lunes, 18 de abril de 2011

ECONOMÍA POLÍTICA DE LA DROGA



En esta intervención trataré de aplicar categorías de la teoría económica a la cuestión de la droga concebida como mercancía y a lo que voy a llamar el narco-capital, y plantearé algunas implicancias de este análisis en lo político e institucional.
Cuando digo que voy a aplicar las categorías de la teoría económica, en realidad estoy diciendo una abstracción. Porque ustedes saben que no hay un enfoque económico sino varios enfoques en competencia. Específicamente, sobre la cuestión del valor y de la mercancía hay dos teorías antagónicas. Una, que es la predominante en las universidades y el establishment, es la neoclásica, que sostiene que el valor está dado por la utilidad de los bienes. Por razones que aquí no puedo desarrollar por falta de tiempo, considero que esta teoría es inaplicable al estudio de la sociedad capitalista. Por lo tanto no voy a trabajar con las categorías de la economía neoclásica, sino con las categorías de la teoría que dice que el valor está dado por el trabajo humano. Es la teoría que viene de la tradición de David Ricardo y de Carlos Marx. Más específicamente, voy a utilizar las categorías del análisis marxiano


Mercancía, Valor de Uso y Valor en la Droga



Tenemos que partir del hecho que la droga es una mercancía. Es decir, es un producto que va al mercado y como tal tiene valor de uso, y posee, además un valor que se manifiesta en los precios. Amplío un poco la cuestión del valor del uso, porque es importante para el análisis que vamos a hacer. Cuando Marx se refiere al valor de uso, no está significando que el valor de uso pueda tener utilidad desde el punto de vista social general o que todo el mundo pueda considerar a determinada mercancía útil desde el punto social general. Para que haya valor de uso sólo es necesario que una parte de la sociedad considere que determinado bien posee utilidad. Una bomba tiene valor de uso, aunque muchos de nosotros, seguramente la mayoría, pensemos que sería mejor que no hubiese bombas. Una mercancía tiene valor de uso en tanto satisfaga cualquier tipo de necesidad humana. Precisemos también que las necesidades humanas no se limitan a las fisiológicas. Por el contrario, la inmensa mayoría de las necesidades son “humanas” en el sentido que son social e históricamente determinadas. En síntesis, lo que importa para la existencia del valor de uso es que la sociedad en su conjunto, o una parte de ella, piensen o sientan que determinada mercancía satisface alguna necesidad. Si esto se cumple, la mercancía tiene valor de uso.
El valor de uso es la base material para la existencia de la mercancía. Una mercancía sin valor de uso no tiene valor, y todo aquello que contribuya a acrecentar el valor de uso, por lo tanto contribuye a acrecentar el valor de la mercancía. Desde este punto de vista es trabajo productivo –en el sentido que acrecienta el valor de la mercancía y genera plusvalor- todo trabajo relacionado con la producción y el transporte de la mercancía.

