viernes, 5 de noviembre de 2010

Bielsa ,la negocia, la substancia.(r)



Sabido es lo que  significa el término técnico substancia: es substancia, dice Descartes, quod mulla allia res indigeat ad existendum. El color no es substancia porque su modo de ser requiere otra cosa que le sirva de soporte o substrato. El color señero, solo no se puede sostener por sí mismo en el ser o no puede ser por sí, sino que necesita apoyarse en otra cosa que lo lleve y sustente. Por eso se dice que el, color tiene un ser accidental y no substancial.
Yo soy, pues, el que, quiera o no, para existir y ser necesita ocuparse con lo demás, actuar sobre lo demás. Yo no existo, pues, ni soy el tal que soy sino porque estoy con y sobre lo circunstante, con y sobre lo que me rodea. Un aristotélico y el propio Descartes dirían: entonces el que vive es un accidente, porque ad existendum necesita del contorno. Muy bien: pero lo malo es que eso otro en que me apoyo, las llamadas «cosas» circunstantes, o mundo, no tienen un ser por sí, substante; independiente de mí. En efecto, la tierra en que me apoyo no es primariamente más que eso: «lo en que me apoyo». Esta luz que ahora me alumbra no es, algo que tenga una consistencia, o consistir, por sí y aparte de que ahora me alumbra sino que es pura y simplemente eso: «lo que me alumbra, en tanto y sólo en tanto que me alumbra». Si yo digo: esto que ahora me alumbra, aparte de su alumbrarme tiene un ser independiente de mi que consiste en vibraciones del éter, o en un estado del campo electro-magnético, he usado en dos sentidos la palabra .
Hoy estamos en uno de esos «segundos» días y vamos a retrotraernos al anterior, alojarnos en el paisaje hasta dar vista al cual, con penoso esfuerzo llegamos.
Pero dos puntos nuevos marcamos en la última lección: uno, que la vida es la realidad absoluta, otro que el modo de ser de esa realidad era extrañísimo y se escurría a todos los intentos de pensarlo con los conceptos de «ser» tradicionales. Ni la vida ni nada en ella era, como tal, substancia ni accidente ni cosa que se les pareciese
El ser de la luz como estado electro-magnético es un ser inventado por mí, fabricado con mi pensamiento y que yo atribuyo o añado al ser primario, único auténtico y no pensado por mí ni fabricado, de esta luz, que es el que tiene cuando me alumbra, porque yo me encuentro alumbrado por esta luz, o la del sol, vengo en inventar las teorías de la óptica, y por muy firmes que éstas sean siempre serán problemáticas y, sobré todo, de realidad secundaria en comparación con la realidad primigenia, evidente e improblemática de esta luz en su puro actual alumbrarme. Tenemos, pues, que las llamadas «cosas» no son originaria y verdaderamente tales «cosas» o algos cupo modo de ser supone independencia de mí; No son aparte y por sí, sino que su ser consiste sólo y se agota en actuar sobre, mí en la vital evidencia. Yo lo siento mucho pero ustedes son, no más, «los que ahora me oyen». De este modo, oyéndome, ahora actúan ustedes sobre mí. Si ustedes no me oyesen, yo sería distinto del que soy ahora, a saber, el que que dirige verbalmente a ustedes. Pero hay más: si ustedes fuesen otros y esos otros me estuviesen ahora oyendo yo sería también distinto del que soy: porque yo sentiría, con una u otra claridad, esa diferencia y me comportaría en otra forma, en algo, por poco que fuese, distinta. En efecto, yo soy el que ahora dice esto que digo porque ustedes que ahora me oyen se me presentan como los mismos que me oyeron los días pasados y por ello digo a ustedes lo que digo, con cierta confianza de que preparados con lo anterior, me entenderán.
Tenemos, pues, que rigorosamente hablando yo no soy sino el que actúa sobre la circunstancia y la circunstancia lo que actúa sobre mí. Ni yo ni ella tenemos un ser aparte, ni yo ni ella somos «substancias». Mas, como tampoco podemos ser ambos accidentes, el uno del otro, sido que todo accidente lo es de una substancia, quiere decirse que en la realidad vida ni ella ni nada en ella tiene carácter substancial ni accidental, sino que estas dos venerables categorías no nos sirven si queremos pensar con ellas la realidad primaria que es la vida, y todo en ella.
Por esta razón urgente y concretísima necesitamos una nueva filosofía o sistema de conceptos. No por prurito de novedad, que es siempre frívolo, sino por ineluctable necesidad intelectual, porque tenemos delante en clara e inexcusable intuición, una realidad nueva, es decir, no advertida antes, que no se deja pensar con los conceptos tradicionales.
Hoy estamos en uno de esos «segundos» días y vamos a retrotraernos al anterior, alojarnos en el paisaje hasta dar vista al cual, con penoso esfuerzo llegamos.
Pero dos puntos nuevos marcamos en la última lección: uno, que la vida es la realidad absoluta, otro que el modo de ser de esa realidad era extrañísimo y se escurría a todos los intentos de pensarlo con los conceptos de «ser» tradicionales. Ni la vida ni nada en ella era, como tal, substancia ni accidente ni cosa que se les pareciese.
Chile no se clasificaba a un Mundial desde 1998 y no ganaba un partido en una Copa del Mundo desde hacía casi medio siglo, hasta que venció a Honduras en Sudáfrica 2010. Con Bielsa como entrenador, la Selección Roja logró vencer a la Argentina en Santiago en 2008, un logro de magnitud.
Bielsa había renovado su contrato en agosto pasado, para liderar un proyecto general en el fútbol chileno. En lo inmediato tenía por delante las próximas eliminatorias al Mundial de Brasil 2014 y la Copa América de Argentina 2011, un proyecto que quedó trunco. El color no es substancia.
La negocia es la negocia.