domingo, 28 de abril de 2013

Las 10 multinacionales que controlan el consumo mundial de bienes masivos




¿Sabe quién está detrás de los productos que llenan su cesta de la compra? El universo de marcas que puebla el lineal del supermercado puede ser una ilusión. Detrás, pocas y muy grandes empresas controlan el mercado. La distribución, el comercio de cereales o la producción de semillas son también negocios en pocas manos.




¿Se ha planteado alguna vez qué tienen en común el detergente Ariel, las pilas Duracell, las cuchillas de afeitar Gillette, el champú Pantene y el maquillaje de Max Factor? Pues que todas pertenecen a la misma compañía: la estadounidense Procter & Gamble (P&G), el líder incontestable en la industria de consumo. ¿Y sabría decir quién está detrás de elementos tan cotidianos como las sopas Knörr, el desodorante Axe, los helados Frigo o la crema Pond’s? ¿No? Sencillo, el fabricante es otro gigante del sector: la anglo-holandesa Unilever, que suma un portafolio de más de 400 marcas y 2.000 millones de clientes en todo el planeta.
Muchas veces, cuando llenamos el carro de la compra y elegimos un producto en lugar de otro, no somos conscientes de que, compremos el que compremos, estamos alimentando la facturación de la misma empresa. ¿No se lo cree? Pues sepa que la batalla comercial entre las compresas de Evax y las de Ausonia no es real. Ni tan siquiera si entran en liza los tampones de Tampax. Los tres productos de higiene femenina pertenecen al gigante norteamericano.
Sin duda, el universo de marcas que nos rodea es abrumador. Miles de productos entre los que escoger con diferentes sabores, texturas, colores y promesas para nuestro paladar y nuestro bien estar. Pero, ¿qué esconde este entramado de enseñas? “Los supermercados modernos ofrecen una poderosa ilusión de elección: infinitas marcas controladas por muy pocas y grandes empresas”, sentencia rotundo Patrick Woodall, director de Investigación de Food & Water Watch, una organización sin ánimo de lucro con sede en Washington que vela por que los alimentos y el agua que se consumen sean seguros, accesibles y producidos de manera sostenible.
Solo diez empresas, P&G, Unilever, Nestlé, Kraft, Johnson &Johnson, General Mills, Coca-Cola, Kellogg’s, Mars y PepsiCo, están detrás de más de mil enseñas habituales en cualquier casa. The Coca-Cola Company, por ejemplo, no solo da nombre a la bebida refrescante de la chispa de la vida, sino que, además, atesora más de quinientas marcas, entre ellas los refrescos Sprite y Fanta o la bebida isotónica Powerade. Y su gran rival PepsiCo es dueña de los Doritos, las patatas fritas Lay’s y los zumos Tropicana. Resulta obvio que los cereales Special K o los Corn Flakes que se comen para desayunar en miles de hogares llevan el sello de Kellogg’s, la compañía con sede en Battle Creek (Michigan). Y que Nescafé y los helados Nestlé pertenecen a la misma casa. Pero no lo es tanto que los platos preparados de Maggi, los helados de Häagen-Dazs, la pasta de Buitoni, la fabada Litoral y la comida para animales Purina también pertenezcan a Nestlé. Como tampoco es evidente a los ojos del consumidor que la multinacional suiza sea, a su vez, uno de los accionistas de referencia de la firma de cosmética L’Oréal.


¿Falta transparencia? “Todo es más sencillo. Las empresas utilizan otras marcas diferentes a la líder cuando el producto rompe con la imagen atribuida a la enseña de referencia o cuando quieren ocupar otros segmentos de mercado”, señala el profesor del IESE, Jaume Llopis.
Desde Promarca, la asociación que engloba a los fabricantes de productos de gran consumo de España, su presidente Ignacio Larracoechea, defiende que “éste es uno de los mercados más fragmentados que existen”. Y es que estos titanes industriales están abocados a convivir en cada país tanto con marcas de corte local que han sabido ganarse su hueco como con las enseñas propias del distribuidor (la mal llamada marca blanca).
En España, por ejemplo, Nesquik de Nestlé no ha podido imponerse al referente de su categoría: Cola Cao, de la catalana Nutrexpa. Como también son líderes las galletas Cuétara (Nutrexpa), las sopas de Gallina Blanca (Agrolimen) y el vino Don Simón (G. Carrión). “Si una empresa tiene un excelente producto, no tiene ningún problema en tener su hueco”, afirma Llopis, un gran conocedor del sector por su trayectoria profesional –ha sido, entre otros cargos, consejero delegado del Grupo Borges y director de Nestlé España–. Por su parte, Mercadona, el líder de la distribución nacional, sacó de sus tiendas más de 500 marcas de fabricantes para colocar en el lineal su Hacendado, su Deliplus, su Bosque Verde… “Y aquí no siempre hay transparencia”, advierte este profesor.
GOLIAT Y DAVID. Con todo lo grande que es P&G [factura casi 84.000 millones de dólares], Larracoechea asegura que en España representa solo el 3,2% de las ventas de envasados de Carrefour. Para los fabricantes, la verdadera limitación a la capacidad de elegir del consumidor es otra. “La distribución tienen un grado de concentración seis veces más grande que la de los fabricantes. ¿Quién tiene la fuerza entonces?”, cuestiona el presidente de Promarca. Hasta la Comisión Nacional de la Competencia constató en 2011 que el número de fabricantes dependientes de los distribuidores –cuando éstos suponen un 10% o más de sus ventas en alguna categoría– ha pasado del 65% en 2003 al 83% siete años después.
Esta desigualdad no impide, sin embargo, que un coloso como Unilever [con unas ventas de 51.300 millones de euros] fuera nombrado en 2010 “el mejor proveedor del mundo” por Walmart, el líder mundial de la distribución, y que un año después, Tesco, el tercer mayor distribuidor del mundo, le eligiese “el proveedor internacional del año”. La compañía anglo-holandesa, además, vende sus productos en ¡diez millones de pequeñas tiendas en más de 170 países!
Si bien los datos de Euromonitor International confirman la fragmentación de la que habla Larracoechea –Nestlé, el incontestable líder global, solo controla el 3,4% de la cuota mundial–, la concentración en algunos segmentos “es, ciertamente, elevada”, matiza Ildiko Szalai, analista senior de la firma de análisis de mercado. Y para muestra un botón. Solo cinco empresas, Kellogg’s, General Mills, Cereal Partners Worldwide –una joint venture entre Nestlé y General Mills–, Quaker (PepsiCo) y Ralcorp, controlan el 65% del segmento de cereales. La todopoderosa Coca-Cola tiene ella sola un 26% de cuota global. Y entre P&G, L’Oréal (participada por Nestlé), Unilever, Colgate-Palmolive y Avon suman el 36% del negocio mundial de belleza y cuidado personal.






