viernes, 2 de septiembre de 2016

¿Por qué tienen éxito (o fracasan) los movimientos sociales?


Introducción: movimientos sociales, estrategia y cambio social
 (Basado en el libro de Antoni Verger)

Los movimientos sociales son redes de actores (asociaciones, ONG, sindicatos, personas a título individual, Agrupaciones vecinales, Políticas etc.) que pretenden provocar, impedir o anular un cambio social. Los movimientos sociales operan con cierta continuidad y cuentan con un alto nivel de integración simbólica (eso la diferencia de cualquier acto de acción colectiva más o menos espontáneo o efímero). Además, los actores que integran los movimientos están articulados y organizados, aunque la forma de organización puede ser muy variable y el nivel de especificación de roles suele ser bajo (I.G.P.J.)
Un elemento clave de la definición de los movimientos sociales es el de cambio social .El cambio que quieren provocar los movimientos puede ser maximalista (mejorar y transformar la sociedad en general y/o transformar de arriba abajo el sistema económico y político vigente) o tener un carácter más sectorial (centrándose en la mejora de un aspecto concreto de la sociedad).
La mayoría de movimientos sociales contemporáneos suelen ubicarse en la segunda opción, motivo por el que los analistas de movimientos sociales los califican como “movimientos temáticos”. Los movimientos sociales temáticos se centran en la mejora de la situación de un sector o tema concreto (medio ambiente, salud, educación, vivienda, etc.) o de grupos sociales particulares que se encuentran en condiciones de vulnerabilidad, explotación y/o falta de reconocimiento político (inmigrantes, mujeres, infancia, abandono, etc.).
Por otra parte, los movimientos sociales pueden buscar promover el cambio social de manera proactiva, aunque, en muchas ocasiones, la orientación de los movimientos sociales al cambio es más bien reactiva, es decir, pretenden evitar que se produzca un cambio. Hay muchos movimientos que se activan para evitar que se implementen políticas o procesos que podrían empeorar la situación de la sociedad o de los grupos y sectores concretos por los que luchan. Este es el caso de las organizaciones que se enfrentan a los posibles acuerdos internacionales como el TTP o los ambientalistas que estan contra las mineras.
Para alcanzar sus objetivos, sean estos más proactivos o reactivos, los movimientos se valen de formas de acción colectiva, como la organización de plataformas o campañas políticas y/o mediáticas digitales como las firmas on line de Change org., u otras, las cuales tienen también una duración variable. La acción política de los movimientos sociales puede ser considerada un éxito cuando los movimientos alcanzan de manera efectiva los objetivos de cambio planteados.
Obviamente, los movimientos no siempre obtienen todos los resultados esperados o deseados, de manera que determinadas campañas e iniciativas que emprenden se pueden considerar fallidas. No obstante, a pesar de que parezca que un movimiento ha fracasado, la acción colectiva suele aportar algo a la sociedad, aunque esta aportación parezca intangible. Así pues, hay que tener en cuenta que, en la mayoría de ocasiones, los movimientos obtienen resultados que no son fácilmente observables, por lo menos a corto plazo (como, por ejemplo, generar conciencia entre la población sobre una determinada temática, generar vínculos de solidaridad, favorecer la participación o la articulación de grupos de la sociedad civil, etc.).Es el caso de la recolección de firmas para el “no acuerdo de TTP” en forma física involucrando a referentes políticos y en forma digital a través de las redes sociales por internet. La cual no prospero acá en la cuenca en Julio este año 2016.

Los resultados e impactos de los movimientos sociales son a menudo imprevisibles y muy variables. La sociedad actual también está constituida por jerarquías y relaciones de poder y se caracteriza por la desigualdad en la distribución de recursos (económicos, políticos, humanos, etc.).
Tenemos, los contextos en los que operan los movimientos sociales son desiguales y selectivos, en consecuencia, son más conductivos ante determinadas estrategias, actores y discursos que ante otros. Los contextos sociales constriñen la acción y dificultan el éxito de determinadas estrategias. Eso comporta que no todos los resultados son posibles para todo el mundo, ni para cualquier estrategia, ni en cualquier momento, ni en cualquier situación.

