sábado, 13 de noviembre de 2010

Apología de la urbanidad 1

Contribución a un prontuario de buenas maneras
1
* Sea que prefiramos el término «urbanidad», sea que nos decantemos por el de «civismo», parece que en ambos casos nos estamos refiriendo a un idéntico objeto, esto es, al conjunto de cualidades y disposiciones necesarias e indispensables al ciudadano, que en verdad lo sea, en orden a la convivencia con los otros, o lo que es igual, en orden a la vida en la ciudad. Hablamos, pues, de una serie de normas que, tanto en lo que atañe al cuidado de nuestra persona y aspecto externo, como en lo tocante a los modales y otras cuestiones relativas a la forma de nuestro obrar, hacen posible que el trato con los demás no constituya una auténtica pesadilla; y si bien no llegaría yo al extremo de afirmar que sin ellas la vida en sociedad resultaría imposible (de hecho, parece que se estén perdiendo paulatinamente, y aquí seguimos), sí es seguro que la harían profundamente desagradable. Y utilizar este término no es casual ni deja de tener su importancia, porque sucede (o al menos eso es lo que yo entiendo) que más que con la esfera del bien o de lo bueno, tienen que ver tales normas con la de lo agradable, e incluso lo bello. Normas, pues, no propiamente éticas, sino estéticas o de gusto. De hecho, cuando un determinado acto atenta contra ellas, no solemos decir que es malo, sino que está feo o que es de mal gusto. Así, por ejemplo, informar al prójimo mediante un eructo de cuál ha sido nuestro menú, no es, en rigor, una acción perversa o mala, sino una guarrada, que no se halla perseguida ni por las leyes morales ni por las jurídicas. Y añadiré que por desgracia, porque deberían dictarse leyes contra los guarros, similares, siquiera, a las dictadas contra los fumadores. Pero cada momento histórico tiene sus aquéllos, y el que vivimos parece hallarse en la creencia de que desaparecido o reconvertido el último fumador (yo aún permanezco fiel), el mundo será un vergel. Como si no fuese obvio que la gente se continuará muriendo de cualquier otra cosa, porque la gente tiene la mala costumbre de morirse siempre de algo:
«¡Ojalá por sobrevivir a esta guerra fuéramos
a hacernos para siempre incólumes a la vejez y a la muerte!»
[Ilíada, XII 322-23];
y, entre otras alternativas, cabe la posibilidad de acabar convertido en número de una estadística de accidentes de tráfico, efecto colateral de un bombardeo o víctima de una contaminación que avanza por tierra, mar y aire. Y es admirable que países que se resisten contumazmente a firmar cualquier protocolo en orden a su reducción, no tienen ningún reparo en perseguir denodadamente al fumador, como si tuviesen por cierto y probado que el responsable de todos los males propios y ajenos, y el agente contaminante por excelencia, es él. ¿Qué lo que digo es mera demagogia? No del todo, y estaría dispuesto a discutirlo con mayor detención, y hasta a probar que el momento presente le ha convertido en una suerte de chivo expiatorio (por utilizar la expresión de Girard), al punto que los niños acabarán por rehuirle y temerle, y acaso, con el tiempo, lleguen a denunciar al padre que fuma a escondidas en el baño. Pero ahora volvamos a nuestro asunto.
Decía que la urbanidad se encuentra más cerca de la Estética que de la Ética, en sentido estricto, y aunque convengo en que la casuística y los ejemplos obligarían a relativizar tal juicio, y obligarían a admitir el trasvase de normas de uno a otro ámbito (lo sorprendente sería lo contrario), no advierto, sin embargo, la necesidad de renunciar a tal ubicación. Y como casi todo lo que tiene que ver con el gusto, los preceptos que conforman la urbanidad, y que regulan acciones y comportamientos que calificamos de buen gusto (o de mal gusto, cuando se incumplen), presentan, con frecuencia, un carácter relativo y varían, por lo general, según épocas y sociedades. Lo que en determinado momento o lugar se considera soez o sencillamente inadecuado, puede gozar de alta estimación, y aún alcanzar el rango de práctica obligada, en otros. Sería, por ello, de enorme interés un manual de Etnología comparada en el que se estudiase lo que la humanidad, en sus diferentes fases históricas y agrupaciones, ha ido entendiendo por buena educación (otra de las formas como se designa aquello de lo que estamos hablando). Es seguro, no obstante, que por divergentes que puedan ser tales preceptos, se hallan animados por un objetivo común: establecer, en alguno de sus aspectos, el concepto mismo de lo «humano» y, con él, la diferencia entre lo humano y lo animal, y también entre nosotros y ellos, es decir, entre un pueblo y aquéllos a los que él considerada situados en un nivel inferior, prácticamente inhumano, prácticamente animal: téngase por cierto que todo salvaje encuentra a otro al que llamar salvaje. Y adviértase que nosotros al maleducado acostumbramos también a llamarlo bárbaro.
Así que podríamos decir que lo que denominamos «urbanidad», entendiendo por tal el conjunto de principios estéticos por lo que ha de guiarse el «ciudadano», constituye una de nuestras líneas de demarcación entre lo bárbaro o primitivo y lo civilizado, del mismo modo que lo es la propia «ciudad». Ésta, ciertamente (junto a otros rasgos, como la escritura), constituye uno de los criterios más firmes para determinar el paso de las sociedades «bárbaras» a las sociedades «civilizadas» (desprovistos ambos conceptos de cualquier matiz despectivo o laudatorio, y utilizados sólo para designar dos tipos de agrupaciones sociales muy distintas, y que difieren, entre otras cosas, por la sencillez, en el primer caso, y complejidad, en el segundo, de sus estructuras sociales, políticas, económicas y culturales. De manera que, aunque nos servimos de tales conceptos, siguiendo la tradición antropológica de Morgan, tampoco pasaría nada si hablásemos, respectivamente, de sociedades «simples» y «complejas». Otros, como Evans-Pritchard y Fortes, prefieren hacer uso de la contraposición entre sociedades «no estatales» y sociedades «estatales»). Y como quiera que la superioridad de las segundas es, en muchos aspectos (científicos o tecnológicos, por mencionar algunos), un hecho objetivo y no un mero juicio de valor, hemos terminado por atribuirnos esa misma superioridad en todo, incluyendo la moral y las costumbres; lo que puede que sea cierto o que no lo sea, o, por mejor decir, puede que sea cierto en unas cosas y no lo sea en otras. Y así, para volver a la urbanidad, llamamos «civilizado» a quien se comporta de acuerdo con nuestros usos, y «bárbaro» al que los infringe. Y aunque no seré yo quien relativice el asunto hasta el punto de sostener que nuestros principios morales (hablo, por supuesto, del mundo occidental, heredero de la tradición greco-latina y cristiana) y nuestras normas de urbanidad (en lo que atañe, por ejemplo, a su dimensión higiénica y sanitaria) hayan de colocarse siempre en el mismo plano que las prácticas de otros pueblos (primitivos y no tan primitivos), si considero oportuno llamar la atención sobre la circunstancia de que así como no hay sociedad sin algún tipo de normativa ética y moral, no la hay tampoco sin cualesquiera principios de urbanidad. Y no la hay porque no puede haberla: cualquiera de esos dos tipos de preceptos constituyen diferencias esenciales entre el ser humano y el resto del mundo animal. Defendamos, pues, cuanto queramos nuestra superioridad científica, tecnológica y hasta moral; defendamos también, en muchos aspectos, lo superior de nuestra urbanidad, pero advirtamos, al tiempo, lo relativo de otros, y no nos extrañe que
Avec un langage si pur, une si grande recherche dans nos habits, des mœurs si cultivées, des si belles lois et un visage blanc, nous sommes barbares pour quelques peuples.
[«Con un un lenguaje tan puro, un refinamiento tan grande en nuestros vestidos, costumbres tan cultivadas, leyes tan bellas y un rostro blanco, somos bárbaros para algunos pueblos», La Bruyére];
