital diga que éstos son permisos, no

son el tipo de "permisos" con el que la mayoría de nosotros trata cada día.

Cuando una adolescente consigue "permiso" para salir hasta medianoche, sabe

(a menos que sea Cenicienta) que puede quedarse hasta las dos de la mañana,

pero sabe también que la castigarán si la pillan. Pero cuando el Lector de Adobe

dice que tengo permiso para hacer diez copias del texto en la memoria de la

computadora, eso significa que cuando haya hecho diez copias, el ordenador no

hará ninguna más. Lo mismo con las restricciones a las impresiones: después de

diez páginas, el Lector no imprimirá ni una página más. Es lo mismo con la

estúpida restricción que dice que no puedes usar el botón de Leer en Voz Alta

para leer mi libro en voz alta--no es que la compañía te demandará si lo haces;

más bien, si pulsas el botón de Leer en Voz Alta con mi libro, la máquina

simplemente no lo leerá en voz alta.

Éstos son controles, no permisos. Imagínate un mundo en el que los

hermanos Marx vendieran procesadores de texto que, cuando intentases escribir

hermanos Warner, borraran "hermanos" de la frase.

He aquí el futuro de las leyes de copyright: no tanto leyes del copyright

como código de copyright. Los controles sobre el acceso a los contenidos no

serán controles que estén ratificados por los tribunales; los controles sobre el

acceso a los contenidos serán controles diseñados por programadores. Y

mientras que los controles que están inscritos en las leyes siempre serán

comprobados por un juez, los controles inscritos en la tecnología no tendrán

inserta una verificación semejante.



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¿Hasta qué punto importa esto? ¿No es siempre posible saltarse los

controles insertados en la tecnología? El software se solía vender con tecnologías

que limitaban la capacidad de los usuarios para hacer copias, pero derrotar esas

protecciones era algo trivial. ¿Por qué no debería ser trivial derrotar también

estas protecciones?

Solamente hemos arañado la superficie de esta historia. Volvamos al

Lector de libros digitales de Adobe.

A principios de la vida del Lector, Adobe sufrió una pesadilla en el campo

de las relaciones públicas. Entre los libros que podías bajarte gratis de la página

de Adobe había una copia de Alicia en el país de las maravillas. Este maravilloso

libro está en el dominio público. Sin embargo, cuando hacías click en los

Permisos para ese libro, te salía esta información:





He aquí un libro para niños en el dominio público que no podías copiar, ni

prestar, ni dar ni, como indicaban los "permisos", ¡leer en voz alta!

La pesadilla en términos de relaciones públicas tenía que ver con ese

último permiso. Porque el texto no decía que no podías usar el botón Leer en

Voz Alta; decía que no podías leer el libro en voz alta. Eso hizo que alguna gente

pensara que Adobe estaba restringiendo el derecho de los padres, por ejemplo, a

leerles el libro a sus hijos, lo cual parecía absurdo como poco.

Rápidamente Adobe respondió que era absurdo pensar que estaba

intentando restringir el derecho a leer el libro en voz alta. Obviamente sólo

estaba restringiendo la capacidad de usar el botón de Leer en Voz Alta para

hacer que la computadora leyera el libro en voz alta. Pero la pregunta que Adobe



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no respondió nunca es ésta: ¿Estaría Adobe de acuerdo, por tanto, con que los

consumidores tuvieran la libertad para usar software que rompiera las

restricciones insertas en el Lector de Libros Electrónicos? Si alguna compañía

(digamos Elcomsoft) desarrollara un programa para desactivar la protección

tecnológica inserta en un libro electrónico Adobe de manera que, por ejemplo,

un invidente pudiera usar la computadora para leer el libro en voz alta, ¿estaría

Adobe de acuerdo con que ese uso del Lector era justo? Adobe no respondió

porque la pregunta, por absurdo que parezca, es no.

La idea no es echarle la culpa a Adobe. De hecho, Adobe está entre las

compañías más innovadoras a la hora de desarrollar estrategias que equilibren

un acceso abierto a los contenidos y los incentivos para que las compañías

innoven. Pero la tecnología de Adobe posibilita el control, y Adobe tiene un

incentivo para defender este control. Este incentivo es comprensible, pero lo que

crea a menudo es una locura.

Para ver este punto en un contexto particularmente absurdo, considera

una de mis historias favoritas, que defiende la misma idea.

