jueves, 16 de agosto de 2012

*La Argentina, un país desperdiciado.



 SANTIAGO DE CHILE (La Tercera). La tragedia Argentina siempre ha sido
 que el todo sea menos que la suma de las partes; que tanta gente
 civilizada sea gobernada por tanto político bárbaro. Si el nivel de
 hastío sigue subiendo, y el gobierno insiste en su populismo
 autoritario -ambas cosas muy probables-, es posible que las fuerzas de
 la civilización se unan y que ejerciendo sus derechos le pongan atajo a la barbarie.

 La relación entre Chile y Argentina ha sido, siempre, complicada.
 Durante décadas los chilenos mirábamos a nuestros vecinos con una
 mezcla de admiración y envidia. Y no era tan sólo por la superioridad
 futbolística argentina. También tenía que ver con el desplante de los
 porteños, su arrogancia -verdadera o percibida-, sus artistas de
 calidad superior, sus carnes tan tiernas como sabrosas, esos
 chocolates suaves que se derretían en nuestras bocas, y la música
 maravillosa de Gardel, Soda Stereo, y Fito Páez.

 Cuando yo era niño, viajar a la Argentina era todo un acontecimiento.
 Los afortunados se preparaban durante meses, y hacían listas de las
 cosas que comprarían, de los lugares a los que había que ir, y de las
 comidas que tenían que probar. Los más osados regresaban llenos de
 historias inverosímiles, las que casi siempre involucraban discotecas
 maravillosas -como el afamado Mau Mau-, o modelos espectaculares e
 inalcanzables. Pero eso no era todo: como ha dicho el novelista
 Mauricio Electorat, cuando llegaba el verano y las playas se llenaban
 de transandinos, muchos de nosotros temblábamos al pensar que el
 argentino de rigor podía robarnos a nuestras noviecitas.

 En los últimos 15 a 20 años las cosas han cambiado profundamente. El
 complejo de inferioridad de antaño ha dado paso a una actitud de
 superioridad, y a un desdén que sin ser estridente, es palpable. Para
 la mayoría de los chilenos, Argentina ya no genera ni admiración ni envidia.
 Yo diría que el sentimiento mayoritario hacia la transandina república
 es de pena. Esa lástima o compasión que uno siente por los tíos viejos
 que alguna vez fueron exitosos y encantadores, pero que con el paso de
 los años se han transformado en seres roñosos y un poco patéticos.

 Prácticamente todos los días del año la prensa chilena da cuenta de un
 nuevo ranking que demuestra que Chile está por encima de la Argentina.
 Titulares a ocho columnas informan que nuestro país es menos corrupto
 (Transparency International), tiene mejor educación básica (prueba
 PISA de la OECD), da más facilidad a los emprendedores (Doing Business
 del Banco Mundial), y cuenta con mejores universidades (Times de Londres).

 Hoy en día, y con las importantes excepciones del fútbol y el cine,
 los chilenos miran a Argentina hacia abajo.

 Una mirada histórica

 En 1845 Domingo Faustino Sarmiento publicó su libro más importante:
 Civilización y Barbarie: Vida de Juan Facundo Quiroga. A la sazón,
 Sarmiento -quien llegaría a ser el séptimo presidente argentino- se
 encontraba exilado en nuestro país, donde fungía como profesor de la
 Universidad de Chile y director de la Escuela Normal.

 En esta obra, Sarmiento argumenta que el gran dilema de la Argentina
 era decidir entre un futuro de civilización o uno de barbarie. La
 primera era asociada con la ciudad -especialmente con Buenos Aires-,
 la cultura occidental, y las ideas republicanas. La barbarie, en
 contraste, era la principal característica del interior del país, y
 estaba encapsulada en la forma de ser de los gauchos y los indios.
 Mientras los civilizados tendían a asociarse entre ellos y a convivir
 en forma pacífica, los bárbaros vivían aislados y rechazaban las
 agrupaciones civiles; eran huraños, violentos, y poco respetuosos de
 las leyes y de los demás. En términos modernos, lo que distinguía a la civilización de la barbarie era el acervo
 de capital social y el nivel de confianza interpersonal.

