martes, 15 de noviembre de 2011

Good job



La discusión con Obama sobre la balanza comercial y el discurso de Cristina en la cumbre del G20, recogido en los primeros puntos del documento final, se complementan con el sosegate al dólar. Una visión antagónica con la que señala a la divisa como un bien barato. Pueden cambiar los instrumentos según las necesidades de cada momento pero se mantienen los principios esenciales, del mercado interno y el trabajo decente.

Por Horacio Verbitsky

Las definiciones de la presidente CFK en la cumbre del G20 en Cannes y las decisiones económicas adoptadas en Buenos Aires no pueden leerse como hechos separados. La crisis global tiene una incidencia directa en los fenómenos económicos que atrajeron la atención en estos días. Algunos aspectos son políticos, otros económicos, los hay episódicos o estructurales pero todos están conectados. Ante la agudización de la crisis, las empresas transnacionales han reclamado a sus filiales la remisión de más utilidades. El año pasado, las utilidades remitidas al exterior han ocupado el lugar que antes tenían los pagos de la deuda pública en la balanza de pagos argentina hasta comerse más de la mitad del superávit comercial. Esto sirve para entender el contexto del encuentro presidencial argentino-estadounidense.

El mito del dólar barato

Una runfla de interesados analistas instaló que el desempeño espectacular de la economía argentina en el ciclo kirchnerista obedece al “viento de cola” y que el dólar es un bien barato, por lo que después de las elecciones se apreciaría. Terminado el escrutinio comenzaron los movimientos hacia la verificación de esa profecía, basada en hechos irreales. La principal ventaja que ha gozado América Latina y el Caribe en estos años ha sido el flujo financiero neto, que el año pasado se acercó a los 150 mil millones de dólares. En cambio, fue cero para la Argentina, cuyo crecimiento se basó en recursos propios. También se benefició América Latina con una inversión drástica de los términos del intercambio, que pasaron a ser positivos. Pero esa variación fue muy superior para los productos que venden Venezuela, Brasil, Chile, Bolivia, Perú y Colombia. Sin embargo, esos países crecieron a un ritmo muy inferior al de la Argentina, que basó su superior desempeño macroeconómico en el mercado interno, con recuperación de la industria, mejores salarios y mayor productividad, y fue el único cuya economía no se reprimarizó. Cuando sobraba capacidad ociosa en la industria, la desocupación era record histórico y el endeudamiento externo llegaba a un Producto Interno Bruto y medio, se requería un tipo de cambio real mucho más alto que ahora, una vez modificados esos parámetros. Pero aun así, el tipo de cambio “continúa en niveles superiores al promedio histórico”, explicó en una conferencia dictada en San Juan Mercedes Marcó del Pont. El tipo de cambio con Brasil es 50 por ciento superior al promedio histórico, y con los tres primeros socios comerciales, 40 por ciento superior, calcula.

El parate

La inconsistencia de los supuestos ayudó a que la actitud atenta del Estado impidiera el inicio de una corrida. La semana pasada, detectó una transacción por 1200 millones de dólares. Pocos minutos después el principal directivo de uno de los mayores bancos recibió una llamada oficial inquiriéndole qué había sucedido.

– No puede ser –arguyó el banquero.

Su interlocutor le indicó la sucursal y el número de la caja donde se había realizado la venta. Poco después llegó la respuesta: sólo fueron 120.000 dólares y hubo un error de registración.

–¿Pero ustedes cómo saben hasta el nombre de la cajera? –repreguntó.

