lunes, 23 de enero de 2012

CULTURA LIBRE - CAPÍTULO DOS: Meros copistas





EN 1839, LOUIS Daguerre inventó la primera tecnología práctica para producir lo

que hoy llamamos "fotografías". De un modo perfectamente apropiado, se

llamaban "daguerrotipos". El proceso era complicado y caro, y el campo estaba

por tanto limitado a profesionales y a unos pocos aficionados ricos y fervorosos.

(Había incluso una Sociedad Estadounidense de Daguerre que ayudaba a regular

la industria, del mismo modo que lo hacen todas las asociaciones semejantes,

manteniendo la competencia en lo mínimo para mantener bien altos los precios).

Sin embargo, a pesar de los precios altos, la demanda de daguerrotipos

era fuerte. Esto animó a los inventores a encontrar formas más sencillas y

baratas de producir "imágenes automáticas". William Talbot pronto descubrió un

proceso para hacer "negativos". Pero debido a que los negativos eran de cristal y

tenían que estar siempre húmedos, el proceso era todavía caro y engorroso. En



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los setenta se desarrollaron placas secas, facilitando el separar la toma de

fotografías del revelado. Había aún placas de cristal, y por tanto no era todavía

un proceso al alcance de los aficionados.

El cambio tecnológico que hizo posible la fotografía como fenómeno de

masas no ocurrió hasta 1888, y fue obra de un solo hombre. George Eastman, él

mismo fotógrafo aficionado, estaba frustrado con la tecnología de placas para

tomar fotografías. En un fogonazo (digámoslo así) de genialidad, Eastman vio

que si se podía lograr que la película fuese flexible, podía quedar sujeta en torno

a un solo eje. Ese rollo podía ser enviado más tarde a un estudio de revelado, lo

cual disminuiría sustancialmente los costes de la fotografía. Bajando los costes

Eastman esperaba que pudiera ampliar drásticamente la población de fotógrafos.

Eastman desarrolló películas flexibles hechas de papel bañado en una

emulsión y lo colocó en pequeños rollos en cámaras pequeñas y sencillas: la

Kodak. El aparato se lanzó al mercado enfatizando su sencillez de uso. "Apriete

un botón y nosotros haremos todo lo demás". Tal y como rezaba la descripción

en Kodak para principiantes:

El principio del sistema de Kodak es la separación del trabajo que

cualquier persona puede hacer al tomar una foto y el trabajo que sólo un

experto puede hacer. [...] Nosotros le proporcionamos a cualquiera,

hombre, mujer o niño, que tenga la suficiente inteligencia para apuntar

una caja directamente a algo y después apretar un botón, un instrumento

que elimina por completo de la práctica de la fotografía la necesidad de

instalaciones excepcionales o, de hecho, cualquier conocimiento especial

para este arte. Puede usarse sin ningún estudio previo, sin un cuarto

oscuro y sin productos químicos.

Por veinticinco dólares cualquiera podía hacer fotos. La cámara venía ya

cargada con la película, y cuando se había usado se devolvía a una fábrica

Eastman, donde se revelaba. Con el tiempo, por supuesto, se mejoraron tanto el



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coste de la cámara como la facilidad con la que podía usarse. La película de rollo

se convirtió, por tanto, en la base de la explosión en el crecimiento de la

fotografía popular. La cámara de Eastman salió a la venta por primera vez en

1888; un año más tarde, Kodak estaba pasando al papel más de seis mil

negativos al día. Entre 1888 y 1909, mientras que la producción industrial crecía

al 4.7%, las ventas de equipo y material fotográfico lo hicieron al 11%3. Las

ventas de la Kodak durante el mismo periodo experimentaron un incremento

medio anual de más del 17%4.

La importancia real del invento de Eastman, sin embargo, no era

económica. Era social. La fotografía profesional permitía que los individuos

vislumbraran lugares que no verían de otras formas. La fotografía amateur les

daba la capacidad de registrar sus propias vidas de una manera en la que no

podían haberlo hecho antes. Como Brian Coe apunta: " Por primera vez, el album

de fotos le daba a la persona de la calle el registro permanente de su familia y

sus actividades. [...] Por primera vez en la historia hay un verdadero registro

visual de la apariencia y las actividades de las personas normales sin ninguna

interpretación [literaria] ni tendenciosidad"5.

De este modo, las cámaras y películas Kodak eran tecnologías de

expresión. El lápiz o el pincel eran también tecnologías de expresión, por

supuesto. Pero se necesitaban años de aprendizaje hasta que los aficionados

pudieran usarlos de una forma que fuera útil o efectiva. Con la Kodak, la

expresión era posible mucho antes y de una forma mucho más sencilla. Se bajó

la barrera de la expresión. Los snobs podían desdeñar su "calidad"; los

profesionales podían descartarla por irrelevante. Pero mira a un niño estudiando

la mejor manera de encuadrar una foto y te harás una idea del sentido de

creatividad que la Kodak permitió. Los instrumentos democráticos le dan a la

gente corriente una forma de expresarse de una forma mucho más fácil que

cualquiera de los instrumentos que había antes.