porque, sin duda, nuestra superioridad sobre tales pueblos no radica en el vestido en cuanto tal, sino en la sociedad que lo ha hecho posible, pero en sí mismos considerados, ¿qué ventaja hay en una hermosa casaca y una peluca empolvada frente a un sencillo taparrabos? Por lo demás (y este argumento contribuye a reafirmar el otro), es obvio que dentro de nuestra propia tradición cultural resulta, asimismo, enormemente variable lo que se considera fino, educado o de buen gusto.
Pero la urbanidad (decía antes) no es sólo una línea de demarcación entre sociedades humanas, sino también entre humanos y animales. ¿Será menester recordar aquí que del poco fino, del grosero o maleducado se dice que se comporta como un animal? Ahora bien, un animal actúa conforme a lo que es, y ningún sentido tendría hacer juicios de valor sobre su conducta, exigiendo de ella el respeto a las normas de urbanidad que organizan el actuar humano; sin embargo, el hecho de que sea calificado de «animal» el individuo que abdica de su condición de ciudadano por el incumplimiento de las normas aparejadas a tal condición, indica (creo yo) que en éstas se sospecha actuando algún elemento que supone no sólo una clara diferencia entre el modo de hacer propio del ser humano frente al resto de especies animales, sino también una nítida segregación de su hacer y actuar respecto al hacer y actuar etológicos, en sentido genérico. Cuál sea ese elemento, entiendo yo que tiene más que ver con la forma que con el contenido de la acción: casi todos lo actividades que se hallan reguladas por las normas de urbanidad tienen (respecto al contenido) su paralela y correspondiente en el mundo animal, por lo que aquello que las hace específicamente humanas no será, pues, lo que se hace, sino el cómo se hace. Las necesidades elementales, biológicas o primarias que irremediablemente necesitan ser satisfechas, por cuanto que de ellas depende la supervivencia del individuo o de la especie (hambre, sed, seguridad, sueño y sexo), son comunes al hombre y a otras especies; su contenido, diríamos, es idéntico en uno y otro caso, y, en consecuencia, lo distintivamente humano no se encuentra ni en la necesidad misma ni en su satisfacción, y ni siquiera, muchas veces, en la cadena de actos que conducen a ello, sino en el modo como se realizan éstos y se satisface aquélla, no, en suma, en el hacer algo, sino en la forma de hacerlo. Y lo que define a esa forma es, ante todo, su carácter ceremonial. Mas toda ceremonia únicamente a partir del contexto cultural del que brota puede ser cabalmente explicada y comprendida, y por eso, incluso todos aquellos comportamientos animales que pudieran asemejársele, no ya por su contenido, sino hasta por su forma, al hallarse constituidos, por ejemplo, por un conjunto de actos pautados (característicos de las ceremonias humanas), se localizarían, sin embargo, en un plano esencialmente distinto, y no pasarían de ser meros rituales, esto es, pautas de conducta explicables, casi siempre, por disposiciones biológicas y ambientales, y hasta (es cierto) culturales, en ocasiones, mas siempre que se entienda «cultura» como sinónimo de «aprendizaje». Por el contrario, de las ceremonias humanas no bastaría con decir que son culturales en el sentido de aprendidas, sino que se hace preciso advertir, además, que depende directísimamente de creaciones culturales objetivas, es decir, de objetos propios y exclusivos del ser humano; y entre tales objetos es necesario incluir no sólo aquéllos que presentan una función de utensilio, o aquéllos, en general, que tienen un carácter material y tangible, sino también las creencias religiosas, las normas morales y, por supuesto, las propias reglas de urbanidad (si bien es cierto que cualquiera de ellas es susceptible de alcanzar, al mismo tiempo, una materialidad física cuando, mediante la escritura, se conviertan en códices o libros: por ejemplo, en un manual de urbanidad).
Pero si las ceremonias suponen una diferencia esencial entre el hombre y los animales, y si no hay ceremonia concebible en ausencia de cualquier norma de urbanidad, se comprenderá que sea ésta (la urbanidad) uno de los aspectos en los que nos diferenciamos (y nos sabemos diferentes) del resto de los animales. Y ahora se entiende, creo yo que con toda claridad, por qué la gente llama «animal» a quien en su actuar viola las normas no sólo éticas, sino también estéticas, es decir aquello que el grupo considera de buen gusto.
Evidentemente esas formas ceremoniales varían, asimismo, de una sociedad humana a otra, y no únicamente cuando van encaminadas a la satisfacción de necesidades primarias, sino igualmente cuando tienen por objeto otra serie de necesidades (secundarias o no biológicas), algunas de las cuales podrían ser rastreadas en el mundo animal, en tanto que otras son única y exclusivamente humanas. Y de ahí lo que antes apuntaba, a saber: el carácter relativo de la urbanidad. Mas lo que acabamos de decir nos obliga a dar un nuevo paso: las reglas de urbanidad no son únicamente normas estéticas (o de gusto) y relativas, sino, además, formales: son, diríamos, principios formales que rigen y ordenan la acción. Su mira no se halla puesta tanto en lo que se hace (en esto difieren radicalmente de las normas éticas y morales) como en el modo de hacerlo, en la manera de actuar. Y por eso, a comportarse con urbanidad lo llamamos también guardar las formas o poseer buenos modos o buenas maneras. Son normas (podemos igualmente decirlo así) orientadas al aparentar, con lo que no otra cosa quiero decir sino que su ámbito propio es la apariencia, esto es, aquello que de nuestro ser mostramos y hacemos público (incluso a nosotros mismos). ¿Qué otro significado podría tener el que al actuar con corrección nos refiramos también como guardar las apariencias?
Por último, a los tres rasgos señalados (estéticas, relativas y formales) debemos añadir cuarto: son normas que, por lo general, se dan por supuestas; son, las más de las veces, sobreentendidos, y de ahí, seguramente, la ausencia de legislación de la que hablábamos antes, porque es cierto que hay manuales de urbanidad (más antes que ahora) o de protocolo (que no es sino la urbanidad de los grandes eventos), pero no existe una legislación de la urbanidad (o existe en una proporción despreciable: por ejemplo, la prohibición de arrojar basura en determinados lugares), y tampoco hay una ética de la urbanidad. Se da por supuesto y se sobreentiende que cualquier individuo que ha recibido una mínima educación hará o no hará determinadas cosas, en determinados lugares y con determinadas personas: y así, por ejemplo, en ninguno de nuestros restaurantes se considera necesario prohibir orinar en la papelera o eructar al oído del vecino de mesa.
Con todo, y acaso para probar aquello de que «no hay razón que no tenga su contraria», como decía Montaigne, o, como más prosaicamente diremos nosotros, que en el ámbito del humano hacer casi no hay principio que no tenga su excepción, esto del legislar la urbanidad también la tiene. Así, por ejemplo, algunos preceptos establecidos por Hesíodo, y entre ellos el siguiente:
«Nunca te orines en la desembocadura de los ríos que afluyen al mar ni en las fuentes; guárdate bien de ello. Y no te ensucies, pues no hacerlo es ciertamente mejor».
Aunque tal vez el caso más significativo sea el Antiguo Testamento, en especial en el Levítico y en el Deuteronomio, libros en los que se da una curiosa mezcla de preceptos legales y religiosos, de reglas de purificación ritual y normas de urbanidad. Veamos una:
«Tendrás un lugar fuera del campamento para tus necesidades y llevarás en tu equipo una estaca. Cuando salgas a hacer tus necesidades, harás con ella un hoyo y al final taparás los excrementos» [Deuteronomio, 23:13-14].
O esta otra:
«Si un hombre está riñendo con su hermano, se acerca la mujer de un de ellos y, para defender a su marido del que lo golpea, mete la mano y agarra al otro por sus vergüenzas, le cortarás la mano sin compasión» [Deuteronomio, 25: 11-12],
norma en la que, a diferencia de la primera, que es propiamente de urbanidad (sin excluir el componente higiénico que muchas normas de urbanidad conllevan, como sucede también entre nosotros), confluyen por igual las buenas maneras y el deseo de preservar la integridad del prójimo frente a una prójima en exceso vehemente.
(Cont.)