Sobre esta base material, el valor de uso, Marx plantea que la mercancía a su vez tiene una propiedad que es social, tiene valor. Una propiedad social significa que es una propiedad que no surge naturalmente, sino a partir de relaciones sociales que establecen los seres humanos; por eso las denominamos también “propiedades relacionales”. Para clarificar esta cuestión: una mesa, por ejemplo, tiene propiedades naturales, como ser de madera, de color marrón, etcétera. Pero a su vez en esta sociedad esa mesa tiene propiedades sociales, tales como ser mercancía y tener valor; son propiedades objetivas (ya que le pertenecen), que derivan de las relaciones sociales. Según la tesis de Ricardo y Marx, la mesa tiene valor porque tiene trabajo social humano –en el sentido de gasto humano de energía- invertido en la producción. Sin embargo esta propiedad la mesa no la manifiesta con su cuerpo natural de mesa, sino a través de la relación que establece con el dinero, que funciona como encarnación general del valor. Así decimos que la mesa vale tanto dinero; tiene valor porque contiene tiempo de trabajo social objetivado, pero este valor existe como tal en tanto se manifiesta y se expresa a través de su relación con el dinero.
Es importante destacar que el valor está dado por el tiempo de trabajo socialmente necesario para producir la mercancía. Siguiendo a Marx, el concepto de “socialmente necesario” debemos entenderlo desde dos puntos de vista. Por un lado, desde la tecnología aplicada a la producción de la mercancía, y la intensidad del trabajo. Por ejemplo, si soy productor de la mercancía A, debería producirla, por lo menos, con la tecnología media imperante en el mercado, y al mismo ritmo de trabajo que el resto de la competencia. Por otro lado, el tiempo empleado en producir la mercancía A debe ser socialmente necesario desde el punto de vista de la demanda social. Este aspecto del concepto “socialmente necesario” se refiere entonces al tiempo de trabajo que la sociedad, o una parte de ella, está dispuesta a entregar a cambio de la mercancía. Si los productores de mercancías A han empleado la tecnología modal (o promedio), pero sin embargo han producido demasiadas mercancías para lo que el mercado puede absorber, entonces una parte de su tiempo de trabajo no será validado en el mercado como generador de valor. En este caso, si la oferta supera a la demanda, los precios caen, los valores no se realizan, y los capitales se desvalorizan.
Por lo tanto el valor surge de una articulación compleja de producción y mercado. El valor no es solamente un fenómeno de la producción. Esta es una diferencia entre la teoría del valor de Marx y la de Ricardo, que muchas veces se pasa de alto. Pero es clave para entender algunas particularidades de la droga y el narco-capital.
Por último, señalamos que hay una condición para la existencia del valor (entendido como tiempo de trabajo humano objetivado), y es que la mercancía debe ser reproducible, y reproducible libremente. Así, nadie puede pretender que Los Girasoles de Van Gogh, por ejemplo, sean valuados por el tiempo de trabajo que empleó Van Gogh en producirlos; se trata de un bien no reproducible, y por lo tanto su precio no puede explicarse por la ley del valor trabajo. Esta ley no tiene aplicación universal, reconoce límites.

Apliquemos ahora los anteriores conceptos al análisis de la droga. Se trata, en primer lugar, de una mercancía que tiene valor de uso y valor, y es reproducible, pero no libremente. Veamos las consecuencias de esto último.
Supongamos que la demanda de la mercancía A de nuestro ejemplo anterior supera a la oferta. En este caso el precio de A se va a elevar, lo que está indicando que en esa rama de la producción es necesario invertir más tiempo de trabajo (y por lo tanto capital) para aumentar la oferta. Es decir, hay una demanda por parte de la sociedad de transferencia de tiempo de trabajo social hacia ese sector, demanda que se expresa a través del lenguaje de los precios. Pero si por algún motivo esa transferencia no puede operarse libremente, pueden suscitarse dos escenarios: o bien baja la demanda (la sociedad, o una parte de ella puede prescindir de la mercancía), o bien desde el conjunto de la sociedad (o una parte de ella) se transfiere el valor correspondiente, a través de la suba de los precios, hacia el sector productor de A. Subrayamos que en este último caso la sociedad (o una parte de ella) transfiere, a través del acto de compra de la mercancía, más tiempo de trabajo que el que estaría determinado por las meras condiciones tecnológicas de producción. En cambio, si hubiera libre flujo de capitales hacia el sector que produce la mercancía A, aumentaría la oferta de A hasta que su precio se alineara con los tiempos de trabajo socialmente necesarios. Si esto no ocurre, y la demanda se mantiene, se establece de manera permanente un valor, es decir, una validación de tiempos de trabajo en el mercado, superior al que existiera si hubiese libertad de transferir tiempo de trabajo hacia el sector productivo en el cual la demanda supera a la oferta. Esta es la base para que los capitales invertidos en ese sector puedan gozar de plusvalías extraordinarias de manera más o menos permanente, y por lo tanto de ganancias extraordinarias. Y esto es lo que sucede con la droga. Este producto, al generar hábitos de consumo compulsivos, genera una demanda extremadamente inelástica –la persona adicta busca droga a cualquier costo- lo que garantiza que una parte de la sociedad esté dispuesta a continuar “validar” en el mercado un valor muy superior al que correspondería si la droga se produjera y comercializara en condiciones de libertad de competencia. El que existan impedimentos para que la producción aumente libremente, genera entonces la posibilidad de que haya plusvalías extraordinarias más o menos constantes.