¿Qué hacía falta para que esta tecnología floreciese? Obviamente, el genio

creador de Eastman fue una parte importante. Pero también fue importante el



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entorno legal en el que creció el invento de Eastman. Porque muy temprano en

la historia de la fotografía, hubo una serie de decisiones judiciales que podrían

haber cambiado sustancialmente el camino de la fotografía. A los tribunales les

preguntaron si el fotógrafo, aficionado o profesional, necesitaba permiso antes

de que pudiera capturar e imprimir cualquier imagen que quisiera. La respuesta

fue que no6.

Estos argumentos a favor de exigir permiso nos sonarán

sorprendentemente familiares. El fotógrafo estaba "tomando" algo de la persona

o el edificio al que le hacía la fotografía--pirateando algo de valor. Algunos hasta

pensaban que estaba tomando el alma del objeto fotografiado. Igual que Disney

no era libre de tomar los lápices que sus animadores usaban para dibujar a

Mickey, estos fotógrafos tampoco tenían la libertad de tomar imágenes que

consideraran con valor.

En el otro bando tenemos un argumento que también nos debería resultar

familiar. Sí, por supuesto, claro que se usaba algo con valor. Pero los ciudadanos

deberían tener la libertad de capturar al menos esas imágenes que están a la

vista del público. (Louis Brandeis, quien llegaría a ser juez del Tribunal Supremo,

pensaba que esta regla debería ser distinta para imágenes en espacios

privados7). Puede ser que el fotógrafo consiga algo a cambio de nada. Pero del

mismo modo que Disney podía inspirarse en Steamboat Bill, Jr. o en los

hermanos Grimm, el fotógrafo debería tener la libertad de capturar una imagen

sin compensar a la fuente.

Afortunadamente para Eastman, y para la fotografía en general, estas

decisiones tempranas fueron a favor de los piratas. En general, no se exigiría

ningún permiso antes de atrapar una imagen y compartirla con otros. El permiso,

por contra, se presuponía. La libertad era la opción por defecto. (Esta ley

acabaría diseñando una excepción para los famosos: los fotógrafos comerciales

que toman instantáneas de famosos con propósitos comerciales tienen más

restricciones que el resto de nosotros. Pero habitualmente la imagen puede

tomarse sin pagar derechos por hacerlo8).





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Solamente podemos especular sobre la dirección que habría tomado la

fotografía si las leyes se hubieran inclinado del otro lado. Si la suposición general

hubiera sido en contra del fotógrafo, entonces el fotógrafo tendría que haber

demostrado que tenía permiso. Quizá Eastman Kodak también habría tenido que

demostrar que tenía permiso antes de revelar la película en la que estaban

capturadas esas imágenes. Después de todo, si no se había dado permiso,

entonces Eastman Kodak se estaría beneficiando del "robo" cometido por el

fotógrafo. Del mismo modo que Napster se beneficiaba cada vez que sus

usuarios violaban el copyright, Kodak se estaría beneficiando de las violaciones

del "image-right" por parte de sus fotógrafos. Podemos imaginarnos a las leyes

exigiendo entonces demostrar que se estaba en posesión de algún tipo de

permiso antes de que la compañía revelara las fotografías. Podemos imaginarnos

el desarrollo de un sistema para demostrar ese permiso.

Pero aunque podemos imaginarnos este sistema de permiso, sería muy

difícil ver de qué manera la fotografía podría haber florecido como lo ha hecho si

este requisito del permiso se hubiera inscrito en las reglas que la gobernaban.

Habría habido fotografía. Su importancia habría crecido con el tiempo. Los

profesionales habrían seguido usando la tecnología de la misma forma en la que

lo hacían--ya que los profesionales podrían haber soportado mejor las cargas del

sistema de permisos. Pero la difusión de la fotografía a la gente corriente nunca

habría tenido lugar. Y, ciertamente, nada parecido a ese crecimiento de una

tecnología democrática de expresión habría tenido lugar.

SI ATRAVIESAS CONDUCIENDO el Presidio de San Francisco, puede que veas

dos autobuses de amarillo brillante sobre el que están pintadas sorprendentes

imágenes llenas de color y el logo "¡Sólo piensa!" en lugar del nombre de la

escuela. Pero poco hay que "sólo" sea cerebral en los proyectos hechos posibles

por esos autobuses. Estos autobuses están llenos de tecnologías que enseñan a

los niños a jugar con películas, toqueteándolas, mirándolas, curioseándolas,

modificándolas. No son las películas de Eastman. Ni siquiera las películas de tu



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reproductor de video. Más bien la "pelicula" de las cámaras digitales. Just Think!

es un proyecto que permite que los niños hagan películas, como forma de

entender y criticar la cultura cinematográfica que los rodea por todos lados. Cada

año estos autobuses viajan a más de treinta escuelas y permiten que entre

trescientos y quinientos niños aprendan algo sobre los medios haciendo algo con

los medios. Haciendo piensan. Jugando aprenden.

