sábado, 20 de noviembre de 2010

LAS VERDADERAS NOTICIAS SOBRE CHILE


Llamado a los medios de comunicación y a todos los chilenos a informar lo que sirve, lo que enaltece y lo que multiplica la esperanza .

·        Un joven arriesgó su vida por salvar a una anciana atrapada.
·        Una mujer ayudó a bajar a los niños de la vecina desde un piso 14.
·        Un hombre se lanzó al agua para rescatar a su vecino.
·        Un bombero salvó a un niño un segundo antes del derrumbe.
·        Un carabinero dejó pasar a una mujer que buscaba leche y pan para sus hijos.
·        Un niño cuidó y salvo a sus hermanos porque sus padres no estaban.
·        Una camarera protegió a los turistas desesperados.
·        Un pescador enfrentó las olas para salvar a unos desconocidos.
·        Un grupo de estudiantes universitarios se quedaron para ayudar a los damnificados.
·        Un alcalde ha luchado sin parar junto a su pueblo.
·        Un comunista salvó a un derechista.
·        Un narcotraficante está repartiendo agua y alimentos.
·        Un conscripto rescató a un teniente.
·        Un centro de padres organiza una campaña solidaria.
·        Un partido político llama a sus militantes a ayudar.
·        Una lola del barrio alto se fue a repartir comida a los barrios duros.
·        Una jefa de hogar donó la mitad de sus frazadas.
·        Un maestro prestó sus herramientas.
·        Una profesora se fue a cuidar niños a la caleta desolada.
·        Un cura va por las calles abrazando a los sin casa, sin pan y sin abrigo.
·        Un patriota iza la bandera en medio de la catástrofe.
·        Un cantor ayuda a reparar la vieja casa en ruinas.
·        Un funcionario público olvidó que era sábado y domingo.
·        Un famoso de la tele ofrece su casa.
·        Un médico atiende a los heridos sin pedir nada a cambio.
·        Una monja acarrea agua.
·        Un boy scout enseña a hacer fogatas para enfrentar el frío.
·        Un vagabundo comparte su único pan.
·        Un boliviano ofrece un vaso de agua a un chileno.
·        Un chileno le da albergue a un peruano.
·        Un ingeniero da horas de trabajo para reconstruir un pueblo lejano.
·        Una chilena se comunica con el mundo y organiza ayudas.
·        Un banquero abre crédito blando para reconstruir.
·        Una niña dona sus juguetes.
·        Un poeta se arremanga y toma la pala para despejar el camino.
·        Un flaite salva a un empresario.
·        Un país entero se rescata.
·        Un país entero resiste el terremoto y el tsunami.
·        Todos abrazan a quienes perdieron a sus seres queridos.

Agregar que la prensa de Chile olvidó la farándula, olvidó el festival  de Viña y se preocupa por Chile,
·        que Martina de 12 años tocó la alarma de tsunami en la Isla Juan Fernandez,
·        que una mujer heroína en Cauquenes alcanzó a tocar el GONG para anunciar la Ola.
·        que un botero heroico salvó vidas en el río, aunque en uno de sus viajes murió……………………...dió su vida por los demás.
 Este terremoto y tsunami muestra al Chile de verdad.
 Los valores que importan florecen, las mezquindades tambien……...ya nadie oculta su esencia.
Los saqueos y robos tambien muestran la realidad, pero no es la mayoría, y  reflejan las grandes diferencias sociales existentes aún en nuestro pais y a una sociedad egoísta con un individualismo exacerbado;
·        Ya no podemos andar por el mundo con la máscara de ser los mejores..., los tigres de latinoamerica vociferando que tenemos una buena casa , pero ubicada en un mal barrio llamado latinoamerica….y esa es una buena noticia!!!
·        Las personas se dieron cuenta que no vivian solos, que TENIAN VECINOS hablaron entre ellos , se conocieron , organizaron y llevaron sandwichs y galletas a otro grupo que dormia en la calle haciendo piquetes de protesta contra el alza del gas , y así continuaron unidos en Magallanes  agregando en una patriada en beneficio de todos ,ese ejemplo es " buenas noticias".