Piensa en perro-robot fabricado por Sony que se llama "Aibo". Un Aibo

aprende trucos, te abraza con amor y te sigue a todos sitios. Sólo come

electricidad y no ensucia demasiado (al menos no en tu casa).

El Aibo es caro y popular. Fans de todo el mundo han creado clubs para

intercambiar historias sobre él. Un fan en particular creó un sitio para hacer

posible el intercambio de información sobre el Aibo. Este fan creó aibopet.com (y

aibohack.com, pero eso te reenvía al mismo sitio), y en esa página proporcionó

información sobre como enseñarle al Aibo trucos aparte de los que Sony le había

enseñado.

"Enseñar" en este contexto tiene un significado especial. Los aibos no son

más que ordenadores muy monos. A un ordenador le enseñas a hacer algo

programándolo de una manera diferente. Así que decir que aibopet.com estaba

dando información sobre cómo enseñarle al perro a hacer trucos nuevos es igual

que decir que aibopet.como estaba dándoles información a los usuarios de Aibo



Cultura libre 176

sobre cómo hackear su perro-computadora para que hiciera trucos nuevos (de

ahí lo de aibohack.com).

Si no eres programador o no conoces a muchos programadores, la palabra

hacki tiene connotaciones particularmente siniestras. Los no programadores

cortan arbustos o malas hierbas. Pero para los programadores, o codificadores,

como yo los llamo, hack es un término mucho más positivo. Hack sólo significa

código que permite que el programa haga algo que originalmente no se

pretendía que hiciera, o que no podía hacer. Si compras una impresora nueva

para una computadora vieja, puede que te encuentres con que la computadora

vieja no reconoce la impresora. Si descubres esto, puede que más tarde te

alegres de descubrir un "hack" en la Red programado por alguien que ha escrito

un driver para permitirle a la computadora que opere la impresora que acabas de

comprarte.

Algunos hacks son fáciles. Algunos son increíblemente difíciles. A los

hackers como comunidad les gusta retarse entre sí y a gente de fuera a hacer

cosas cada vez más difíciles. Un cierto respeto acompaña al talento para

"hackear" bien. Un respeto ganado merecidamente acompaña al talento para

hackear éticamente.

El fan del Aibo estaba desplegando un poco de los dos cuando hackeó el

programa y le ofreció al mundo un pedazo de código que haría posible que el

Aibo bailara jazz. El perro no estaba programado para bailar jazz. Fue el

resultado de jugar inteligentemente con el código lo que convirtió al perro en

una criatura con más talentos que los que Sony le había dado.

He contado esta historia en muchos contextos, tanto dentro como fuera

de Estados Unidos. Una vez un desconcertado miembro del público me preguntó

si estaba permitido que un perro bailara jazz en los EE.UU. Se nos olvida que

historias de las zonas rurales más remotas recorren todavía el mundo. Así que

déjenme aclararles una cosa antes de continuar: (ya) no es un delito en ningún

i Es decir, cortar de tajo, con un hacha por ejemplo.



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sitio bailar jazz. Ni tampoco debería ser un delito (aunque no nos falta mucho

para llegar a eso) enseñarle a tu perro-robot a bailar jazz. Bailar jazz es una

actividad completamente legal. Uno se imagina que el dueño de aibopet.com

pensó: ¿Qué problema puede haber con enseñarle a un perro-robot a bailar?

Dejemos descansar al perro un instante, y dirijamos nuestra atención al

espectáculo de ponis--no literalmente un espectáculo de ponis, sino más bien a

una ponencia que un profesor de Princeton preparó para un congreso. Este

profesor de Princeton es muy conocido y respetado. El gobierno lo contrató en el

caso Microsoft para que comprobara la veracidad de las afirmaciones de

Microsoft acerca de lo que se podía hacer o no con su propio código. En ese

juicio demostró su brillantez y sangre fría. Sometido al fuerte acoso de Microsoft,

se mantuvo firme en sus conclusiones. No lo iban a intimidar para que se callara

acerca de algo que conoce muy bien.

Pero la valentía de Felten se puso de verdad a prueba en abril del 2001.

Junto a un grupo de colegas estaba trabajando en una ponencia que iban a

enviar a un congreso. El ensayo pretendía describir los puntos débiles en un

sistema de encriptación que la Iniciativa para la Música Digital Segura (SDMI en

inglés) estaba desarrollando como técnica para controlar la distribución de

música.

