sábado, 17 de noviembre de 2012

Claroscuros y matices



 Compañeros, “avivados”, cómodos ingenuos y otros

"El mundo es demasiado peligroso para vivir, - no por las personas que hacen el mal, sino por la gente que se sienta y deja que suceda".
Albert Einstein (1879 - 1955) 
  1. Fiesta menemista
Todos conocemos oportunistas de toda laya, se meten en la política como si fuera una empresa y la usan para acumular bienes. Los hay en todos los partidos y espacios políticos. Muchas veces tienen, incluso, un discurso antipolítico. En jerga de entre casa (citando a una amiga  por esa estética de nuevos ricos a la que sucumben en general), los llamo "fiesta menemista". Suelen aprovecharse de quienes tienen verdadero compromiso con su militancia. Actúan como mercenarios, nunca son leales a una ideología o a un proyecto, ni a un liderazgo. Solo son leales al dinero y entienden la construcción de poder político no como la condición para transformar la sociedad, sino como un medio para enriquecerse.
En los 90 se pavoneaban como exhibicionistas, ahora intentan disimularse, pero son los mismos. Personas indiferentes al sufrimiento de sus prójimos, que solo piensan en su propio bienestar: nunca les alcanzan los bienes que tienen, jamás han sacrificado su tiempo ni sus recursos en ninguna tarea solidaria. A veces dan una limosna, que es una manera de reafirmar su posición de privilegio y poder. Se creen con derechos pero no con responsabilidades, detestan pagar impuestos y reclaman que hay corrupción mientras se benefician de ésta sin "ensuciarse".
2. Cómoda ingenuidad
Otros conciben a la Nación, a la república y a la sociedad de manera abstracta, no se interrogan acerca de la historia ni de las relaciones de poder. No quieren responsabilizarse por el conjunto, creen que pagando impuestos se hacen acreedores de todos los derechos ciudadanos por su sola pertenencia de clase. Se trata de sujetos que, pese a haber tenido todas las oportunidades de educarse como ciudadanos, persisten en una terca ignorancia.   
Mantienen posturas confortablemente ingenuas, como si el hecho de que otros la pasen mal o bien no tuviera relación con su situación. Aunque declaran no soportar la violencia (que siempre es de los otros) y se consideran a sí mismos moderados, sobrellevan sin que les quite el sueño la violencia lacerante de la injusticia social. Pronuncian frases del tipo “igualar para abajo”, ¡cómo si fuera posible distribuir la riqueza de algún otro modo que no sea afectando intereses! Parecen habitar un mundo de puras certezas y algunos, incluso, hablan cual si estuvieran imbuidos de una superioridad moral: acusan, señalan, juzgan pero rara vez se miran en el amargo pero revelador espejo de la autocrítica.
3. Discutidores
También conozco gente y tengo amigos que no soportan a este Gobierno que yo, en cambio, siento mío y admiro, (aun cuando reconozco mis diferencias con algunas políticas). Si son discutidores como yo, discutimos. La reconozco como gente que piensa distinto a mí en muchas cosas, pero no por eso deja de ser valiosa, capaz, comprometida, responsable, jugada. A veces, al calor de las discusiones, nos vamos de mambo, ellos, o yo. Y reculamos un poco porque nos queremos, nos respetamos, nos sabemos buena leche y  no queremos que los desacuerdos políticos puntuales nos separen en otros aspectos. A la hora de los bifes, estaremos del mismo lado probablemente.

4. Compañeros
Y además, tengo compañeros/as que me enorgullecen, que nunca han hecho de la política un negocio, que están comprometidos con sus ideas (que son las mías también), que siempre, aún en distintos contextos y ámbitos, han actuado solidariamente, se han involucrado con los otros, combatido la injusticia social, sacrificado energías, tiempo, recursos materiales, para ayudar a quienes más lo necesitan.
Compañeros que saben que el solo hecho de poder comprar dólares, o viajar, pone al desnudo la injusticia del sistema y nos compromete a trabajar para modificarlo, incluso si eso implica renunciar a algunos privilegios con los cuales nos favoreció la fortuna.

5. Los míos
Con muchos de estos últimos nos sabemos contenidos en el proyecto que conduce Cristina. Lo sentimos cuando eso significaba quedarse muy solo y aislado y lo sentimos cuando arrasó en las urnas en 2011. Por supuesto que debatimos, y a veces nos peleamos, y tenemos contradicciones, cobardías, oscuridades, matices. Nos reímos de nosotros mismos, y coincidimos a veces con compañeros que están en otros espacios,  analizamos, nos equivocamos y nos hacemos el aguante. 
6. Egoístas quejosos
Respeto a todos los que están dentro de los límites de una ética democrática. 
Sin embargo la palabra, el análisis, la queja, el reclamo de los ciudadanos que nunca han hecho algo por otros, que esperan que las soluciones lleguen siempre “de afuera”, que no se consideran responsables por el conjunto, que siempre priorizan su bienestar a cualquier precio y que solo se involucran en lo político cuando perciben que sus bienes o sus posibilidades de prosperar encuentran límites, para mí es palabra devaluada. Como la del conductor que protesta por el caos de tránsito mientras comete varias infracciones al día, como la del que evade impuestos a la vez que  reclama más educación y más salud, como la de los grandes chorros de este país que se quejan por la inseguridad jurídica.