“Los monopolios ya no son un problema. Ahora la necesidad de acaparar el mercado toma una nueva forma: el oligopolio, que se está convirtiendo en la regla en un creciente número de industrias”, señala el periodista Steve Hannaford, autor del l libro Market domination.
Ciertamente, no es un fenómeno aislado. Philip H. Howard, profesor de Recursos Naturales de la Universidad de Michigan, ha liderado un estudio sobre la concentración en la industria del vino en Estados Unidos y los resultados son reveladores: más del 50% de los caldos que se venden en el país los producen, licencian o importan solo tres compañías: E&J Gallo, The Wine Group y Constellation Brands. Da que pensar, ¿verdad? “Quizá es más evidente que el sector de los refrescos está controlado por Coca-Cola y Pepsi y el de la cerveza, por [la belga] ABInBev y [la británica] SABMiller, pero hasta yo me sorprendí por el grado de concentración en la industria del vino”, afirma.
¿Ha oído alguna vez hablar de Cargill, ADM, Bunge o Louis Dreyfous? Seguro que no. Estas empresas no hacen anuncios en televisión ni promociones en el supermercado, pero por sus manos pasan el 90% de los cereales, el café, el cacao y la soja del mundo. Son commodities traders. Solo las dimensiones de Cargill, la mayor compañía agrícola de Estados Unidos, impresionan: factura 133.900 millones de dólares, es el segundo productor de vacuno del país, una de las mayores compañías de cacao del mundo, vende fertilizantes y posee empresas dedicadas a convertir el maíz en biocarburantes, en alimentos para personas y en piensos. “En Estados Unidos hay 900.000 ganaderos, pero sólo cuatro compañías compran el 80% del ganado para matarlo y envasarlo, lo que significa que hay pocos competidores pujando. Y ese poder económico desciende por la cadena de valor hasta nuestras cocinas”, señala Woodall.
¿Y qué me dicen Monsanto, DuPont, Syngenta y Limagrain? Seguro que tampoco le suenan. Sin embargo, las cuatro poseen el 29% del mercado global de semillas. Mary Hendrickson, doctora en Sociología Rural de la Universidad de Missouri y una de las autoras del informe The Global Food System, afirma que “la consolidación del mercado es una tendencia documentada. Y en un sistema así, es más difícil que la información de quién y cómo se producen los alimentos sea transparente”. Esta experta no duda de que Cargill y el conglomerado tailandés CP Group compitan ferozmente entre sí, pero duda de que permitan la competencia a lo largo de la cadena valor que integran.
No es el único efecto: a mayor concentración, mayor riesgo de concertación –Bruselas sancionó en 2011 un cártel de detergente en polvo en el que estaban involucrados P&G, Unilever y Henkel–, de que los precios suban, de levantar barreras de entrada y de ejercer influencia sobre las autoridades de turno.
DE COMPRAS. “Las grandes compañías de alimentación son muy grandes, muy poderosas y malas para el capitalismo. Distorsionan y dominan el mercado”, sentencia Tim Lang, un prestigioso profesor del Centro de Política Alimentaria de la City University London y asesor de la OMS, entre otras facetas, que lleva una década alertando de la rápida concentración en el sector alimentario. “Gran parte se debe al proceso de compras y fusiones acaecido desde los años ochenta, que ha hecho desaparecer a muchos competidores. El resultado ha cambiado tanto la arquitectura de la cadena de suministro como la cara visible del sector”, alertó ya en 2004.

Y el tiempo le ha dado la razón. Es más, ni la recesión económica ha frenado este proceso. “En el sector de la comida envasada las operaciones corporativas no han aminorado”, corrobora Szalai, de Euromonitor International. El grupo estadounidense ConAgra se hizo el pasado noviembre con el fabricante de marcas blancas Ralcorp por 4.950 millones de dólares, creando el mayor productor de alimentos envasados del país. En febrero de 2012, Kellogg’s compró las patatas Pringles a P&G por 2.700 millones de dólares. Un año antes, Unilever vendió Sanex a Colgate-Palmolive, al tiempo que le compraba su negocio de detergentes en Colombia. En 2010, la firma anglo-holandesa pagó 3.700 millones de dólares en efectivo por Alberto Culver –la firma de los champús TRESemmé, entre otras marcas–, la mayor compra de la década. Y solo la reciente integración de las siete embotelladoras de Coca-Cola en España dará lugar a la mayor industria del sector agroalimentario del país, con ¡3.000 millones de euros de facturación!
El temor de algunos parece estar justificado. “Los oligoplios son muy difíciles de romper. Hay alternativas interesantes, pero es complicado cambiar cómo funciona el sistema alimentario”, reconoce Sophia Murphy, investigadora del Institute for Agriculture and Trade Policy. Y aunque la mayoría de los consumidores sigue sin ser conscientes de este fenómeno, “algunos empiezan a actuar más como ciudadanos, basando su toma de decisiones no solo en atributos de precio y calidad”, añade optimista Mary Hendrickson. Así que la próxima vez que llene la cesta de la compra, no olvide mirar en la letra pequeña quién está detrás.

viernes, 29 de marzo de 2013

Glaciares y cambio climático


Las variaciones en la radiación solar que llega a la Tierra determinaron, hace más de veinte mil años, las grandes glaciaciones. Los avances y retrocesos de los glaciares de hoy suelen atribuirse al cambio climático producido por el hombre y puede ser objeto de controversia.