Estos autobuses no son baratos, pero la tecnología que llevan lo es cada

vez más. El coste de un sistema de video de alta calidad ha caído drásticamente.

Como explica un analista: "Hace cinco años, un sistema de edición de video

realmente bueno costaba 25.000 dólares. Hoy puedes lograr calidad profesional

por 595"9. Estos autobuses están llenos de tecnología que habría costado cientos

de miles de dólares hace sólo diez años. Y ahora es factible imaginarse no

solamente autobuses como éstos, sino aulas por todo el país en las que los

chavales aprendan cada vez más acerca de algo que los maestros llaman

"alfabetismo mediático".

El "alfabetismo mediático", tal y como lo define Dave Yanofsky, director

ejecutivo de Just Think!, "es la capacidad [...] para entender, analizar y

deconstruir las imágenes de los medios. Su meta es alfabetizar [a los chavales]

acerca de la manera en la que funcionan los medios, la forma en la que se

construyen, la forma en la que se distribuyen, y la forma en la que la gente

accede a ellos".

Puede parecer que ésta es una manera extraña de pensar sobre la

"alfabetización". Para la mayoría de la gente, la alfabetización consiste en leer y

escribir. Faulkner y Hemingway y los análisis sintácticos son las cosas que sabe

la gente que ha sido "alfabetizada".

Quizás sí. Pero en un mundo en el que los niños ven, de media, 390 horas

de anuncios en la televisión al año, o entre 20.000 y 45.000 anuncios en

general10, es cada vez más importante entender la "gramática" de los medios.

Porque igual que hay una gramática para la palabra escrita, hay también una

para los medios. Y de la misma manera que los niños aprenden a escribir



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precisamente escribiendo una enorme cantidad de prosa horrible, los niños

aprender a escribir los medios construyendo una gran cantidad de (al menos al

principio) productos mediáticos horribles.

Un campo creciente de investigadores universitarios y activistas ve esta

forma de alfabetización como algo crucial para la próxima generación de nuestra

cultura. Porque aunque cualquiera que ha escrito comprende qué difícil es

escribir--qué difícil es darle un ritmo a la historia, conservar la atención del

lector, crear un lenguaje que se entienda--pocos de nosotros comprendemos

verdaderamente lo difícil que son los medios audiovisuales. O, de un modo más

fundamental, pocos de nosotros comprendemos cómo funcionan los medios,

cómo conservan a su público o lo guían a través de una historia, cómo provocan

emociones o construyen el suspense.

El cine tardó una generación en poder hacer bien todas estas cosas. Pero

incluso entonces el saber estaba en filmar, no en escribir cómo se filmaba. La

capacidad venía de experimentar la filmación de una película, no de leer un libro

sobre el tema. Uno aprende a escribir escribiendo y después reflexiona sobre lo

que ha escrito. Uno aprende a escribir con imágenes haciéndolas y luego

reflexionando sobre lo que ha creado.

Esta gramática ha cambiado conforme los medios audiovisuales han

cambiado. Cuando consistían solamente en el cine, como Elizabeth Daley,

directora ejecutiva del Centro Annenberg para los Medios de la Universidad del

Sur de California y decana de la Escuela de Cine-Televisión de la USC, me

explicó, la gramática trataba "de cómo colocar los objetos, del color, [...] del

ritmo, el avance de la acción, y la textura"11. Pero cuando los ordenadores

abrieron un espacio interactivo en el que una historia "se juega" tanto como se

experimenta, esa gramática cambió. El mero control de la narración se pierde, y

se precisan otras técnicas. Michael Crichton se había convertido en un maestro

de las técnicas narrativas de la ciencia ficción, pero cuando intentó diseñar un

videojuego basado en una de sus obras, tuvo que aprender todo un nuevo oficio.



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Cómo guiar a la gente a lo largo de un juego sin que sientan que la están

guiando no era algo obvio, incluso para un autor de extraordinario éxito12.

Esta habilidad técnica es precisamente lo que aprende un cineasta. Tal y

como lo describe Daley: "la gente se sorprendería si supiera cómo la guían a lo

largo de una película. Está perfectamente construida para evitar que lo veas, así

que no tienes ni idea. Si un director tiene éxito en esto no sabes de qué manera

te ha guiado". Si sabes que te están guiando en una película, la película es un

fracaso.

Sin embargo, la presión a favor de una alfabetización más extendida--una

que vaya más allá de los libros de texto para incluir elementos audiovisuales--no

tiene nada que ver con hacer mejores directores. La meta no es en absoluto

mejorar la profesión de cineasta. Por contra, como explica Daley:

Desde mi punto de vista, probablemente la brecha digital más importante

no es el acceso a una caja. Es la capacidad de recibir poder del lenguaje

con el que esa caja funciona. Si no, solamente un puñado de gente puede

escribir con este lenguaje, y todos los demás quedamos reducidos a

meros lectores.

