miércoles, 17 de agosto de 2011

En defensa del derecho a la educación - 12/08/2011

APRECIADOS COMPAÑEROS: UN DISCURSO QUE PODRÍA DIFUNDIRSE A LOS JÓVENES, PARA DISCUSIÓN POLÍTICA Y FORMACIÓN.






Discurso de asunción a la Presidencia de la Federación de Estudiantes de

Chile:



Mi nombre es Camila Antonia Amaranta Vallejo Dowling y quisiera, antes que

todo, poder expresarle a los presentes el orgullo y el desafío que significa

para mí encabezar la Federación de Estudiantes más importante de Chile, es

una gran responsabilidad que significa hacerse cargo de 104 años de

historia, 104 años de aventuras y desventuras, 104 años de lucha en el seno

del movimiento estudiantil.

Y es un orgullo y un gran desafío porque vengo de aquellos lugares que no

reciben condecoraciones, de los cuales poco y nada se dice, porque poco y

nada se sabe, lugares que a veces incluso se les llega a olvidar.

Mis estudios secundarios los cursé en un pequeño colegio cuyo nombre

significa tierra florida; extraña paradoja, ya que en sus patios se

respiraba más tierra que flores y en sus salas de madera se acumula el polvo

de generaciones de alumnos no emblemáticos, que nunca llegaran a ocupar los

puestos de poder más importantes de nuestro país.

Mi carrera, una de las más pequeñas de esta Universidad, casi no se

encuentra en el consciente colectivo, se pierde entre los pasillos de la FAU

y se confunde con otras disciplinas. La Geografía en esta Universidad casi

no tiene tiempo ni espacio, otra paradoja.

Sin embargo, lo más terrible es darse cuenta que de pronto esto no pasa solo

en Geografía, sino que también en Administración Pública, que es carrera de

ocho a seis, porque después de las seis de la tarde no hay Universidad para

ellos, una carrera que debiese ser fundamental para fortalecer el sistema

público. Y también ocurre en Educación y de pronto, nos damos cuenta que no

son solo unas pocas carreras, sino que es toda una rama del saber, es toda

un área del conocimiento la que ha caído en la pobreza universitaria como

consecuencia de las lógicas del mercado implementadas ya a lo largo de estos

últimos treinta años.

Y de lo pequeño y olvidado de mi lugar de origen, se suma además, mi corto

tiempo de vida, con 22 años, vengo a ser la segunda mujer presidenta de la

FECH en más de cien años de historia. Y usted rector tendrá el privilegio de

ser el segundo en la historia de la Universidad que es acompañado por una

mujer en la presidencia de nuestra federación de estudiantes.

Ahora bien, puede que en este momento me toque a mí ejercer el cargo de

Presidenta, sin embargo, debo decir que yo sola jamás habría logrado todo

esto y que mis manos son tan solo un par más dentro de tantas otras, y en

donde todas juntas son las que levantan este proyecto colectivo que se llama

Estudiantes de Izquierda, el cual ya se encamina a su tercer período

consecutivo al mando de nuestra Federación.

Si me permiten contarles un poco acerca de Estudiantes de Izquierda, debo

decirles que como colectivo político estamos presentes en amplios espacios

de nuestra Universidad, que en nuestro interior se expresa la máxima

diversidad estudiantil, que entendemos que la izquierda debe construirse con

participación y democracia y que esta elección en donde hemos aumentado en

casi 400 votos respecto de la elección anterior, nos demuestra que como

movimiento estamos vinculados orgánicamente con las bases estudiantiles de

nuestra Universidad.

Como Estudiantes de Izquierda sentimos la responsabilidad ética de hacer

política, porque la administración del poder por los poderosos de siempre

nos obliga a entrometernos en sus asuntos, porque estos asuntos son también

nuestros asuntos y porque no podemos dejar que unos pocos privilegiados sean

quienes eternamente definan las medidas y contornos que debe tener nuestra

patria, ajustándola siempre a sus pequeños intereses.

Creemos que la clave del éxito para el movimiento estudiantil está en volver

a situar a la Federación en una posición de vanguardia a nivel nacional, en

volver a entretejer redes sociales con los pobladores, los trabajadores, las

organizaciones sociales y gremiales, los jóvenes que se quedaron fuera de la

Universidad pateando piedras, en otras palabras, hablamos de volver nuestra

mirada al conjunto de los problemas sociales que hoy rodean a la Universidad

y con los cuales estamos íntimamente vinculados y comprometidos.

Debemos romper con aquella burbuja universitaria que instala el

individualismo, la competencia y el exitismo personal como patrón de

conducta para los estudiantes por sobre ideas y conceptos fundamentales como

lo son la solidaridad, la comunidad y la colaboración entre nosotros.