Por Leonardo Moledo
–Cuénteme.
–Yo básicamente trabajo en dos temas. Uno es cuaternario: glaciación, cambio climático, todo lo que tiene que ver con las glaciaciones, básicamente a partir de fines del plioceno hasta los últimos avances glaciarios que hubo en períodos históricos.
–Hablemos de eso primero.
–Bueno, básicamente yo trabajo en el campo de hielo patagónico, con las glaciaciones que ocurrieron en períodos posglaciares. Después de la última gran glaciación, que fue hace 23 mil años más o menos, hubo glaciaciones. A partir de ahí los glaciares retrocedieron; esas grandes glaciaciones que hubo (por ejemplo en el lago Buenos Aires yo encontré seis) tuvieron que ver con variaciones de la radiación solar que llega a la Tierra, porque la Tierra tiene movimientos diferentes a lo largo del tiempo, ciclos, que hacen que varíe la cantidad de radiación que llega. El que determinó eso fue Milankovich hace mucho tiempo: cuando él lo dijo, no podía probarse, pero finalmente se probó. También estudio, allí, lo que ocurrió después del último retiro del glaciar.
–Hace 23 mil años.
–Sí. Hubo varias oscilaciones. Hace 23 mil años es el máximo y ahí empiezan a retroceder. Hace 13 mil años los glaciares estaban bastante más atrás incluso de la posición que tienen ahora. A partir de ahí, hay un reavance muy importante en el Hemisferio Norte, que fue muy fuerte, y que durante mucho tiempo fue una verdadera incógnita, porque tuvo la magnitud que tuvieron las grandes glaciaciones. Pero aparentemente eso tuvo que ver con una ruptura de un lago glaciario que había en el norte de Canadá, que solubilizó parcialmente la salinidad del Atlántico y detuvo la corriente marina profunda. Eso provocó un enfriamiento que...
–¿Eso cuándo fue?
–Hace 13 mil, 11 mil años. Lo interesante de esto es que durante mucho tiempo no se supo cuál era la causa. Y ésta que le cuento es solamente una teoría muy probable: al liberarse un enorme lago que había en Canadá, el agua dulce se mezcló con la corriente salina y en lugar de hundirse, porque la corriente se hunde en el Atlántico Norte, se quedó en superficie. Al quedarse en superficie, sobreenfrió el Hemisferio Norte. Durante el máximo glaciario, el norte de Canadá está cubierto de hielo. Lo que ocurre ahí es que toda el agua de fusión glaciaria drenaba por el Mississippi hasta el Golfo de México. Había un enorme lago entre el borde de hielo y la salida finalmente del emisario, que era el Mississippi. En un momento determinado, se rompe el último cierre que había... Hay dos opciones: uno es que es la bahía de Hudson, que ahí estaba la masa de hielo y de repente se rompió, y ese lago gigante, porque es un lago gigante... cuando usted piensa que los lagos actualmente en el límite de Estados Unidos y Canadá representan sólo un 15 por ciento de ese lago gigante, se da cuenta de la magnitud que tenía. Se llamaba Agassiz. Cuando se rompe ese último cierre que tenía, se vacía catastróficamente hacia el Artico. El problema es que en ese momento está la corriente marina profunda y se hunde, viajando por el fondo oceánico. Después vuelve a ascender ya en el Hemisferio Sur. Esa corriente funciona como transportadora de temperatura de lugares donde es muy alta a donde es muy baja y viceversa; uniformiza la temperatura planetaria. El problema es que, si yo la paro, voy a tener un sobreenfriamiento en el Hemisferio Norte. Eso fue lo que pasó, en teoría.
–¿Fue ahí donde se cerró el estrecho de Bering?
–No, esto es al revés. Lo que hay aquí es la liberación de un lago de agua dulce enorme que se mezcla con la corriente salina, que a esa altura está en superficie, pero que se empieza a hundir por una diferencia de densidad, le quita la densidad, y eso hace que todo el sistema se pare, se sobreenfríe el Hemisferio Norte y se produzca la glaciación. Esa glaciación nunca se la había encontrado en el Hemisferio Sur, y la hallamos con un colega en el campo de hielo patagónico. En Puerto Banderas, en el lago Argentino, estamos entre 13 y 11 mil años. A partir de ahí retrocede de vuelta la glaciación pero hay, en tiempos históricos, avances glaciarios. Se llaman neoglaciaciones, porque ya no tienen la magnitud de las grandes glaciaciones. Y éstas son interesantes porque las dispara la radiación solar. El Sol tiene ciclos de mayor y menor actividad. Y esto, justamente, con el tema de observaciones circunstanciales que se hacían a lo largo de mucho tiempo, presencia o ausencia de manchas solares, permitió llegar a la conclusión de que hay períodos en que el Sol tiene baja actividad...
–La pequeña edad del hielo.
–Exactamente. Pero la pequeña edad del hielo no es verdaderamente una pequeña edad del hielo. Son varios eventos de enfriamiento separados por eventos de mayor temperatura.
–La pequeña edad de hielo hizo que los vikingos dejaran de viajar a América, por ejemplo.
–Claro, pero no fue una sola. Esa es la cuestión. Acá se metió todo en la misma bolsa, a tal punto que incluso se discutió durante mucho tiempo su existencia. Eso es algo que discuten mucho los meteorólogos. Porque acá hay un problema: si se acepta que hay ciclos en los que el Sol pasa por mayor o menor actividad solar, y cuando hay menor actividad solar hay una relación directa con avances glaciarios y cuando hay mayor actividad con retrocesos glaciarios, hay que reconocer que el clima es algo notablemente variable, no es que permanece constante y de repente hay grandes cambios. No sólo se enfría, sino que también se calienta. La media global, durante un mínimo glaciario, pasa por uno y medio grado menos que la media normal.
–¿Y cuánto dura?
–Y, en el orden de unos 180 años. Y acá viene una cuestión interesante. Nosotros vemos esto en el campo del hielo patagónico; nosotros tenemos cierres morénicos que se pueden datar muy bien, porque esos cierres son cierres neoglaciares que están relacionados con esta variación solar. Hay muchos métodos para datarlos, con errores relativamente pequeños. Lo interesante, incluso en algunos casos...
–¿Qué es el depósito morénico?
–Cuando el glaciar avanza empuja detritos, y cuando retrocede deja algo. Eso es el depósito. Cuando uno se fija cómo son los valores, hay una separación temporal muy rítmica con respecto a ese tema. Y lo interesante es que el último enfriamiento, que es el mínimo de Dalton, ocurre hace aproximadamente ciento y pico de años. Desde entonces, subió la temperatura. Y acá viene una discusión clave...
–Si el calentamiento global tiene que ver con el hombre o no.
–Claro. Los que apuestan fuerte a que es el hombre el principal agente son los del IPCC, para el que yo trabajé entre 1994 y 1998. A mí me pidieron hacer toda la parte de evolución de la criosfera de América del Sur. Nosotros tenemos dos glaciares paradigmáticos: uno es el Moreno, que supuestamente está en equilibrio, aunque en realidad avanza. Cuando se topa con la península de Magallanes, se hace un cierre y el agua rompe el cierre. Pero si no estuviera la península, avanzaría. El otro es el Upsala, un glaciar que tiene una tasa de retroceso alucinante. No hay ningún otro glaciar que retroceda a esa velocidad, y por eso está puesto como el ejemplo del calentamiento global antropogénico. Lo venimos estudiando desde el año ’91, y llegamos a la conclusión de que es un glaciar que retrocede mucho porque tiene problemas mecánicos. El problema es que ese glaciar, cuando avanzó, se apoyó en esos arcos morénicos, de los que le hablaba, que son como montañitas transversales al lecho del lago. Cuando retrocede y está apoyado, no hay problema, pero de repente pierde parte del frente. Y ahí se sueltan 300 o 400 metros de frente glaciar. Bueno, y hay otros fenómenos como que el agua... Pero lo importante aquí es que nosotros determinamos que si retrocede es por motivos mecánicos, no climáticos.
–¿Y entonces?
–Cuando yo escribí todo esto para IPCC me sacaron esa parte. Yo pregunté por qué y me dijeron que no podían poner todo, pero el problema era que no estaba poniendo lo que se quería demostrar, que era que el glaciar retrocedía por cuestiones climáticas. Yo demostraba que retrocedía por razones mecánicas. Eso me produjo un fuerte desencanto, porque me da la sensación de que cualquier argumento en contra de la antropogénesis del calentamiento global hay que silenciarlo.
–¿No cree entonces en la antropogénesis del cambio climático?
–Durante mucho tiempo creí que era así, pero a medida que fui avanzando con el trabajo de campo fui poniendo en cuestión mis suposiciones.