Se acabó el delirio de los celulares inservibles, el delirio por el consumo, para qué?  Si cuando deben funcionar no pasa nada ! 
Se acabó nuestra sociedad superpróspera de mentira donde la mezquindad , el egoísmo y el individualismo no nos dejaba ver la realidad.

Lo que verdaderamente importa es si somos capaces de ser solidarios, de regalar y soltar nuestros apegos, de vivir cada momento porque en cualquier momento se nos mueve la tierra y acaba todo.


Estas son las noticias más verdaderas. Estos son los héroes de Chile hoy,los Magallanicos aquí y ahora.
Los otros (33) son victimas y algunos de nosotros tambien.Lease bien en contexto lo de heroes,hasta ahora  los  MAGALLANICOS SON LOS UNICOS QUE LE HAN PUESTO EL CASCABEL AL GATO.


ANDRES PEEBLES

viernes, 19 de noviembre de 2010

El artesano y el artista,Gobierno y Oposicion



Qué entendemos por cultura?  por cultura politica?     Cultura  que nos asombra de la
tecnología, o bien lo que admiramos en las obras de arte de un museo, o lo que nos deja
perplejos cuando visitamos Roma o Atenas? Sí y no, porque es evidente que esas son las
huellas de la cultura de un pueblo, pero eso no es toda la cultura. Por cultura entendemos
todo lo hecho por el hombre, así como la naturaleza es la obra de Dios en tanto Creador del
mundo, pero este es sólo un intento de aproximación a nuestro tema.
Hoy día, es común la idea que el hecho de escuchar música clásica es una muestra de
cultura o danzas , ballet ,teatro y en cambio aquel que no gusta esas bondades está desacreditado para este selecto mundo .Es cultura , pero de otros , como las recetas económicas , son sistemas , pero de otros.
Sin negar que esto pueda ser cierto, hemos de tener en cuenta que estamos ante un
problema mucho más complejo, pues aún teniendo en cuenta las limitaciones del hombre,
cultura es todo lo que hizo el hombre, a lo largo de la historia, y a lo ancho del mundo.
Por consiguiente, por cultura entiendo el desarrollo de todos los valores de la vida
humana y también la actividad transformadora que sobre el mundo de las cosas y sobre el hombre ejerce el mismo hombre.
La cultura se desenvuelve en tres sectores ascendentes: el del hacer, el del obrar, y el
del contemplar. Es por esto que en la obra de los hombres habrá un fundamento objetivo
que lo vamos a encontrar en el orden de las cosas, y un fundamento subjetivo, que lo
buscaremos en el espíritu del mismo hombre.
Y al pasar al ámbito de las artes, pasamos del contemplar al hacer propio de las cosas
que son modificadas y producidas por el hombre, y de aquí surgen las artes o técnicas útiles
con la abrumadora tecnología entre ellas, que hoy asombra a nuestra época, y las artes
bellas de las que dan testimonio las obras maestras de todos los genios que ha dado la
humanidad en el mundo de la música, las artes plásticas, la escultura, las letras, la política etc. En las bellas artes, se agrega al aspecto productivo, la contemplación artística en donde el trascendental belleza como propiedad del ente se suma a la razón productiva propia del arte dando lugar así a la creación como producción de belleza, lo que es propio del artista en donde se conjugan la razón técnica en la producción de la obra, con la capacidad de
producir belleza, mediante esa extraña alquimia que tienen en el alma los artistas, porque en
esto difieren el artesano y el artista, en que el primero es racional y efectivo en la producción de su obra, mientras el artista es racional y contemplativo.
Por último por la virtud de la prudencia pasamos al orden del obrar, es decir al orden
moral al cual se subordina toda la vida práctica del hombre, porque la prudencia versa sobre
lo que es bueno o malo para el mismo hombre. Por la prudencia se accede al orden político,
al orden jurídico, al orden militar, es decir a toda la vida práctica de la ciudad así como del
ciudadano. Por lo anteriormente expuesto, considero al gobierno que obra del 2003 a la fecha, un artesano respecto de la cultura política , racional y efectivo ,innovador e inclusivo
y la oposición, artista,racional (a veces no),representante de obras foráneas, que nada tienen que ver con nuestra ecúmene, con nuestra región.