Narco-Capital

Lo anterior permite comprender algunas características del negocio del narco-capital. No hablo de narcotráfico, sino de narco-capital, porque incluye el capital dedicado a la producción, transporte y comercialización, y el involucrado en los mecanismos financieros. Se trata de un circuito global, aunque puede dividirse en sub-circuitos relativamente autónomos. En muchas de las fases que recorre este capital en proceso se invierte más del tiempo de trabajo del que sería necesario en condiciones de libre producción y circulación. Así, por ejemplo, en condiciones de libre circulación el costo de transporte de la droga se abarataría si la droga se pudiera transportar en containers. En cambio, si hay que transportarla con "mulas", se exige una gran inversión en capital y en fuerza de trabajo por unidad de producto. Pero en tanto exista una demanda suficiente, en el mercado se valida socialmente esa mayor cantidad de fuerza de trabajo y capital necesaria para colocar a la droga en el lugar de venta. Remarcamos también que el transporte –la fase específica del narcotráfico- genera valor de uso, y por lo tanto valor.
Pero además en todo este proceso es imprescindible la intervención de trabajo improductivo. Hablamos de trabajo improductivo para referirnos al trabajo que no atañe estrictamente a la generación de valores de uso y valor, pero que es necesario para el funcionamiento del circuito capitalista. Por ejemplo, la persona encargada del acto puro de la venta –lo que Marx llama la metamorfosis de la mercancía en dinero- no genera valor; si el acto de venta se prolonga, el vendedor no agrega un átomo de valor a la mercancía, aunque trabaje más. Su trabajo es improductivo, pero necesario para la obtención de plusvalor. Otro ejemplo puede ser el del vigilador de una empresa: su trabajo, consistente en defender la propiedad privada, no agrega valor a los productos, aunque sea necesario para el funcionamiento del sistema capitalista.
Con respecto al narco-capital, y debido a las características propias de ilegalidad en que se mueven estos circuitos capitalistas, la actividad insume una enorme masa de trabajo improductivo. Esto es, trabajo que no genera valor, pero es necesario para el funcionamiento del narco-capital. Un ejemplo de este gasto improductivo es la operación del lavado del dinero en los circuitos financieros. Los trabajos de transferencia, transporte de dinero, disimulación, etcétera, no agregan valor a la droga, pero insumen enorme cantidad de trabajo.
A esto se suman los gastos improductivos que suponen los sobornos y “arreglos” de jueces, policía, instituciones, políticos y demás instancias institucionales y legales. Todas ellas se nutren de la transferencia de valor y plusvalía que se realiza desde otros sectores de la sociedad. Esto es importante porque aquí no está funcionando una relación capitalista en sentido puro; es una relación capitalista atravesada por relaciones políticas, jurídicas e institucionales, sin las cuales no puede funcionar. La transferencia de valor desde otros sectores de la sociedad implica una validación en el mercado de estos gastos improductivos, destinados a salvar los obstáculos legales represivos que afectan al negocio de la droga. De todas maneras, la sostenida demanda de droga y el vuelco de recursos –capital y productores- estarían en el origen de la caída tendencial del precio de la droga en los mercados de los países desarrollados. Se ha calculado, por caso, que el precio de la cocaína puesta en Nueva York habría bajado a la quinta parte en los últimos veinte años.
A partir de lo anterior se puede encarar el análisis del circuito capitalista de la droga.
El circuito capitalista, en su sentido más general, es el circuito del dinero que compra fuerza de trabajo y medios de producción, produce una mercancía que está valorizada, es decir, contiene plusvalor, y se cierra cuando esa mercancía se vende por dinero (= capital adelantado + plusvalía). Luego el dinero obtenido vuelve a entrar al circuito. Es decir, el capital es valor en proceso de valorización, dinero que da dinero a través de una relación de explotación del trabajo asalariado.