Distribución de la riqueza en Chile: El real problema está en el 1% más rico


                                                                                                                    Viernes 29 marzo 2013

Un estudio efectuado por economistas de la Universidad de Chile determinó que “una pequeña minoría (del país), los súper ricos, se llevan realmente la ‘parte del león’”, evocando una fábula de Esopo donde un felino usa su poder para quedarse con una presa y evitar repartirla con otros tres animales.
Basándose en datos del Servicio de Impuestos Internos (SII), el informe realizado por Ramón López, Eugenio Figueroa y Pablo Gutiérrez, concluye que la distribución del ingreso del país resulta ser mucho más concentrada que lo que habitualmente se señala. “El real problema de distribución en Chile está en lo más alto de la distribución y no tanto dentro del grueso de la población (90% o aún 99% de ella) donde la distribución tiende a ser relativamente pareja. Es realmente en el 1% más rico y sobretodo en el 0,1% y 0,01% más rico donde se concentra el ingreso”, indican los autores.
“Aún en base a una estimación conservadora del ingreso de los súper ricos, su participación en el ingreso personal total es extraordinariamente alta, llegando a más de 30% para el 1% más rico, 17% para el 0,1% más rico y más de 10% para el 0,01% más rico en promedio durante el periodo 2004-2010. En términos internacionales, éstas son las más altas participaciones que se conocen. Aún excluyendo ganancias de capital o utilidades retenidas, la participación del 1% más rico es la más alta registrada dentro de una lista mucho más amplia de alrededor de 25 países para los cuales esto se ha medido”, añade el estudio recogido por Ciper Chile.
“La participación del 0,3% más rico (aproximadamente 23.000 contribuyentes sobre un total de 8,2 millones) es de un poco más del 6%. Por otra parte, el 81% más pobre de los contribuyentes, cuyo ingreso medio es de US 338 (Poco menos de 160 mil pesos) por mes y que gana menos de US 1.096 (518 mil pesos) al mes, recibe sólo 34,4% del ingreso total. Es decir (…) se obtiene que el ingreso per cápita del 1% más rico es 40 veces mayor que el ingreso per cápita del 81% de la población” dice el informe.
Respecto a la situación de Chile comparada con otros países, “de modo muy general, las cifras muestran que, en promedio, la participación de estos estratos más ricos en el ingreso total del país es alrededor del doble de la participación media que se verifica en los otros 20 países de la muestra”.
por Denisse Charpentier •


normal; font-variant: normal; font-weight: normal; font-size: 14px; line-height: normal;
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“La ‘parte del león’: Nuevas estimaciones de la participación de los súper ricos en el ingreso de Chile”

martes, 26 de marzo de 2013

A Dios rogando y con el mazo dando – Habemus la séptima corrida contra el peso desde el 2007

ARTEMIO LOPEZ






*Artemio López-Sociológo

Durante esta semana, los sectores del poder económico profundizaron la séptima corrida contra el peso que soporta Cristina desde octubre de 2007. Sin embargo, el control de cambios impuesto por el Gobierno es una medida eficaz que impide la fuga de capitales con reservas, producto del esfuerzo colectivo.


No se apagaba aún el colorido debate entre dirigentes e intelectuales metropolitanos generado ya no por motivos terrenales sino por la designación del Papa (¡wow!), cuando, dejando de lado “apenas un momentico” la emoción vaticana que los embargaba, los sectores del poder económico y sus gurúes profundizaron la séptima corrida contra el peso que soporta el gobierno de Cristina desde octubre de 2007.

La cotización del llamado dólar blú llegaba así a su cénit superando los 8 pesos, el florido precio que establecieron para su transa los dueños de la timba ilegal, cuyas operaciones sumadas no totalizan el monto requerido para comprar el pase de Riquelme, roto como está.
"Manipulado por grupos de presión, el dólar ilegal y la brecha resultan recursos de baja operatividad comparados con las fugas anteriores."

Dijimos ya que hubieron antes de la que cursa en estos días papales y desde las elecciones de octubre de 2007 seis grandes corridas contra el peso que supusieron, antes del control oficial sobre la divisa, la fuga de más de 60.000 millones de dólares, el equivalente casi al 150% de las reservas del país. Al respecto, en el libro Economía a Contramano de Alfredo Zaiat se observa el período y magnitud de las seis corridas desestabilizadoras registradas contra el gobierno de Cristina Kirchner, favorecedoras de la caída en la generación de empleo y el aumento de precios.

1- Elecciones presidenciales 2007, duración: jul. 2007-octub. 2007. Monto fugado: 7.131 millones de dólares.

2-Crisis de "el campo", duración: abr.2008-jul. 2008. Monto fugado: 10.393. millones de dólares.

3- Caída de Lehman Brothers, duración: sept. 2008-oct. 2008. Monto fugado: 6.561 millones de dólares.

4- Fin AFJP, crisis internacional, elecciones jun. 2009, duración: dic. 2008-jul. 2009. Monto fugado: 13.784 millones de dólares.

5- Crisis Redrado en el BCRA, duración: ene. 2010, abr. 2010. Monto fugado: 5.262 millones de dólares.

6- Elecciones presidenciales 2011, duración: abr. 2011-oct. 2011. Monto fugado: 17.545 millones de  dólares.

El total de la fuga de capitales entre mediados del año 2007 y fines de 2011resulta entonces de 60.676 millones de dólares. ¡Esta es la fiestita que extrañan los librecambistas!

El imprescindible y exitoso control de cambios impuesto por el Gobierno,  al que los especuladores bautizaron como “cepo al dólar”, impidió finalmente que el ataque al peso supusiera financiarle la fuga de capitales con reservas, producto del esfuerzo colectivo.

Así las cosas, como mecanismo de presión sobre el peso, se creó esta vez el dólar ilegal, y para regular la presión del torniquete se difunde por los medios opositores y con simpática furia la denominada “brecha” entre el dólar legal y el que promueve el hampa financiera, brecha que, según agitan los medios opositores, “no para de subir” y al cierre de esta columna trepaba al 71%. (¡A la pipeta!)

Manipulado por grupos de presión, cuyo fin es generar una situación de caos en el mercado promoviendo una devaluación para apropiarse del excedente económico, más allá de su fuerte propalación en los medios opositores, el dólar ilegal y la brecha resultan recursos de baja operatividad comparados con las fugas anteriores.

Se trata de un recurso defensivo y de segundo orden respecto de los ataques especulativos pasados que muestran la creciente debilidad de la oposición en sus expresiones diversas: económicas, políticas y mediáticas.

Obviamente el Gobierno no alterará el rumbo de la política económica que tantos y tan buenos resultados ofrece en materia socioeconómica desplegando el mayor ciclo de crecimiento económico de que se tenga memoria estadística, de un 7,2% promedio entre 2003 y 20012 como se observa en el gráfico:



Pero no basta crecer. El modelo que los especuladores pretenden desestabilizar mediante el módico dólar ilegal y la famosa “brecha” resultó también muy eficaz en su capacidad de generar empleo, disminuir la pobreza y la indigencia y distribuir el ingreso.

En efecto, el modelo socioeconómico que conducen políticamente Néstor y Cristina Kirchner a partir de mayo de 2003 quitó de la indigencia a once millones de personas, el equivalente poblacional de Córdoba, Santa Fe, Capital Federal y Tucumán, sumados, arranco de la pobreza a  dieciséis millones, equivalente a la población bonaerense completa y creó cerca de cinco millones de puesto de trabajo.
"El modelo que los especuladores pretenden desestabilizar mediante el módico dólar ilegal y la famosa “brecha” resultó también muy eficaz en su capacidad de generar empleo, disminuir la pobreza y la indigencia y distribuir el ingreso."

