martes, 21 de febrero de 2012

Carta a los ingleses progresistas


¿Por qué y para qué escribir una carta a los ingleses progresistas en el marco del recuerdo de los 30 años de la guerra de Malvinas? Si los ingleses, como se dice, fueron y son “piratas” imperialistas que vienen generando severos daños y padecimientos a escala mundial, ¿para qué intentar escribirles a aquellos otros ingleses que tengan valores y prácticas acordes a la vigencia de un mundo más justo? Resulta necesario aclarar –de entrada– lo que es sabido de sobra, pero que suele olvidarse o reducirse a simplificaciones poco felices. Una cosa son los ciudadanos, los pueblos, y otra los gobiernos coyunturales que, con concepciones diversas y en ocasiones opuestas, representan a sus países. ¿Todos los ingleses son la misma cosa? ¿Todos piensan y actúan igual? ¿Todos los argentinos son la misma cosa? ¿Todos piensan y actúan igual? David Cameron es inglés, Eric Hobsbawm también. Mauricio Macri es argentino, Cristina Kirchner también es argentina. Jorge Rafael Videla es argentino, Adolfo Pérez Esquivel también. El Che Guevara era argentino, Bartolomé Mitre también. Margaret Thatcher es inglesa, Estela Carlotto es argentina. William Shakespeare era inglés, Jorge Luis Borges era argentino. Osvaldo Bayer es argentino, Anthony Giddens es inglés. John Lennon era inglés, Luis Alberto Spinetta era argentino. A la vez, en Argentina siempre hubo y hay argentinos “pro ingleses”.

Como se puede observar, nada es lineal ni está exento de complejidades y contradicciones. Y los gobiernos de un mismo país, ¿son siempre lo mismo? La Gran Bretaña de Thatcher ¿fue igual a la de Tony Blair? La Argentina de Galtieri ¿fue igual a la de Néstor Kirchner? El Chile de Pinochet ¿fue igual al de Bachelet y aún de Piñera? El Perú de Fujimori ¿fue igual al de Humala? El Brasil de Collor ¿fue igual al de Lula? El Uruguay de Sanguinetti ¿fue igual al de Mujica? El Paraguay de Stroessner ¿fue igual al de Lugo? La Cuba de Batista ¿fue igual a la de Castro? La Nicaragua de Somoza ¿fue igual a la de Ortega? Ni los gobiernos ni los ciudadanos de los respectivos países son todos iguales, ni piensan todos igual. Cada cual representa y porta concepciones no idénticas que es necesario develar y caracterizar con más precisión que las que provienen del mero sentido común y de los reduccionismos más subjetivos. Entonces, convendría acordar en que no todos los ingleses son “malos” y que no todos los argentinos son “buenos”. Si se nos disculpa acudir a cierta simplificación (aun a riesgo seguro de emplear conceptualizaciones muy generales), hablemos a grandes rasgos de “conservadores” y de “progresistas”.

Hay en Inglaterra, por supuesto, conservadores y progresistas. Hay en Argentina, por supuesto, conservadores y progresistas. Pero acontece que hay temas, como la dominación colonial de Malvinas, que entrecruzan complejamente los posicionamientos de conservadores y progresistas. Hay, en Argentina, conservadores que están a favor de la causa nacional de Malvinas; y hay, en Argentina, progresistas que están indiferentes y hasta en contra de la causa Malvinas. En este caso, ¿los conservadores se vuelven progresistas y los progresistas se vuelven conservadores? Cabe recordar también que es improbable que alguien llegue a ser absolutamente progresista en todos los órdenes de la vida o –a la inversa– absolutamente conservador en todos los asuntos. Los cruces suelen ser asombrosos.

Pero, entonces, ¿por qué los ingleses tienen fama de imperialistas? Bueno, la historia real y concreta no admitiría desmentidas: Irlanda, Escocia, Gales, India, Hong Kong, Gibraltar, Malvinas, Nueva Amsterdam (Nueva York), Canadá, Australia, Nueva Zelanda, Samoa, Jamaica, Trinidad y Tobago, Bermudas, Granada, Bahamas (Guyana), Barbados, Guyana Británica, Honduras Británica (Belice), Chipre, Malta, Ceilán (Sri Lanka), Birmania (Myanmar), Nepal, Qatar, Singapur, Egipto, Sudán, El Cabo, Sudán, Sudáfrica, Rhodesia, Ghana, Nigeria, Uganda, Kenia, Sierra Leona, Gambia, entre tantos otros, soportaron y padecieron su presencia colonial. Aun en este siglo XXI, de los 16 enclaves coloniales supervivientes, 10 pertenecen a Gran Bretaña. Y encima Inglaterra (más precisamente sus sectores dominantes) se erigió, en su momento, en la “madre patria” de los estadounidenses, cuyo poderoso país se convirtió en la más oprobiosa e inhumana experiencia de dominación mundial. El espíritu permanentemente guerrero e invasor de Inglaterra también fue heredado por EE.UU., que lo desplegó y sigue desplegando a límites inimaginables. Algunos hijos, a veces, salen igual o peor que sus padres.