No hubo respuesta, pero un buen entendedor no necesita más palabras. Cuando comenzaron a padecer retiro de depósitos en dólares, los bancos advirtieron que estaban en el mismo bote que el gobierno y dejaron de hacer olas. Ya les había inquietado la salida de depósitos de la ANSES. Los que vencían esta semana fueron renovados por 30 días, pero los que el organismo previsional había retirado permanecieron en el Banco Nación, aunque la tasa de interés fuera más baja. Cuando se detuvo la compra comenzó el retiro de depósitos en dólares de los bancos, si bien en una proporción muy menor. Los banqueros extranjeros comunicaron su preocupación al gobierno y recibieron una respuesta clara: ustedes y sus analistas sembraron desconfianza, ahora les toca cosechar esa siembra. El fenómeno inquieta más a los bancos que al gobierno, que tiene reservas suficientes para enfrentar esta merma, que no pasó de 100 millones en la semana. Además los retiros se limitaron a los pequeños depositantes, a quienes iba dirigida una cadena de mails que vaticinaba para la semana próxima una disparatada confiscación de depósitos, y un post de Domingo Cavallo (¡nada menos!), recreando su pronóstico de 2008: estancamiento con inflación. Martínez de Hoz no se sumó porque tiene que fingir mala salud para no perder el beneficio del arresto domiciliario. Esta mini psicosis inducida no se extendió a lo que en la jerga se denomina “inversores sofisticados”, los grandes jugadores conscientes de la solidez de la situación actual, sin precedentes. El gobierno también inundó la plaza con aquellos bonos dolarizados que se utilizan para la operación denominada “contado con liquidez”, que consiste en comprarlos en la Argentina con pesos y venderlos en el exterior en dólares. Esto bajó la cotización del dólar de 5,30 a 4,70 y enfrió las interesadas expectativas de devaluación. En el mismo sentido apuntó la eliminación de subsidios a los consumos de gas, electricidad y agua de las casas de juego, los bancos y financieras, la telefonía celular, los aeropuertos y las empresas petroleras y mineras, que obtienen grandes beneficios en mercados sin regulación estatal. También contribuyó al sosiego la anunciada transferencia a la Ciudad de Buenos Aires de los subterráneos, que comenzó a negociarse el viernes, sobre la mesa de reuniones del Ministerio de Economía en la que Paraguay y Bolivia firmaron en 1935 el cese del fuego en la guerra por el petróleo, un conflicto algo más complejo. ¿Cómo podrían oponerse a la reducción de subsidios quienes la reclamaban?

Una opción política

Al comienzo de cada gestión y en cada punto que pueda ser leído como de fractura se renuevan las presiones para forzar el abandono de las líneas políticas centrales enunciadas por Néstor Kirchner en 2003 (en cuya redacción intervino su esposa). En su lugar, se postulan los programas de las fuerzas derrotadas en las últimas elecciones, que en realidad son de los intereses permanentes que no terminan de entender y mucho menos de aceptar, la hegemonía de la política. En Cannes, la presidente hizo una síntesis precisa de cuáles son esas políticas que no piensa abandonar, aunque puedan cambiar los instrumentos para llevarlas adelante. Dijo una y otra vez que si el Estado no emplea su poder para generar equilibrio social, los sectores financieros impondrán sus reglas en el anarco-capitalismo actual. También reiteró que los gobiernos deben “enfrentar ahora a intereses minoritarios pero poderosos, antes que la furia de la sociedad en el futuro” y volvió a abogar contra las calificadoras de riesgo y los paraísos fiscales, a los que llamó por su nombre de guaridas, que es como los ven las víctimas de su acción predatoria. Coincidieron en este punto el francés Nicolás Sarkozy, la brasileña Dilma Roussef y el mexicano Felipe Calderón. Pero poco se avanzó, ya que los principales aguantaderos están en territorios o colonias británicos y Estados Unidos conserva el régimen especial de Delaware.

