lunes, 7 de noviembre de 2011

Con una declaración de buenas intenciones






Dominado por la crisis griega, el G-20 definió que el FMI incorporará el yuan de China en su canasta de monedas y que aumentarán los controles a grandes bancos. No hubo acuerdo por paraísos fiscales y un impuesto a las transacciones financieras.



Desde Cannes

*En función de quién haga el análisis, la sexta cumbre de presidentes del G-20 fue un paso adelante o un paso atrás. Para Cristina Fernández de Kirchner, el encuentro “ha sido realmente bueno”. “Se abordaron los problemas con mucha sinceridad, pero también con efectividad”, evaluó. La reacción de los mercados internacionales resultó otra. Las principales plazas bursátiles cerraron en baja, por considerar que no hubo medidas concretas de nuevos rescates al sector financiero. La interpretación del gobierno argentino fue favorable porque el documento final de la cumbre levanta uno de los temas que llevó como bandera: que los países deben poner como prioridad “el crecimiento económico, la generación de empleo y la promoción social”. “En eso se vio la mano argentina”, apuntó el presidente de la Organización Internacional del Trabajo (OIT), Juan Somavía, tras el cierre de la cumbre (ver aparte). Los jefes de Estado también acordaron avanzar con cambios en el funcionamiento del FMI, incluyendo una revisión de la canasta de monedas que administra el organismo (DEG) no más allá de 2015. Eso podría dar espacio al ingreso del yuan chino o alguna otra moneda de países emergentes como referencia global.

El encuentro de los jefes de Estado estuvo teñido en sus dos intensos días de trabajo por la agudización de la crisis política en Grecia. Eso consumió un tiempo importante a los presidentes de las potencias de Europa, el local Nicolas Sarkozy y la alemana Angela Merkel, y tal vez restó espacio para avanzar en otras cuestiones. Ayer hubo una última sesión por la mañana y luego un almuerzo, donde los ánimos estuvieron más distendidos que al principio de la cumbre. Fernández de Kirchner no participó de la audiencia de la mañana, en parte porque estuvo definiendo los últimos detalles de su entrevista posterior con Barack Obama y en parte porque siguió minuto a minuto los sucesos de Chacabuco. “Estuvo en contacto permanente con los funcionarios, dando instrucciones para actuar con velocidad”, contaron voceros oficiales. Luego, sí, concurrió al almuerzo de cierre de la conferencia.

El primer punto del documento que expresa las conclusiones de la cumbre reconoce que la economía internacional va de mal en peor. “El crecimiento ha caído, subió el desempleo hasta niveles inaceptables y en Europa han aumentado los riesgos” a una crisis de proporciones, admite. En respuesta a ello, el punto dos sostiene que los 20 países se comprometen a trabajar juntos para revitalizar las economías, crear empleos, generar un entorno financiero seguro y promover la inclusión social. Son términos que habían quedado de lado los últimos dos años, cuando los países centrales torcieron la balanza hacia medidas pro mercado. Ese avance de las posiciones conservadoras fue muy criticado por Cristina Kirchner en esta cumbre, y ayer expresó su satisfacción por la recuperación de parte del terreno perdido.

En esa misma línea hay que entender las reformas que se plantean para el FMI. Por un lado, el G-20 le pidió al organismo que diseñe nuevas líneas de crédito flexibles para auxiliar a los países que lo requieran. Hasta ahora el Fondo Monetario aplicó un criterio restrictivo en su oferta de apoyo financiero. El G-20 también dispuso que las naciones que lo deseen puedan hacer aportes de capital para alimentar esos programas de créditos. Fue una concesión a los Brics (Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica), que vienen exigiendo mayor participación en la toma de decisiones dentro del Fondo. Los aportes de dinero que hagan redundarán en un aumento de su cuota en el FMI y así lograrán ir avanzando hacia aquel objetivo.

Junto con esto, el G-20 le pidió al Fondo que revise la composición de su canasta de monedas de referencia internacional. Se trata de los Derechos Especiales de Giro (DEG), que integran actualmente el dólar, el yen, el euro y la libra. La tarea deberá completarse “en 2015 o antes”. De ese trabajo podría surgir que el yuan chino también pase a ser una moneda de referencia global, lo que cambiaría el mapa dentro de las potencias. Sería un reconocimiento del nuevo mundo, donde Estados Unidos y Europa ya no dominan en soledad. En lo que respecta al FMI, el G-20 postergó para la próxima cumbre, que será en junio de 2012, la decisión de volver a capitalizar al organismo. La anterior capitalización ocurrió en 2009 y fue positiva para Argentina, porque le dio acceso a dinero fresco para sus reservas. Retomar estas ideas computa como ganancia para el gobierno nacional.

Otra discusión no saldada fue la creación de una suerte de Tasa Tobin o impuesto a las transacciones financieras. Es un proyecto que impulsan Francia y Alemania para restringir la especulación. El gobierno argentino dio su apoyo, pero a condición de que al mismo tiempo se combatan los paraísos fiscales. CFK los llamó “guaridas fiscales”. Estados Unidos e Inglaterra se mantuvieron inflexibles en su posición contraria al impuesto, y tampoco mostraron interés en acotar el funcionamiento de los paraísos. Ambos países hacen uso de ellos, incluso dentro de sus propias fronteras, en el estado de Delaware y la city londinense, respectivamente. A cambio, apoyaron una medida que tiende a regular a las grandes corporaciones financieras. El G-20 declaró que ya no podrán existir bancos o instituciones financieras “demasiado grandes para caer”. Esos gigantes de las finanzas lograron rescates millonarios a lo largo de la crisis, porque si los Estados no los amparaban, las consecuencias de sus quiebras podían ser devastadoras para el resto de la economía. Semejante poder limitar a los gobiernos, que ahora decidieron empezar a cambiar esa situación. El G-20 fijó un plazo hasta 2016 para generar nuevas regulaciones en la materia.

Como en cada cumbre, los presidentes definieron el cronograma de próximos encuentros. Los Cabos, en Baja California, México, los recibirá de nuevo en junio de 2012, mientras que en 2013 la cumbre será en Rusia, en 2014 en Australia y en 2015 en Turquía. Para entonces, todos esperan que la crisis haya quedado atrás.

* David Cufré