“No hay cultura donde no hay principios de legalidad civil a que apelar. No hay cultura donde no hay acatamiento de ciertas últimas posiciones intelectuales a que referirse en la disputa. No hay cultura cuando no preside a las relaciones económicas un régimen de tráfico bajo el cual ampararse. No hay cultura donde las polémicas estéticas no reconocen la necesidad de justificar la obra de arte”.(O  y G)



ANDRES PEEBLES

jueves, 18 de noviembre de 2010

COIMA ,TROMPADA,HIPOCRESIA



L a excusa, recorre los medios de comunicación, la  trompada. La pequeña gran mentira de las coimas, de que las hay las hay, hacen a la política y es un negocio donde solo puede estar el objeto de intercambio. En ese terreno, no se evita el discurso directo y asesino .La excusa es la puta, la voz la máscara parlante que despliegan su alegoría con ira de saberse atrapada en estos días.
Poco aportan a la hora de la transacción reacciones de meretriz histéricas, desapareciendo en otra voz y en otra , hasta lograr multiplicidad de varias voces ¿Quién es entonces la que habla? Países, extensiones de certeros desvaríos que articulan en una boca, un verso, el desprecio, con o sin precio?
La máscara, devenida en del maquillaje, el rencor aparecido desde el uso y abuso del cuerpo (legislativo)  el propio, y la vigencia de la voz en libertad, hacen de estas mujeres-discursos un monumento que se desplaza y desliza entre sus propias contradicciones, para develar este cuarteto adormecido existencialmente. No pueden escapar ni encontrarse, no alcanzan siquiera identificar su propia mirada, pero conocen bien el destino que construyen. Que decir, si a un club, le llaman cabaret, este; el toma y daca, que es ¿si no prostitución de pensamientos, distorsión de ideas, extorción de actitud? Además impune e hipócritamente defendido por todos los actores.
En todo avance existe un retroceso, este lo es, la mula cuando recula es que quiere cocear. Acá se trata de nosotros, el pueblo. Insisto en mi teoría del chancho huacho, que lo que no come lo destruye. Que dirán los que siguen a estos personajes, me refiero a los opositores. Es como hacer un perro muerto, que es crear un despelote en un local nocturno para no pagar la cuenta.
Asumir el repudio a la hipocresía de todos y todas es un valiente acto  que se espera de nosotros los que elegimos. Estamos a menos de un año, elegiremos bien? en forma responsable e inteligente? “La fuerza es el derecho de las bestias”, J.Peron.