Somos contrarios a la visión de que la Universidad es solo venir, sacarse

buenas notas, y abandonar cuanto antes sus aulas para salir pronto a ganar

dinero en el mercado laboral, tenemos los ojos lo suficientemente abiertos

como para darnos cuenta que afuera hay un mundo entero por conquistar, que

este mundo requiere de nuestra entrega, de nuestro esfuerzo y de nuestro

sacrificio y que para quienes ya hemos abierto los ojos a las inequidades

sociales que asoman por todos los rincones de nuestra ciudad, se nos vuelve

imposible volver a cerrar la puerta y hacer como que nada hemos visto o como

que nada ha pasado. Nuestro compromiso por la transformación social es

irrenunciable.

Porque necesitamos hoy, más que nunca, una profunda discusión respecto del

país que queremos construir y, a partir de aquello, cuál es el tipo de

Universidad que se pondrá al centro de dicha construcción.

Porque no creemos en la Universidad como un espacio neutro dentro de la

sociedad, la universidad es un agente vivo en su construcción y en el

desarrollo del proyecto país que como ciudadanos levantamos día a día.

Nuestra responsabilidad está en generar organización al interior de aquella,

lo cual nos permita transformar la universidad, para así poder transformar

la sociedad.

Nuestro concepto de Universidad nos habla de un espacio abierto,

participativo y democrático, con una comunidad universitaria activa,

dialogante, una comunidad que se involucra en el diseño y conducción de su

casa de estudios.

Nuestra visión es la de una Universidad que se ubique ya no en los primeros

rankings de la competencia o el marketing universitario, de los cuales hoy

en día mucho se habla, sino que se ubique en el primer lugar de aporte al

desarrollo social del país, el primer lugar en el fomento de la equidad en

cuanto a la composición social de sus estudiantes, que ocupe el primer lugar

en el desarrollo de la ciencia y tecnología al servicio de los intereses de

Chile y su pueblo.

Creemos en una Universidad permanentemente vinculada con los problemas que

nuestro pueblo le presenta, activa en la búsqueda de soluciones y en la

entrega de aportes por medio del conocimiento.

Sin embargo, nuestra realidad actual dista mucho de estos conceptos

brevemente aquí esbozados, hoy la Universidad es cada vez más un proyecto

sin otro norte que no sea el que le señala el mercado, a la educación

superior se le ha puesto precio y nuestras Universidades son medidas por

criterios industriales de producción como si fueran una empresa más dentro

del esquema productivo de la nación, una empresa especial con muchas

comodidades en su proceso productivo, pero empresa al fin y al cabo.

En este esquema, un rol fundamental lo jugó el desfinanciamiento sistemático

que vivió la Universidad Pública al momento de implementarse las políticas

neoliberales. El autofinanciamiento, establecido como doctrina, fue un golpe

seco que dio en la esencia misma de lo que constituía el quehacer

universitario hasta ese momento, condicionando y sometiendo a la Universidad

a lógicas y esquemas mercantiles que le eran desconocidos. La Universidad

Pública tuvo que verse obligada a competir en situaciones desfavorables en

lo que se llamó "el nuevo mercado de la educación superior", se le puso

precio, tuvo que venderse a sí misma para poder captar mayores recursos y

continuar así con su proyecto educativo, perdió su brillo y su color, perdió

su esencia transformadora y quedó botada en un rincón, ya incapaz de

reconocerse a sí misma.

Estamos hablando que se operó un cambio estratégico en el desarrollo de la

Universidad, el cual ha sido irremontable hasta este momento. Con ello hubo

sectores importantes del quehacer universitario que producto de su no

rentabilidad económica fueron cayendo rápidamente en la desgracia y el

abandono, las Universidades Públicas se volcaron a sí mismas, viviendo casi

un chauvinismo institucional, donde cada una se preocupaba de su propia

sobrevivencia, perdiéndose la visión de conjunto que poseía nuestro antiguo

sistema de educación superior pública.

Este procedimiento operado en plena dictadura, siguió su curso con los

gobiernos de la Concertación, la cual no operó mayores cambios, más bien, se

dedicó a administrar con comodidad el modelo heredado y en algunas líneas,

incluso, lo profundizó. No obstante lo anterior, pasaron los años y el

control del gobierno volvió a las manos de quienes tiempo atrás habían

gobernado con trajes de civiles detrás de los uniformes de soldado.

Según nuestra mirada, esto representa un peligro fatal para la Universidad

Pública hoy día. Creemos que el gobierno de los empresarios busca poner el

broche de oro a la privatización total de la educación superior, sellando

definitivamente la obra que iniciaron desde las sombras en los años ochenta.