"Meros lectores". Receptores pasivos de una cultura producida por otros.

Homer Simpsons atados al televisor. Consumidores. Éste es el mundo de los

medios legado por el siglo XX.

El siglo XXI podría ser diferente. Éste es el punto fundamental. Podría ser

un mundo tanto de escritores como de lectores (y no hablo sólo de textos

escritos). O al menos de lectores que entienden mejor el oficio de escribir. O

mejor todavía, de lectores que comprenden la forma en la que los instrumentos

permiten a alguien guiarnos por el buen o el mal camino. La meta de cualquier

alfabetización, y de esta alfabetización en particular, es "darle poder a la gente

para que escoja el lenguaje más apropiado para lo que necesita crear o



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expresar"13. Es darle la capacidad a los estudiantes para que "se comuniquen en

el lenguaje del siglo XXI"14.

Como con cualquier lenguaje, este lenguaje les resulta más fácil a unos

que a otros. No les resulta necesariamente más fácil a los que triunfan con el

lenguaje escrito. Daley y Stephanie Barish, directora del Instituto para la

Alfabetización Multimedia del Centro Annenberg, describen un ejemplo

particularmente conmovedor de un proyecto que llevaron a cabo en una escuela

secundaria. Este instituto era un instituto muy pobre del centro deprimido de Los

Ángeles. Según todos los indicadores tradicionales, este instituto era un fracaso.

Pero Daley y Barish llevaron a cabo un programa que les daba a los chavales la

oportunidad de usar el cine para expresarse sobre algo de lo que los estudiantes

sabían algo--la violencia con armas de fuego.

La clase tenía lugar los viernes por la tarde y creó un problema

relativamente nuevo para el centro. Mientras que el reto en la mayoría de las

clases era conseguir que los chavales vinieran, el reto en esta clase era que se

quedasen fuera. Los "muchachos empezaban a llegar a las seis de la mañana y

se marchaban a las cinco de la tarde", según Barish. Estaban trabajando más

que en ninguna otra clase para hacer aquello en lo que debería consistir la

educación--aprender a expresarse.

Usando cualquier "material libre con el que pudieran dar en Internet", y

herramientas relativamente simples para permitir que los chavales mezclaran

"imagen, sonido y texto", según Barish esta clase produjo una serie de proyectos

que mostraban algo sobre este tipo de violencia que pocos entenderían de otra

manera. Esto era un tema muy cercano a las vidas de estos estudiantes. El

proyecto "les dio un instrumento y les permitió tener la capacidad para

entenderlo y hablar sobre él", explica Barish. Ese instrumento tuvo éxito a la

hora de producir una expresión--mucho más éxito y de una forma mucho más

convincente que si lo hubieran creado sólo con texto. "Si les hubieras dicho a

esos estudiantes 'tienen que hacerlo con texto', simplemente habrían pasado del

tema y habrían ido y hecho otra cosa", como describe Barish, en parte, sin duda,



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porque expresarse por medio de textos no es algo que a estos estudiantes se les

dé muy bien. Ni tampoco son los textos una forma en la que estas ideas se

puedan expresar bien. El poder de este mensaje depende de su conexión con

esta forma de expresión.

"¿Pero la educación no va de enseñarles a los chavales a escribir?" le

pregunté yo. En parte, por supuesto, va de eso. ¿Pero por qué les enseñamos a

los chavales a escribir? La educación, explica Daley, consiste en darles a los

estudiantes una forma de "construir significado". Decir que eso significa

solamente escribir es como decir que enseñar a escribir sólo consiste en enseñar

a los niños a deletrear. El texto es una parte—y, cada vez más, no la parte más

efectiva--de la construcción de significado. Como explica Daley en la parte más

conmovedora de nuestra entrevista:

Lo que uno quiere darles a estos estudiantes es maneras de construir

significado. Si todo lo que quieres darles es texto, entonces no van a

hacerlo. Porque no pueden. Ya sabes, tienes a Johnny que puede mirar un

video, puede jugar a un videojuego, puede pintarte graffitis en todas tus

paredes, puede desmontarte el coche entero, y puede hacer un montón

de cosas más. Lo único que no puede hacer es leer un texto. Así que

Johnny viene a clase y tú le dices: "Johnny, eres analfabeto. Lo que tú

haces no vale nada". Bueno, Johnny tiene dos opciones: Puede rechazarte

a ti, o puede rechazarse a sí mismo. Si tiene un ego sano, va a rechazarte

a ti. Pero si en vez de decir eso, dices esto otro: "Bueno, con todas estas

cosas que tú sabes hacer vamos a hablar de este tema. Tócame música

que, según tú, refleje esto, o muéstrame imágenes que, según tú, reflejen

esto, o dibújame algo que refleje esto". No se consigue dándole a un

chaval una videocámara y diciéndole: "Venga, vamos a divertirnos con

una cámara haciendo peliculitas". No, sino más bien ayudándole a tomar

esos elementos que entiendes, que son el lenguaje que hablas, y

construyendo significado sobre ese tema...