En lo que respecta a la desigualdad, Florencia Médici (UBA, CEIL-CONICET) y Melina Mallamace (UNLP) en su reciente estudio Los indicadores que no miran, muestran que La Argentina presenta el menor coeficiente de GINI en relación a sus vecinos, destacando una reducción extraordinaria del 20% en el lapso comprendido entre los años 2003 y 2012, siendo el menor de la región (0.39 en el tercer trimestre del 2012).

Al tiempo que generó empleo, el modelo de crecimiento económico con inclusión social, tipo de cambio competitivo y matriz productiva diversificada, protegió los puestos de trabajo obtenidos de manera muy eficiente: en medio de la mayor crisis capitalista desde inicios del siglo pasado, la decisiones de política económica tomadas por Cristina Kirchner bajaron el desempleo del 8% en el año 2008, cuando la caída del Lehman Brothers Holdings Inc., al 5,9% en el último trimestre de 2012.

Contrario sensu, la ideología neoliberal que mueve a los manipuladores del dólar ilegal, cuando gobernó, en medio de la crisis del Tequila (una mini crisis comparada con la actual), hizo estallar el desempleo que, entre los años 1995 y 1996, pasó del 10,7% al 18,4% ¡en solo doce meses!

Si solo por un instante imaginamos los resultados de la devaluación que supone la cotización que el hampa financiera asigna al dólar ilegal, la caída  vertical del consumo interno que supondría dispararía la tasa de desempleo por sobre el 10% en un semestre, en tanto la pobreza e indigencia se duplicarían.

Para determinar los efectos catastróficos de las devaluaciones sobre la población con ingreso fijo, no imaginemos nada, solo miremos ejemplos de nuestra historia reciente.

Al respecto, Martín Romeo director de proyectos de Consultora Equis sostiene:

En 2002 se propuso una “devaluación ordenada” de 1,4$ = 1 u$s. La inflación acumulada del 1° semestre de esa “salida ordenada” fue de 30,5%; 39,2% en alimentos y 49,9% en canasta básica. El poder adquisitivo general cayó un 23,8% (26,5% para los trabajadores en negro).

La línea de pobreza en personas de fin de 2001 que era 38,3% pasó a 53,0%; o sea, aumentó un 38%. La línea de indigencia en personas pasó de 13,6% a 24,8%; o sea, aumentó un 82%.


Lejos de esta alternativa devaluacionista, el Gobierno nacional insiste en sostener el empleo y el consumo doméstico. Esta semana hubieron dos grandes novedades en esta dirección.

La primera es que durante el mes de este año la economía creció un 3,2%contra un 1,9% de 2012, lo que permite mantener las expectativas de crecimiento anual en 4,5%, que señalara no solo el oficialismo sino economistas de conocida trayectoria como Miguel Bein.

Por otro lado, Cristina Kirchner informó que se construyen 400 casas por día a través del Plan Procrear, el emblema de las políticas públicas para el sostenimiento del empleo, tras un año 2012 de notables restricciones en la creación de nuevos puestos de trabajo, como se observa en el cuadro que muestra el dinamismo en la generación de empleo en la última década.
 
En esta perspectiva de dinamizar la generación de empleo, que a nuestro juicio es el tema central y excluyente del año 2013, la consolidación de las primeras 30.000 viviendas ejecutadas es una gran noticia y muestra el buen ritmo de realización del Plan PROCREAR, cuyo tramo 2012-2013 supone un objetivo de 100.000 viviendas realizadas.

Recordemos que en materia de empleo la conclusión del tramo anual del PROCREAR genera 300.000 puestos de trabajo entre directos e indirectos, supone 4,3 puntos porcentuales adicionales de inversión y agrega 1,5 puntos de crecimiento del PBI.

Finalmente, mientras Cristina Kirchner se esfuerza por encontrar alternativas que sostengan el consumo y el empleo en un contexto internacional y regional de fuertes restricciones, los medios opositores y los políticos por ellos editorializados cierran filas con el hampa financiera y sus gurúes, promoviendo la devaluación mediante la nueva criatura modelo 2013: el dólar ilegal. Así les fue y les irá.