La designación de Harald Beyer y Álvaro Saieh en nuestro Consejo

Universitario, dos grandes defensores del modelo de mercado y el actual

presupuesto nacional en el área de la educación superior son dos grandes

indicativos de aquello. Son medidas que nos muestran nítidamente que el

gobierno se apresta a poner en marcha una agenda privatizadora a gran escala

y que, por lo tanto, el año 2011 será estratégico en su implementación.

Esta será una batalla importante que enfrentará nuestro sector el próximo

año, para dar respuesta a este desafío debemos desplegar un movimiento que

escape a tan solo los estudiantes, necesitaremos de los académicos, los

trabajadores, las autoridades universitarias, todos juntos en las calles

exigiendo que el Estado cumpla con sus Universidades, que el Estado cumpla

con la educación superior pública de nuestro país.

Pero el problema no pasa tan solo por exigirle al Estado lo que a nuestras

Universidades le debe, sino que también debemos mirarnos con visión

autocritica y preguntarnos qué es lo que como Universidad le estamos

entregando a nuestro pueblo. Necesitamos un nuevo trato del Estado para con

la educación superior pública de nuestro país y, a la vez, necesitamos un

nuevo compromiso de las Universidades Públicas para con el pueblo de Chile y

sus intereses, esta Universidad tiene que ser la Universidad de todos los

chilenos y no solo la de unos pocos.

A nadie le es indiferente que en nuestra casa de estudios se perpetúen

desigualdades fundamentales que determinan, por ejemplo, que el 20% más rico

de la población tenga más del 50% de las matrículas, en cualquier sociedad

que se precie de ser justa y democrática esta desigualdad fundamental es

inaceptable.

¿Seguiremos educando solo a las élites socioeconómicas?, o, ¿nos

aseguraremos de implementar un sistema de acceso que permita que todos los

jóvenes con talentos y habilidades, independientemente de su origen y

capacidad de pago, puedan permanecer en la Universidad?

¿Seguiremos dejando que solo aquellas disciplinas que son rentables en el

mercado alcancen niveles de desarrollo armónicos y de excelencia?, o,

¿aseguraremos de manera efectiva que todas las áreas del conocimiento tengan

un trato justo y así puedan contribuir a consolidar la sociedad que

anhelamos, ya no solo en términos económicos, sino que en términos

culturales, intelectuales, cívicos, valóricos, es decir, con seres humanos

íntegros?

Por más que quieran hacernos creer lo contrario, para nosotros la

Universidad no puede ser un negocio ni mucho menos la educación puede ser

una mercancía.

La pelea será dura, pero está el futuro de la Universidad en juego y en esta

batalla nosotros no bajaremos los brazos.

No quiero terminar mis palabras sin antes aludir a un hecho que para mí

reviste gran notoriedad, algo señalaba más arriba pero quisiera ahora poder

extenderme un poco más en aquello, me refiero a mi condición de mujer.

Como mujer puedo ver y vivenciar en carne propia las actuales formas de

opresión de la que somos víctimas en la actual configuración machista de la

sociedad. En Chile nos decimos un país desarrollado y nos llenamos de

orgullo por nuestro reciente ingreso a la OCDE, no obstante, detrás de la

cortina del progreso económico y del optimismo del jaguar latinoamericano se

esconde una historia de opresión y sexismo que aún perdura hasta nuestros

días. Las mujeres seguimos sufriendo hoy día todo tipo de discriminaciones,

a la hora de buscar trabajo, en los planes de cobertura para nuestra salud,

en la escala de sueldos, incluso a la hora de participar en política.

Tan solo ayer leía unas ideas que quisiera poder trasladarles en este

momento ya que me parecen esclarecedoras respecto de lo que les quiero

decir, abro comillas respecto de las mujeres, cuando buscan trabajo, además

de calificación se le pide presencia y no basta con que sean amables y

generosas, sino que deben además ser graciosas, simpáticas y coquetas, pero

no mucho. Se les exige estar presentables y cuando juzgan que se ha pasado

un milímetro, se les critica por presuntuosas. Se les elogia por ser madres

y se les excluye por tener hijos.

De la mujer se sospecha cuando es joven porque desestabiliza a la manada y

se le rechaza cuando los años pasan porque ha perdido competitividad. Es

excomulgada por fea y también cuando es bella. En el primer caso se dice que

es repulsiva, en el segundo provocadora. Cuando no es lo uno ni lo otro la

tildan de mediocre, cierre de comillas.

Estas son las condiciones en las cuales las mujeres nos desarrollamos

actualmente, estas son las condiciones que desde mi Presidencia también

buscaré transformar.



Camila Antonia Amaranta Vallejo Dowling