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Eso da poder de una manera enorme. Y entonces lo que ocurre, por

supuesto, es que al final, como ha pasado en todas estas clases, se dan

de cabeza con el hecho de que "tengo que explicar esto y de verdad

tengo que escribir algo". Y entonces uno de los profesores le dijo a

Stephanie que podían reescribir un párrafo cinco, seis, siete, ocho veces,

hasta que les salía bien.

Porque tenían que hacerlo. Había una razón para hacerlo. Tenían

que decir algo, lo cual es lo contrario a simplemente saltar por tu aro.

Tenían que usar de verdad un lenguaje que no hablaban muy bien. Pero

habían llegado a entender que tenían muchísimo poder con este lenguaje.

CUANDO DOS AVIONES se estrellaron contra el World Trade Center, otro contra

el Pentágono, y un cuarto en un campo en Pennsylvania, todos los medios del

mundo conectaron con esta noticia. Cada momento de todos los días de esa

semana, y durante semanas, la televisión en particular y los medios en general

volvieron a contar la historia de los acontecimientos de los que acabábamos de

ser testigos. Contar fue volver a contar, porque ya habíamos visto los

acontecimientos descritos. La genialidad de este horroroso atentado terrorista

fue que el segundo ataque se produjo con un retraso perfectamente calculado

para asegurarse que todo el mundo estaría mirando.

La narración repetida de esta historia causaba cada vez más la misma

sensación. Había música para las interrupciones y gráficos sofisticados que

parpadeaban en la pantalla. Había una fórmula para las entrevistas. Había

"equilibrio" y seriedad. Esto eran noticias con la coreografía a la que nos hemos

ido acostumbrando, "noticias como entretenimiento", incluso si el

entretenimiento era una tragedia.

Pero además de estas noticias producidas sobre "la tragedia del once de

septiembre", aquellos de nosotros ligados a Internet empezamos a ver también

una producción muy diferente. Internet estaba llena de relatos de los mismos

acontecimientos. Sin embargo, esos relatos tenían un sabor muy diferente.





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Alguna gente construyó páginas de fotos que capturaban imágenes de todo el

mundo y las presentaban como un pase de diapositivas con texto. Algunos

ofrecían cartas abiertas. Había grabaciones de sonido. Había rabia y frustración.

Había intentos de proporcionar un contexto. Había, en suma, una reunión de

apoyo extraordinaria a nivel mundial, en el sentido en el que Mike Godwin usa el

términoc en su libro Cyber Rights, en torno a una noticia que había atrapado al

mundo entero. Había ABC y CBS, pero también había Internet.

No quiero simplemente alabar Internet--aunque creo que debería alabarse

a la gente que apoya esta forma de expresión. Mi intención, más bien, es señalar

la importancia de esta forma de expresión. Porque igual que con Kodak, Internet

le permite a la gente que capture imágenes. Y como en una película de un

estudiante en el autobús de "Just Think!", las imágenes visuales pueden

mezclarse con sonido o con texto.

Pero a diferencia de cualquier tecnología que simplemente captura

imágenes, Internet permite compartir estas creaciones con un número

extraordinario de personas de un modo prácticamente instantáneo. Esto es algo

nuevo en nuestra tradición--no sólo que la cultura pueda capturarse

mecánicamente, y obviamente no que se comenten acontecimientos de una

forma crítica, sino que esta mezcla de imágenes capturadas, sonidos, y

comentario pueda ser ampliamente difundida de un modo prácticamente

instantáneo.

El once de septiembre no fue una aberración. Tuvo un inicio. Más o menos

en la misma fecha, una forma de comunicación que ha crecido de forma

exponencial estaba empezando a llamar la atención de la conciencia pública: el

Web-log, o blogd. El blog es un tipo de diario público, y en algunas culturas,

como Japón, su función es muy parecida a la de un diario. En esas culturas

c Barn raising en el original: fiesta en la que los miembros de una comunidad se reúnen

para ayudar a un vecino a construir un cobertizo: véase por ejemplo la película Único

testigo (también traducida como Testigo en peligro), con Harrison Ford.

d O cuaderno de bitácora de navegación por la Red.



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registran hechos privados de una manera pública--es algo así como un Jerry

Springer digital, disponible en cualquier lugar del mundo.

Pero en los EE.UU. los blogs han tomado un carácter muy diferente. Hay

quienes solamente usan ese espacio para hablar de su vida privada. Pero hay

muchos que lo usan para participar en discusiones públicas. Discutir cuestiones

de importancia pública, criticando a otros que tienen opiniones equivocadas,

criticando a los políticos por las decisiones que toman, ofreciendo soluciones a

problemas que todos podemos ver: los blogs crean la sensación de una reunión

pública virtual, pero una en la que no todos esperamos estar al mismo tiempo y

en la cual las conversaciones no están necesariamente relacionadas. Las mejores

entradas en un blog son relativamente cortas; apuntan directamente a palabras

pronunciadas por otros, criticándolas o añadiéndoles algo. Se puede sostener sin

dificultad que son la forma de discurso público no controlado más importante

que tenemos.

