viernes, 31 de diciembre de 2010

Opinion de Anibal (El Grande)

 


*“Supongamos por un momento que Jesucristo hubiera sido un impostor, o incluso que la historia de su vida, su muerte y su resurrección hubieran sido unas series de ingeniosas imposturas tramadas por algunos jóvenes galileos llamados Lucas, Mateo, Marcos y Juan. Muchos de quienes creyeron en estos relatos, en los milagros, la palabra y la resurrección de quien se decía hijo de Dios, mataron y murieron por ello (…) Y hasta las vidas de quienes ya no creemos en aquellos escritos están marcadas por su mensaje. ¿Qué pensarían aquellos jóvenes galileos si pudieran ver los efectos de su impostura? ¿Orgullo o arrepentimiento?...”


*Dardo Scavino

**"Hace un mes moría Bartolomé de Vedia, una verdadera institución del periodismo argentino. Dos años antes, en el marco del ciclo “Hacia el Bicentenario”, organizado por el Banco Galicia en la Feria del Libro, decía: "En este tiempo, el periodismo debe luchar ante dos frentes de tormenta: el combate por la libertad, que está muy lejos de haberse terminado, y por la responsabilidad ética, que es un desafío nuevo de los hombres de prensa contra sí mismos”.
De Vedia, por esos días presidente de la Academia Nacional de Periodismo, resaltaba la obligación del periodismo para “con la verdad y con la ética” pero advertía sobre los cambios respecto del compromiso de comunicar la noticia. “Hoy ya no es así”, se lamentaba.
Seguramente, al final de sus días, este hombre que dedicó más de 50 años a trajinar la redacción del diario La Nación, sintió ese cansancio moral que han sentido tantos viejos cronistas al ver como “su oficio”, comprometido con la verdad, la emoción y la vocación, se ha convertido en una feria de vanidades cuyos objetivos principales son el dinero, el éxito y, naturalmente, el poder.
Si hasta suena raro hablar de trabajadores de prensa cuando uno los ve instalados en el escenario de las élites: atildados, pulcros, asépticos… abyectos.
Y uno se pregunta si Roberto Arlt, desgreñado, grandote y desprolijo, hubiera podido instalarse en el Olimpo del nuevo periodismo argentino; si el “MultiMonopolio” le hubiera ofrecido un programa de investigación a Rodolfo Walsh sin obligarlo a que lo comparta con una “vedetonga” que quiere reciclarse antes, les daba por los programas infantiles… hoy no se conforman si no conducen un espacio de “entrevistas intimistas”)… Si Blackie hubiera podido almorzar día tras día ante cámara luego de preguntarle a un gay famoso si los niños adoptados por homosexuales no corren peligro de ser “violados”…
Porque, una cosa era ser periodista “entonces” y otra cosa es ser periodista ahora. Una cosa era “pelear” por la primicia y otra cosa es extorsionar para quedarse con la pauta. Una cosa es que uno de los cuatro canales de TV que existe te contrate para que conduzcas un programa político y otra cosa es que te compres un espacio en cualquiera de los canales de cable y armes un programita de entrevistas para usarlo de “alcancía” (si, alcancía… porque ahí depositan los que quieren que les hagas favores en el medio poderoso en el que sos editor o columnista).
Hoy es todo mucho más fácil… y el talento no es óbice de nada. Prima la falta de escrúpulos. La obsecuencia antes que la audacia. La mediocridad mercenaria antes que el orgullo profesional.
Porque uno lee lo que escriben por estos días y se interroga, por ejemplo, sobre la nueva “mala relación” de Ricardo Kirschbaum con la Política cuando en agosto de 2005, en su discurso de ingreso como Miembro de Número de la Academia Nacional de Periodismo, él mismo recordaba que “en América Latina, los diarios se construyeron alrededor de una idea política, de la defensa de un programa o como parte de la militancia. Eran diarios que expresaban a partidos y a corrientes de pensamientos…”.
Y se pregunta, de atrevido nomás, en qué quedó aquella confesión de Eduardo Van der Kooy cuando hace unos años atrás decía “creo que los periodistas debemos volver a los valores de siempre, a la ética del rigor y la honestidad, a un pensamiento crítico y autocrítico".
Dónde andará ese Julio Blanck que en un foro sobre ética periodística en 2008 admitía que “la libertad de prensa hoy no está amenazada y no lo estuvo desde el comienzo de la democracia...”; o el Osvaldo Pepe que acompañaba a Antonio Cafiero en la reconstrucción del peronismo, oficiando de Secretario de Prensa del Gobierno de la Provincia de Buenos Aires (espero no equivocarme con el cargo dado que cuando uno busca en la “biografía” de Pepe, ésta época está borrada).
Interrogantes duros. Enigmas de una mudanza trágica que ha padecido el Periodismo. Misterios de billetera. Secretos de altas redacciones… Pelotudeces.
Entonces, de tanto preguntar y preguntarse, uno se dice, parafraseando a Scavino, “Supongamos por un momento que Magnetto sea un impostor, o incluso que la historia de su ascenso, su perverso talento para el mal y su poder hayan sido sólo unas serie de ingeniosas imposturas tramadas por algunos jóvenes redactores y editorialistas llamados Ricardo, Eduardo, Julio y Pepe... Muchos de quienes creyeron en estas historias, en el manejo férreo del Multimedio, las órdenes y la conducción despótica de quien se decía hijo dilecto de don Roberto Noble, mataron y murieron (metafóricamente, claro) por ello (…) Y hasta las vidas de quienes nunca creímos en aquellos ideas están atravesadas y condicionadas por tanta construcción de una realidad fictici. ¿Qué pensarían aquellos no tan jóvenes “clarineros” si pudieran comprender los efectos de su impostura? ¿Orgullo o arrepentimiento?...”
Es de esperar que no sea la Historia (el tiempo, el devenir) quien nos ofrezca una respuesta… Porque será tarde."

**Anibal Fernandez (textual)