 En un libro posterior -Viajes de 1849- Sarmiento profundizó estas
 ideas, y postuló que el sistema político y social de los Estados
 Unidos era la mayor expresión de lo civilizado. Al igual que a Alexis
 de Tocqueville -el autor de Democracia en América-, lo que más
 impresionó a Sarmiento sobre los EEUU fue el que las distintas
 comunidades se gobernaran en forma independiente, descentralizada y
 democrática, y que en ellas hubiera múltiples asociaciones ciudadanas
 que creaban un sentido de responsabilidad, propósito, y futuro. Y,
 claro, también le impresionó que todo eso llevara a la prosperidad y al progreso.

 Más de 150 años después de la publicación de Facundo el dilema entre
 civilización y barbarie sigue carcomiendo a la Argentina. Ahora no es,
 como lo percibía Sarmiento, un conflicto entre la culta población
 urbana y los toscos del campo. Ahora el conflicto es entre una clase
 política mediocre y rapaz, y el ciudadano medio que aspira a vivir en
 un país ordenado y predecible, donde pueda desplegar sus talentos, dar
 rienda suelta a su creatividad, y criar a su familia en un ambiente de
 mínima seguridad.

 Un equilibrio inestable

 Hace unos días le escribí a un amigo argentino que vive en Europa, y
 le hablé de la vigencia del dilema de Sarmiento. Me contestó de
 inmediato, diciéndome que temía que la barbarie llevaba todas las de
 ganar. Luego parafraseó a Porfirio Díaz y dijo, Pobre Argentina, tan
 lejos de Dios, y tan cerca del Diablo. Yo no supe a quién se refería
 con eso de Satanás, pero por prudencia decidí no preguntarle.

 Pero la verdad es que yo no estoy tan seguro de que la barbarie lleve
 ventaja. Más bien me parece que hay un empate; una suerte de
 equilibrio frágil que podría resolverse en una dirección u otra.

 Es verdad que la situación política es caótica y que el autoritarismo
 del gobierno de Doña Cristina Fernández es aterrador. También es
 cierto que los gobiernos K han seguido una política económica
 desastrosa, y que el país camina hacia adelante sólo gracias a los
 altísimos precios de los commodities. Argentina es el único país de la
 región donde hay mercado negro para el dólar, donde se falsean las
 estadísticas, y donde se usa un sistema burdo de prohibiciones mañosas para controlar las importaciones.

 La barbarie también se presenta en la inseguridad y la violencia. La
 vida es completamente impredecible. Nadie sabe si los vuelos van a
 salir el día presupuestado, o si habrá cortes de ruta, o si los
 sueldos y aguinaldos serán pagados en el momento convenido, o si
 volverán a aparecer las monedas regionales -en la provincia de Buenos
 Aires ya se habla del regreso de los tristemente célebres Patacones.

 No hay respeto por la legalidad, el estado de derecho es ignorado, y
 los derechos de propiedad son violados en forma repetida. Peor aún, la
 clase política está convencida de que existe una conspiración cósmica
 en contra de la Argentina.

 Este auge de la barbarie política se explica, en parte, por el
 calendario electoral. De acuerdo con la legislación actual, ninguno de
 los tres políticos más importantes del país -la Presidenta Fernández,
 el gobernador de la provincia de Buenos Aires, Daniel Scioli, y
 Mauricio Macri, el jefe del gobierno de la Ciudad de Buenos Aires-
 pueden relegirse. Vale decir que para seguir en política y teniendo
 poder tienen que buscar otro puesto o tienen que cambiar las reglas
 para lograr la reelección. Este es un panorama que, por definición, crea una enorme inestabilidad.

 Entre tanta barbarie brilla la civilización.

 Todo lo anterior es cierto. Pero también es verdad que detrás de esa
 barbarie política hay una nación de seres extraordinariamente
 civilizados, cultos, amables, creativos, llenos de bondad y sentido del humor.

 En una visita reciente a Buenos Aires volví a maravillarme por la
 calidez de la gente. Me perdí durante horas en librerías atiborradas
 de compradores y repletas de novedades que uno ni sueña con encontrar
 en Chile. Comí en restaurantes de calidad, con un nivel de servicio
 extraordinario. Me alojé en dos hoteles que están, sin duda, entre de
 los cinco mejores del continente. El profesionalismo de los que ahí
 trabajan contrasta con la improvisación chilena en todo lo que tenga
 que ver con turismo y la industria de la hospitalidad.

 En tan sólo dos días vi tres exposiciones maravillosas. La que más me
 impresionó fue una, en el Museo de Bellas Artes, sobre arte cinético
 argentino de los años 1960. En una muestra muy bien curada y
 pulcramente presentada, pude volver a constatar la originalidad de Julio Le Parc y la
 delicadeza de la obra de Eduardo Mac Entyre.