Esto es una afirmación muy tajante. Sin embargo dice tanto sobre nuestra

democracia como sobre los blogs. Ésa es la parte más difícil de aceptar para los

que amamos a los EE.UU.: nuestra democracia se ha atrofiado. Por supuesto que

tenemos elecciones, y la mayoría de las veces los tribunales permiten que esas

elecciones cuenten. Un número relativamente pequeño de personas vota en esas

elecciones. El ciclo de esas elecciones ha llegado a ser algo totalmente

profesionalizado y rutinario. La mayoría de nosotros piensa que eso es la

democracia.

Pero la democracia nunca ha consistido solamente en las elecciones. La

democracia significa el gobierno del pueblo, pero ese gobierno significa algo más

que unas meras elecciones. En nuestra tradición también significa control por

medio de un discurso razonado. Ésta fue la idea que atrapó la imaginación de

Alexis de Tocqueville, el abogado francés del s. XIX que escribió la descripción

más importante de la temprana "Democracia en los EE.UU." No fueron las

elecciones populares lo que le fascinó--fue el jurado, una institución que le daba

a la gente normal el derecho a decidir entre la vida y la muerte para otros



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ciudadanos. Y lo más fascinante para él era que el jurado no votaba simplemente

sobre el resultado que impondría. Deliberaban. Sus miembros discutían sobre el

resultado "correcto"; trataban de persuadirse los unos a los otros acerca del

resultado "correcto", y al menos en los casos criminales, tenían que estar de

acuerdo en un resultado unánime para que el proceso terminara15.

Sin embargo, incluso esta institución flaquea hoy día en los EE.UU. Y en su

lugar no hay ningún esfuerzo sistemático para permitir que los ciudadanos

deliberen. Hay quien está luchando para que se cree precisamente esa

institución16. Y en algunas ciudades de Nueva Inglaterra, algo parecido a estas

deliberaciones aún permanece. Pero para la mayoría de nosotros la mayor parte

del tiempo, no hay ni tiempo ni lugar para que "la deliberación democrática" se

produzca.

De un modo aún más extraño y sorprendente, ni siquiera hay permiso

para que esto ocurra. Nosotros, la democracia más poderosa del mundo, hemos

desarrollado una norma muy fuerte en contra de la conversación sobre política.

Está bien hablar de política con la gente con la que estamos de acuerdo. Pero es

de mal gusto hablar de política con gente con la que estamos en desacuerdo. El

discurso político se convierte en algo aislado, y el discurso aislado se hace más

extremo17. Decimos lo que nuestros amigos quieren que digamos, y oímos muy

poco aparte de lo que nuestros amigos dicen.

Y aquí entra el blog. La misma arquitectura de los blogs resuelve parte del

problema. La gente publica cuando quiere publicar, y la gente lee cuando quiere

leer. El tiempo más difícil de obtener es el tiempo sincronizado. Las tecnologías

que hacen posible una comunicación no sincrónica, tales como el correo

electrónico, incrementan las oportunidades para la comunicación. Los blogs

permiten el discurso público sin que el público ni siquiera tenga que reunirse en

un único lugar público.

Pero más allá de la arquitectura, los blogs también han resuelto el

problema de las normas. No hay ninguna norma (todavía) en la blogosfera en

contra de hablar sobre política. De hecho, es un espacio lleno de discurso



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político, tanto en la derecha como en la izquierda. Algunos de los sitios más

populares son conservadores o libertarios, pero hay muchos de todos los colores

políticos. E incluso blogs que no son sobre política cubren estos temas cuando la

ocasión lo merece.

La importancia de estos blogs es ahora mínima, aunque no tan mínima. El

nombre de Howard Dean se podría haber esfumado de la carrera presidencial del

2004 de no ser por los blogs. Sin embargo, incluso si el número de lectores es

reducido, su lectura está teniendo efecto.

Un efecto directo es sobre las historias que tenían un ciclo vital distinto en

los medios para el gran público. El asunto Trent Lott es un ejemplo. Cuando Lott

"se equivocó al hablar" en una fiesta para el senador Strom Thurmond,

básicamente alabando la política segregacionista de Thurmond, calculó bien al

pensar que la historia desaparecería de la prensa en cuarenta y ocho horas. Lo

hizo. Pero no calculó el ciclo vital en la blogosfera. Los bloggers siguieron

investigando esta historia. Con el tiempo aparecieron más y más ejemplos de

semejantes "equivocaciones". Finalmente, la historia volvió a la prensa. Y al final

Lott se vio forzado a dimitir de su puesto de líder de su partido en el senado.

Este ciclo diferente es posible porque no hay las mismas presiones

comerciales para los blogs que para otras empresas. La televisión y los

periódicos son entidades comerciales. Deben trabajar para conservar la atención.

Si pierden lectores, pierden ingresos. Como los tiburones, tienen que seguir

moviéndose.