jueves, 11 de noviembre de 2010

Yo soy yo, mis creencias y mi presidente



 Soberanía política, independencia económica y justicia social, que no son de izquierda ni de derecha. Es como persignarse; van de un lado al otro y convergen en el medio , en su justo medio y ahi decimos amen,que si no es en todos es en la gran mayoría , el pueblo, su  equidad. En mi modesto análisis opino, que ; el militante debe tener mística , no mitos que es otra cosa segun entiendo ,y veo un entorno de causalidades y similitudes que ; Eva , como la primera mujer en el mundo y nuestra Evita ,Cristina y Cristo el primer defensor de los humildes . Soy un militante de los 70,sureño gracias a dios Argentino y Peronista.


(..) "Mucha gente no se puede explicar el caso que me toca vivir. Yo misma , me he quedado pensando en todo esto que es ahora mi vida. Algunos de mis contemporáneos lo atribuyen todo al azar... "(...) - Cap. 1 La Razon de mi vida
"En la vida de los pueblos como en la vida de los hombres, no todo lo hace el destino.
Es nesesario que los pueblos ,como los hombres ayuden a su destino..."(..)- Cap 11 La Razon de mi vida.
Lejos del Consenso de Washington, el gobierno y la oposición disputan sobre la mejora de los ingresos de los más desprotegidos. Pero el Grupo A y los opositores enfrenta algunos problemas de congruencia, ya que al mismo tiempo propone incrementar erogaciones y escasear recursos al Estado. La oposición pide línea a las patronales agropecuarias, cuyas divisiones internas tornan imprecisa la respuesta. Su único punto seguro de unidad es el desprecio al gobierno. De Evita a CFK y los puntos de inflexión. Manejar el presupuesto como si hubiesen sido elegidos ellos para gobernar es solo entorpecer un gobierno exitoso con respecto a su pueblo.
Es , para un paisano como yo , y el que lo sea lo va a interpretar, “el síndrome del chancho huacho”, es cuando al animalito se le mueren los padres y uno lo cría ,se lo cria diferente ,entonces su propia naturaleza se resiente y cuando tiene comida en abundancia la destruye , lo que no aprovecha  no permite que otro lo haga .Lo que no come lo bostea y lo orina .Esa es la oposición.
Por todo lo expuesto, podemos incorporar el factor creencia, a la definición de realidad que propone el insigne filósofo español Ortega y Gasset, en su bien conocida frase: “yo soy yo y mis circunstancias”. Esto daría como definición de realidad el que: “ yo soy yo, mis creencias y las de los otros con las que construimos “las circunstancias”.

¿Cómo detectar aquellas creencias que fueron útiles en el pasado y que hoy son obsoletas, porque frenan la evolución humana, el poder del espíritu, el avance de la conciencia de lo que somos, el encuentro con la unidad, la empatía con los otros seres humanos, la comprensión de la realidad que vivimos y el sentido de los acontecimientos que se suceden?

Para renovar el modelo que nos sostiene, para renovar el poder de las creencias, hoy se cuenta con nuevos conocimientos, con nuevas ideas que enriquecen el pensamiento y que provienen de las ciencias físicas pero también de la nueva biología, de la neurología, de las ciencias de la información , de la política en especial que nos están marcando una mejoría en nuestro vivir compartiendo la igualdad .

Nuevos conocimientos que nos acercan a la complejidad de la realidad, al conocimiento de la existencia de otras dimensiones, tan reales o más que las tres en las que parece que nos movemos.
Ese es el proyecto Nacional ,Popular y Democratico de este, nuestro gobierno, mis creencias y mi presidenta CFK.


ANDRES PEEBLES

miércoles, 10 de noviembre de 2010

La representación nacionalista.