 Pero lo que más me impresionó fue el nivel de hastío de la gente con
 los políticos. Taxistas, dependientes de tiendas, mozos de
 restaurantes -los más cultos del planeta, sin lugar a dudas-,
 estudiantes, y pensionados coincidieron en decir que estaban hartos
 con la corrupción, el desorden, y el abuso. Lo escuché en distintos
 barrios, y de muchísimas personas que se autodefinían como
 progresistas e, incluso, como peronistas. Cada vez más gente reconoce que el modelo K está agotado. Algo, dicen, tiene que pasar.

 La tragedia Argentina siempre ha sido que el todo sea menos que la
 suma de las partes; que tanta gente civilizada sea gobernada por tanto
 político bárbaro. Si el nivel de hastío sigue subiendo, y el gobierno
 insiste en su populismo autoritario -ambas cosas muy probables-, es
 posible que las fuerzas de la civilización se unan y que ejerciendo
 sus derechos le pongan atajo a la barbarie.

 Por SEBASTIÁN EDWARDS







Para: F. Ripoll y en repuesta a esta nota

Estimado compañero y amigo Ripoll: He leído con atención la nota que me envías, realmente considero que la visión de los chilenos en su mayoría no creo sea coincidente con el periodista, donde considera una superioridad de la hermana republica de chile, prueba de ello podría mencionarte las innumerables marchas de los estudiantes chilenos en busca de la educación gratuita en chile, demostrando en su protesta un acatamiento total del estudiantado chileno y la clase obrera (clase en la que considero nos encontramos todos nosotros y es el principio de empezar a pensar un país mejor), un pais que importa en su mayoría todos los productos que consumen, por lo cual carecen de industria y fortalecimiento del trabajo de su nación, en argentina considero estamos reformulando el país a fin de generar industria y con ella trabajo para mas y mas argentinos que quedaron excluidos durante los años 90 y que hoy aun lamentablemente hay muchísimos que no pueden tener lo que hoy nosotros tenemos (estabilidad laboral), modelo neoliberal... como el que eligio chile en las ultimas elecciones y que hoy graba cada día mas con impuestazos a trabajadores chilenos, flexibilización laboral y con ella precariedad laboral y por supuesto con beneficios a empresarios y grupos de poder...gobiernos neoliberales hoy bajo la mascara de un partido político, pero que ayer eran representadas por gobiernos militares como el de Pinochet... lamentablemente chile eligió eso ,y es esta nota el fiel reflejo de quienes adoptan a ese modelo neoliberal y vende patria que solo busca beneficiar a los grandes grupos de poder y concentración de capital a costa de la pobreza de los pueblos, hoy nuestro gobierno K como dice el autor DEBE quitarles el sueño a todos los que piensan así ya que si es el interior como decía sarmiento la barbarie, si... hoy gobierna el interior relegado durante años como lo quiso sarmiento a quien no admiro en lo mas mínimo por ser representante numero uno de los lambe botas de los modelos neoliberales, que pensaba que si algo venia de Inglaterra o estados unidos era perfecto y que debíamos ser así...tipo que considero que la gente del interior por poco eran la carroña de nuestro país, como si los de las capitales serian fieles representantes de la raza aria nazi y que regalo nuestra Patagonia (total ni la conocía)... hoy tenemos un gobierno nacional y popular con sus defectos y virtudes, elegido por el pueblo y que se juega día a día con decisiones reales en post del beneficio de la clase obrera, fiel reflejo de ello somos nosotros YCRT, que es la palabra hecha realidad de Nestor Kirchner, empresa relegada por años y que todos los gobiernos quisieron cerrar solo pensando en la productividad, sin pensar que en rio turbio había gente que haciendo patria vino a dejar sus vidas en la mina y viviendo mal, por que el turbio de antaño no era como es ahora,. Era duro calefacción a carbon,humo, contaminacion,enfermedades respiratorias, muertes en mina a diario, bajos sueldos, sin asfalto... cosas que este modelo de país nos dio, por eso cuando estos tipos que se creen superiores y critican a este modelo, considero no deben convencernos de otra cosa, debemos ver mas allá y ver que este modelo de país nos incluye a todos y no a unos pocos. Un abrazo.
C.Villagra . (Rio Turbio)