El trabajo decente

Los ocho puntos del primer capítulo de la declaración final del G20 se dedicaron al problema del empleo, “que debe estar en el corazón de las acciones y las políticas para restaurar el crecimiento y la confianza”. Se creó un Grupo de Trabajo con el encargo de presentar propuestas, sobre todo para el empleo juvenil, y se respaldó la aplicación de los ocho convenios fundamentales de la OIT. La declaración también estableció la necesidad de fijar un piso de protección social en cada país, garantizando el acceso al cuidado de la salud, un ingreso para los ancianos, los discapacitados, los niños, los desocupados y los pobres, como estímulo al crecimiento, la justicia y la cohesión social. Eso es lo que la Argentina viene haciendo desde 2003 y lo que Cristina planteó en cada una de sus intervenciones en Cannes. Hace seis años, por primera vez, la cumbre de las Américas de Mar del Plata hizo suya la posición de Kirchner y su canciller Jorge Taiana, fijando como primer objetivo la “creación de trabajo decente”, según la fórmula de la Organización Internacional del Trabajo (OIT). Aquello que entonces parecía una excentricidad, hoy forma parte del discurso socialmente aceptable cuando se reúnen los poderosos del mundo. Por cierto, del documento a la práctica hay un largo camino que no es sencillo recorrer. En nuestro país todavía un tercio de los empleos son precarios, tema que cuadraría bastante mejor a una central obrera que el reclamo por el impuesto a las ganancias que pagan los trabajadores de más altos ingresos. Pero la Argentina (paria de los mercados financieros, según el diario Washington Post y aislada del mundo para sus principales homólogos argentinos) ha inyectado esta consigna en el sentido común de la política mundial, lo cual no es poco. El interés por la experiencia argentina creció luego de los clamorosos resultados que obtuvo CFK al postular su reelección, cosa que no se permiten ignorar los jefes de las grandes potencias. En línea con el diagnóstico de Cristina, algunos de ellos están padeciendo las consecuencias de las políticas de desregulación de los mercados financieros y sus agentes, mientras la alemana Ángela Merkel intenta lo que en su país llaman un giro a la izquierda, con la fijación de un salario mínimo que su partido democristiano siempre rechazó y aumentando las jubilaciones. El mágico número 54 también explica el súbito interés de Obama por su “amiga” Cristina. Alguien lo estuvo informando mal sobre la Argentina y el 23 de octubre todo le quedó claro.

A quién sirven las utilidades

CFK tampoco ignora cuestiones estructurales que estrechan el superávit en la balanza de pagos, lo que a su vez estimula la especulación contra el peso. A fines de este año la deuda total en dólares con acreedores privados no llegará ni al 9 por ciento del Producto Interno Bruto, acaso la mejor relación desde que Bernardino Rivadavia contrajo el primer empréstito con el banco inglés de los hermanos Baring. En cambio ante la agudización de la crisis global, las casas matrices de empresas extranjeras han reclamado a sus filiales que incrementaran la remisión de utilidades. El gráfico 1 muestra el crecimiento vertical de las remisiones de utilidades al exterior por parte de las firmas extranjeras radicadas en la Argentina a partir de 2003, hasta llegar el año pasado a 8100 millones de dólares, y su peso creciente sobre la balanza comercial: equivalían a poco más del 6 por ciento en 2003, llegaron al 55 por ciento el año pasado y tienden a aumentar si no se adoptan medidas. Los primeros diez países con inversiones de sus empresas en la Argentina son España, Estados Unidos, Holanda, Brasil, Chile, Alemania, Luxemburgo, Uruguay, Canadá y Suiza.

En la conferencia de prensa que ofreció en Cannes antes de reunirse con Obama, Cristina dijo que desde 2003 la balanza comercial con Estados Unidos se invirtió: la Argentina pasó de mil millones de dólares de superávit a 4700 millones de déficit. Nuestro crecimiento ha mejorado la balanza comercial de ustedes, sintetizó. Aclaró que las compras argentinas a Estados Unidos consisten en maquinarias, que podrían adquirirse en otros países. El mensaje es transparente y alcanza a todos los países con empresas radicadas aquí. La Argentina no puede permitirse una balanza desequilibrada. Si no se nivela por mayores compras de productos argentinos, lo hará por trabas a la remisión de utilidades, porque lo que ha pasado aquí en estos años no fue viento de cola, sino la aplicación de una política que el pueblo argentino acaba de plebiscitar.