                                           
El surgimiento de esta representación data de comienzos de este siglo, con los embates nacionalistas y   entroncada con los ideales que sostuviera la generación
del 80. Quienes la sustentan se basan, ideológicamente, en uno de las premisas de la disciplina del Folklore surgida a mediados del siglo XIX, la de rescatar y recuperar antiguas costumbres que se estaban perdiendo frente a los efectos de la industrialización en Inglaterra.
En Argentina, improvisados folkloristas, muchos profesionales de otros campos, a veces descendientes de aristocráticas familias provincianas,
como Juan Alfonso Carrizo, «volvieron la mirada hacia el interior del país buscando costumbres autóctonas que no habían sido contaminadas
por el cosmopolitismo» (Blache 1991:60). Ya instalados los estudios folklóricos e influenciados por la corriente funcionalista norteamericana,
la sociedad puneña, entre otras, fue concebida en los términos de una sociedad campesina, pequeña ,aislada, autosuficiente, homogénea, pequeña.
Concibió al hombre de esa sociedad folk como un campesino analfabeto, aferrado a tradiciones ancestrales y sin acceso a la tecnología
moderna. Augusto Raúl Cortázar, el máximo representante de esta corriente, afirmaba que el auténtico folklore es producto de la decantación
de las «culturas hispánica e indígena, que dio lugar a comunidades folklóricas locales o regionales cohesionadas por un sistema de valores homogéneos a los que deberán amoldarse las nuevas generaciones. De esta forma los inmigrantes quedan excluidos de producir ‘auténtico’ folklore y ellos también tendrán que adecuarse al ya establecido. En consecuencia se descarta la posibilidad de que la incorporación de ellos genere nuevos fenómenos folklóricos o la adecuación y transformación de otros... concibe
a la heterogeneidad cosmopolita como un peligro de disolución de nuestras tradiciones ancestrales y, por ende, de nuestra nacionalidad» (Blache 1991: 62).Esta representación de una sociedad puneña idealizada o folk, vigente al comienzo en ciertos círculos de poder, se extendió por diversos ámbitos afines ideológicamente y también tuvo una influencia decidida en muchas generaciones de estudiosos y al nivel
del conocimiento común.* La «invención puneña». Dentro de algunos círculos
académico-antropológicos se ha dado en llamar así a aquella representación propia de un sector del campo antropológico y con una visión homogeneizarte «de ‘campesinos andinos’ que se articulan armónica y simétricamente con la sociedad global o nacional». Desde lo social y económico considera al poblador de la puna dentro de la categoría conceptual de «campesino» y hace  énfasis en aquellos aspectos funcionales a su sociedad, tales como el intercambio, la reciprocidad y el compadrazgo. No observan procesos de diferenciación interna, integración conflictiva y subordinada con la sociedad nacional, tampoco explotación (Isla 1992:27). Característica
de un período que duró de los 60 a los 90, al parecer enraizada en la representación folklórica podemos suponer que su mantenimiento se debió
a la necesidad intelectual de académicos recién recibidos de la naciente Carrera de Antropología de contar con algún esquema clasificatorio,
alguna tipificación instrumental que les permitiera encuadrar a ese «otro» que los deslumbraba con su diferencia.


Estados, naciones y culturas.
Identidades y nacionalismo

Mirtha  Lischetti *
.
Centro de Estudios Avanzados .Universidad de Buenos Aires

martes, 9 de noviembre de 2010

Día de la Tradición;Somos gauchos?






El Día de la Tradición se celebra el 10 de noviembre en conmemoración del natalicio de José Hernández, autor del Martín Fierro, una de las obras cumbre de la literatura argentina, en la que aparecen muchas de las costumbres que conforman el folclore nacional.
Una de las formas más interesantes que tomo el romanticismo en América es la literatura gauchesca. Luchar contra cualquier fuerza opositora, constituyó una norma existencia para los escritores románticos. Así como en  poesía se rebelan contra la tradición retorica, así en la vida practica buscan romper con las dependencias políticas tiránicas internas o externas Su etapa de vigencia coincide en el siglo XIX en América con los movimientos independistas
El escritor de máxima relevancia en la poesía gaucha es José Hernández (1834-1886). El lenguaje utilizado en el poema se caracteriza por el empleo de voces ascendencia castiza, con deformaciones frecuentes de estructura y acentuación, voces que alternan con barbarismos y con unas palabras ancestro indígena .Respecto del ambiente geográfico en que acontecen los hechos narrados, debemos reparar que Hernández, con evidente acierto de verismo y naturalidad  evito la descripción de paisajes.  El gaucho vive inmerso en la pampa, incursiona por esta llanura ilimitada expuesto al viento, a la lluvia, al sol, al frio; pro todo eso es su medio de habitual de residencia, inefable por falta de perspectiva de puntos de comparación. Espacio tiempo se “viven”, sin necesidad de proyectarlos a planos conceptuales. Por eso para el gaucho no existen el paisaje como espectáculo: le interesa solo lo que el hombre hace en el ambiente en que se desplaza normalmente .Ese ritmo vital de espacio y tiempo aparece con sustanciado en Martin Fierro con el lenguaje metafórico de clara inmediatez.
La literatura gauchesca es por definición obra de protesta social de frustración .En tono por lo general triste; cantos de exaltación versos de lamentación, de manera romántica, placentados en un ambiente de constante violencia en que nada se respeta, en que solo sobrevive el más fuerte .Los valores aparecen trastocados: patria, hogar, familia, dignidad, justicia, convivencia, son vocablos sin sentido en el quehacer nacional de la época. La propiedad y la riqueza se adquieren por cualquier medio: el maquiavelismo  es la orden del día .En este vivir  tensionado en que las instituciones más respetables funcionan negativamente zozobran las personalidades mejor templadas: Martin Fierro asesina gratuitamente por insignificancias-, Cruz en actitud chabacana, tolera la burla de su mujer y luego en un inexplicable vuelco conductual  traiciona a sus propios subordinados.   * (..)  ”La falta de derecho y el despojo son el estado natural .Toda la sociedad esta organizada para sustraer y hurtar. De ningún ángulo se ve llegar nada .No se abre un horizonte ni se prefigura una salida. No existe posibilidad de poseer con seguridad, un rancho, una mujer y algunos hijos, que es lo mínimo que puede ambicionar un hombre. La fortuna, el reposo goce están vedados. No queda nada para desear  o ambicionar. Todo está más allá de lo posible .En la frontera de un mundo inalcanzable.”..(..)
Coni , también lo explica, “si señor juez, soy ladrón pero no soy gaucho…” por entonces ser gaucho era peor que ser delincuente .Hoy para muchos que se disfrazan ,con orgullo ellos ,deben conocer el origen ,la razón de que es ser gaucho. No hablo de mi oculta soberbia ,por haber trabajado en el campo ,domando, alambrando, arreando ganado propio o ajeno. Cruzando fronteras, escapando. Juyendo, como diría Hernández, como el gaucho originario, el que describe el Martin Fierro. Ser gaucho es una forma de vida, una conducta, un sentimiento .Allá por los años 1995, tuve la oportunidad de entrevistar (Jesús María) a don Orlando Veracruz   ,cantautor de nuestra música nacional ,una de las cosas que más recuerdo fue” donde hay pobreza hay cultura”, hay que leer significativamente esto, lo entendí hasta hace poco .Su mejor obra (musical) ,para mí, "Pilchas Gauchas" .
Día de la tradición, para la reflexión. Que tipo (si es que hay tipos)  de gaucho somos, o si realmente somos gauchos. Yo lo soy, y soy  torito en rodeo propio y torazo en rodeo ajeno.
                                                  VIVA LA PATRIA, VIVA LA TRADICION 
ANDRES PEEBLES                                                                                                                                     
    *Julio Mafud  (Contenido social del MartinFierro)



MAS REFLEXION MENOS AGRESION (RIO TURBIO)




