miércoles, 25 de enero de 2012

CULTURA LIBRE-CAPÍTULO SIETE: Grabadoras





JON ELSE ES cineasta. Se le conoce principalmente por sus documentales y ha

tenido mucho éxito a la hora de difundir su arte. También es profesor, y ya que

soy profesor yo mismo, le tengo envidia por la lealtad y admiración que sus

estudiantes sienten por él. (Conocí por casualidad a dos de sus estudiantes

durante una cena. Era su dios).

Else trabajaba en un documental en el que yo también estaba

involucrado. Durante un descanso, me contó una historia sobre la libertad para

crear en los EE.UU. de hoy día.

En 1990, Else estaba trabajando en un documental sobre la Tetralogía del

Anillo de Richard Wagner. El centro de atención era los tramoyistas de la Ópera

de San Francisco. Los tramoyistas son un elemento particularmente divertido y

pintoresco en una ópera. Durante el espectáculo, se cuelgan debajo del

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escenario en la sala de grúas y en la galería de focos. Proporcionan un contraste

perfecto al arte desplegado sobre el escenario.

Durante uno de estas representaciones, Else estaba rodando a unos

cuantos tramoyistas jugando a las damas. En un rincón de la sala había un

televisor. En la pantalla, mientras los tramoyistas jugaban a las damas y la

compañía de ópera cantaba a Wagner, estaban Los Simpsons. En opinión de

Else, este toque de dibujos animados ayudaba a capturar el sabor de todo lo que

hacía de la escena algo especial.

Años más tarde, cuando finalmente consiguió financiación para terminar la

película, Else intentó obtener los derechos de esos pocos segundos de Los

Simpsons. Porque, por supuesto, esos pocos segundos tienen copyright; y, por

supuesto, para usar materiales con copyright necesitas el permiso de los dueños

del copyright, a menos que se pueda aplicar el "uso justo" o algún otro privilegio.

Else llamó a la oficina de Matt Groening, el creador de Los Simpsons, para

obtener este permiso. Groening aprobó la toma. La toma era una imagen de

cuatro segundos y medio de un minúsculo televisor en el rincón de una

habitación. ¿Qué daño podía hacer? Groening estaba contento de que saliera en

la película, pero le dijo a Else que contactara a Gracie Films, la compañía que

produce el programa.

Gracie Films también estuvo de acuerdo, pero, como Groening, querían

tener cuidado. Así que le dijeron a Else que contactara a la Fox, la casa matriz de

Gracie. Else llamó a la Fox y les contó sobre el segmento de video que aparecía

el rincón de una habitación durante la película. Matt Groening ya había dado

permiso, dijo Else. Quería solamente confirmar ese permiso con la Fox.

Entonces, como me contó Else, "pasaron dos cosas. La primera es que

descubrimos [...] que Matt Groening no es el dueño de su propia creación--o al

menos que alguien [en la Fox] cree que no es el dueño de su propia creación". Y

segundo, la Fox "quería que pagáramos una licencia de diez mil dólares para

poder usar estos cuatro segundos y medio de [...] estos Simpsons que nadie

había pedido y que aparecían en una esquina de la toma".

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Else estaba seguro de que era un error. Consiguió llegar hasta alguien que

creía que era el vicepresidente para las licencias, Rebecca Herrera. Le explicó

que "aquí debe haber algún error. [...] Estamos pidiendo la tarifa para fines

educativos". Ésa era la tarifa para esos fines, le respondió Herrera a Else. Un día

o dos más tarde, Else volvió a llamar para confirmar lo que le habían dicho.

"Quería asegurarme de que me había enterado bien", me contó. "Sí, se ha

enterado bien", dijo ella. Le costaría diez mil dólares poder usar un segmento de

Los Simpsons en la esquina de una toma en un documental sobre la Tetralogía

del Anillo de Wagner. Y luego, sorprendentemente, Herrera le dijo a Else: "Y si

repite mis palabras, le enviaré a mis abogados". Como más tarde un ayudante de

Herrera le dijo a Else: "No les importa un carajo. Lo único que quieren es

dinero".

Else no tenía el dinero para comprar el derecho a re-emitir lo que se

estaba emitiendo en la televisión en los bastidores de la Ópera de San Francisco.