Pero los bloggers no tienen las mismas limitaciones. Pueden obsesionarse,

concentrarse, ponerse serios. Si un blog en particular escribe una historia

particularmente interesante, cada vez más gente enlazará a esa historia. Y

conforme aumenta el número de enlaces a una determinada historia, sube en los

rankings de historias. La gente lee lo que es popular; lo que es popular ha sido

seleccionado por el muy democrático proceso de rankings generados entre

iguales.



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También hay una segunda forma en la que los blogs tienen un ciclo

diferente del de la prensa general. Como me dijo Dave Winer, uno de los padres

de este movimiento y creador de software durante décadas, otra diferencia es la

ausencia de "un conflicto de intereses" financieros. "Creo que tienes que sacar el

conflicto de intereses" del periodismo, me dijo Winer. "Un periodista amateur

simplemente no tiene un conflicto de intereses, o el conflicto de intereses es tan

fácil de revelar que sabes que más o menos puedes quitártelo de en medio".

Estos conflictos se hacen cada vez más importantes conforme los medios

se concentran cada vez más y más (volveremos a este asunto). Unos medios

concentrados en pocas manos pueden ocultarle más cosas al público que unos

medios en los que no hay esta concentración--tal y como la CNN admitió haber

hecho durante la guerra de Irak por miedo a las consecuencias para sus propios

empleados19. También necesita sostener una posición más coherente. (En medio

de la guerra de Irak, leí una entrada en Internet de alguien que estaba

escuchando en ese momento una conexión vía satélite con una reportera en

Irak. La central en Nueva York le decía a la reportera una y otra vez que su

relato de la guerra era demasiado sombrío: tenía que ofrecer una historia más

optimista. Cuando les dijo a Nueva York que no podía garantizar eso, le dijeron

que ellos escribirían "la historia").

La blogosfera les da a los amateurs una forma de entrar en el debate--

"amateur" no en el sentido de falto de experiencia, sino en el sentido de

deportista olímpico, alguien a quien no se le paga para que informe. Permite una

gama mucho más amplia de fuentes para una historia, tal y como revelan las

informaciones sobre el desastre del Columbia, cuando cientos de personas por

todo el sudoeste de EE.UU. fueron a Internet a volver a contar lo que habían

visto20. Y hace que los lectores lean a través del espectro de relatos y, como dice

Winer, "triangulen" la verdad. Los blogs, explica Winer, están "comunicándose

directamente con nuestra circunscripción electoral, y el intermediario se queda

fuera"--con todos los beneficios y costes que eso implica.



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Winer es optimista acerca del futuro del periodismo infectado por los

blogs. "Se va a convertir en una capacidad esencial", predice Winer, para las

figuras públicas y también crecientemente para figuras privadas. No está claro

que el "periodismo" esté contento con esto--a algunos periodistas les han dicho

que corten tanto escribir para sus blogs21. Pero está claro que todavía estamos

en transición. "Gran parte de lo que estamos haciendo no es más que

precalentamientos", me dijo Winer. Muchas cosas tienen todavía que madurar

antes de que esta esfera tenga un efecto maduro. Y como la inclusión de

contenidos en este espacio es el uso de Internet que menos viola las leyes (con

lo que en realidad me refiero a las leyes del copyright), Winer dice que "será lo

último que cierren".

Este discurso afecta a la democracia. Winer piensa que esto ocurre porque

"no tienes que trabajar para alguien que controla, no tienes que trabajar para

alguien que se preocupa de quién cruza o no las puertas". Eso es verdad. Pero

afecta a la democracia también de otra manera. Cuando cada vez más

ciudadanos expresan lo que piensan, y lo defienden por escrito, todo eso

afectará la forma en la que la gente entiende las cuestiones públicas. Si piensas

tú solo es fácil confundirte e ir en la dirección equivocada. Es más difícil cuando

el producto de lo que piensas puede recibir las críticas de los demás. Por

supuesto, son pocos los seres humanos que admiten que los han convencido de

que estaban equivocados. Pero es todavía más raro ignorar el que te hayan

demostrado que estabas equivocado. Escribir ideas, argumentos y críticas mejora

la democracia. Hoy día hay probablemente un par de millones de blogs en los

que esta escritura tiene lugar. Cuando haya diez millones, habrá algo

extraordinario de que informar.

JOHN SEELY BROWN es el científico principal de la Xerox Corporation. Su

trabajo, tal y como su sitio en la Red lo describe, es "el aprendizaje humano y

[...] la creación de ecologías del conocimiento que creen [...] innovación".

Cultura libre 60

Brown, por tanto, mira a estas tecnologías de creatividad digital con una

perspectiva un poco diferente a la que he descrito hasta ahora. Estoy seguro que

él estaría entusiasmado con cualquier tecnología que pueda mejorar la

democracia. Pero su verdadero entusiasmo viene de cómo estas tecnologías

afectan al aprendizaje.