Sabido es lo que  significa el término técnico substancia: es substancia,. El color no es substancia porque su modo de ser requiere otra cosa que le sirva de soporte o substrato. El color señero, solo no se puede sostener por sí mismo en el ser o no puede ser por sí, sino que necesita apoyarse en otra cosa que lo lleve y sustente. Por eso se dice que el, color tiene un ser accidental y no substancial.Dicho esto ,para que se entienda ,con respecto a la situación política y gremial de Río Turbio
Es para reflexionar; .”  (…) Hacer de la política, no el arte de retener el gobierno, ni de dar a las naciones brillo pasajero, sino de estudiar sus necesidades reales, favorecer sus instintos, y tratar del aumento y amparo de sus haberes”(…)
Por estos dias se esta llevando a cabo la pulseada política Intendente, concejales gremio., QUE POR INEPTITUD,DESCONOCIMIENTO,U/O ARROGANCIA DE LAS PARTES, no contemplaron la equidad , llámese justicia social etc. están en un pequeño gran problema, siempre y cuando el gremio de los municipales sepa negociar el pretendido aumento que le fuera negado anteriormente.
Ahora bien, esto esta ocurriendo en todo el territorio de la Argentina y en forma aun mas grave y vergonzosa, o se olvidaron de las jubilaciones de privilegio?
De los asesores en consejos y camaras de diputados? Y secretarios ministros ,senadores,saben lo que ganan? Y peor , aun , saben lo que hacen para que ganen en 1 mes lo que gana un obrero en un año ?Sin tener que mamarse la escarcha de la mañana ,,con privilegios de todo orden, dietas etc.
 (...) Aunque todos los ministros sean socialistas, los obreros seguirán siendo obreros.(...)  Las rivalidades de los partidos no son más que carreras desenfrenadas de clientelas ávidas de las prebendas y sinecuras que ofrece la posesión del Estado. Los métodos de lucha se basaban en la acción directa: el boicot, y la huelga general revolucionaria. (...) La huelga general no ha nacido de reflexiones profundas sobre la filosofía de la historia; ha surgido de la práctica. Las huelgas no serían más que incidentes económicos de una importancia social mínima, si los revolucionarios no interviniesen para cambiar su carácter y convertirlas en episodios de la lucha social." Entonces , ,ciudadanos ,pueblo en general, reflexion.Pensemos  de que color son los actores que intervienen, por sus obras lo conocereis, decia la biblia o por la cag……se conoce el pajaro. La elite privilegiada de dirigentes sindicales con participación en las ganancias de las empresas,o privilegios en el estado según sea el caso al mismo tiempo que trabajadores quedan por fuera de los convenios colectivos de trabajo y de toda representación sindical o directamente siguen contratados por años como es el caso de la municipalidad de Rio Turbio, es una muestra de la burocratización de los sindicatos en su estado máximo e intolerable.Para los politicos, tambien hay reflexion decia el gral. San Martin: “.Las convicciones politicas son como la virginidad , una vez que se pierden jamas se recuperan” Esto especialmente para aquellos que dicen ser Peronistas,y fieles representantes del pueblo, porque dios tal vez no los demande pero la patria que somos  si , seguro que si.


ANDRES PEEBLES




domingo, 7 de noviembre de 2010

El fuego K




Que conclusiones sacaríamos con este planeo; Sabella  (antesBatista, Maradona) es quien elige a quienes tienen la responsabilidad de reprentar al país, si el, como el elector de nuestros representantes, ej. Higuain o Milito ? se equivoca ,los que eligen las autoridades de una  nación provincia o pueblo son los electores, es decir nosotros, nosotros somos los responsables de no saber elegir , por lo tanto la responsabilidad es nuestra. Dejemos de echarles la culpa a los demás que en su mayoría elegimos. Y seamos responsables, involucrémoslos de verdad, participemos, desde la tribuna es fácil y cómodo, tengamos responsabilidad cívica y democrática. La militancia se efectúa ,se efectiviza ,se manifiesta ,in situs, .Con el respeto y la aceptación de estas modernidades, fb, twitter ,blogers ,etc. No se trata de demonizar negando sus notables beneficios en otros aspectos, sino de profundizar en nuestra contemporaneidad, para advertir que todo lo que le ocurre a un sujeto es rápidamente subsumido a una supuesta identidad del ser: si una persona piensa en demasía en un proyecto , es de derecha izquierda o progre; si consume ; es peruca intelectual si experimenta los cambios de algunos gobernadores o ex gobernadores , “bipolares”, acomodaticios Notablemente, los sujetos ya no están representados por significantes rectores que los nominan en el espacio público, y que clásicamente señalan su lugar en lo social, sino por maneras de expresar su pensamiento, que en su mayoría es anónimo o poco probable de identificar y que, inusitadamente, se confiesan en el anonimato protector de INTERNET. No le parece que hoy tenemos la responsabilidad histórica de convertirnos en carbones depurados, pequeños, el que entiende algo de minería y  termoeléctrica podrá interpretarme mejor, para para mantener el fuego encendido (grande Galeano) y lograr mantener la usina de esto que es el Proyecto Nacional y Popular, que genera la energía de la igualdad y un mejor país? La caldera es el País, que no se apague ese fuego que hemos heredado, el fuego K.

 ANDRESPEEBLES

viernes, 5 de noviembre de 2010

Bielsa ,la negocia, la substancia.(r)