ANDRES PEEBLES

lunes, 15 de noviembre de 2010

Apología de la urbanidad 3




* Habida cuenta de ese carácter cambiante y relativo de las normas de urbanidad (sobre el que tantas veces se ha llamado la atención en estos apuntes), no seré yo tan ingenuo como para emprender la tarea de elaborar una especie de tratado en el que se recojan aquéllas que considero pertinentes y adecuadas a las distintas situaciones (normas que, después de todo, no serían propiamente mías, sino, en gran medida, las de la época que me toca vivir); ni tan ingenuo ni tampoco tan atrevido, mas no por humildad, sino por librarme a mí mismo del ridículo y la conmiseración una vez que se haya producido el cambio de los usos sociales. Pero (como se ha dicho sobradamente) si cambian tales usos, no varían, por el contrario, los principios y los objetivos. Y así, me permitiré apuntar algunos preceptos que (a lo que yo entiendo) pueden reclamar una validez intemporal y resultar armas siempre útiles en la batalla que la urbanidad sostiene en aquellos tres frentes a los que nos hemos referido (proyecto, desde luego, no más modesto, sino más pretencioso, aunque no al punto, me parece, de no poder disculpárseme, por cuanto que de ningún descubrimiento notable irá seguido, capaz de reputarme gloria, dado que lo que diré es algo que conoce a la perfección cualquier persona de buen juicio).
Lo contrario de la rusticidad, entendida como la sordidez en los modales, bien puede llamarse elegancia; y aunque es cierto que el término puede ir referido también al atuendo, supongo que nadie negará que es perfectamente aplicable, asimismo, a los modos y maneras de una persona. Y de ella es preciso comenzar por decir que le son inseparables la huida de todo amaneramiento y la sencillez. Como observaba con acierto Proust: «La verdadera elegancia está más cerca de la sencillez que la falsa.»
Por lo demás, ridículo sería que hiciera yo un catálogo de los gestos y acciones que el buen gusto en los modales obliga a desechar. Cualquiera con un poco de juicio podría hacer otro similar, y sería posible alargar ambos cuanto se quisiese, mas no ya a base de normas efímeras o pasajeras, dictadas por la moda y el sentir de cada época, sino por principios que estimo dotados de validez permanente. Se me hace difícil creer que algún día se lleve rascarse ostentosamente las partes pudendas en el discurrir de una boda o en un funeral; o, en público, lanzar al viento el contenido de las fosas nasales, tapando alternativamente una y otra para mejor bufar. Y eso que, según cuenta Montaigne, él conoció un gentilhombre que tal hacía, por considerar que era ridículo guardar en fino paño tal inmundicia. En fin, son formas de entender las cosas, y yo también he visto hacerlo, mas, por fortuna, ni se ha extendido tal práctica ni es de desear que lo haga.
Insistir en cuestiones como ésas a nada conduciría sino a irritar y fatigar al lector. Diré sólo (volviendo a aquellos dos aspectos que antes señalaba) que no ser amanerado en los modales ni en los gestos es sinónimo de actuar con naturalidad, y ésta sólo se alcanza cuando mostramos la apariencia de que es nuestra mente la que gobierna a nuestro cuerpo, y no, como les sucede a algunos, que dan la impresión de que la lengua los arrastra, o las manos, o las piernas. Se debe gesticular sólo lo necesario. Hasta un cierto punto, el movimiento de las manos es apoyo importante del discurso, y agradable complemento suyo; mas, cuando se traspasa, es señal de inseguridad o atolondramiento (también de falsedad y mentira), además de resultar ridículo y risible, y de que acaba por marear a quien tenemos delante. Quienes poseemos la palabra, ¿por qué habríamos de decirlo todo con las manos? En cuanto al andar y al hablar, nos basta y sobra con el consejo de D. Quijote a Sancho:
«Anda despacio; habla con reposo; pero no de manera que parezca que te escuchas a ti mismo; que toda afectación es mala.»