Reproducir esta realidad estaba más allá del presupuesto del director. En el

último momento antes de que se estrenara la película, Else sustituyó

digitalmente la toma con un clip de The Day After Trinity, una película en la que

había trabajado diez años antes.

NO HAY DUDA que alguien, ya sea Matt Groening o la Fox, es propietaria del

copyright de Los Simpsons. Ese copyright es propiedad suya. Así que para usar

ese material con copyright se necesita a veces el permiso del dueño del

copyright. Si el uso que Else quería hacer del copyright de Los Simpons fuera

uno de los usos restringidos por la ley, entonces tendría que obtener el permiso

del dueño del copyright antes de poder usar la obra de esa manera. Y en un

mercado libre, es el dueño del copyright quien decide el precio de cualquier uso

sobre el que tiene control según las leyes.

Por ejemplo, la "emisión pública" es un uso de Los Simpsons sobre el que

tiene control el dueño del copyright. Si escoges tus episodios favoritos, alquilas

un cine y vendes entradas para "Mis Simpsons favoritos", entonces tienes que

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obtener permiso del dueño del copyright. Y el dueño del copyright

(correctamente, en mi opinión) puede cobrarte lo que quiera--diez dólares o un

millón de dólares. Es su derecho, como fija la ley.

Pero cuando los abogados oyen esta historia sobre Jon Else y la Fox lo

primero que piensan es "uso justo"1. El uso que Else hace de cuatro segundos y

medio de una toma indirecta de un episodio de Los Simpsons es con claridad un

uso justo de Los Simpsons--y el uso justo no requiere el permiso de nadie.

Así que le pregunte a Else porque no se basó simplemente en el "uso

justo". He aquí su respuesta:

El fiasco con Los Simpsons fue una gran lección para mí sobre el abismo

entre lo que les parece irrelevante a los abogados en la teoría, y lo que es

relevante en un sentido destructivo en la práctica para aquellos de

nosotros que de verdad tenemos que hacer y emitir documentales.

1. Antes de que nuestras películas puedan emitirse, la emisora exige que

compremos una poliza de seguro de Errores y Omisiones. Las

aseguradoras exigen una detallada "lista de entradas visuales" que incluya

la fuente y el estatus de las licencias para cada toma de la película. Tienen

una opinión poco favorable del "uso justo", y una declaración de "uso

justo" puede hacer que se detenga por completo el proceso de solicitud.

2. En primer lugar, probablemente nunca debería haberle preguntado a

Matt Groening. Pero sabía (al menos por el folklore de la industria) que la

Fox tenía una historia de rastrear e impedir el uso de Los Simpsons sin

licencia, de la misma forma que George Lucas tomó un papel muy

prominente en los litigios contra los usos de Starwars. Así que decidí jugar

según las reglas, pensando que me concederían una licencia gratuita o no

muy cara por cuatro segundos de Los Simpsons. Como productor de

documentales trabajando con cuatro cuartos hasta el agotamiento, lo

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último que quería era arriesgarme a tener líos legales, incluso aunque

fueran un pequeño incordio, incluso aunque fueran por defender un

principio.

3. De hecho, sí que hablé con uno de tus colegas en la facultad de

derecho de Stanford [...] que me confirmó que era uso justo. También me

confirmó que la Fox "declarará y pleiteará contra ti hasta tu muerte", sin

que importaran los méritos de mi posición. Me aclaró que todo terminaría

por ser cosa de ver quién tenía el equipo legal más grande y los bolsillos

más llenos, si ellos o yo.

4. La cuestión del uso justo habitualmente aparece al final del proyecto,

cuando tenemos una fecha límite para el estreno y estamos sin dinero.

En teoría, el uso justo significa que no necesitas permiso. La teoría, por

tanto, apoya la cultura libre y la protege aislándola de una cultura del permiso.

Pero en la práctica el uso justo funciona de una forma muy diferente. Los límites

borrosos de la ley, unidos a las extraordinarias responsabilidades legales si se

cruzan estos límites, significa que el uso justo efectivo es algo muy reducido para

muchos creadores. La ley tiene el fin correcto; la práctica ha derrotado a este fin.

Esta práctica muestra cuánto se han alejado las leyes de sus raíces en el

siglo XVIII. Las leyes nacieron para proteger los beneficios de los editores de la

competición desleal de los piratas. Se ha convertido en una espada que interfiere

con cualquier uso, transformador del original o no.



(Cont.)