domingo, 24 de marzo de 2013

24 DE MARZO DE 1976:UN PROCESO HOBBESIANO



Publicado en 03/23,2013

Por Carlos Fernández Pardo

El problema de las causas, significados y consecuencias del golpe militar de 1976
Militares y peronistas ante los límites estratégicamente visibles de una política nacional
Los factores que explican el golpe militar del 24 de marzo de 1976, no son del mismo tenor del de aquellos que permiten comprenderlo. Mientras que la explicación siempre nos conduce a establecer procesos causales, el acto de la comprensión se refiere directamente a su significado. Las causas permanecen y solidifican como momentos históricos fijados en el tiempo. Mas no acontece lo mismo cuando consideramos el significado de los hechos que ocurren. Estos significados cambian con el paso de tiempo. Dependen de las percepciones sociales que, a su vez, moldean actitudes. Los significados se enuncian de acuerdo a discursos ideológicos que responden a determinadas justificaciones y que desempeñan una función retórica. Pero la retórica busca la persuasión. No pretende el esclarecimiento de la verdad. Y dado las personas consideran como reales aquellas situaciones que previamente definen como tales, la verdad de los hechos históricos depende del significado que tenemos de ellos. Dudosamente podría juzgarse como una manifestación de cinismo, la recomendación de Maquiavelo acerca de la importancia de apreciar la política según los resultados antes que de acuerdo a sus intenciones.
Los militares argentinos, comprometidos con la decisión de derrocar un gobierno constitucional, definieron las cosas en unos términos que luego no pudieron sostener como reales. De este modo, perdieron su batalla en el terreno donde la pérdida es realmente decisiva: en el de la pacificación que impusieron junto a la de sus argumentos legitimadores. Por eso mismo creemos que el significado del golpe militar de 1976 trasciende lo que podríamos llamar sus causas. Sin embargo, ciertas condiciones objetivas pueden dar cuenta de la presunta causalidad en los acontecimientos.
En el orden de las causas, la muerte de Perón, ocurrida en el año 1974, poseyó el signo de una verdadera tragedia. Condicionó todo lo demás. Por lo pronto, su muerte significaba la ausencia de un poder de arbitraje en las filas del peronismo. Dejó su movimiento en estado faccioso sin la estructuración de un gran partido de masas y en una dialéctica violenta entre sus cuadros. Su muerte significó también la pérdida del eje vertebrador de las movilizaciones políticas. La desaparición del único garante cierto de cualquier coalición institucional.. Existen, desde luego, otras circunstancias que todavía permanecen en las sombras. La misma estrategia de las organizaciones armadas era ostensiblemente "golpista." Por otra parte, en aquellos días, pocos entendieron que la Presidencia de Isabel Martínez de Perón era la consecuencia previsible de una fórmula no deseada por el líder justicialista. No deseada, quiere decir: impuesta a Perón por un golpe de mano del círculo de sus principales allegados. Tal vez pudiera explicarse su nominación con el temperamento del Modelo Argentino texto postrero en el cual Perón depositaba sus esperanzas. Entonces, la sucesión de Isabel admitiría la premisa de ser una forma de clausurar el liderazgo carismático basado en el reconocimiento. El signo de una necesaria institucionalización del peronismo para "despersonalizar los propósitos" y lanzarse a la "lucha por la idea". En el interior del peronismo Isabel no era una compañera de fórmula sino, ella misma, la fórmula de la sucesión. Muchos lo entendieron de ese modo proclamando un neoverticalismo carente de sentido. Otros, razonablemente, invocaron una elemental disciplina partidaria. Pero la apatía que generaba el propio gobierno demostraba que su fuerza no era mayor que el apoyo que movilizaba para su defensa. Ahora bien, nada de eso ocurría en el vacío. Nunca, como en aquel momento, se mostraba tan cierto el criterio de Perón acerca de los límites de una política nacional en la época de la interdependencia mundial. Si la tesis que sostiene que antes de morir, Perón procuraba un entendimiento con los Estados Unidos y una conferencia personal con el Presidente Nixon es plausible suponer que, con su desaparición, serían otras las expectativas de nuestra política exterior.
Cualesquiera hayan sido los entretelones, no cabe duda que la importancia de Perón puede medirse por el colapso del sistema de concertación que había logrado con retorno. En tal sentido habría que mencionar la erosión del acuerdo social de precios y salarios y las fuertes expectativas de inflación que apenas pudieron contener los últimos ministros peronistas, agravadas con la devaluación producida por el ministro Celestino Rodrigo. Otra de las causas del golpe militar ciertamente fue el fenómeno subversivo peligrosamente combinado con la pérdida de control del propio gobierno, debido a la crisis que enfrentó a López Rega con los sindicatos y la imposibilidad de conducción de Ia Presidenta
La gestión de los militares
Ya en diciembre del año 1975 se había sido hecho público un claro ultimátum militar en el discurso pronunciado por el Comandante en Jefe del Ejército Jorge R. Videla en Tucumán. El acento fuerte estaba puesto en una crisis de orden Era una interpretación referida a que la sociedad argentina demandaba seguridad el 26 de febrero de 1976, la Cámara de Diputados rechazó el pedido de juicio político a la presidente Isabel de Perón que había presentado la Fuerza Federalista Popular y votado inclusive por la Unión Cívica Radical. Para un observador atento, resultaba claro que el golpe militar poseía vinculaciones políticas, empresarias y sindicales. Y esto permitiría entender el carácter del proceso y su fractura interna visible a fines del año 1978.
Aquellos que en forma temprana intentaron justificar el Proceso en una visión fundacional, argumentaban que el gobierno del Teniente General Videla, establecería los fundamentos de una nueva república. El primero de esos fundamentos era el imperativo de orden público. Una garantía hobbessiana de salvaguardia de la propiedad y la seguridad. Un segundo fundamento, al que podríamos llamar salvacionista se refería a una suerte de reencuentro, casi místico, entre las Fuerzas Armadas y su razón de ser: la guerra contra la subversión. Por consiguiente, los argumentos de una emergencia crítica ponían en un estado de notable actualidad los motivos temibles de la disolución nacional, la acción de agentes del exterior que medraban con nuestros enfrentamientos y la supervivencia misma de las instituciones. Martínez de Hoz redujo drásticamente las retenciones a las exportaciones agropecuarias el impuesto a las ganancias de las empresas y eliminó el control de las tasas de interés. Pronto reunió el consenso de los exportadores y de quienes veían en el ministro la persona capaz de liberar los mercados y abatir el poderoso sector de empresas públicas, sin embargo en este punto Martínez de Hoz encontró sus principales obstáculos en los altos mandos militares. No había interés, ni motivación, en deshacerse del complejo industrial (SOMISA, Fabricaciones Militares, Astilleros) para satisfacer un ajuste presupuestario clásico que tuviese como objetivo de reducir el gasto público. Sin duda esto vale también en relación al programa nuclear argentino.
La Junta de Comandantes tuvo dificultades respecto al militar que habría de suceder a Videla, quien según los mecanismos sucesorios, debía gobernar solamente tres años. En un marco de malestar dentro de su fuerza, el elegido fuel el general Roberto Viola quien había visto afectado su consenso por un pronunciamiento en la poderosa guarnición de Córdoba en septiembre de 1979, protagonizado por el general Luciano Menéndez y otros oficiales. Tampoco eran buenas sus relaciones con el almirante Massera
Desde el mes abril de 1981 en adelante el gobierno militar ingreso en una dinámica de descontrol político de su propio proceso de consolidación. Definitivamente ya no contaba con la perspectiva fundacional que algunos podrían haber imaginado. Los militares no podían gobernar una sociedad compleja. La designación del general Roberto Viola, segundo presidente del Proceso que debió producirse en octubre de 1980, puso de manifiesto las contradicciones existentes y la ausencia de liderazgo en las fuerzas armadas. Peor aún, concluido el ciclo antisubversivo comenzaban a presentarse los tramos más difíciles de la lucha por la pacificación. Sin duda fue un serio error, una muestra de la falta de calidad intelectual el no haber considerado que "ganar la paz" es lo que cuenta una vez que se ha terminado con un enemigo. Y este proceso de ganar la paz implicaba, para el gobierno militar, exponer las finalidad de sus actos, el principio de legitimidad de su intervención y la observancia del sistema de derechos que en lo interno y en se hallaban entonces lo internacionales lo llevarían a una confrontación. Los militares argentinos ante una clara y definida situación "gramsciana ya que estaban perdiendo la posibilidad de tornar hegemónica su dominación (la "militarización" de la sociedad argentina).
El nuevo presidente debía asumir el cargo en marzo de 1981 y no llego a cumplirse el plazo. Todo indica que la designación de Viola alterando lo dispuesto en el Acta Institucional, no contó con el voto de la Marina. Algunos observadores daban por sentado que tal vez una etapa del proceso había sido cumplida. En parte porque el accionar de la subversión se encontraba literalmente desmantelado. En parte, también, por la propia marcha de la economía no arrojaba todavía indicadores tan negativos que conmoviesen la pasividad crítica con la que grandes sectores de la población toleraban las gestión militar. Ciertamente, esto comenzó a suceder cuando se conocieron los escándalos financieros de 1980 ganaron los titulares. A fines de 1980, la figura de Martínez de Hoz había sufrido un severo desgaste quedando confrontada con los sectores industriales afectados por la apertura. De manera que al cabo de unos meses, cuando asumió el general Viola para el período 1980-1983, todos pedían un cambio de rumbo económico.