Utilizamos ahora esta categoría de capital para analizar el negocio del narco-capital dividido en las fases de producción, de transporte y comercialización, y financiera; esta última atañe a lo que popularmente se llama el lavado de dinero, que conduce al reciclado de parte de la plusvalía generada en el negocio del narco capital “a la superficie”, para actuar ahora como capital, blanqueado y legalizado. La magnitud en cifras del capital involucrado en esto es difícil de calcular, entre otras cosas debido a la propia naturaleza del fenómeno. Pero según datos del FMI (de 2002) el negocio global ilegal en el mundo movería un valor equivalente a entre el 3 y el 5 % del producto bruto interno mundial. Esto sin contar con lo que ya está legalizado. Se puede considerar con seguridad que una buena parte de esta suma está involucrada en el narco capital (otros negocios son el tráfico de armas, de seres humanos, la prostitución, contrabando, lavado de dinero por ilícitos de todo tipo).
El narco capital entonces comprende varios circuitos que, como dijimos antes, pueden ser relativamente autónomos. El narco-capital se dividiría en una parte que es específicamente de tráfico, en una parte que es de narco-producción, y en una parte narco-financiera o narco-dineraria. Todas éstas son diferentes formas de existencias del capital en reproducción. Estos circuitos, internacionalizados, no pueden existir por otra parte si no los ubicamos en el marco de lo que ha significado la globalización. No sólo la producción se realiza en una parte del planeta y la venta en otra, sino que muchas veces la misma producción está internacionalizada; por ejemplo, el cultivo se realiza en un país, pero la preparación de la droga para el consumo puede terminarse en otro país. Y la fase del lavado está también internacionalizada.
En lo que respecta a la producción, sin embargo, hay que distinguir la posibilidad de existencia de dos modos de producción. Es que cuando se trata del productor campesino, del productor simple de mercancía (droga), no estamos ante un capitalista. El campesino que no emplea mano de obra asalariada no es un empresario capitalista, aunque está ligado al circuito capitalista de la droga, al narco-capital. Si al campesino se le paga sólo el equivalente a la reproducción de su fuerza de trabajo, es explotado por el circuito capitalista que lo enlaza, en tanto productor mercantil, con el mercado mundial. Se trata de un modo de producción precapitalista, subordinado al circuito capitalista globalizado. La competencia y la presión bajista de los precios en los mercados mundiales de muchos productos agrícolas obligan a los campesinos de muchos países subdesarrollados a dedicarse a la producción de la materia prima para la droga, para sobrevivir. Su inserción en los mercados mundiales está mediada por el narco-capital, y por los obstáculos legales e institucionales, todo lo cual debilita su fuerza negociadora en tanto productor mercantil.
El capital, en cambio, domina directamente la segunda fase de la producción, en donde se emplean laboratorios, productos químicos, mano de obra más o menos especializada; y las fases del transporte, distribución y financiera. También puede dominar la primera fase de la producción si, por ejemplo, establece plantaciones en las que emplee trabajo asalariado.
En muchas fases en las que opera propiamente el circuito capitalista se incorpora mano de obra asalariada no especializada, que realiza trabajos segmentados. Es, por ejemplo, el caso de las "mulas", en donde en apariencia el capital paga una remuneración superior al valor de la fuerza de trabajo; pero dadas las características de trabajo altamente peligroso (para la salud y la represión), en promedio estos asalariados o asalariadas no salen de la pobreza. Se reproducen en cuanto fuerza de trabajo explotada por el narco-capital. También en la fase de la distribución, que debe llegar capilarmente a todos los rincones, se emplea mano de obra fraccionada y descalificada, altamente explotada, que asume buena parte del riesgo del negocio. Una situación social de pobreza y desocupación estructural constituye una fuente de aprovisionamiento inagotable de esta fuerza de trabajo, dispuesta a arriesgar su libertad e incluso su vida, para sobrevivir trabajando en una relación de dependencia y extrema alienación.