Sabido es lo que  significa el término técnico substancia: es substancia, dice Descartes, quod mulla allia res indigeat ad existendum. El color no es substancia porque su modo de ser requiere otra cosa que le sirva de soporte o substrato. El color señero, solo no se puede sostener por sí mismo en el ser o no puede ser por sí, sino que necesita apoyarse en otra cosa que lo lleve y sustente. Por eso se dice que el, color tiene un ser accidental y no substancial.
Yo soy, pues, el que, quiera o no, para existir y ser necesita ocuparse con lo demás, actuar sobre lo demás. Yo no existo, pues, ni soy el tal que soy sino porque estoy con y sobre lo circunstante, con y sobre lo que me rodea. Un aristotélico y el propio Descartes dirían: entonces el que vive es un accidente, porque ad existendum necesita del contorno. Muy bien: pero lo malo es que eso otro en que me apoyo, las llamadas «cosas» circunstantes, o mundo, no tienen un ser por sí, substante; independiente de mí. En efecto, la tierra en que me apoyo no es primariamente más que eso: «lo en que me apoyo». Esta luz que ahora me alumbra no es, algo que tenga una consistencia, o consistir, por sí y aparte de que ahora me alumbra sino que es pura y simplemente eso: «lo que me alumbra, en tanto y sólo en tanto que me alumbra». Si yo digo: esto que ahora me alumbra, aparte de su alumbrarme tiene un ser independiente de mi que consiste en vibraciones del éter, o en un estado del campo electro-magnético, he usado en dos sentidos la palabra .
Hoy estamos en uno de esos «segundos» días y vamos a retrotraernos al anterior, alojarnos en el paisaje hasta dar vista al cual, con penoso esfuerzo llegamos.
Pero dos puntos nuevos marcamos en la última lección: uno, que la vida es la realidad absoluta, otro que el modo de ser de esa realidad era extrañísimo y se escurría a todos los intentos de pensarlo con los conceptos de «ser» tradicionales. Ni la vida ni nada en ella era, como tal, substancia ni accidente ni cosa que se les pareciese
El ser de la luz como estado electro-magnético es un ser inventado por mí, fabricado con mi pensamiento y que yo atribuyo o añado al ser primario, único auténtico y no pensado por mí ni fabricado, de esta luz, que es el que tiene cuando me alumbra, porque yo me encuentro alumbrado por esta luz, o la del sol, vengo en inventar las teorías de la óptica, y por muy firmes que éstas sean siempre serán problemáticas y, sobré todo, de realidad secundaria en comparación con la realidad primigenia, evidente e improblemática de esta luz en su puro actual alumbrarme. Tenemos, pues, que las llamadas «cosas» no son originaria y verdaderamente tales «cosas» o algos cupo modo de ser supone independencia de mí; No son aparte y por sí, sino que su ser consiste sólo y se agota en actuar sobre, mí en la vital evidencia. Yo lo siento mucho pero ustedes son, no más, «los que ahora me oyen». De este modo, oyéndome, ahora actúan ustedes sobre mí. Si ustedes no me oyesen, yo sería distinto del que soy ahora, a saber, el que que dirige verbalmente a ustedes. Pero hay más: si ustedes fuesen otros y esos otros me estuviesen ahora oyendo yo sería también distinto del que soy: porque yo sentiría, con una u otra claridad, esa diferencia y me comportaría en otra forma, en algo, por poco que fuese, distinta. En efecto, yo soy el que ahora dice esto que digo porque ustedes que ahora me oyen se me presentan como los mismos que me oyeron los días pasados y por ello digo a ustedes lo que digo, con cierta confianza de que preparados con lo anterior, me entenderán.
Tenemos, pues, que rigorosamente hablando yo no soy sino el que actúa sobre la circunstancia y la circunstancia lo que actúa sobre mí. Ni yo ni ella tenemos un ser aparte, ni yo ni ella somos «substancias». Mas, como tampoco podemos ser ambos accidentes, el uno del otro, sido que todo accidente lo es de una substancia, quiere decirse que en la realidad vida ni ella ni nada en ella tiene carácter substancial ni accidental, sino que estas dos venerables categorías no nos sirven si queremos pensar con ellas la realidad primaria que es la vida, y todo en ella.
Por esta razón urgente y concretísima necesitamos una nueva filosofía o sistema de conceptos. No por prurito de novedad, que es siempre frívolo, sino por ineluctable necesidad intelectual, porque tenemos delante en clara e inexcusable intuición, una realidad nueva, es decir, no advertida antes, que no se deja pensar con los conceptos tradicionales.
Hoy estamos en uno de esos «segundos» días y vamos a retrotraernos al anterior, alojarnos en el paisaje hasta dar vista al cual, con penoso esfuerzo llegamos.
Pero dos puntos nuevos marcamos en la última lección: uno, que la vida es la realidad absoluta, otro que el modo de ser de esa realidad era extrañísimo y se escurría a todos los intentos de pensarlo con los conceptos de «ser» tradicionales. Ni la vida ni nada en ella era, como tal, substancia ni accidente ni cosa que se les pareciese.
Chile no se clasificaba a un Mundial desde 1998 y no ganaba un partido en una Copa del Mundo desde hacía casi medio siglo, hasta que venció a Honduras en Sudáfrica 2010. Con Bielsa como entrenador, la Selección Roja logró vencer a la Argentina en Santiago en 2008, un logro de magnitud.
Bielsa había renovado su contrato en agosto pasado, para liderar un proyecto general en el fútbol chileno. En lo inmediato tenía por delante las próximas eliminatorias al Mundial de Brasil 2014 y la Copa América de Argentina 2011, un proyecto que quedó trunco. El color no es substancia.
La negocia es la negocia.



jueves, 4 de noviembre de 2010

Mandamientos para escribir con estilo (recomendado)

 Basados en Friedrich Nietzsche


Lo que importa más es la vida: el estilo debe vivir.

Dependemos a veces de nuestra conducta y circunstancias  
El estilo debe ser apropiado a tu persona, en función de una persona determinada a la que quieres comunicar tu pensamiento. Mi ego es adolecente  ,como mi pensamiento, por lo tanto   muchas veces inapropiado.

Antes de tomar la pluma, hay que saber exactamente cómo se expresaría de viva voz lo que se tiene que decir. Escribir debe ser sólo una imitación.

Pero de quien? De uno o de otros?

El escritor está lejos de poseer todos los medios del orador. Debe, pues, inspirarse en una forma de discurso muy expresiva. Su reflejo escrito parecerá de todos modos mucho más apagado que su modelo.

Dependiendo que  modelo ,si es conservador o revolucionario.

La riqueza de la vida se traduce por la riqueza de los gestos. Hay que aprender a considerar todo como un gesto: la longitud y la cesura de las frases, la puntuación, las respiraciones;

También la elección de las palabras, y la sucesión de los argumentos. Es una contrariedad  a veces escribir solo con el estado de ánimo Cuidado con ese período. Sólo tienen derecho a él aquellos que tienen la respiración muy larga hablando y/o pensando. Suelo a menudo por mi atropello de ideas trabar la manga del discernimiento, por ende poner las cosas de un lado en otro equivocadamente.

El estilo debe mostrar que uno cree en sus pensamientos, no sólo que los piensa, sino que los siente.

Cuanto más abstracta es la verdad que se quiere enseñar, más importante es hacer converger hacia ella todos los sentidos del lector. Con la premisa que la verdad es la realidad.

El tacto del buen prosista en la elección de sus medios consiste en aproximarse a la poesía hasta rozarla, pero sin franquear jamás el límite que la separa.

No es sensato ni hábil privar al lector de sus refutaciones más fáciles; es muy sensato y muy hábil, por el contrario, dejarle el cuidado de formular él mismo la última palabra de nuestra supuesta, pequeña o mediana sabiduría. Y no solo permitir, sino aceptar las divergencias y discrepancias de  los demás .No al bloqueo , no a la hegemonía. Expresiones libres ,sin lenguaje soez o descalificatorio.


ANDRES PEEBLES






lunes, 1 de noviembre de 2010

El gobierno hace lo que el pueblo quiere .