La coalición de la SDMI tenía como meta una tecnología que les permitiera

a los dueños de contenidos ejercer un control sobre sus contenidos mucho

mayor que lo que la Internet original les había concedido. Usando la

encriptación, la SDMI esperaba desarrollar un estándard que les permitiría a los

dueños de contenidos decir "esta música no se puede copiar" y lograr que una

computadora respetara esa orden. La tecnología iba a ser parte de un "sistema

fiable" de control que haría que los dueños de contenidos confiaran mucho más

en el sistema de Internet.

Cuando la SDMI pensó que estaba cerca de un estándard, organizó una

competición. A cambio de proporcionarles a los concursantes el código de una



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muestra de contenidos encriptados por la SDMI, los concursantes tenían que

intentar romperlo y, si lo hacían, informar de los problemas al consorcio.

Felten y su equipo se hicieron rápidamente una idea del sistema de

encriptado. Su equipo y él vieron las debilidades de este sistema como

pertenecientes a un tipo: muchos sistemas de encriptación sufrirían del mismo

fallo, y Felten y su equipo pensaron que valdría la pena señalar esto a los que

estudian la encriptación.

Repasemos lo que Felten estaba haciendo. Una vez más, esto son los

Estados Unidos. Tenemos un principio que defiende la libertad de expresión.

Tenemos este principio no sólo porque es la ley, sino porque es verdaderamente

una gran idea. Una tradición de libertad de expresión fuertemente protegida es

probable que dé pie a una amplia gama de discurso crítico. Este discurso es

probable, a su vez, que mejore los sistemas o la gente o las ideas criticadas.

Lo que Felten y sus colegas estaban haciendo era hacer público un

artículo describiendo los fallos de una tecnología. No estaban difundiendo música

gratis, o construyendo y desplegando esta tecnología. El artículo era una

ponencia académica, ininteligible para la mayoría de la gente. Pero mostraba

claramente la debilidad del sistema de la SDMI y las razones por las que la SDMI,

tal y como estaba constituida, no podría tener éxito.

Lo que une a estos dos, aibopet.com y Felten, es las cartas que

recibieron. Aibopet.com recibió una carta de Sony sobre el hack de aibopet.com.

Aunque un perro que baile jazz es perfectamente legal, Sony escribió:

Su sitio contiene información que proporciona los medios para burlar los

protocolos de protección del AIBO, lo que constituye una violación de las

disposiciones anti-ruptura de sistemas de protección de la Digital

Millenium Copyright Act.



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Y aunque una ponencia académica que describe las debilidades de un

sistema de encriptación debería ser también perfectamente legal, Felten recibió

una carta de un abogado de la RIAA que decía:

Cualquier revelación de información obtenida participando en el Reto

Público estaría fuera de la gama de actividades permitidas por el Acuerdo

y podría hacer que su equipo investigador y usted se sometieran a

acciones legales bajo la Digital Millenium Copyright Act ("DMCA").

En ambos casos, esta ley extrañamente Orwelliana era invocada para

controlar la difusión de información. La Digital Millenium Copyright Act (“Ley de

Copyright del Milenio Digital”) hacía que difundir esa información fuera un delito.

La DMCA fue promulgada como respuesta a los primeros miedos de los

dueños del copyright al ciberespacio. El miedo era a que el control del copyright

estuviera efectivamente muerto; la respuesta fue encontrar tecnologías que

pudieran compensar esto. Estas nuevas tecnologías serían tecnologías de

protección del copyright--tecnologías que controlarían la réplica y distribución de

materiales con copyright. Fueron diseñadas como código para modificar el código

de Internet, para reestablecer alguna protección para los dueños del copyright.

La DMCA era una creación legal con el objetivo de respaldar la protección

de este código diseñado para proteger materiales con copyright. Era, podríamos

decir, código legal que tenía el objetivo de afianzar código informático que en sí

mismo tenía el objetivo de apoyar el código legal del copyright.

Pero la DMCA no fue diseñada meramente para proteger obras con

copyright en la medida en que la ley del copyright las protegía. Su protección,

esto es, no terminaba en la línea que marcaba el copyright. La DMCA regulaba

dispositivos que estuvieran diseñados para saltarse medidas de protección del

copyright. Estaba diseñada para prohibir esos dispositivos, sin que importara si el

uso del material con copyright hecho posible por esa ruptura de la protección era

un violación del copyright.