En cuanto a la sencillez en los modales, obliga a que mostremos de la manera más simple y clara aquello que deseamos poner de manifiesto, huyendo de la ambigüedad, que sólo halla acomodo en el juego de la seducción o en el de la mentira, y procurando que no traicione nuestro cuerpo las palabras que pronuncia nuestra lengua, de tal modo que tanto nuestros gestos como nuestras posturas, e incluso las distancias que mantenemos en la interacción con los demás no se presten a confusión y revelen nuestro sentir. ¿Diremos, pues, que la sencillez de nuestras maneras consiste en rehuir los falsos modales, en evitar, en suma, la falsedad? Pues, en cierto modo, sí, a menos que una fuerza mayor nos obligue al disimulo, lo que asimismo es no sólo un arte, sino a veces también una exigencia del trato social y de la educación. Y como quiera que también a ello nos veremos forzados en no pocas ocasiones, yo me atrevería a decir, de un modo más genérico, que la elegancia consiste en un adecuado dominio y manejo de la comunicación no verbal. Y si alcanzar tal objetivo plenamente es imposible, hagamos al menos de él una especie de idea reguladora de nuestros modales.
* * *
En cuanto a la grosería, entendida como la suciedad en el hablar, me parece que a su opuesto podemos llamarlo cortesía. Es verdad que el término es tan amplio que bien podría servir como sinónimo de la urbanidad, en general, o de alguno de sus atributos. Pero también lo es que somos básicamente palabra, y que, en consecuencia, con nada nos podemos mostrar más corteses o groseros que con ella.
La urbanidad, en este aspecto, obliga a saber escuchar y a saber cuándo hablar o cuándo conviene guardar silencio. Asimismo obliga a ser discreto en las preguntas, porque nadie está obligado a decirnos más de lo que desea decirnos, y menos aún a decir lo que no quiere, y por eso tampoco se debe abusar de ellas ni insistir en alguna que ya ha sido formulada una vez: téngase por cierto que obligar con nuestra insistencia a que se nos responda, es el camino más seguro para que se nos mienta. Y si forzamos a que se nos dé otra respuesta, porque sospechamos o tenemos la seguridad de que la primera es falsa, entonces estamos propiciando que nos mientan dos veces, en lugar de una.
Se debe, igualmente, responder con corrección y en tono adecuado a aquello que se nos demanda:
«El mejor tesoro en los hombres, una lengua parca; el mayor encanto una comedida» [Hesíodo],
y a decir la verdad una vez decididos a abrir la boca, lo que no significa que estemos obligados a abrirla siempre. Nuestra cordialidad, en este aspecto, no ha de tener otro límite que la propia grosería del otro; y cuando estimemos que ha llegado el momento de dar una respuesta adecuada a su agresión verbal o a su entrometimiento, recuérdese que, en general, no son los gritos ni el término soez los más ofensivos. El insulto denota siempre la debilidad de quien lo lanza, así como la poquedad de su dialéctica y las limitaciones de su retórica. Preferibles a él son el sarcasmo o la ironía, pero no porque hagan menos daño, sino, justamente, porque dañan más.
Y, en fin, téngase presente que el lenguaje, como quiere la filosofía de Wittgenstein, es una caja de herramientas, y es menester conocer cuál es la palabra apropiada al objetivo propuesto; mas también a la persona a la que va dirigida y a los diferentes contextos en los que tiene lugar la comunicación: no se puede mantener el mismo registro lingüístico en una clase de filosofía que tomando una copa, a menos que queramos ser tenidos por chabacanos o por pedantes; ni tampoco, como es obvio, se debe hablar igual con una amante que con un catedrático de filología bíblica trilingüe.