  La Comunidad Organizada como sistema de poder es  aquella en donde el pueblo  se expresa sólo a través de sus organizaciones libremente creadas y no las delega en las instituciones del Estado pues las instituciones formales no representan sus demandas auténticas . Por el contrario para el peronismo la comunidad es portadora de un núcleo de valores con proyección político-social. No hay hombre libre en una comunidad que no lo sea. La comunidad se funda en una tradición nacional y es expresión de esa tradición. La comunidad tiene un sentido político de lo contrario no lo es. Pero un sentido político que supera el mero marco de los partidos políticos.
"Nuestra comunidad, ha dicho Perón en el Congreso de filosofía de 1949, a la que debemos aspirar es aquella donde la libertad y la responsabilidad son causa y efecto de que exista una alegría de ser, fundada en la persuasión de la dignidad propia. Una comunidad donde el individuo tenga realmente algo que ofrecer al bien general, algo que integrar y no sólo su presencia muda y temerosa" (La Comunidad Organizada , cap.XXI, párrafo 12).
Finalmente la comunidad organizada en tanto sistema social a construir es aquella en donde el pueblo se transforma en factor concurrente en los aparatos del Estado  que le son específicos a cada organización libre del pueblo. Así en el orden laboral los sindicatos deben ser factores concurrentes en aquellos aparatos del Estado que tiene vinculación con el ámbito que ellos cubren o representan y en el ámbito local las comisiones vecinales o las distintas sociedades intermedias deben concurrir al Municipio para plantear las exigencias que cubren sus intereses propios.
Vemos como a diferencia de las propuestas socialdemócratas o socialcristianas de los años 80 con sus ideas de cogestión en las empresas privadas y de  autogestión en la empresas públicas, para el peronismo las organizaciones libres del pueblo se incluyen en la gestión política sin que por ellos sean empleados de los gobiernos de turno.  Ellos proponen, sugieren, orientan informan pero no deciden. La decisión le corresponde al Gobierno, mientras que al pueblo a través de su organizaciones libres le corresponde crear las condiciones de posibilidad para la decisión correcta en el ámbito o dominio que ellas conocen muchas veces incluso mejor que los propios funcionarios. Este es el meollo de la comunidad organizada como sistema social a construir: El pueblo sólo existe como pueblo organizado y a través de sus organizaciones en tanto que operan como factores concurrentes en los aparatos del Estado, crean las condiciones de posibilidad para la decisión correcta que el Gobierno toma como órgano de concepción y planificación. Así se realiza la verdadera democracia que "es aquella donde el gobierno hace lo que el pueblo quiere y defiende un sólo interés: el del pueblo", como reiteradamente la he definido el General Perón.
                                                                                                       

Notas sobre el resentimiento (hace 1 año)


A Rosendo Fraga;Lilita;Mariano;Morales Sola; Lanata etc.,que, desde su odio y  ceguera intelectual ofenden al pueblo Argentino.


En estos días se habla mucho desde los grandes medios de comunicación acerca del tema del resentimiento en el accionar político. Y como a nosotros nos han ya preguntado varias veces sobre el tema, intentaremos en forma breve y clara fijar algunas notas sobre el concepto mencionado.

El resentimiento es un fenómeno complejo, basado en la conciencia de la propia incapacidad y flaqueza, principalmente cuando esa incapacidad no permite llevar a cabo la venganza deseada.
Su importancia en la génesis de la moral es que puede dar lugar a una inversión de la jerarquía de valores, juzgando como superiores los valores que se pueden realizar y como despreciables los valores que son inaccesibles para el hombre resentido. Existe una conciencia de impotencia frente a los valores verdaderos.

El resentimiento  es una autointoxicación psíquica que surge al reprimir sistemáticamente los afectos y las descargas emocionales normales.
Revela la conciencia de la propia impotencia pues  lleva a refrenar ese impulso espontáneo de venganza que se va acumulando, y retrasando así el contraataque.
El resentimiento acumulado acaba por deshumanizar al contrincante, abriendo así la puerta al exterminio.  ahora la presidente ,tiene la oportunidad histórica de cambiar sus politicas”. (La Nacion)

*El resentimiento se manifiesta a través del sentimiento de rencor que podemos definirlo como “odio retenido” de ahí que antiguamente se llamaba “amargos” a los resentidos porque retienen la ira por largo tiempo (Tomás de Aquino, S.T. I-IIae, cuestión 46, de las especies de iras).
Se debe a Robespierre, el gran jacobino de la Revolución Francesa, el mérito de haber sintetizado en una frase la psicología de aquella Revolución como del resentimiento: “Sentí, desde muy temprano, la penosa esclavitud de tener que agradecer”. El resentido padece una ceguera moral respecto de la gratuidad, la donación y el agradecimiento.

El resentimiento fue estudiado en profundidad por dos autores alemanes contrapuestos en este punto: Federico Nietzsche en La Genealogía de la Moral y Max Scheler en El Resentimiento en la Moral.

Es sabido que la forma del razonamiento de Nietzsche en todas sus obras es a  través de una refinada psicología que explica las cosas ad inferiori, por lo bajo. “Esta interpretación sofística y psicologizante  consiste en interpretar la genealogía del ideal desde su contrario”. Así va a sostener que la santidad tiene su origen en la perversión, la verdad en el instinto de engaño, el derecho en la voluntad de aprovechamiento del otro. Piensa que la caridad, la castidad, la humildad y la paciencia son vistas como valores sólo por los débiles, por la moral de esclavos de los cristianos, que son aquellos que no tienen fuerza para superar la opresión y las situaciones de inj usticia.
Nietzsche como pensador anticristiano por antonomasia, va a afirmar en forma tajante: Desde su impotencia, crece en ellos el odio hasta convertirse en algo gigantesco y siniestro, en lo más espiritual y lo más venenoso. Los más grandes odiadores de la historia mundial siempre han sido los sacerdotes” 1.
Max Scheler va a responder que este razonamiento es falso en lo que atañe a la moral cristiana pues el perdón cristiano no es: un poder no vengarse por debilidad personal sino el privarse libremente de la satisfacción de la venganza.
El cristiano genuino tiene conciencia espontánea de su propio valor, lo cual le da seguridad y le permite aceptar el valor de los demás, incluso cuando son superiores a él. El resentido por el contrario en lugar de reconocer los valores superiores y resignarse, los rebaja, negando la bondad de aquello mismo que envidiaba.
El motor de la moral cristiana no es el desear lo que no se tiene sino que consiste en el darse y donarse, por parte de quien tiene, y se siente lleno de valor y felicidad. Es un movimiento que brota de la más íntima seguridad en la plenitud de su propio ser.

Nietzsche para Scheler confundió y asimiló el cristianismo a la moral burguesa de su tiempo propia de los pastores luteranos, como su padre, ignorando la naturaleza del cristianismo católico.

La moral burguesa, afirma Scheler, ha transformado el amor cristiano en pura filantropía sentimental, que lo reduce a la simpatía, la emoción o a un sentimiento de lástima. Defiende Scheler con fuerza la gran diferencia que existe entre la misericordia cristiana auténtica y la moderna lástima sensiblera
A la radical desconfianza en el otro propia del mundo burgués opone la solidaridad moral característica de la comunión de los santos.
A la multiplicación infinita de medios en el mundo burgués y una clara confusión en los fines, opone el mundo católico de la edad Media que con un mínimo de medios  se sabía gozar en ellos mismos. Incluso el ascetismo de aquella época provocaba una mayor capacidad de goce con el mínimo de cosas agradables: Una gota de lluvia sobre una hoja.
El cristiano burgués y luterano contra el que reacciona Nietzsche no es el mejor ejemplo de lo que sea el cristianismo.