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Aibopet.com y Felten lo dejaron claro. El hack de Aibo se saltaba un

sistema de protección de copyright con el propósito de permitir que el perro

bailara jazz. Hacer esto posible sin duda implicaba el uso de materiales con

copyright. Pero dado que el sitio aibopet.com era no comercial y que el uso no

hacía posibles violaciones subsecuentes del copyright, no hay duda de que el

hack de aibopet.com era uso justo de los materiales con copyright de Sony. Sin

embargo, el uso justo no es defensa contra la DMCA. La cuestión no es si el uso

de materiales con copyright era una violación del copyright. La cuestión era si se

había roto un sistema de protección de copyright.

La amenaza contra Felten era más leve, pero seguía la misma línea de

razonamiento. Al publicar un artículo describiendo cómo podía romperse un

sistema de protección de copyright, el abogado de la RIAA sugería que el mismo

Felten estaba distribuyendo una tecnología para la desactivación de

protecciones. Así, aunque él mismo no estaba violando el copyright de nadie, su

ponencia académica estaba haciendo posibles las violaciones de copyright por

parte de otros.

La extrañeza de estos argumentos queda capturada en un dibujo animado

hecho en 1981 por Paul Conrad. En ese año, un tribunal en California había

decidido que los reproductores de video deberían prohibirse porque eran una

tecnología que violaba el copyright: permitía que los consumidores copiaran

películas sin el permiso del dueño del copyright. Sin duda había usos de la

tecnología que eran legales: Fred Rogers, conocido como Mr. Rogers, por

ejemplo, había testificado en ese caso y afirmado que quería que la gente se

sintiera libre de grabar Mr. Rogers' Neighborhood.

Algunas emisoras públicas, igual que algunas emisoras comerciales,

programan el "Neighborhood" a horas a las que algunos niños no pueden

verlo. Creo que es un verdadero servicio para las familias permitirles que

graben esos programas y los muestren a un horario apropiado. Siempre

he pensado que con la llegada de toda esta nueva tecnología que permite



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que la gente grabe el "Neighborhood, y estoy hablando del

"Neighborhood" porque es lo que produzco, entonces la gente se volvería

mucho más activa en la programación del consumo familiar de la

televisión. Francamente, me opongo a que la gente sea programada por

otra gente. Todo mi acercamiento a la televisión siempre ha sido "eres

alguien importante siendo de la manera que eres. Puedes tomar

decisiones sanas". Quizás me estoy alargando, pero pienso que cualquier

cosa que le permita a una persona tener un control más activo de su vida,

de una forma sana, es importante23.

Aunque había usos que eran legales, debido a que había algunos usos que

eran ilegales, el tribunal decidió que las compañías que producían reproductores

de video eran responsables.

Esto llevó a que Conrad dibujara la tira cómica de abajo, que le podemos

aplicar a la DMCA.

Ninguno de mis argumentos puede superar esta imagen, pero déjenme que

lo intente.

Las disposiciones contra la ruptura de la protección instituidas por la DMCA

tomaban como objetivos las tecnologías anti-protección. Estas tecnologías

pueden usarse para fines diferentes. Pueden usarse, por ejemplo, para permitir

el pirateo masivo de materiales con copyright--un fin malo. O pueden usarse

para permitir el uso de determinados materiales con copyright de formas que se

considerarían uso justo--un fin bueno.

Una pistola puede usarse para dispararle a un policía o a un niño. La

mayoría estaría de acuerdo en que ese uso es malo. O una pistola puede usarse

para practicar el tiro al blanco o para protegerse de un intruso en casa. Al menos

algunos dirían que este uso sería bueno. Es también una tecnología que tiene

usos tanto buenos como malos.

La idea obvia de la viñeta de Conrad es señalar qué extraño es un mundo

en el que las pistolas son legales, a pesar del daño que pueden causar, mientras



Cultura libre 182

que los reproductores de video (y las tecnologías anti-protección) son ilegales.

¡Flash informativo! Nadie ha muerto nunca jamás por la violación del copyright.

Sin embargo, las leyes prohíben absolutamente las tecnologías anti-copia, a

pesar del potencial que tienen para producir algún bien, mientras que permite las

pistolas, a pesar de mal obvio y trágico que producen.

j

Los ejemplos del Aibo y la RIAA demuestran cómo los dueños del

copyright están cambiando el equilibrio que concede la ley del copyright. Usando

código, los dueños de copyright restringen el uso justo; usando la DMCA,

castigan a aquellos que intentarían evadir las restricciones al uso justo impuestas

mediante el código. La tecnología se convierte en un medio para eliminar el uso

justo; la ley de la DMCA respalda esta eliminación.

