miércoles, 10 de noviembre de 2010

La representación nacionalista.



                                           
El surgimiento de esta representación data de comienzos de este siglo, con los embates nacionalistas y   entroncada con los ideales que sostuviera la generación
del 80. Quienes la sustentan se basan, ideológicamente, en uno de las premisas de la disciplina del Folklore surgida a mediados del siglo XIX, la de rescatar y recuperar antiguas costumbres que se estaban perdiendo frente a los efectos de la industrialización en Inglaterra.
En Argentina, improvisados folkloristas, muchos profesionales de otros campos, a veces descendientes de aristocráticas familias provincianas,
como Juan Alfonso Carrizo, «volvieron la mirada hacia el interior del país buscando costumbres autóctonas que no habían sido contaminadas
por el cosmopolitismo» (Blache 1991:60). Ya instalados los estudios folklóricos e influenciados por la corriente funcionalista norteamericana,
la sociedad puneña, entre otras, fue concebida en los términos de una sociedad campesina, pequeña ,aislada, autosuficiente, homogénea, pequeña.
Concibió al hombre de esa sociedad folk como un campesino analfabeto, aferrado a tradiciones ancestrales y sin acceso a la tecnología
moderna. Augusto Raúl Cortázar, el máximo representante de esta corriente, afirmaba que el auténtico folklore es producto de la decantación
de las «culturas hispánica e indígena, que dio lugar a comunidades folklóricas locales o regionales cohesionadas por un sistema de valores homogéneos a los que deberán amoldarse las nuevas generaciones. De esta forma los inmigrantes quedan excluidos de producir ‘auténtico’ folklore y ellos también tendrán que adecuarse al ya establecido. En consecuencia se descarta la posibilidad de que la incorporación de ellos genere nuevos fenómenos folklóricos o la adecuación y transformación de otros... concibe
a la heterogeneidad cosmopolita como un peligro de disolución de nuestras tradiciones ancestrales y, por ende, de nuestra nacionalidad» (Blache 1991: 62).Esta representación de una sociedad puneña idealizada o folk, vigente al comienzo en ciertos círculos de poder, se extendió por diversos ámbitos afines ideológicamente y también tuvo una influencia decidida en muchas generaciones de estudiosos y al nivel
del conocimiento común.* La «invención puneña». Dentro de algunos círculos
académico-antropológicos se ha dado en llamar así a aquella representación propia de un sector del campo antropológico y con una visión homogeneizarte «de ‘campesinos andinos’ que se articulan armónica y simétricamente con la sociedad global o nacional». Desde lo social y económico considera al poblador de la puna dentro de la categoría conceptual de «campesino» y hace  énfasis en aquellos aspectos funcionales a su sociedad, tales como el intercambio, la reciprocidad y el compadrazgo. No observan procesos de diferenciación interna, integración conflictiva y subordinada con la sociedad nacional, tampoco explotación (Isla 1992:27). Característica
de un período que duró de los 60 a los 90, al parecer enraizada en la representación folklórica podemos suponer que su mantenimiento se debió
a la necesidad intelectual de académicos recién recibidos de la naciente Carrera de Antropología de contar con algún esquema clasificatorio,
alguna tipificación instrumental que les permitiera encuadrar a ese «otro» que los deslumbraba con su diferencia.


Estados, naciones y culturas.
Identidades y nacionalismo

Mirtha  Lischetti *
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Centro de Estudios Avanzados .Universidad de Buenos Aires