Queda finalmente por responder si puede el hombre salir o liberarse del resentimiento.
Nosotros entendemos que del resentimiento se puede salir de cuatro formas o maneras: a) la primera y más expeditiva es la venganza de la ofensa, que produce la liberación del odio retenido o rencor.
b) la segunda posibilidad es el perdón, que es sacrificar libremente el valor de la satisfacción que produce la venganza, pero al mismo tiempo sólo se perdona auténticamente cuando uno todavía se siente lastimado. c) la tercera actitud es a través del olvido, lo que implica el paso del tiempo y  por último, d) tenemos el duelo, interpretando de otra forma la ofensa, reubicándola en el recuerdo.
Vemos, pues, que lo determinante en el surgimiento del resentimiento así como su solución o superación no radica tanto en la ofensa sino en la respuesta personal a la misma. De ahí que una misma agresión u ofensa hecha por igual a varias personas en unos cause un sentimiento pasajero de dolor y en otros despierte un resentimiento perdurable.

Andres Peebles 


[1] Fink, Eugen: La filosofía de Nietzsche, Madrid, Alianza, 1966, p.64. Nietzsche ve a los judíos como el pueblo sacerdotal y genio del rencor y en este aspecto hay coincidencia con Scheler quien afirma que el pueblo judío es el más antiguo usuario del resentimiento (Cfr. Op.cit. p.204)
* Alberto Buela





La identidad, no es la de todos por igual

       


(*)..Aquello que amenaza nuestra identidad no es la identidad de “los otros” sin la identidad pensada de todos por igual.(por favor, léalo de vuelta)
Este y no otro, es el problema fundamental a resolver por todo lo que se denomina el pensamiento identitario o no conformista.
Si lo pretendemos resolver como lo hace le pensamiento único, también llamado políticamente correcto, caemos en el igualitarismo, fundamento ideológico de la democracia liberal que piensa a todos los hombres por igual. Y es por ello que cree, a pie juntillas, que la forma de gobierno democrática es de obligatoria aplicación universal.
Este razonamiento es el que justifica las intervenciones a bombaredeo limpio y cañoneo de los Estados Unidos por todo el mundo. O aquello que sostenía nuestro prócer iluminista Julián Segundo Agüero de instaurar la democracia a palos.

Y si uno niega esto le repican inmediatamente: Ud. no es demócrata, con lo cual lo sacan literalmente de la humanidad y el mundo civilizado, transformándolo en un paria.

Este presupuesto, prejuicio o preconcepto de la democracia liberal: el igualitarismo, se ve seriamente amenazado por la identidad de los otros. Lo vemos en Europa, con italianos, franceses, ingleses, españoles y alemanes defendiéndose tenazmente contra la invasión de los inmigrantes negros y musulmanes, anche iberoamericanos y asiáticos.
 Y es que esta democracia debido a su carácter formal está vacía de contenido axiológico, o peor aún, su único contenido de valor es la igualdad. Pero ésta termina siendo simplemente un formalidad expresada en las ecuaciones: a) un hombre un voto, en lo que hace a la representación política. b) el cálculo per cápita en la distribución de la riqueza, en economía y c) el hombre reducido a la humanidad civilizada en el ámbito de la cultura. Tres formalidades vacuas en política, economía y cultura, donde el hombre de carne y hueso como gustaba decir Miguel de Unamuno, se pierde por extrañamiento de sí mismo.

Es que el igualitarismo ha buscado erosionar en forma sistemática las diferentes culturas que componen esto que llamamos mundo en una sola, y al no poder lograr su cometido ve en “los otros” o  “las otras culturas” una amenaza a su identidad. Y así la vive y así lo expresa.

Es por ello que resulta incomparablemente más peligroso para “nuestra identidad americana y argentina” un supermercado Wallmart o Carrefourt que una mezquita o una sinagoga. Pues aquello que homogeneiza, nivela, iguala a todos por igual, son los grandes supermercados y no las diferentes religiones.

Nosotros, por nuestra parte, creemos que la identidad hay que buscarla no tanto en aquello que los latinos denominaban idem, lo idéntico, sino más bien en el ipse, el sí mismo. Así en la afirmación de ser uno mismo y no en la repetición mecánica de lo idéntico, es donde debemos comenzar a bucear la identidad.
El igualitarismo y con él su hija putativa, la democracia liberal, entienden el tema de la identidad como la igualdad de lo mismo realizada mecánica y universalmente por todos los hombres pareciéndose unos a otros lo más posible. Esto se hace extensible al marxismo-leninismo, también hijo de la modernidad, con su ideario de la sociedad comunista de los productores asociados, que no es otra cosa que una visión bastarda, por totalitaria, del igualitarismo liberal.

Ahora bien, si buscamos la identidad a través del ipse, esto nos obliga a afirmar que la identidad no es algo hecho de una vez y para siempre sino que es más bien un hacerse. Pero este hacerse no se realiza en el aire, no es un flatus cultural, como piensa el mundo progresista y relativista de lo más adelantado de la democracia liberal como lo es la socialdemocracia europea, sino que debemos buscarlo, o mejor, debe buscarlo cada hombre a través de la encarnación de valores que su tradición cultural ha privilegiado.
Es por esto que un gran filósofo como el escocés Alasdair MacIntayre puede afirmar una y otra vez, que todo hombre piensa y actúa a través y gracias a una tradición cultural que es la que lo determina en lo que es.  O como más cerca nuestro afirma Tucho Methol, no existen los boys scouts del pensamiento, todos pensamos a partir de un contexto de intereses determinados.

Lo que amenaza la identidad no es la identidad de los otros, que está bien que sean distintos, diferentes, lo que corroe la identidad es proponer la identidad como la igualdad de todos por igual. Porque el hombre (y la mujer) es distinto uno de otro, su rostro así nos lo indica. Y es distinto porque es persona que reúne en sí los rasgos de ser moral y libre, único, singular e irrepetible. Un hombre es sólo igual a otro hombre en dignidad, porque participa de igual manera de la especie, diría un filósofo o  porque son por igual hijos de Dios,  afirmaría un teólogo, pero ontológicamente un hombre en tanto persona es diferente a otro.En la América Indoibérica a diferencia de Europa, por un problema cultural - nuestra tradición más genuina no es ni igualitarista ni liberal- nosotros no nos sentimos amenazados por la identidad de los otros- indios, negros, zambos, europeos- pues todos somos americanos con igual derecho, pero con diferentes valores. Y aquí en Argentina privilegiamos y debemos privilegiar el mundo de los valores criollos, que no es otro que el mundo de los valores patrios. Eso es todo.  


*Alberto Buela