Además, a pesar de que el camino hacia el cambio social en la sociedad actual está lleno de tropiezos, también existen atajos, que se deben saber identificar estratégicamente o, en ocasiones, construir proactivamente a pesar de la interacción de grupos políticos y sociales. Sin duda, este tipo de dilemas, no se pueden resolver fácilmente o mediante teorías universalistas. Lo que prima en asociaciones civiles y sin fin de lucro es el bienestar colectivo sin un explícito reconocimiento de los propios involucrados, en cambio las organizaciones políticas hay un ego que prevalece de adjudicarse las gestiones, que si bien son en beneficio de mayorías (no siempre), usufructúan de los logros conseguidos, esto no es un juicio de valor de mi parte, sabemos lo de las campañas permanentes o agua para su molino.

Sería más conveniente considerar que las respuestas que se pueden articular ante este dilema son más bien contingentes a lugares, momentos y contextos determinados. Pese a la complejidad que rodea estas cuestiones, reflexionar sobre temas de estrategia, acción y contexto (y sobre la tensión entre estos elementos y los actores políticos), o sobre las razones del cambio social y de la continuidad social puede tener especial relevancia para todos aquellos agentes que aspiran a transformar su entorno como sucede, por ejemplo, con los movimientos y grupos que defienden y promueven la mejor calidad de vida  en la sociedad actual.