Así es como el código se convierte en ley. Los controles insertados en la

tecnología de protección de copia y acceso se convierten en reglas cuya violación

es también una violación de la ley. De esta forma, el código extiende la ley--

aumentando su regulación, incluso si el objeto que regula (actividades que se

considerarían de otra forma claramente uso justo) está más allá del alcance de la

ley. El código se convierte en ley; el código extiende la ley; el código así extiende

j Ejercicio de agudeza visual: "¿De cuál de estos dos productos han decidido los

tribunales que son responsables los fabricantes y vendedores por haber proporcionado

el equipo?"



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el control que efectúan los dueños de copyright--al menos para esos dueños de

copyright con abogados que saben escribir las cartas desagradables que

recibieron Felten y aibopet.com.

Hay un último aspecto de la interacción entre la arquitectura y la ley que

contribuye a la fuerza de la regulación del copyright. Es la facilidad con la que se

pueden detectar las violaciones de la ley. Porque contrariamente a la retórica

común durante el nacimiento del ciberespacio de que en Internet nadie sabe si

eres un perro, debido al cambio de la tecnología desplegada en Internet cada

vez es más es fácil encontrar al perro que ha cometido un delito. Las tecnologías

de Internet están abiertas a los espías tanto como a los que intercambian, y los

espías cada vez son mejores a la hora de rastrear la identidad de aquellos que

violan las reglas.

Por ejemplo, imagina que eres miembro de un club de fans de Star Trek.

Os reunís cada mes para intercambiar información trivial sobre la serie y quizá

para representar algún tipo de ficción de fans sobre el programa. Una persona

representaría a Spock, otra al Capitán Kirk. Los personajes podrían empezar con

una trama de la vida real y luego simplemente continuarla24.

Antes de Internet esto era, de hecho, una actividad totalmente sin

regular. Da igual lo que ocurriera dentro de la sede del club, la policía del

copyright nunca interferiría con vosotros. Erais libres en ese espacio para hacer

lo que quisierais con esa parte de nuestra cultura. Se os permitía basarse en ella

tanto como quisierais, sin miedo alguno al control legal.

Pero si movieras tu club a Internet, e hicieras posible de una forma

general que otros se unieran a él, la historia sería muy diferente. Bots

registrando la Red en busca de violaciones de los derechos de marca y de

copyright rápidamente encontrarían tu sitio. El que publicaras tu ficción de fan,

dependiendo del dueño de la serie que estás describiendo, podría muy bien

inspirar la amenaza de un abogado. E ignorar la amenaza del abogado sería de

hecho extremadamente costoso. La ley del copyright es extremadamente

eficiente. Las penas son severas, y el proceso es rápido.



Cultura libre 184

Este cambio en la fuerza efectiva de la ley está causado por un cambio en

la facilidad con la que la se puede hacer cumplir la ley. Ese cambio también

cambia el equilibrio de la ley drásticamente. Es como si tu coche transmitiera la

velocidad a la que viajas en todo momento en que conduces; eso sería sólo un

paso antes de que el estado empezara a imponer multas basándose en los datos

que tú transmites. Eso es lo que de hecho está ocurriendo aquí.



Mercado: Concentración

Así que la duración del copyright ha aumentado drásticamente--se ha triplicado

en los últimos treinta años. Y el radio de acción del copyright ha aumentado

también--de regular sólo a los editores a regular ahora a todo el mundo. Y el

alcance del copyright ha cambiado, cuando cada acto se convierte en una copia

y por tanto está presuntamente regulada. Y conforme los técnicos encuentran

formas mejores para controlar los usos de los contenidos, y conforme el

copyright se hace cumplir cada vez más por medio de la tecnología, la fuerza del

copyright también cambia. Los malos usos son más fáciles de encontrar y de

controlar. La regulación del proceso creativo, que comenzó como una minúscula

regulación gobernando una minúscula parte del mercado de las obras creativas,

se ha convertido en el regulador individual de creatividad más importante que

existe. Es una expansión masiva del radio de acción del control del gobierno

sobre la innovación y la creatividad; sería completamente irreconocible para

aquellos que dieron luz al control del copyright.