Algunas Implicancias para el Análisis Político

Todo lo anterior tiene implicancias políticas, dado que no se puede entender el narco capital si no es con la participación de instancias institucionales en el negocio. Esto deriva en que se instala, en muchos países, una lógica de lucha por el control de los aparatos estatales que supera en intensidad y profundidad lo que ha sido la lucha “tradicional” por el poder. Tradicionalmente las fracciones del capital podían luchar (y lo siguen haciendo) por tener representación e influencia en el plano gubernamental y estatal; pero esta pelea no era necesariamente determinante para su supervivencia. En el narco-capital, en cambio, el acceso al control de palancas estatales es vital para el mantenimiento del circuito y para insertarse en los circuitos globalizados. Existe entonces una base material acrecentada para explicar determinados enfrentamientos políticos por el poder.
Por otra parte es de señalar que la participación en el narco-capital, como en otros circuitos ilegalizados, ha posibilitado que fracciones de las burguesías de países atrasados pudieran insertarse en los circuitos globalizados. Se trata en este respecto de una respuesta defensiva de estas fracciones del capital frente a la globalización. Este fenómeno no es sólo argentino. Arraiga en la necesidad de inserción de la superestructura político legal en la relación económica que está generando la narco-plusvalía y el narco-capital.
Brevemente aludiré a otras dos cuestiones. En primer lugar, que no se puede entender el circuito del narco-capital sin la participación de grandes instituciones financieras a nivel internacional. No hay manera de reciclar, transferir, manipular, reinsertar en los circuitos “de superficie” esas enormes sumas de dinero, si no es con la participación de bancos, fondos de inversión, y grandes instituciones financieras transnacionales. En esta fase del proceso, además, tienen mucho que ver las tecnologías informáticas, la mundialización de las redes financieras y la aparición de instrumentos financieros altamente sofisticados y complejos, que permiten disimular y borrar las huellas de los movimientos del dinero. Con el agregado de una masa de capital que ya se ha blanqueado, y se reproduce bajo condiciones de normalidad capitalista. Lo que genera, a su vez, plusvalor que puede ser reinvertido en el negocio del narco-capital y viceversa.

Para terminar, y desde el punto de vista de la reproducción del capital de conjunto social, hay que distinguir el interés del capital en general, del interés del capital ligado al circuito del narco-capital. Ambos intereses no coinciden necesariamente. Al respecto podemos señalar algunos elementos que hacen a esta tensión. En primer lugar, para el capital de conjunto, (el capital en general), el negocio de la droga representa una deducción de trabajo productivo general, un desvío de la plusvalía de la acumulación. En segundo término, la droga amenaza a largo plazo la reproducción de la fuerza de trabajo, dada su incidencia en la salud. E incluso genera problemas para la propia clase dominante en cuanto muchos de sus sectores también están afectados por el consumo.
En tercer lugar la participación sistémica de las instancias legales y políticas en la plusvalía que proviene del negocio de la droga genera un problema grave en lo que hace a la exigencia del capital en general de garantía por parte del Estado de “iguales derechos” en la lucha competitiva en los mercados. Existen por lo tanto dos lógicas que pueden colisionar y que colisionan en efecto muchas veces; aunque por momentos encuentran formas de convivencia. Esta tensión entre conflicto y convivencia puede ser fuente también de impulsos que se reflejen o expresen en movimientos políticos.