1. El impacto y el poder de los movimientos sociales
El análisis de los factores de éxito y fracaso de los movimientos sociales requiere la definición de dos conceptos clave. Nos referimos, en primer lugar, al concepto de impacto y al tipo de impacto que pueden alcanzar los movimientos sociales y, en segundo lugar, al concepto de poder y sus múltiples caras. Como veremos, ambos conceptos se encuentran directamente relacionados.
Tipo de impacto
El impacto de los movimientos sociales cuenta con unas cuantas dimensiones. Entre los analistas de los movimientos sociales está bastante establecido que se puede diferenciar entre tres tipo de impacto: impacto político (o en políticas públicas), impacto procedimental e impacto simbólico (Gomà et al. 2002).
a) Impacto en políticas públicas: se trata del impacto directo en el contenido de las políticas. Sería el caso, por ejemplo, de las organizaciones vecinales que consigan, no solo llamar la atención, sino conseguir la participación real en problemáticas de urbanismo y control en la convivencia de los vecinos.
b) Impacto procedimental: este impacto no hace referencia al resultado final de la política, sino que la hace a los procesos de toma de decisiones de la política. En este caso, una organización o movimiento social podría conseguir que se instaure un proceso participativo para la elaboración de una nueva ley  de convivencia urbana, considerados interlocutores válidos por los gobiernos a la hora de discutir temas educativos, conductas y normas de convivencia.
c) Impacto simbólico: se trata de cambios en los valores y en la opinión pública de la población. Este tipo de impacto, como mencionábamos en la introducción, es el más difícil de medir o de observar directamente. De hecho, cuesta mucho encontrar estudios empíricos sobre los efectos culturales y en la opinión pública de los movimientos sociales que hayan influido en la idiosincrasia local. No obstante, es un tipo de impacto importante y que en cierta medida está relacionado con los dos tipos de impacto anteriores.
Tengamos en cuenta que si un movimiento social tiene la capacidad de generar conciencia pública sobre una determinada cuestión, antes o después, el gobierno se verá presionado para satisfacer la nueva opinión pública y las demandas que se asocian ya que si no lo hace, esto le podría pasar factura en las elecciones.
Para completar esta clasificación, hay que tener presente que el estado o el gobierno del estado no siempre es el objeto de las demandas y de las presiones de los movimientos sociales. También y, cada vez más, las empresas privadas nacionales,(Hipertehuelche-La Anónima) transnacionales(Isolux Corsan), que operan en la zona  son objeto (o deberían) de las campañas de la sociedad civil.
El poder y sus dimensiones
El concepto de poder se puede definir como el conjunto de capacidades y recursos delos actores para influir en su entorno y/o en la conducta de otros actores. Nos referimos a capacidades y recursos como dinero, conocimiento, ideas, contactos, infraestructura, educación, globalización y sindicalismo militancia, tecnología, etc. El concepto de poder, igual que el concepto de impacto, es multidimensional. Según el sociólogo Steven Lukes (2005).
 Se puede considerar que el poder tiene tres dimensiones. En primer lugar, el poder opera y se materializa en la de toma de decisiones. En este aspecto, se considera que es poderoso aquel actor que tiene capacidad de tomar decisiones sobre temas relevantes o que tiene capacidad de influir en estas decisiones. El poder se manifestaría de la siguiente forma:
El grupo A tiene poder sobre el grupo B si consigue que B elija una decisión que no tomaría sin la intervención de A. Muchos movimientos sociales intentan ejercer su poder de esta manera cuando presionan directamente a la clase política para alcanzar determinados objetivos. Por ejemplo, los sindicatos con sus paritarias. Por lo tanto, los sindicatos modificaron con éxito la decisión del aumento de salario.
La  dimensión del poder es aún más indirecta y sutil. Consiste en la generación de dinámicas de consentimiento y en la configuración de preferencias. En lo político se realiza a través del sufragio Esta lucha de poder se desarrolla sobre las ideas y convencimiento.
Normalmente, los movimientos sociales intentan visualizar una problemática o generar conciencia social sobre un determinado conflicto, mientras que los grupos que mandan (autoridades) activan este tipo de poder para adoctrinar, globalizar y  el sindicalismo conseguir mantener el conflicto en estado latente. Incluso, los poderosos intentan hacer que los grupos subordinados crean activamente en los valores que explican y justifican su subordinación o les intentan hacer creer que los intereses del grupo poderoso son los mismos que los suyos. En este caso, el poder está mediatizado por sistemas de normas, creencias y valores que condicionan y delimitan las decisiones. 
El poder se manifiesta pues en la capacidad de definir los parámetros de lo que es social, político y económicamente posible y aceptable, y su efecto es delimitar la imaginación y el abanico de posibilidades de los actores. Por lo tanto, A tendría poder sobre B cuando influye en sus preferencias y en la configuración de sus intereses, de manera que B no los define autónomamente. Los mecanismos de esta forma del poder se asocian a procesos cognitivos como la persuasión, la socialización, la manipulación o la formación o deformación que realizan actores políticos principalmente los ediles de una comunidad, diputados y demases. Esta forma de poder también se asocia estrechamente al establecimiento de las reglas del juego. Esto último es lo que debiera cambiar radicalmente.
Mediante el establecimiento de las reglas del juego, el poder, en lugar de influir directamente en los actores, influye en el contexto estratégico en el que se ubican los actores. Se trasciende así la imposición directa de un determinado  comportamiento, ya que las mismas reglas del juego conducen al comportamiento.
Como podemos ver, la configuración de preferencias y el establecimiento de las reglas del juego influyen en las conductas y en las decisiones adoptadas de manera directa, aunque no por eso es menos efectiva. Más bien al contrario, a raíz de su carácter estructural, esta cara del poder, de las tres mencionadas, es la más efectiva y persistente en el tiempo Las tres dimensiones del poder tienen mucha relación con los tipos de impacto de los movimientos sociales. Una lección que se desprende de esta conceptualización es que resulta importante que los movimientos sociales cuenten con una visión compleja y multidimensional del poder y que no se limiten a buscar únicamente afectar la decisión final, es decir, el impacto político directo. Los movimientos serán más poderosos si consiguen también definir la agenda y las reglas del juego o establecer las preferencias, los principios y las relaciones causa/efecto alrededor de la temática sobre la que se está discutiendo y luchando. A la vez, en situaciones de conflicto, los movimientos deben evitar que la clase política u otros grupos poderosos tengan la capacidad de definir la agenda o las preferencias sobre los temas a discutir en base a intereses que contradicen los intereses de los movimientos. El poder político legítimamente obtenido a través del sufragio no debe despreciar la autoridad; que de la misma manera y con el plus  de las ONGs al ser voluntarias, sin fin de lucro, tienen las Asociaciones vecinales, deportivas, militantes sociales en general.

(Gráfico 1) sistematizamos el tipo de impacto en la sociedad de los movimientos sociales y los vinculamos a las dimensiones del poder de las que habla Lukes (2005)

Gráfico 1. Tipo de impacto y de poder Fuente: Elaboración propia






*Juan Carajo