Y sin embargo, en mi opinión, todos estos cambios no importarían

demasiado si no fuera por un cambio más que también debemos considerar. Es

un cambio que en cierto sentido es el que resulta más familiar, aunque su

significación y magnitud no se comprenda bien. Es el cambio que precisamente

crea la razón para preocuparse por todos los otros cambios que he descrito.



Cultura libre 185

Se trata del cambio en la concentración e integración de los medios

audiovisuales. En los últimos veinte años, la naturaleza de la propiedad de los

medios ha sufrido una alteración radical, causada por cambios en las reglas

legales que gobiernan a los medios. Antes de que ocurriera este cambio, las

diferentes formas de medios audiovisuales eran propiedad de compañías

separadas. Ahora los medios son crecientemente propiedad de sólo un puñado

de compañías. De hecho, después de los cambios que la FCC promulgó en junio

del 2003, la mayoría esperaba que en unos pocos años viviríamos en un mundo

en el que sólo tres compañías controlarían más del 85% de los medios.

Estos cambios son de dos tipos: la magnitud de la concentración y su

naturaleza.

Los cambios de magnitud son los más fáciles de describir. Como el

senador John McCain resumió los datos ofrecidos en el estudio de la FCC de la

propiedad de los medios, "cinco compañías controlan el 85% de nuestras fuentes

mediáticas"25. Las cinco grandes discográficas (Universal, BMG, Sony, Warner y

EMI) controlan el 84.4% del mercado de los EE.UU.26 Las "cinco principales

compañías de cable difunden programación al 74% de los subscriptores de cable

en toda la nación"27.

La historia con la radio es todavía más drástica. Antes de la liberalización,

el conglomerado nacional de emisoras más grande del país poseía menos de

setenta y cinco emisoras. Hoy día una compañía posee más de 1.200 emisoras.

Durante este periodo de concentración el número total de propietarios de radio

descendió en un 34%. Hoy día, en la mayoría de los mercados, las dos emisoras

más grandes controlan el 74% de los ingresos de ese mercado. En conjunto, sólo

cuatro compañías controlan el 90% de todos los ingresos de publicidad del país.

La propiedad de los periódicos también se está concentrando. Hoy día hay

seiscientos diarios menos en los EE.UU. que hace ochenta años, y diez

compañías controlan la mitad de la circulación en todo el país. Hay veinte

editores de periódicos importantes en EE.UU. Los diez estudios de cine en lo alto

de la lista de ingresos reciben el 99%. Las diez compañías de cable más grandes



Cultura libre 186

obtienen el 85% de todo los ingresos del cable. Éste es un mercado que está

muy lejos de la prensa libre que los padres de la Constitución querían proteger.

De hecho, es un mercado que está muy bien protegido--por el mercado.

Por sí misma, la concentración en términos de tamaño es una cosa. El

cambio más odioso es la naturaleza de esa concentración. Como explicó James

Fallows en un reciente artículo sobre Rupert Murdoch:

Las compañías de Murdoch ahora constituyen un sistema de producción

sin paralelos en su nivel de integración. Suministra contenidos--las

películas de Fox, los programas de Fox TV [...], emisiones deportivas

controladas por Fox, más periódicos y libros. Venden estos contenidos al

público y a los anunciantes--en periódicos, en la red de emisoras de

televisión, en los canales de cable. Y operan el sistema de distribución

física por medio del cual los contenidos llegan a los clientes. Los sistemas

de satélites de Murdoch ahora distribuyen contenidos de News Corp. a

Europa y Asia; si Murdoch se convierte en el dueño individual más grande

de DirectTV, ese sistema servirá para la misma función en los Estados

Unidos28.

El patrón de Murdoch es el patrón de los medios modernos. No sólo

grandes compañías que poseen muchas emisoras de radio, sino unas pocas

compañías que poseen tantas formas de medios audiovisuales como sea posible.

Una imagen describe este patrón mejor que mil palabras:





Cultura libre 187

¿Importa esta concentración? ¿Afectará a lo que se produce o a cómo se

distribuye? ¿O es meramente una manera más eficiente de producir y distribuir

contenidos?

Mi opinión era que esta concentración no importaba. Pensaba que no era

más que una estructura financiera más eficiente. Pero ahora, después de leer y

escuchar a la avalancha de creadores intentando convencerme de lo contrario,

estoy empezando a cambiar de opinión.

He aquí una historia representativa que empieza a sugerir cómo esta

integración puede que importe.