En Argentina, la influencia e intervención de Inglaterra ha sido nefasta, para decirlo suavemente y hasta con cierta forzada insensibilidad, para no obnubilar el análisis. Las Invasiones Inglesas en 1806 y 1807; el “empréstito” de Baring Brothers en 1824; la invasión a Malvinas en 1833 y la expulsión de sus habitantes; la batalla de la Vuelta de Obligado en 1845 (ahí también con los franceses, que no deberían olvidarse de Indochina, Argelia, etc.); la inducción y el soporte a la fratricida guerra contra Paraguay entre 1865 y 1870; la explotación devastadora de La Forestal del quebracho chaqueño, santafesino y santiagueño; los ferrocarriles; los frigoríficos; el hundimiento del crucero General Belgrano (fuera de la zona de exclusión) en 1982, en el preciso momento en que la propuesta de paz del presidente peruano Fernando Belaúnde Terry estaba avanzada; el arrogante y provocador incumplimiento de las resoluciones de Naciones Unidas. ¡La pérfida Albion no se privó de nada con la Argentina! Y para sus “éxitos” y consecuente desgracia argentina, también hay que recordar que contó con el apoyo y acompañamiento de muchos argentinos (gobernantes, empresarios, militares, académicos, escritores).

Para los argentinos, preocupados por el pasado, el presente y el futuro de su país y particularmente por la defensa del legítimo derecho al pleno bienestar de sus connacionales, resulta muy difícil contener la indignación, la exasperación y hasta los calificativos al analizar el vil comportamiento que siempre tuvo Inglaterra para con nuestro país.

Las riquezas que Inglaterra expolió del mundo entero son incalculables y garantizaron, a la par de su esplendor económico y desarrollo como potencia, la lubricación y el atenuamiento de las luchas y reivindicaciones de los propios trabajadores ingleses. Los ingleses, conservadores o progresistas, debieran reconocer, con autenticidad, que fueron y son tributarios de las exacciones que sus gobiernos imperiales aplicaron, a sangre, fuego y diplomacia, en todo el mundo. Y que aún hoy, en 2012, se obstinan impúdicamente en perpetuar.

Para los argentinos es un deshonor y una herida abierta recordar, por ejemplo, la participación de nuestro país en la guerra de la Triple Alianza que destruyó al Paraguay, o la intervención de militares argentinos (a pedido de EE.UU.) persiguiendo y asesinando en Nicaragua a ciudadanos de ese país de Centroamérica. Simétricamente, entendemos que debe ser muy penoso para la gran cantidad de ingleses progresistas sobrellevar las impropias acciones de su país.

En la guerra de 1982 murieron 649 argentinos y 255 británicos. Conviene reparar en que los imperios cuanto más se degradan y se desprestigian mundialmente, más peligrosos se pueden volver. Británicos bien nacidos y argentinos bien nacidos debiéramos estar muy atentos y alertas al respecto. Argentina ya se desembarazó de la genocida dictadura cívico-militar y está correctamente apelando y accionando en la perspectiva del diálogo y la resolución pacífica del conflicto.

Tenemos con ustedes, los ingleses, una gran causa colectiva para compartir y luchar denodadamente: nada más y nada menos que la construcción de un mundo más justo e igualitario. Ninguna ingenuidad o claudicación nos invade. Esta carta simplemente aspira a propiciar y compartir la reflexión con los ingleses progresistas (que son muchos), ajenos a la perseverancia de históricos comportamientos imperiales. Cameron y Thatcher, por ejemplo, no son destinatarios de esta carta. Ni tampoco dudamos (y lo reafirmamos con cabal convicción y sinceridad) acerca del legítimo e imprescriptible derecho de soberanía que nos asiste a los argentinos sobre las islas Malvinas. Soberanía sobre nuestras tierras, soberanía sobre nuestros mares, soberanía sobre nuestras riquezas, en pos de garantizar la seguridad y el bienestar de nuestro pueblo.

*Norberto Alayón

* Profesor titular, Facultad de Ciencias Sociales (UBA).