lunes, 1 de noviembre de 2010

La identidad, no es la de todos por igual

       


(*)..Aquello que amenaza nuestra identidad no es la identidad de “los otros” sin la identidad pensada de todos por igual.(por favor, léalo de vuelta)
Este y no otro, es el problema fundamental a resolver por todo lo que se denomina el pensamiento identitario o no conformista.
Si lo pretendemos resolver como lo hace le pensamiento único, también llamado políticamente correcto, caemos en el igualitarismo, fundamento ideológico de la democracia liberal que piensa a todos los hombres por igual. Y es por ello que cree, a pie juntillas, que la forma de gobierno democrática es de obligatoria aplicación universal.
Este razonamiento es el que justifica las intervenciones a bombaredeo limpio y cañoneo de los Estados Unidos por todo el mundo. O aquello que sostenía nuestro prócer iluminista Julián Segundo Agüero de instaurar la democracia a palos.

Y si uno niega esto le repican inmediatamente: Ud. no es demócrata, con lo cual lo sacan literalmente de la humanidad y el mundo civilizado, transformándolo en un paria.

Este presupuesto, prejuicio o preconcepto de la democracia liberal: el igualitarismo, se ve seriamente amenazado por la identidad de los otros. Lo vemos en Europa, con italianos, franceses, ingleses, españoles y alemanes defendiéndose tenazmente contra la invasión de los inmigrantes negros y musulmanes, anche iberoamericanos y asiáticos.
 Y es que esta democracia debido a su carácter formal está vacía de contenido axiológico, o peor aún, su único contenido de valor es la igualdad. Pero ésta termina siendo simplemente un formalidad expresada en las ecuaciones: a) un hombre un voto, en lo que hace a la representación política. b) el cálculo per cápita en la distribución de la riqueza, en economía y c) el hombre reducido a la humanidad civilizada en el ámbito de la cultura. Tres formalidades vacuas en política, economía y cultura, donde el hombre de carne y hueso como gustaba decir Miguel de Unamuno, se pierde por extrañamiento de sí mismo.

Es que el igualitarismo ha buscado erosionar en forma sistemática las diferentes culturas que componen esto que llamamos mundo en una sola, y al no poder lograr su cometido ve en “los otros” o  “las otras culturas” una amenaza a su identidad. Y así la vive y así lo expresa.

Es por ello que resulta incomparablemente más peligroso para “nuestra identidad americana y argentina” un supermercado Wallmart o Carrefourt que una mezquita o una sinagoga. Pues aquello que homogeneiza, nivela, iguala a todos por igual, son los grandes supermercados y no las diferentes religiones.

Nosotros, por nuestra parte, creemos que la identidad hay que buscarla no tanto en aquello que los latinos denominaban idem, lo idéntico, sino más bien en el ipse, el sí mismo. Así en la afirmación de ser uno mismo y no en la repetición mecánica de lo idéntico, es donde debemos comenzar a bucear la identidad.
El igualitarismo y con él su hija putativa, la democracia liberal, entienden el tema de la identidad como la igualdad de lo mismo realizada mecánica y universalmente por todos los hombres pareciéndose unos a otros lo más posible. Esto se hace extensible al marxismo-leninismo, también hijo de la modernidad, con su ideario de la sociedad comunista de los productores asociados, que no es otra cosa que una visión bastarda, por totalitaria, del igualitarismo liberal.

Ahora bien, si buscamos la identidad a través del ipse, esto nos obliga a afirmar que la identidad no es algo hecho de una vez y para siempre sino que es más bien un hacerse. Pero este hacerse no se realiza en el aire, no es un flatus cultural, como piensa el mundo progresista y relativista de lo más adelantado de la democracia liberal como lo es la socialdemocracia europea, sino que debemos buscarlo, o mejor, debe buscarlo cada hombre a través de la encarnación de valores que su tradición cultural ha privilegiado.
Es por esto que un gran filósofo como el escocés Alasdair MacIntayre puede afirmar una y otra vez, que todo hombre piensa y actúa a través y gracias a una tradición cultural que es la que lo determina en lo que es.  O como más cerca nuestro afirma Tucho Methol, no existen los boys scouts del pensamiento, todos pensamos a partir de un contexto de intereses determinados.

Lo que amenaza la identidad no es la identidad de los otros, que está bien que sean distintos, diferentes, lo que corroe la identidad es proponer la identidad como la igualdad de todos por igual. Porque el hombre (y la mujer) es distinto uno de otro, su rostro así nos lo indica. Y es distinto porque es persona que reúne en sí los rasgos de ser moral y libre, único, singular e irrepetible. Un hombre es sólo igual a otro hombre en dignidad, porque participa de igual manera de la especie, diría un filósofo o  porque son por igual hijos de Dios,  afirmaría un teólogo, pero ontológicamente un hombre en tanto persona es diferente a otro.En la América Indoibérica a diferencia de Europa, por un problema cultural - nuestra tradición más genuina no es ni igualitarista ni liberal- nosotros no nos sentimos amenazados por la identidad de los otros- indios, negros, zambos, europeos- pues todos somos americanos con igual derecho, pero con diferentes valores. Y aquí en Argentina privilegiamos y debemos privilegiar el mundo de los valores criollos, que no es otro que el mundo de los valores patrios. Eso es todo.  


*Alberto Buela