En 1969, Norman Lear creó un episodio piloto para All in the Family. Le

llevó el piloto a la ABC. A la emisora no le gustó. Demasiado avanzado y

atrevido, le dijeron. Hazlo otra vez. Lear hizo un segundo piloto, más avanzado y

atrevido que el primero. La ABC estaba exasperada. No te enteras, le dijeron a

Lear. Lo querían menos atrevido, no más.

En vez de someterse, Lear sencillamente se llevó el programa a otra

parte. La CBS se alegró de poder emitir la serie; la ABC no pudo impedir que

Lear se marchara. Los copyrights que poseía Lear le garantizaban la

independencia del control de la emisora29.

La emisora no poseía esos copyrights debido a que la ley prohibía que las

emisoras controlaran el contenido que sindicaban. La ley exigía la separación

entre las emisoras y las productoras de contenidos; esa separación garantizaba

la libertad de Lear. Y en una fecha tan tardía como 1992, debido a estas reglas,

la inmensa mayoría de la televisión en el horario de máxima audiencia--el 75%--

era "independiente" de las emisoras.

En 1994 la FCC abandonó las reglas que exigían esta independencia.

Después de ese cambio, las emisoras rápidamente cambiaron el equilibrio que

había. En 1985 había veinticinco productoras independientes de televisión; en

2002 sólo quedaban cinco. "En 1992 sólo el 15% de las series nuevas eran

producidas para una emisora por una compañía bajo su control. El año pasado el



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porcentaje de programas producidos por compañías controladas se quintuplicó

hasta llegar al 77%". "En 1992 se produjeron 16 nuevas series

independientemente del control de los conglomerados mediáticos, el año pasado

hubo una"30. En 2002 el 75% de la televisión en horario de máxima audiencia

era propiedad de las emisoras que la distribuían. "En el periodo de diez años

entre 1992 y 2002 el número de horas de televisión en horario de máxima

audiencia producidas por los estudios de las emisoras aumentó en un 200%,

mientras que las horas de televisión para el mismo horario producidas por

estudios independientes disminuyó en un 63%"31.

Hoy, otro Norman Lear con otra All in the Family se encontraría con la

elección entre hacer el programa menos atrevido o ser despedido: los contenidos

de cualquier programa desarrollado para una emisora es cada vez más propiedad

de la emisora.

Mientras que el número de canales se ha incrementado drásticamente, la

propiedad de esos canales se ha reducido a unos pocos que cada vez son

menos. Como Barry Diller le dijo a Bill Moyers:

Bueno, si tienes compañías que producen, que financian, que emiten en

su canal y luego distribuyen en todo el mundo todo lo que pasa por el

sistema de distribución que tienen bajo su control, entonces lo que tienes

es cada vez menos voces de verdad participando en el proceso. Solíamos

tener docenas y docenas de prósperas productoras independientes que

producían programas de televisión. Ahora tienes menos de un puñado32.

Esta reducción ha tenido un efecto sobre lo que se produce. El producto

de emisoras de televisión tan grandes y concentradas es cada vez más

homogéneo. Cada vez más seguro. Cada vez más estéril. El producto de los

programas informativos de las grandes emisoras está cada vez más adaptado al

mensaje que la emisora quiere transmitir. Esto no es que sea el partido

comunista, aunque desde dentro se debe sentir un poco como el partido



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comunista. Nadie puede cuestionar nada sin arriesgarse a que haya

consecuencias--no necesariamente el exilio en Siberia, pero un castigo no

obstante. Opiniones independientes, críticas, diferentes son aplastadas. Éste no

es el medio ambiente de una democracia.

La misma economía ofrece un paralelismo que explica por qué esta

integración afecta a la creatividad. Clay Christensen ha escrito sobre el "Dilema

del Innovador": el hecho de que las grandes empresas tradicionales encuentran

que es racional ignorar nuevas tecnologías de vanguardia que compiten con sus

negocios principales. El mismo análisis podría ayudar a explicar por qué las

grandes compañías tradicionales de medios audiovisuales encuentran racional el

ignorar nuevas tendencias culturales33. No es sólo que los gigantes torpes no

pueden salir corriendo, es que no deberían hacerlo. Sin embargo, si el campo

está abierto sólo a los gigantes, habrá demasiadas pocas carreras.

No creo que sepamos bastante sobre la economía del mercado de los

medios como para afirmar con certeza lo que harán la concentración y la

integración. Los aspectos en que son eficientes son importantes, y el efecto

sobre la cultura es difícil de medir.