Finalmente, repárese en que huir del lenguaje grosero o soez no implica incurrir en la mojigatería. Hay determinadas actividades (casi todas ellas se realizan de cintura para abajo) que, vaya usted a saber por qué, suelen considerarse particularmente escabrosas y a las que está mal visto referirse, o, si se hace, debe ser mediante el uso de unos eufemismos, con frecuencia, tan ridículos como insufribles, como aquéllos que dicen hacer pipí, en lugar de mear u orinar (por mencionar sólo uno de los ejemplos menos comprometidos). La cursilería es siempre risible, pero en pocos lugares tanto como en el propio lenguaje:
«Llamemos a las cosas por su nombre. Simplifica la cuestión»,
decía Oscar Wilde. Seguramente no es verdad siempre, pero sí muchas veces, y ello tanto en lo ético como en lo estético.
* * *
Y ocupémonos, ya por último, del guarro, en sentido estricto; aquél que debe su nombre al cerdo (la voz guarr- o gorr-, del cual deriva es, en efecto, sonido onomatopéyico que imita el gruñido de dicho animal. Lo que no deja de ser injusto para éste, ya que, después de todo, un cerdo no es un guarro: es un cerdo).
La guarrería es, a partes iguales, una falta de higiene y de limpieza. El guarro, ciertamente, es sucio; alguien, como sugiere Marcial, que aloja tanta mugre en su cabeza como en su culo:
Zoile, quid solium subluto podice perdis? Spurcius ut fiat, Zoile, merge caput. [Zoilo, ¿por qué contaminas tu bañera lavándote en ella el culo?
Para acabar de ensuciarla, Zoilo, mete la cabeza];
mas su sordidez acaba por resultar también insalubre; no sólo para él, sino, en ocasiones, también para el prójimo, quien lo rehuye siempre, aunque bien es cierto que más por motivos olfativos que propiamente sanitarios. Y en lo que a los placeres de Venus se refiere, no es la guarrería una buena compañía con la que acudir al envite. Cómo acabe éste, es otro asunto que a nadie importa (no es preciso llegar al extremo de no despeinarse siquiera en el evento), pero debes comenzarlo limpio y aseado. De lo contrario, tal vez haya quien se sienta obligado a decirte que
Laedit te quaedam mala fabula, qua tibi fertur
ualle sub alarum trux habitare caper.
hunc metuunt omnes ; neque mirum : nan mala ualde est
bestia nec quicum bella puella cubet.
quare aut crudelem nasorum interdife pestem,
aut admirari desine cur fugiunt.
[Tienes una mala leyenda que se cuenta de ti y te perjudica,
según la cual un horrible macho cabrío habita en tus sobacos.
Todas le temen; lo que es normal, pues no es con esa mala
bestia con quien quiere acostarse una hermosa muchacha.
Por tanto, o suprimes esa cruel peste del olfato
o dejas de asombrarte de que huyan. Catulo, Carmina LXIX];
y para evitarlo, yo creo que el remedio es sencillo: con agua y jabón es suficiente («¡Báñense ustedes! –aconsejaba nuestro Jardiel Poncela–. El agua sólo hace daño cuando se presenta en grandes masas llamadas océanos».). Un cuerpo limpio y aseado, cubierto por un vestido igual, basta para escapar de la guarrería (lo demás son sólo modas) y alcanzar su opuesto, al que me parece que no es del todo erróneo denominar decoro, pues estamos hablando del aspecto, y nada malo hay en que refiramos ese término al cuerpo en un sentido similar al que tiene en arquitectura.
El resto de aditamentos está bien, pero sin abusar de ellos. Nada tengo que oponer, por ejemplo, a un discreto perfume, mas tampoco hace falta que su uso se torne obsesivo y permanente:
nom bene olet qui bene semper olet,
como decía Marcial. Y, en efecto, si es verdad que no huele bien quien siempre huele bien (tampoco tenemos por qué avergonzamos de nuestro propio olor, que es único e inconfundible), asimismo lo es que un maquillaje excesivo a nada conduce: si con el se intentan ocultar las huellas del tiempo o las ingratitudes de la naturaleza, no es sino fraude que se queda en el mero intento, y si nada hay que ocultar, es superfluo. Hablo ahora, claro está, de las mujeres: en este aspecto, tanto me da que los hombres se maquillen o se operen. Y, de nuevo con Marcial, a mí