Tal y como cree Brown, aprendemos jugando, toqueteando cosas. Cuando

"muchos de nosotros crecíamos", explica, jugábamos a retocar "motores de

motocicletas, de cortadoras de cesped, de automóvil, o radios, o cualquier otra

cosa". Pero las tecnologías digitales permiten otra versión de este proceso--con

ideas abstractas aunque en una forma concreta. Los chavales de Just Think! no

solamente piensan sobre la forma en la que un anuncio pinta a un político;

usando tecnología digital, pueden desmontar el anuncio y manipularlo, jugar con

él para ver cómo hace lo que hace. Las tecnologías digitales suponen el

lanzamiento de un tipo de bricolaje, o de "collage libre", como lo llama Brown.

Muchos llegan a añadir cosas o a transformar los juegos y retoques de mucha

otra gente.

El mejor ejemplo a gran escala de este tipo de jugueteo con la tecnología

es de lejos el software libre o el software de código abierto (FS/OSS en inglés).

El FS/OSS es software cuyo código se comparte. Cualquiera puede descargar la

tecnología que hace que se ejecute un programa en FS/OSS. Y cualquiera

deseoso de aprender como funciona algún elemento de tecnología FS/OSS puede

ponerse a jugar con el código.

Esta oportunidad crea una "plataforma de aprendizaje de un tipo

completamente nuevo", según Brown. "En cuanto empiezas a hacer eso, [...]

dejas suelto en la comunidad un collage libre, de manera que otra gente puede

empezar a mirar tu código, toqueteándolo aquí y allá, probándolo, viendo si

pueden mejorarlo". Cada esfuerzo es una forma de aprendizaje. "El software de

código abierto es una plataforma de aprendizaje de la mayor importancia".

En este proceso, "las cosas concretas con las que tú juegas son

abstractas. Son código". Los chavales están "cambiando a la capacidad de jugar



Cultura libre 61

y toquetear en abstracto, y esto no es ya una actividad aislada que desarrollas

en un garaje. Estás jugando con una plataforma comunitaria [...] Estás

toqueteando las cosas de otra gente. Cuanto más juegues, más mejoras".

Cuanto más mejoras, más aprendes.

Lo mismo también ocurre con los contenidos. Y ocurre de la misma

manera colaboradora cuando esos contenidos son parte de la Red. Tal y como lo

describe Brown: "La Red [es] el primer medio que verdaderamente hace honor a

múltiples formas de inteligencia". Tecnologías más tempranas, como la máquina

de escribir o los procesadores de texto ayudaron a ampliar los textos. Pero la

Red amplía mucho más que el texto. "La Red [...] dice que si eres alguien

musical, si eres artístico, si eres visual, si estás interesado en el cine [...]

[entonces] hay mucho que puedes empezar a hacer en este medio. Ahora puede

ampliar y hacer honor a estas múltiples formas de inteligencia".

Brown está hablando de lo que enseñan Elizabeth Daley, Stephanie Barish

y Just Think!: que jugar con la cultura enseña en la misma medida en que crea.

Desarrolla los talentos de una manera distinta, y construye una forma de

comprensión diferente.

Sin embargo la libertad para jugar y toquetear estos objetos no está

garantizada. De hecho, como veremos a lo largo de este libro, esa libertad

encuentra una creciente y fuerte oposición. Mientras que no hay duda que tu

padre tenía derecho a ponerse a toquetear el motor del coche, hay muchas

dudas sobre el que tu hijo pueda hacer lo mismo con las imágenes que

encuentra a su alrededor. Las leyes y, cada vez más, la tecnología interfieren con

una libertad que la tecnología y la curiosidad asegurarían de otra forma.

Estas restricciones se han convertido en el objeto de investigadores y

estudiosos. El profesor Ed Felten de Princeton (al que veremos más en el

capítulo 10) ha desarrollado un argumento convincente a favor del "derecho a

jugar" tal y como se aplica en la informática y al conocimiento en general22. Pero

la preocupación de Brown es más temprana, o más joven, o más fundamental.



Cultura libre 62

Es sobre el tipo de aprendizaje que los chavales pueden hacer, o no, debido a las

leyes.

"A esto es a lo que se encamina la educación del siglo XXI", explica

Brown. Tenemos que "entender cómo los chavales que crecen en un ambiente

digital que los hace a ellos mismo digitales piensan y quieren aprender".

"Sin embargo", como continúa Brown y como mostrará este libro,

"estamos construyendo un sistema legal que suprime por completo las

tendencias de los chavales digitales de hoy día. [...] Estamos construyendo una

arquitectura que libera el 60% del cerebro y un sistema legal que cierra esa

parte del cerebro".

Estamos creando una tecnología que toma la magia de Kodak, la mezcla

con imágenes en movimiento y con sonido, y añade un espacio para el

comentario y una oportunidad para difundir esa creatividad a cualquier lugar.

Pero estamos construyendo unas leyes que cierran esa tecnología.

"Ésta no es forma de llevar una cultura", como Brewster Kahle, a quien

conoceremos en el capítulo 9, me soltó en un raro momento de desesperanza.

(Cont.)