Pero hay un ejemplo que es quintaesencialmente obvio y que sugiere

convincentemente que hay motivos para preocuparse.

Además de las guerras del copyright, estamos en mitad de las guerras

contra la droga. La política del Gobierno está fuertemente dirigida contra los

cárteles de la droga; los tribunales criminales y civiles están llenos de las

consecuencias de este debate.

Déjenme por tanto que me descalifique yo mismo a la hora de conseguir

un posible nombramiento para cualquier puesto en el gobierno al decir que creo

que esta guerra es un profundo error. No estoy a favor de las drogas. De hecho,

vengo de una familia destruida una vez por las drogas--aunque las drogas que

destruyeron a mi familia eran todas legales. Creo que esta guerra es un profundo

error porque los daños colaterales resultantes son tan grandes como para hacer

que esta guerra sea una locura. Cuando sumas las cargas para el sistema



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criminal de justicia, la desesperación de generaciones de chavales cuya única

oportunidad económica real es como soldados de la droga, la corrupción de las

protecciones constitucionales debida a la vigilancia constante que exige esta

guerra, y, de un modo más importante, la destrucción total de los sistemas

legales de muchos países sudamericanos debido al poder de los cárteles locales

de las drogas, me resulta imposible creer que el beneficio marginal de una

reducción en el consumo de drogas por parte de los estadounidenses pueda

superar estos costes.

Quizá no estés de acuerdo. No pasa nada. Vivimos en una democracia, y

escogemos la política a desarrollar por medio de los votos. Pero para hacer eso

dependemos fundamentalmente de la prensa para ayudar a informar a los

estadounidenses sobre estas cuestiones.

En 1998 la Oficina de la Política para el Control Nacional de la Droga lanzó

una campaña mediática como parte de la "guerra contra la droga". La campaña

produjo decenas de cortos cinematográficos sobre temas relacionados con las

drogas ilegales. En una serie (la serie de Nick y Norm) dos hombres están en un

bar, discutiendo la idea de legalizar las drogas como una forma de evitar algunos

de los daños colaterales de esa guerra. Uno avanza un argumento en favor de la

legalización de las drogas. El otro responde de una forma convincente y efectiva

en contra del argumento del primero. Al final, el primer tipo cambia de idea (ah,

esto es la tele). El fondo del anuncio es un ataque irrecusable contra la campaña

a favor de la legalización.

De acuerdo. Es un buen anuncio. No demasiado engañoso. Transmite bien

su mensaje. Es un mensaje justo y razonable.

Pero digamos que piensas que es un mensaje equivocado y que te

gustaría emitir un anuncio en contra. Digamos que quieres emitir una serie de

anuncios que tratan de demostrar los daños colaterales extraordinarios que

resultan de la guerra contra las drogas. ¿Puedes hacerlo?

Bueno, obviamente, estos anuncios cuestan mucho dinero. Asumamos

que reúnes ese dinero. Asumamos que un grupo de ciudadanos preocupados



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dona todo el dinero del mundo para ayudarte a que transmitas tu mensaje.

¿Puedes estar seguro de que entonces se escuchara tu mensaje?

No. No puedes. Las emisoras de televisión tienen la política general de

evitar anuncios "polémicos". Los anuncios patrocinados por el gobierno se

consideran no polémicos; los anuncios que discrepan del gobierno son

polémicos. Esta selectividad puede pensarse que está en desacuerdo con la

Primera Enmienda, pero el Tribunal Supremo ha decidido que las emisoras tienen

derecho a escoger lo que emiten. Así, los mayores canales de los medios

comerciales le negaran a una de las partes en este debate la oportunidad de

presentar su punto de vista. Y los tribunales defenderán los derechos de las

emisoras a ser parciales34.

Yo también estaría contento de defender los derechos de las emisoras--si

viviera en un mercado mediático que fuera verdaderamente diverso. Pero la

concentración de los medios hace dudar de que esa condición se cumpla. Si un

puñado de compañías controla el acceso a los medios, y si ese puñado de

compañías decide qué posiciones políticas va a permitir que se promuevan en

sus canales, entonces la concentración importa de una manera obvia e

importante. Puede que te guste la postura que escoge este puñado de

compañías. Pero no debería gustarte un mundo en el que meramente unos

pocos logran decidir de qué temas los demás vamos a lograr enterarnos.

(Cont.)