splendida sit nolo, sordida nolo cutis,  (es decir, no me gusta un cutis sucio, pero tampoco necesito que brille.)
                                                                              *Alfonso Fernández Tresguerres



sábado, 13 de noviembre de 2010

PROCERES CHILENOS (M.B.) ; Marcelo Bielsa,Manuel Blanco.

Biografías:


Manuel Blanco Encalada (Buenos Aires21 de abril de 1790 — Santiago5 de septiembre de 1876), fue un militar chileno[1] de origen argentin]que participó en las guerras de Independencia de Chile, del Perú y contra la Confederación Perú-Boliviana. En el período de Patria Vieja fue capitán del ejército patriota bajo las órdenes de Carrera y en la Patria Nueva se incorporó como oficial en el "Ejército Unido Libertador de Chile".

En junio de 1818, se convirtió en el primer Comandante General de Marina y jefe de la escuadra, cargo que entregó posteriormente a Thomas Cochrane, y que recuperó en 1823, cuando este abandonó Chile. Fue el primer Presidente de la República de Chile, siendo elegido en 1826.
Hijo del español don Manuel Lorenzo Blanco Cicerón y de la dama chilena doña Mercedes Calvo de Encalada y Recabarren, hija del marqués de Villapalma. En 1807 se incorpora a la Marina Española como Alférez y el año siguiente es destinado al Apostadero Naval de El Callao.
En 1813 se encaminó a Chile y se incorporó al ejército con grado de capitán. Se le confió la organización de la primera maestranza y taller de armas. Fue nombrado Jefe de Artillería y sirvió a las órdenes de Bernardo O’Higgins. Tras el desastre de Rancagua se dirigió a Mendoza, pero fue apresado por los españoles y deportado a Juan Fernández, de donde fue rescatado en marzo de 1817.
De regreso en Chile se alistó en el ejército con el grado de sargento mayor. Combatió en la Batalla de Maipú el 5 de abril de 1818, convirtiéndose en Teniente Coronel de Artillería.
Cuando se organizaba la primera escuadra nacional, fue nombrado comandante general de marina, colaborando con O’Higgins y José Ignacio Zenteno en la conformación de la escuadra. En octubre de 1818 la escuadra finalmente estaba lista, compuesta por los navíos San MartínLautaroChacabuco y Araucano, con un total de 142 cañones y 1.200 hombres. Comandando la escuadra, se dirigió desde Valparaíso hacia Talcahuano, donde se esperaba encontrar con la escuadra enemiga, divisando el 28 de octubre al navío español Reina María Isabel, que fue abordado y capturado.
Posteriormente el mando de la escuadra fue entregada a Thomas Alexander Cochrane, quedando Blanco como el segundo de la escuadra.
Tras las diferencias que terminaron con la ruptura entre Cochrane y San Martín, retomo el mando de la escuadra. En 1824 fue ascendido a vicealmirante y al año siguiente dirigió la expedición que logró expulsar a los españoles de Chiloé. Por sus servicios en Perú le fue otorgado el grado de vicealmirante de la Marina de guerra de aquel país. De regreso en Santiago, en 1826, fue nombrado Presidente de la República por el Congreso Nacional, cargo al que se vio obligado a renunciar dos meses después.
Se alejó de la política activa hasta que en 1837 fue nombrado general en jefe del ejército restaurador del Perú, que debía dirigir la guerra contra la Confederación Perú-Boliviana.