A mediados de 1981 era un hecho que la inoperancia del general Viola, la activación política de una convergencia Multipartidaria y sobre todo, el impacto de la devaluación provocada por Martínez de Hoz, bastaban para dar crédito a rumores de cambio. Definitivamente, la Junta Militar era presa de un conflicto interno centrado en la inevitabilidad de una "salida" del Proceso. Esta percepción tornaba relativos y escasamente confiables los proyectos destinados a mantener en el poder la fórmula de 1976. Empero, sería equivocado pensar que los militares estaban aislados de la sociedad y que carecían de vínculos y entendimientos con actores políticos y sindicales importantes. El solo hecho de imaginar una "salida" ya imponía restricciones realistas que debían sopesarse con claridad. En el año 1981, estaba prácticamente cohesionado un frente civil. Pausadamente los dirigentes políticos iban concentrando las expectativas social y democráticas del país. Si uno tuviese que preguntarse, por qué motivo, el régimen militar argentino no se proyectó en una fuerza política, aunque más no fuera minoritaria en términos electorales pero con presencia eventual en un futuro Parlamento, de inmediato se nos ocurren dos respuestas. En primer lugar porque el Proceso carecía de un proyecto que fuese más allá de la autodefensa corporativa, explicable debido a la lucha contra la subversión al temor a que la politización de las fuerzas armadas introdujera un principio faccioso en su propia estructura. En segundo lugar, porque en el seno de las fuerzas armadas fue cobrando cuerpo una tendencia a recuperar legitimidad desde el campo militar-profesional y bélico. Una tendencia peligrosa que pronto estableció un rearme y una incursión en la arena internacional, aprovechando la dispersión del poder norteamericano y las fuerzas centrífugas que en materia de seguridad alentaban algunas capitales europeas y principalmente la Unión Soviética. Creemos que se fue afirmando a tenor de esta tendencia una actividad perturbadora. La declaración de autonomía en el campo nuclear controlado por el sector tecnológico militar tensó las relaciones con los Estados Unidos. Los convenios con la URSS referidos al intercambio comercial, justo cuando Estados Unidos pretendía reinstaurar su declinante influencia en la región, y en otras partes, promovió la influencia soviética en la Junta Militar. El 28 de abril 1979 el departamento de Estado condenó a la Junta Militar y el 2 de mayo Argentina respondió al Departamento de Estado. A comienzo de 1980 el Mercado Común Europeo y el Japón negociaron una serie de sanciones para imponer a Irán temiendo que si se apartaban en la guerra económica llevarían a que Estados Unidos intervinieran militarmente, habría riesgo de inestabilidad en un área vital para el abastecimiento europeo de petróleo dentro de la Comunidad Europea se discutió incluso la posibilidad de una iniciativa europea independiente en medio oriente. Cuando el emperador Hiroito condecoró al general Videla con la Orden Suprema del Crisantemo, los bancos japoneses otorgaron cincuenta millones de dólares a la Argentina. El gobierno japonés de Masayoshi Ohjira decidió preservar el abastecimiento petrolero iraní contra las presiones norteamericanas. Abundaban las señales de una declinación norteamericana y diversas fuerzas dispersaban por la atención de Washington.
El gobierno militar adoptaba un criterio preferencial hacia las cuestiones de defensa. Muchos imaginaban que la autonomía en la investigación y desarrollo propio de este campo habría de garantizar la presencia de las Fuerzas Armadas en un área industrial sin duda sensible a los compromisos internacionales. La autonomía, en este campo, necesitaba sortear obstáculos que solo podía ayudar a remover algún socio o aliado capaz de proveer y suministrar determinados insumos, inteligencia e información. No serían los Estados Unidos precisamente, sino la Unión Soviética y ciertos proveedores de tecnología y armamento de la Comunidad Europea. Entre los años 1979-1983 la Argentina alcanzó un superávit comercial con la URSS por un valor de ocho mil millones de dólares. El Comandante en Jefe del Ejército Leopoldo Galtieri, había regresado de los Estados Unidos dispuesto a tonificar esta tendencia de recobrar "legitimidad" desde la profesionalidad y, a la vez, articular esa búsqueda con conductas perturbadoras en la arena de la política exterior. A mediados de diciembre de 1981 la Junta de Comandante decidió remover al general Viola del cargo de Presidente e instalar en su lugar a Galtieri. Este encontró disponible un haber de recursos materiales consistentes con el proyecto de provocar una acción de autonomía internacional y alto riesgo. En su favor contó con la gestión de su Ministro de Economía Roberto Alemann quien recompuso las variables macroeconómicas tras la inestabilidad y el descontrol que había provocado la breve gestión del ministro Sigaut. La Argentina que había estado a punto de ir a la guerra con Chile en el año 1978 tenía un equilibrio militar regional completamente favorable.
El Instituto Internacional de Investigaciones para la Paz de Estocolmo estimaba que para el año 1983 un tercio de deuda externa Argentina, aproximadamente trece mil millones de dólares, se debía a gastos en equipos militares y armamentos adquiridos desde el año 1978. Un tema sensible como el del plan nuclear fue prácticamente sostenido por el abastecimiento de tecnología alemana.. Desde 1975 hasta 1981, lo cierto es que las exportaciones dela República Federal Alemana de tecnología bélica y armamentos a la Argentina había crecido un 200%. Sin duda que esta búsqueda de supremacía militar regional, no se explicaba por la lucha contra la subversión que en el año 1979 había sido y la prácticamente aniquilada. Un motivo plausible, como señalamos antes, era que el gobierno militar estaba procurándose los medios para ir a la búsqueda de un legitimidad que creía basada en su capacidad profesional enel plano de la guerra
El orden de los significados
Existe una brecha temporal entre el recuerdo de los acontecimientos y su posterior reconstrucción histórica. Una brecha que salva el paso de las generaciones. Y éstas son portadoras de memoria. Traen consigo un acervo de experiencias y maneras de ver las cosas. Precisamente, es allí, en donde nace la controversia historiográfica. El golpe de Estado acontecido a comienzo del año 1976 contra un gobierno constitucional, en el pleno ejercicio de sus competencias y atribuciones, por lo pronto indica que la legitimidad no constituía una premisa en la decisión de los jefes militares. Podría parecer bastante trivial a simple vista. Pero lo es menos si consideramos el patrón de comportamiento que habían seguido otros "golpes militares" en la Argentina. En términos sintéticos el patrón reiterado había sido el de una "coalición reservada" de personalidades políticas y empresarias, el acto del "pronunciamiento" cuya técnica operativa todavía evoca el libro clásico de Curzio Malaparte. Finalmente la apelación a alguna clase de legitimidad.
El significado que tuvo aquella violenta irrupción militar en la vida civil de los argentinos tal vez sirva para entender las extremas dificultades de la institucionalización democrática de nuestra sociedad. Precisamente, el rasgo en el que coinciden investigadores académicos y analistas de las más variada formación, extremadamente sorprendidos por el "caso argentino", descansa en la particularidad de nuestra evolución política reciente. ¿Cuál es, después todo, la característica que permite fundamentar la particularidad del caso argentino? Una vez despejadas la causas objetivas del golpe militar ¿cuál resulta ser su verdadero significado? Un insuficiente desarrollo del sistema político, al menos para la versión modernizadora predominante en las ciencias políticas de la década del ´70, ha impedido la mediación institucionalizada del conflicto social. Esto condujo a que el Estado se haya convertido en un ámbito.
En última instancia la tesis de un "poder civil" que se reconstruía y convocaba a un retorno a la democracia mediante la condena y persecución de un "poder militar" incapaz de llevar a cabo su presunta misión fundacional, salvacionista o modernizadora, como quiera que se interprete su significado, sin duda constituyó la clave de la victoria de Raúl Alfonsín en el año 1983. Sin embargo, en el haber del líder radical, cuenta principalmente el giro "internacionalista" que impuso a la UCR mediante su integración a la socialdemocracia. Se trató de un movimiento de ampliación inclusive de sus bases propias sociales y de su prospecto ideológico. Por cierto que el peronismo careció de iniciativa política, y, lo que es más importante, también internacional. La participación de muchos dirigentes sindicales en el proceso militar y la persistencia de la fórmula "ejército-.sindicatos" (mantenida en expectativa por el almirante Massera, y, en parte, por el general Acdel Vila) establecía elementos de ambigüedad electoral.
No obstante, cabe reconocer que el peronismo se vio igualmente tentado por la constelación socialdemócrata. Pero a la manera de un bólido que navega sin otro rumbo que la fuerza de atracción que se ejerce sobre él. Ideológicamente, el peronismo quedó sorprendido por una "sociedad civil" que ahora recreaba categorías diferentes de aquellas previstas en su "comunidad organizada." No entendió que ya estaban operando fuerzas profundas, cambios culturales en las sociedades avanzadas a los que la política de "derechos humanos" daban aliento, recursos financieros y vías diplomáticas. Se preanunciaba el momento de la "esfera de las libertades", a la que sucedería con las presidencias sucesivas de Raúl Alfonsín y la Carlos Menen la era de la "estabilidad" institucional y económica. Pues bien, las condiciones generales de un nuevo alineamiento con los Estados Unidos tomaba la forma de una comunidad principista con el credo liberal.
Con la llegada de James Carter a la Presidencia de los Estados Unidos una nueva ideología hegemónica había venido a reemplazar en la guerra fría, las anteriores premisas de posguerra que permitían mostrar a Estados Unidos como una potencia que obraba en funciones del desarrollo, el bienestar y la democracia. Con Vietnam todo eso se había derrumbado. La nueva ideología, en cierto modo retomaba el ideario wilsoniano que presidió el ingreso de Estados Unidos a una política mundial. El 4 de enero de 1980, el Presidente Jimmy Carter decidió bloquear el abastecimiento de cereales a la Unión Soviética. También impuso severas restricciones a la industria pesquera rusa y a su barcos de captura, y, al mismo tiempo, limitó los acuerdos de pesca. A una ostensible afirmación de su supremacía. Los militares argentinos nunca comprendieron la importancia de la ideología de los "derechos humanos." . Esto último, por no mencionar el activismo diplomático y transnacional que movilizaba por aquel entonces. Los militares incurrieron en una confusión absurda entre la noción elemental de las garantías constitucionales y las premisas internacionalistas del humanismo jurídico. Difícilmente una dictadura podía darse el lujo de ignorar y violar abiertamente ambos condicionamientos. Tras las visitas de miembros de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos a la Argentina se difundieron la cifra de seis mil desaparecidos, mientras que la organización privada Amnesty International difundió una cantidad desaparecidos que alcanzaba los veinte mil. La imagen exterior del gobierno militar argentino fue afectada cuando el arquitecto Perez Esquivel obtuvo el premio Nobel de la Paz en 1980.
Pero los arrestos diplomáticos de Carter y su capacidad de movilizar sanciones no pareció haber constituido un obstáculo. La pérdida de imagen tampoco. El proyecto de recuperar legitimidad para un régimen militar desde la acción autónoma de sus propias instituciones armadas, si resultaba exitoso podría haber dado cierta perdurabilidad. Ante la propia sociedad argentina y ante la comunidad internacional ese proyecto requería de una prueba de fuerza y una demostración de autonomía. En este punto, creemos que entra la cuestión de la guerra de las Islas Malvinas en 1982. No fue otra la intuición que movió a toda la estructura militar, otorgándole unos días de consenso civil y patriótico en torno al objetivo de su recuperación.
Si el problema de los derechos humanos, como es lógico, había derrotado a los militares en el terreno de la moralidad internacional al punto de oscurecer la derrota de la subversión, ellos pensaron posible otra carta. Esta carta fue la acción directa contra el colonialismo británico. Una suprema y desesperada inversión en el prestigio que cosechan los Estados débiles contra los poderosos, pero que, en el caso Argentino, dada las injurias producidas a la sociedad también necesitada victorias concretas. No se perdonaría el fracaso.
Por eso mismo, seguramente sin saberlo, administraban un país que estaba entrando al proceso de globalización que se completaría definitivamente en las tres décadas siguientes y cuyos efectos agregados se viven en la actualidad.

martes, 19 de marzo de 2013

Los tres Bergoglio : político, pastor y papa



Se sabe, Jorge Bergoglio se formó en la agrupación peronista Guardia de Hierro, manteniendo intacto su costado de reformador social, en esto él también es típicamente setentista.
Tributa a su formación política original la torsión local que su conducción imprimió sobre el paradigma tradicional de la orden jesuítica, que más allá de la geografía nacional orienta sus prácticas dominantemente hacia los sectores sociales más vulnerables siempre lejos del compromiso estatal.
En nuestro país sin embargo, si bien sin descuidar su vínculo con los sectores vulnerables y como buen cuadro peronista clásico, el ahora Papa Francisco orientó sus desvelos a construir vínculos con y hacia el aparato de estado.
Vínculos que Néstor Kirchner y Cristina Fernández de Kirchner siempre condicionaron, al plantear la primacía de la política por sobre cualquier interés de corporación, la iglesia incluida, supremacía que el entonces Cardenal nunca aceptó.
Sucede que Jorge Bergoglio, al igual que tantos peronistas formados o no en Guardia de Hierro, no se podía pensar ni a él ni a su institución "por fuera" del aparato de estado.
Obturada su búsqueda de un vinculo estatal orgánico, el entonces Cardenal se lanzó a construir la unidad de la oposición y a liderarla , manteniendo una relación radial con amplios sectores que adversaron al oficialismo, en especial en su momento de mayor debilidad político-electoral durante los años 2008 y 2009, unidad opositora sostenida en su firme convicción sobre la posibilidad de organizar lo disperso, otra certeza peronista tradicional: Conducir es conducir el caos.
Si lograba su cometido el Cardenal imaginaba un nuevo vínculo orgánico Iglesia - Estado post crisis, anclado a un nuevo sistema de liderazgo moral en el país , que bien podía orientar a futuro el curso de la acción política, como tantas veces lo ha hecho en la historia la iglesia católica por otra parte.

Falló drásticamente en su cometido político. Sobrevino como marca de la pifia la ley de matrimonio igualitario, “la 125 de Bergoglio”, síntoma específico de ese intento fallido de unificar a la oposición y finalmente llegó el broche de oro a su malograda tarea: La recuperación electoral del FPV en 2011, aún por sobre los niveles de 2007 y la oposición con un grado de dispersión inédito en la historia electoral reciente y sin conducción a la vista.
En su tarea pastoral su efectividad fue controversial. A juzgar por los resultados de laPrimera Encuesta Sobre Creencias y Actitudes Religiosas en Argentina realizada por investigadores del CONICET bajo la direccion de Fortunato Mallimaci -http://www.conicet.gov.ar/creencias-cultura-y-sociedad-en-argentina/- los resultados son discutibles: El 76,5 % de la población se reconoce católica, pero sólo un tercio de ellos se siente contenido institucionalmente por la Iglesia.
El Cardenal sí desplegó su mayor éxito en la construcción de poder al interior de la jerarquía de la iglesia católica. Si no en la política y con claros y oscuros en el cumplimiento de los objetivos de su tarea pastoral, en la acumulación personalísima de poder interno sí que Jorge Bergoglio fue el mejor. Habemus Papam.
Artemio Lopez