Marcelo Alberto Bielsa Caldera (RosarioArgentina21 de julio de 1955) es un entrenador y ex futbolista argentino. Es el actual entrenador de la Selección Nacional de Fútbol de Chile hasta que termine la gestión directiva del actual timonel de la ANFP Harold Mayne-Nicholls.
Se desempeñó como defensor, y su primer equipo fue Newell's Old Boys, donde debutó el 29 de febrero de 1976. En el año 1990 comenzó su carrera como entrenador, consiguiendo en los sucesivos años tres campeonatos de Primera División Argentina, dos con Newell's Old Boys y uno con Vélez Sarsfield.
Entre los años 1998 y 2004 dirigió a la selección de fútbol de Argentina, con la cual obtuvo la medalla de oro en Atenas 2004. Fue elegido también como mejor seleccionador nacional del mundo en 2001 Se lo ha elegido también como el mejor entrenador de América en 2009.
Desde agosto de 2007 se desempeña como entrenador de la Selección de fútbol de Chile.
Desde el 22 de diciembre de 2009, el estadio de Newell's lleva su nombre.


Apología de la urbanidad 2

2
* La civilité est un désir d'en recevoir et d'être estimé poli. [«La urbanidad es un deseo de ser tenido por cortés y de que nos correspondan»], dice La Rochefoucaulfd. A mí tal definición se me hace un poco estrecha, porque la cortesía constituye, es cierto, uno de los aspectos esenciales de la urbanidad, mas no el único; existen otros igualmente importantes e imprescindibles. Anteriormente decía que pese a lo relativo de las normas de urbanidad, muy variadas, sin duda, en distintos pueblos, la urbanidad misma persigue siempre un objetivo común: contribuir a delimitar el concepto mismo de lo «humano», y, con ello (o para ello), a establecer la diferencia con otros grupos humano y con los propios animales. Podríamos añadir ahora que, además de éste, las normas de urbanidad observadas por los distintos pueblos tienen, también, otro objetivo común; objetivo que da pie para, sirviéndose de él, proponer una definición de «urbanidad» alternativa a la de La Rochefoucauld, y, si no me equivoco, más genérica, y por eso mismo, este caso, más precisa: la urbanidad es siempre una defensa contra la guarrería (sin importar ahora qué sea lo que se entienda por tal).
Nosotros, me parece, no haremos mal ni erraremos en exceso concediendo en este punto algún privilegio a la antigüedad y siguiendo a Teofrasto; y, haciéndolo, distinguiremos tres formas o tres modos de ser guarro: el del rústico («La rusticidad parece ser una ignorancia carente de modales»), el del grosero («La grosería es una tosquedad en el trato que se manifiesta verbalmente») y el del guarro, propiamente dicho («La guarrería es un abandono del cuerpo que resulta desagradable a los demás»). Tenemos, pues, tres frentes distintos y complementarios en los cuales se bate la urbanidad contra el mal gusto, intentando imponer o dibujar un orden: los modales, la palabra y la limpieza o la higiene. Tales son los ámbitos que, como mínimo, ha de cubrir todo manual de urbanidad que se precie.
Tengo ante mí el Nuevo Manual de Urbanidad, Cortesanía, Decoro y Etiqueta ó El Hombre Fino (Librería de Hijos de D. J. Cuesta, Madrid 1889), y me permitiré recoger el resumen del contenido del mismo, con el objeto de llamar la atención sobre el hecho de que los variados asuntos que trata pueden, sin violencia excesiva, ser colocados en alguno de los tres frentes que acabo de señalar:
«Hemos dividido en cuatro partes la materia objeto de la obra.
La primera trata de la delicadeza y decoro con que se han de llenar los deberes morales, tanto religiosos, de familia y estado, como los relacionados con uno mismo.
El decoro, con referencia a todas las relaciones sociales, es objeto de la segunda parte, donde se demuestra cómo la urbanidad regulariza todas nuestras comunicaciones, visitas, conversaciones, cartas, &c.
En la tercera se explican los deberes de decoro relativos a los placeres, describiendo cuidadosamente todos los usos admitidos en el juego, los paseos, las comidas, las tertulias, los bailes y espectáculos.
En fin, en la cuarta parte están recogidas todas las noticias y reglas de urbanidad relativas a los diversos acontecimientos de la vida, matrimonios, bautismos, entierros, &c.»
Se trata, ciertamente, de un contenido muy prolijo, mas (como digo) no considero exagerado afirmar que todas sus disposiciones van encaminadas a combatir la guarrería, la rusticidad o la grosería. Y, sin duda, las normas concretas de las que para ello se vale la urbanidad son cambiantes, y varían no sólo en las distintas sociedades, sino también en los distintos momentos históricos de cada una de ellas, pero el objetivo, como tal permanece siempre invariable y único. Resulta, en consecuencia, del todo comprensible que algunas de las consejas del manual del que hablo hayan quedado plenamente obsoletas y susciten hoy nuestra sonrisa o nuestra sorpresa, como aquélla que sostiene que: «Una señorita no debe nunca salir de casa sin ir acompañada, por lo menos antes de cumplir la edad de treinta años». Después de todo, el propio Manual se hace cargo de ese carácter cambiante de las normas que definen el buen gusto: «aunque de principios fijos –leemos–, está sujeto [el asunto de la urbanidad] á la continua modificación que introducen en el trato social los progresos de la civilización y hasta los caprichos de la moda».
Sin duda, una de los aspectos esenciales en todo esto es, en efecto, la moda; y se me ocurre que también (y acaso muy principalmente) el distinto papel que se atribuye y considera adecuado a los dos sexos, y tal vez de manera muy especial la forma en que es vista la mujer y en que es concebido el rol específicamente femenino. Pero reconozco que esto de que la mujer constituya la clave explicativa básica para comprender los usos cambiantes de la urbanidad, es sólo una conjetura que, aunque me parece bien encaminada, habría que probar con una argumentación más detenida y detallada, lo que excede las pretensiones y alcance de estas notas.
En cualquier caso, si bien es verdad que varían las costumbres, no lo es menos que, como señala el Manual, los principios son fijos, porque no hay, en realidad, más que un solo principio rector: combatir al guarro, cualquiera que sea el rostro con el que se presente. Y no es éste el único acierto del tratado al que me estoy refiriendo. También lo es la afirmación de que el decoro es efecto y causa de la civilización; y hasta alguna de sus normas concretas que presentan (creo yo) una validez universal, con independencia de modas y épocas. Por ejemplo, aquélla que aconseja que
«si discutís con uno de esos sujetos poseídos de la manía de las disputas, que principian por contradecir sin haberse enterado, y que están siempre dispuestos á sostener el parecer contrario, cededle el terreno, pues nada puede conseguirse con él. Tened por cierto que el espíritu de contradicción sólo puede ser vencido con el silencio»;
precepto éste que desborda el ámbito del estricto civismo para ingresar en el de la sabiduría y el sentido común.
                                                                                        *Alfonso Fernández Tresguerres

(Cont.)